OPERACIÓN REDIMENSIONAMIENTO / OJO ADVENTISTA.
La mayoria de los articulos de "Estatologico" estan siendo transferidos a dos nuevas secciones de Ojo Adventista: OPINIONES del MUNDO y NUEVO ORDEN MUNDIAL.
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martes, 22 de septiembre de 2009

Se respira el cambio. Por Ban Ki-moon

Hace dos semanas, viajé al Ártico, donde visité los restos de un glaciar. Lo que hace solo unos años era una majestuosa masa de hielo, se había desintegrado. No es que se derritiera gradualmente sino que se había desintegrado. Fueron necesarias nueve horas de viaje en barco para alcanzar el casquete polar desde el asentamiento humano más septentrional del mundo. En pocos años, quizás se pueda llegar en barco hasta el Polo Norte sin encontrar obstáculo alguno. Es muy posible que para 2030, el hielo prácticamente haya desaparecido del Ártico.

Los científicos me transmitieron sus aleccionadoras conclusiones. El Ártico nos advierte de manera elocuente de impactos climáticos que afectarán a todo el mundo. Con gran inquietud observé el ritmo acelerado de los cambios en la región y, lo que es aun más preocupante, la aceleración del fenómeno de calentamiento global que provocan. El deshielo del permafrost está liberando metano, un gas de efecto invernadero 20 veces más potente que el dióxido de carbono. El derretimiento de los hielos de Groenlandia amenaza con elevar el nivel del mar.

Mientras tanto, siguen aumentando las emisiones de gases de efecto invernadero a nivel mundial.

Por ello, estoy absolutamente convencido de que tenemos que actuar y que tenemos que hacerlo ahora.

Con este objetivo, el 22 de septiembre he convocado una cumbre especial sobre el cambio climático en las Naciones Unidas a la que están invitados unos 100 líderes mundiales, en lo que será el acontecimiento de ese tipo con mayor número de Jefes de Estado y de Gobierno de la historia. El desafío colectivo no es otro que transformar la crisis climática en una oportunidad para lograr un crecimiento más seguro, limpio, sostenible y ecológico para todos.

La clave estará en Copenhague, donde los gobiernos se reunirán en diciembre para negociar un nuevo acuerdo global sobre el clima. El mensaje que quiero dirigir a los líderes es claro: el mundo necesita su actuación decidida para alcanzar un trato justo, efectivo y ambicioso en Copenhague. De otro modo tendremos que rendir cuentas a las generaciones futuras del costo de nuestra inacción.

El cambio climático es el principal trance geopolítico de nuestro tiempo, que ha alterado la ecuación mundial de desarrollo, paz y prosperidad. Amenaza a los mercados, las economías y los beneficios del desarrollo y puede diezmar las reservas de agua y alimentos, provocar conflictos y migraciones, desestabilizar las sociedades más frágiles e incluso derrocar gobiernos.

¿Conclusiones exageradas? No, según los científicos más eminentes del mundo. El Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático ha afirmado que en los próximos 10 años las emisiones de gases de efecto invernadero deben alcanzar su techo si no queremos desencadenar poderosas fuerzas naturales que se escapan de nuestro control.

Esos 10 años pasarán antes de que termine la vida política de muchos de los asistentes a la cumbre. Así pues, el drama de la crisis climática se está desarrollando ante sus ojos.

Pero existe una alternativa: el crecimiento sostenible basado en tecnologías y políticas ecológicas que promuevan una reducción de las emisiones frente a los modelos actuales, generadores de grandes cantidades de dióxido de carbono. Muchos de los paquetes de estímulo económico elaborados por los países a raíz de la crisis económica mundial incorporan un importante componente ecológico que crea empleo y prepara a los países para colocarse en la vanguardia de la nueva economía del siglo XXI, basada en la energía limpia.

Se respira el cambio. La clave se encuentra en un acuerdo global sobre el clima para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero y limitar el aumento de las temperaturas del planeta hasta niveles científicamente seguros. Un pacto que catalice el crecimiento de las energías limpias; y, lo que es aún más urgente, un acuerdo que proteja y preste asistencia a los más vulnerables frente a los inevitables impactos climáticos.

Lo que se requiere es voluntad política al más alto nivel —Presidentes y Primeros Ministros— que se traduzca en avances rápidos en las negociaciones. Se precisa mayor confianza entre las naciones y más imaginación, ambición y cooperación.

Espero que los líderes pongan manos a la obra y que sus conversaciones no sean un diálogo de sordos. También espero que se esfuercen por resolver los principales problemas políticos que hasta ahora han frenado las negociaciones mundiales hasta el punto de que avanzan con la lentitud de un glaciar. Resulta irónica esta expresión: los glaciales eran lentos hasta hace poco, pero los que yo vi hace unas semanas en el Ártico se están derritiendo más deprisa de lo que avanza la humanidad en sus intentos por remediarlo..

Los intereses a largo plazo del planeta tienen que primar sobre el oportunismo político del momento. Los dirigentes de los países deben actuar como líderes mundiales y asumir una perspectiva de futuro. Si las amenazas actuales trascienden fronteras también nuestra visión debe trascenderlas.

No es preciso resolver en Copenhague todos los detalles. Pero el éxito de un acuerdo global sobre el clima exige la participación de todos los países, según sus posibilidades, en pro de un objetivo común y a largo plazo. He aquí los parámetros que en mi opinión determinarán tal éxito:.

En primer lugar, cada país debe hacer todo lo posible por reducir las emisiones procedentes de las principales fuentes. Los países industrializados han de reforzar sus objetivos de mitigación, en la actualidad muy lejos de los que el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático considera necesarios. También los países en desarrollo deben frenar el ritmo al que aumentan sus emisiones y acelerar el crecimiento ecológico como parte de sus estrategias para reducir la pobreza.

En segundo lugar, para que el acuerdo sea satisfactorio, debe ayudar a los más vulnerables a adaptarse a los impactos inevitables del cambio climático, lo cual es a la vez una obligación ética y una inversión inteligente para lograr un mundo más estable y seguro.

En tercer lugar, los países en desarrollo necesitan fondos y tecnología para avanzar más rápidamente hacia un modelo de crecimiento con emisiones bajas. El acuerdo también debe abrir puertas a la inversión privada, entre otras cosas por medio de mercados del carbono. Y en cuarto lugar, los recursos deben gestionarse de manera equitativa y asignarse de tal manera que todos los países puedan hacer oír su voz.

Este año en Copenhague tendremos una gran oportunidad para que la historia nos dé la razón. No solo es posible evitar el desastre, sino también iniciar una transformación fundamental de la economía mundial.

Los nuevos vientos políticos soplan a nuestro favor y millones de ciudadanos están movilizándose. Las empresas más avispadas están trazando un nuevo rumbo de energía limpia. Debemos aprovechar esta situación para ser audaces frente al cambio climático. Puede que esta oportunidad no vuelva a presentarse en mucho tiempo.

El cambio se respira en el ambiente. Sellemos el acuerdo que nos permita lograr un futuro mejor para todos.


Fuente: Naciones Unidas / originalmente fue publicado el 18 de septiembre de 2009 bajo el titulo "The Ice Is Melting" en el International Herald Tribune.
Autor: Ban Ki-moon, Secretario General de las Naciones Unidas.

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lunes, 13 de julio de 2009

Megatendencias. Por Joaquín Estefanía

1. Acaba de celebrarse en Italia una cumbre del G-8. En la última semana de septiembre tendrá lugar en EE UU la siguiente reunión del G-20. Las formaciones G parecen instalarse de modo definitivo como los escenarios más eficaces para tratar de la crisis económica y otros problemas no menos urgentes como el cambio climático. Eficacia frente a legitimidad. La Asamblea General de la ONU debatió hace unos días sobre las dificultades económicas y sus conclusiones, como se esperaba, apenas tuvieron relevancia pública. Cobra ahora mayor significación la propuesta que hace bastantes años hizo Jacques Delors, cuando era presidente de la Comisión Europea: crear un Consejo de Seguridad Económica en el seno de las Naciones Unidas para tratar los conflictos económicos de nuestra era. No prosperó y hoy lo echamos de menos.

2. Dentro de las formaciones G, la compuesta por 20 miembros tiene mayor impacto que el G-8. Ello se debe a la composición de la nueva geografía del poder mundial, que incorpora a los principales países emergentes. Así lo declaró la canciller alemana Angela Merkel en los días previos a la cita italiana. Para aumentar los grados de eficiencia organizativa sería preciso que en esas cumbres se conjugase al mismo ritmo la integración regional; por ejemplo, que los europeos o los latinoamericanos actúen con una sola voz en las soluciones que se adopten.

3. Conforme se va superando la parte álgida de la crisis financiera (los efectos sobre la economía real en forma de paro y empobrecimiento de las clases medias siguen vigentes), se manifiesta una pérdida del potencial reformista reclamado tan sólo hace unos meses. Hace tres cuartos de siglo, 66 países se reunieron en Londres (año 1933) para solucionar concertadamente los efectos de la Gran Depresión. Fue un fracaso porque triunfaron los intereses nacionales. Ese fallo le costó al mundo más tiempo de depresión, y sólo 11 años después, en Bretton Woods, se crearon las instituciones necesarias para dar predictibilidad al sistema. No se deben olvidar las lecciones de la historia.

4. En ese mismo año, 1933, Keynes publicó El camino hacia la prosperidad, y mil días después dio a luz su obra central, la Teoría de la ocupación, el interés y el dinero. La pregunta es si la actual crisis, con su potencial agresivo y duradero, alumbrará una nueva teoría económica que sustituya a las utopías regresivas (concepto de Fernando Henrique Cardoso): tanto el fundamentalismo de mercado, hegemónico en las últimas tres décadas, con la llegada de Thatcher y Reagan al poder y la extensión de la revolución conservadora, como el estatismo burocrático anterior, que no supo dar salida al estancamiento con inflación de la primera mitad de los años setenta.

Hay quienes miran a otra parte del keynesianismo menos de moda: los comportamientos humanos y los animal spirits. ¿Todos somos keynesianos?


Fuente: El País.com
Autor: Joaquín Estefanía, (Madrid, 1951-) es un periodista español. Licenciado en Ciencias Económicas y en Periodismo por la Universidad Complutense de Madrid, comenzó su actividad profesional en 1974 como redactor en el Diario Informaciones; poco después pasa a ser jefe de la sección de economía de la revista Cuadernos para el diálogo y redactor jefe del diario económico Cinco días. Más adelante se incorpora al Diario El País, del que llegó a ser director entre 1988 y 1993 y de 1993 a 1996 director de publicaciones del Grupo PRISA. Continúa escribiendo una columna sobre economía en el Diario El País.
Es autor, entre otros títulos, de La nueva economía (1995), La nueva economía: la globalización (1996), El capitalismo (1997), Contra el pensamiento único (1998), El poder en el mundo (2000), La cara oculta de la prosperidad (2003) y La mano invisible (2006), La larga marcha: medio siglo de política (económica) entre la historia y al memoria (2007).

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domingo, 5 de abril de 2009

Nostalgia de Gobierno mundial. Por Juan Ignacio Crespo

La expectación generada por la reunión del G-20 ha puesto de relieve el grado de ingenuidad con el que la población mundial confía mayoritariamente en sus dirigentes. Éstos les han sabido corresponder con una gran operación de propaganda fértil que, seguramente, va a contribuir de manera decisiva a que se cebe la bomba de la recuperación económica.

El éxito de la cumbre se resume en dos imágenes y en dos proclamas. La primera de estas últimas corresponde a Barack Obama y su afirmación de que al más mínimo síntoma de que los mercados financieros empiezan a desestabilizarse de nuevo, acudirá el grupo de los 20, de manera coordinada y con toda la artillería disponible, a ponerlos otra vez en su sitio. No sólo no decepciona, sino que responde a la expectativa de una población mundial doblemente asustada y necesitada de liderazgo.

De las dos imágenes poderosas, la más difundida es a la vez humana, espontánea e igualitaria; está diciendo a gritos que "los tiempos están cambiando": es la de Michelle Obama tomando por los hombros a la reina de Inglaterra. La otra, bastante menos conocida, es la de Barack Obama en la rueda de prensa final cuando, a la vez que parecía a punto de caer dormido de cansancio, bromeaba con una periodista india sobre la entrevista que había mantenido con el presidente de su país. Obama le preguntó entre risas si confiaba en su presidente y la periodista respondió (más que emocionada, arrobada) que sí, culminando la escena en un dúo elogioso hacia los logros del mandatario indio.

¿Qué decir de los acuerdos? Los hay de orden muy distinto. La eliminación de los paraísos fiscales pertenece al terreno estricto de la moral ciudadana. No contribuirá a mejorar la crisis económica y financiera, excepto en la medida en que eso permita incrementar los ingresos por impuestos en un momento en que el gasto presupuestario está creciendo a pasos de gigante, aunque hay que tener claro que ni los paraísos fiscales provocaron la crisis ni los que tuvieran su patrimonio depositado allí habrán podido eludir las pérdidas, como el resto del mundo. De la moralización que se extiende a las retribuciones de los directivos se derivará algo muy práctico y es que evitará que éstos asuman riesgos que atenten contra las normas contables y contra el sentido común.

La creación de una nueva arquitectura financiera internacional (y el dotar de más poder al FMI) tiene la fuerza relativa de lo manido reformulado. Si no se legisla pronto sobre todo ello (aunque sea para que entre en vigor dentro de unos años) se corre el peligro de que la vuelta de la prosperidad acabe con los buenos propósitos.

Junto a Obama, hay que reconocer que Gordon Brown ha estado particularmente inspirado, ya que al señalar a los cinco billones de dólares de gasto público conjunto de los países asistentes a la reunión de Londres parecía estar diciendo: ¡éstos son nuestros poderes! Y eso a pesar de que aquí la magia empiece a verse sustituida por la prestidigitación, pues no se trata de dinero nuevo para gastar que se haya comprometido en la cumbre de Londres sino, más bien, de lo que el FMI estima que será el déficit conjunto de los 20 entre 2007 y 2010.

A Gordon Brown, que es conocido por este tipo de trucos, le ha criticado sin contemplaciones la prensa de su país, pero hay que reconocerle el mérito del mejor marketing: cinco billones de dólares, cuando se ven todos juntos, parecen una cantidad a la que no hay recesión que se resista; mucho mayor que cuando se computan por separado. Seguramente él ha sido consciente del efecto multiplicador de presentarlos así, sumados, pero puede que se le haya escapado lo que es su verdadero hallazgo: ha presentado por primera vez un presupuesto de gasto "mundial" para combatir la crisis. Con ello ha pulsado la cuerda de un anhelo propio de la era de la globalización (que mezcla idiomas, costumbres y actividades económicas). Ha dado directamente en el corazón de la nostalgia por las cosas no vividas. Ha hablado, sin saberlo, de un Gobierno mundial.


Fuente: ElPaís.com
Autor: Juan Ignacio Crespo es analista económico, matemático y especialista en mercados financieros. También es el director europeo de Thomson Reuters, el mayor proveedor del mundo de información financiera.

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martes, 3 de febrero de 2009

La magnitud del desconcierto, Davos 09. Por Lluís Bassets

Recomiendo leer todas las entradas de Lluís Bassets sobre Davos 09 /Foro Económico Mundial / World Economic Forum.

En Davos se ha visto este año la magnitud del desconcierto. Estamos ante una crisis que alcanza a todo el planeta, encoge la economía global y presiona hacia el proteccionismo y la desglobalización. Pero ha costado mucho llegar a reconocerla. La Agenda Global para 2009, preparada por más de un millar de expertos, ha recurrido a la imagen de los pájaros utilizados por los mineros antes de entrar en el pozo para describir lo que ha sucedido en 2008, el año de los tres canarios, que son el precio de los alimentos, el incremento y volatilidad del precio del petróleo y la crisis financiera. Hace un año, en esta misma reunión, todavía no había salido de la mina el cuerpecillo de ninguno de los pajarillos y eran muy pocos los economistas capaces de preverlo.

Ahora lo que preocupa es conocer cómo encontrar la salida, prever la fecha y localizar los escollos que puedan retrasarla. Y lo más interesante es observar cómo empiezan a imaginar unos y otros el paisaje que aparecerá cuando salgamos del túnel, aquel capitalismo reformado que demandaba con impaciencia el presidente francés, Nicolas Sarkozy. Los conceptos de crisis y de recesión son pobres para describir lo que en realidad enfrentamos, según se desprende de la opinión de los expertos: estamos ante un momento de cambio de modelo económico y social, e incluso de mutación de valores. Los más osados sueñan en una nueva era, de la que saldremos todos, países, Gobiernos y ciudadanos, profundamente transformados.

Necesitamos instituciones globales, mejores que las actuales, que sirvan para prever las crisis y no para acudir a la cabecera del enfermo cuando se halla en muy mal estado. Con un reparto de las responsabilidades más adecuado a la realidad del mundo: el dominio occidental del planeta se ha terminado. La reunión del G-20 el 2 de abril en Londres debe emitir un mensaje muy contundente respecto a la voluntad política de los Gobiernos para poner en marcha esta nueva gobernanza económica global.

El capitalismo reformado debe ser verde y tecnológico. Hay que poner en marcha un mercado internacional de emisiones de CO2, algo que sólo se conseguirá si se implican los grandes contaminadores (China, India, Estados Unidos) y se fijan unos objetivos claros y verificables en cuanto a reducciones, cuestión que tendrá un momento especialmente decisivo el próximo diciembre, en la Cumbre del Clima en Copenhague. Las inversiones en tecnología serán cruciales para poner en marcha esta novísima economía ecológica. No hay que posponer este cambio hasta que haya pasado lo peor, porque entonces lo peor estará todavía por llegar.

Debemos conseguir que el mundo esté gobernado, con economías y monedas coordinadas, sin perder los beneficios de la globalización ni dejarlo varado en el nacionalismo económico y el proteccionismo. Hay que regresar a un juego con reglas, donde no sea posible cambiar de reglamento a mitad de la partida como han venido haciendo los más arriesgados y a veces inmorales. También a la jerarquía de valores más clásica: las finanzas son para financiar, no para convertirse en un fin en sí mismo. Los desequilibrios de riqueza, en constante aumento hasta esta crisis, además de injustos son peligrosos.

Merkel habla de una vía intermedia entre el capitalismo desregulado y los experimentos de socialismo de Estado. Es la vía alemana del canciller Ludwig Erhard, la economía social de mercado, en la que "el Estado es quien vigila el orden económico y social". Lo mismo ha dicho el presidente de la Comisión, José Manuel Durão Barroso, que ha ofrecido a Estados Unidos el modelo europeo: "Nosotros tenemos un servicio de salud universal, un sistema de jubilaciones más generoso, un principio de gratuidad de la universidad y queremos conservarlo".

Son viejas ideas en odres nuevos, dirán algunos, pero no caen en saco vacío. La tradicional cena de los congresistas norteamericanos que acuden a Davos, celebrada este año en la euforia de la elección presidencial, ha sido todo un homenaje al Estado protector, el multilateralismo, el desarme, el sistema sanitario europeo, los impuestos sobre la gasolina y la ayuda al desarrollo. Todos reconocen que hay que someter a revisión el modelo americano de consumo desenfrenado, sobre todo en el capítulo energético.

El quiebro ideológico respecto a 2008 se ha percibido incluso en los temas de moda. La tecnología y la innovación han sido siempre la crema más exquisita de Davos, y la codicia del capitalismo financiero, más o menos confesada, el principal combustible. En esta edición la tecnología ha seguido teniendo una gran consideración, sobre todo con relación al medio ambiente, pero ya no se la concibe como la varita mágica salvadora, como había sucedido anteriormente. Y sin voluntad política ni valores no habrá buenas soluciones. Estos últimos han ocupado incluso debates enteros -uno de ellos presidido por Tony Blair- en los que no han faltado los líderes religiosos. Un teólogo norteamericano recordó el viernes los siete pecados sociales denunciados por Gandhi, que son anillo en el dedo de la actual recesión: política sin principios, comercio sin moral, riqueza sin trabajo, educación sin carácter, ciencia sin humanidad, placer sin consciencia, religión sin sacrificio. Y que, por supuesto, también impugnan la exhibición de riqueza y de poder que se puede ver en Davos.

Fuente: "De Alfiler al Elefante" - ElPaís.com
Autor: Lluís Bassets es periodista. Director adjunto de EL PAÍS. Se ocupa de las páginas y artículos de Opinión.

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martes, 18 de noviembre de 2008

Las conclusiones de la cumbre del G-20

En la declaración final, de unas diez páginas, los mandatarios relatan los objetivos logrados en el encuentro, los pasos que se deben tomar de manera inmediata y los principios que deben guiar las futuras reformas.

Los mandatarios del G20, más España y Holanda, concluyeron su cumbre en Washington con una extensa declaración de principios y propuestas de reformas de los mercados financieros.

Además, adoptaron un "plan de acción" para desarrollar estos principios, y que deben ser elaborados con más detalle por los ministros de finanzas. Este es un resumen de los puntos más importantes de la declaración:

A) Los gobernantes acordaron que se podrían tomar acciones inmediatas paras restablecer el crecimiento y respaldar las economías de mercados emergentes a través de:

- Reconocer la importancia del apoyo a la política monetaria y usar las medidas fiscales en la medida en que sean apropiadas.

- Proporcionar liquidez para ayudar a descongelar los mercados de crédito.

- Asegurar que el Fondo Monetario Internacional (FMI), el Banco Mundial y otros organismos multilaterales de desarrollo tengan suficientes recursos para ayudar a los países en desarrollo afectados por la crisis así como proporcionar financiación para el comercio y la infraestructura.

B) Los principios comunes que deben guiar la reforma del mercado financiero, según se acordó en la cumbre, son los siguientes:

- Fortalecimiento de la transparencia y la rendición de cuentas mediante un aumento de la información sobre productos financieros complejos, garantizar la información completa y precisa por parte de las empresas sobre sus condiciones financieras y ajustar los incentivos para eludir los riesgos excesivos.

- Promover la integridad (ética) al impedir la manipulación y el fraude en los mercados financieros, ayudar y evitar los conflictos de intereses, y proteger contra el uso del sistema financiero para asistir al terrorismo, el narcotráfico, y otras actividades ilegales.

- Reformar las instituciones financieras internacionales al modernizar su gobernabilidad y adhesión de miembros de manera que las economías con mercados emergentes y los países en desarrollo tengan una mayor voz.

C) Los gobernantes también aprobaron un "Plan de Acción", un plan integral de trabajo para aplicar estos principios que incluye las siguientes medidas inmediatas:

- Asegurar que las agencias de calificación cumplan los más elevados estándares y eludan los conflictos de interés, proporcionen mayor información a los inversores y distingan las categorías en casos de productos complejos.

- Desarrollar una guía para fortalecer las prácticas de control de riesgo de los bancos y garantizar que las empresas desarrollen procesos para determinar el caso de que pudieran estar acumulando riesgos excesivos.

D) Los gobernantes coincidieron en que las reformas que se necesitan tendrán éxito sólo si se basan en un compromiso con los principios de libre mercado, incluyendo el respeto a la ley, el respeto a la propiedad privada, el comercio abierto y la inversión, los mercados competitivos, y los sistemas financieros eficientes y regulados de manera efectiva. En este sentido, los gobernantes acordaron:

- Rechazar el proteccionismo, que exacerba en vez de mitigar los desafíos económicos y financieros.

- Hacer un esfuerzo para llegar a un acuerdo este año sobre las negociaciones las Negociaciones Comerciales de la Ronda de Doha.

- Abstenerse de imponer nuevas barreras al comercio o la inversión durante los próximos 12 meses.

- Reafirmar los compromisos de asistencia al desarrollo y exhortar tanto a las economías desarrolladas como emergentes a asumir compromisos consecuentes con su capacidad y función en la economía global.

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