OPERACIÓN REDIMENSIONAMIENTO / OJO ADVENTISTA.
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domingo, 4 de octubre de 2009

60 años no es nada. Francisco G. Basterra

Sesenta años son sólo una brizna de historia, pero para China han supuesto un inmenso salto desde una sociedad campesina a la tercera economía del mundo, a una nación orgullosa respetada globalmente, con clases medias que compran en Ikea y un sistema que en 30 años ha conseguido sacar a 300 millones de habitantes de la pobreza. Una política exterior global que se proyecta en África, Latinoamérica y Oriente Medio, sedienta de materias primas. Un país indispensable para afrontar el cambio climático -es al tiempo el primer contaminador de la atmósfera- o detener a los ayatolás de Irán. Pero viendo las imágenes de la colosal celebración del aniversario del nacimiento de la China comunista, el salto no es tan manifiesto. Desde el mismo lugar en el que Mao proclamó, el 1 de octubre de 1949, el nacimiento de la República Popular China: "El pueblo chino se ha levantado", su sucesor, Hu Jintao, con un traje de cuello Mao de diseño, presidía un desfile de masas y cacharrería militar, sólo de fabricación china, con una coreografía réplica de los mejores años de la URSS de Stalin. Había sido prohibido en todo Pekín el vuelo de cometas y la población tenía órdenes estrictas de no asomarse a las ventanas. Un millón de voluntarios estaban encargados de asegurar la estabilidad social del acontecimiento y de informar de comportamientos sospechosos. Control total: hasta las nubes habían sido bombardeadas horas antes para anticipar la lluvia y conseguir un día radiante. Aunque 1949 y 2009 separan a dos mundos, el dirigismo estatal y el orden son todavía en China valores superiores a las libertades y al individuo. La ceremonia proyectó una imagen de poder en ascenso, orgullo nacional, una enorme fuerza controlada.

El jueves no se celebraba en la gigantesca explanada de Tiananmen a la China de Mao, sino a la China del pequeño timonel, Deng Xiaoping. La historia de la República Popular tiene dos capítulos claramente diferenciados. Los primeros 30 años son de Mao: el sagaz líder campesino vencedor de una guerra civil devuelve la dignidad y la integridad territorial a China. Copia el modelo soviético y pone en marcha una brutal operación de ingeniería social, con el Gran Salto Adelante. Una tremenda hambruna y millones de muertos pusieron término a esta locura. En 1966, el Gran timonel desató la Revolución Cultural, una orgía de terror para restaurar la pureza de su revolución. A Deng, acusado de "burgués y reaccionario", le costó el exilio interior, y su hijo mayor, Deng Pufang, quedó parapléjico tras ser torturado. El resistente Deng hace la autocrítica, vuelve rehabilitado a Pekín y, en 1979, abre las compuertas al pragmatismo, dejando que los hechos, no la ideología, sean el principio rector del sistema. Allí pronuncia su famosa frase: "No importa si es un gato negro o un gato blanco. Siempre que sepa cazar ratones será un buen gato". Deng daba paso al socialismo con características chinas que ha permitido multiplicar por 14 el crecimiento de la economía en 30 años. China continúa sin embargo siendo un país pobre. Un estudio del FMI señala que, en términos de Producto interior bruto per cápita, no está todavía entre los primeros 100 países del mundo: se sitúa por detrás de Cabo Verde y por encima de Irak. Pero al tiempo es el taller mundial: fabrica las dos terceras partes de todas las fotocopiadoras y zapatos, el 30% de los ordenadores personales, el 60% de los móviles, y el 75% de los juguetes. China ha salido antes de la recesión, tirando de otras naciones y consolidando así su peculiar sistema híbrido: un cuasi capitalismo de Estado con un autoritarismo semidemocrático, en palabras del profesor David Shambaugh, en la revista Time.

Responder a la cuestión de ¿adónde va China? es uno de los ejercicios más apasionantes de este comienzo de siglo. Estamos, 60 años después de su nacimiento, ante un país, una sociedad, no comunista dirigida por un partido comunista. Gran pirueta histórica. La legitimidad del PCCh se ha sostenido en su capacidad de ofrecer prosperidad económica, manejando los desequilibrios campo/ciudad, ya existen las clases sociales, y abriendo con extremada cautela la válvula de las libertades. Todo ello sin perder su monopolio del poder. Topa con muchos problemas: la degradación del medioambiente, la corrupción, la integración de los otros: disidentes urbanos, musulmanes de Xinjiang, tibetanos. El éxito del modelo ha provocado una nueva revolución, la de las expectativas crecientes. Si es capaz de continuar alimentándolas, 60 años puede que no sean nada.


Fuente: El País.com
Autor: Francisco G. Basterra, español, docente de la Universidad Complutense. Ex director general de CNN+ y director de los Servicios Informativos de Canal+. Colaborador habitual de El País, del cual fue subdirector de la edición dominical

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domingo, 5 de julio de 2009

4 de julio en el Mall. Por Francisco G. Basterra

Estados Unidos celebra hoy (ayer) la fiesta de su independencia: banderas desplegadas, barbacoas, fuegos artificiales, perritos calientes (el año pasado se consumieron 150 millones), cerveza. La principal celebración será en el Mall de Washington, la gran avenida imperial que conecta el monumento a Lincoln con el Capitolio, el mismo lugar en el que el 20 de enero tomaba posesión de la presidencia Barack Hussein Obama. Es un buen momento para detenerse a pensar en estos primeros seis meses del primer presidente negro que, por encima de todo, ya ha pasado una esponja capaz de lavar la pésima imagen arrastrada por su país desde comienzos del nuevo siglo. Hoy también se abre de nuevo al público en Nueva York la estatua de la Libertad, cerrada a las visitas tras los ataques terroristas del 11-S. Todo un símbolo del comienzo de una nueva época en la que Obama ha prometido conciliar la seguridad con las libertades. Promesa que ya ha chocado con la realidad, con el difícil funambulismo realizado por el presidente a la hora de acabar con la ignominia de Guantánamo.

Por encima de la vibrante retórica, la apertura al mundo musulmán y la mano tendida a los enemigos, Barack Obama ha podido constatar ya los límites de su presidencia. Abraham Lincoln admitía, en 1864: "No he controlado los acontecimientos. Por el contrario, éstos me han controlado a mí". Obama ya ha recibido las llamadas telefónicas de las tres de la madrugada de Corea del Norte, Pakistán, Afganistán, Jerusalén, Teherán, con el mensaje de que la realidad internacional es tozuda y las buenas intenciones por sí solas no la cambian.

Esta semana le sacó de la cama el golpe de Honduras, en el antiguo patio trasero de Estados Unidos, en Latinoamérica, resucitando una ominosa historia, que ya dábamos por enterrada, de invasiones y golpes militares, protagonizada desde el siglo pasado por Washington. Pero ahora la respuesta de Obama ha sido la opuesta: condenar el golpe, dejar que actúe la Organización de Estados Americanos y evitar prudentemente que el caudillo Hugo Chávez, su gran antagonista continental, pueda acusarle de intervención yanqui en los asuntos hemisféricos. Sería impensable que, hace 30 años, un Ejército como el hondureño, formado y financiado por Washington, hubiera sacado de la cama de madrugada a punta de fusil a un presidente sin la luz verde de la Casa Blanca. ¿Recuerdan que en la noche del 23-F, Alexander Haig, secretario de Estado del presidente Reagan, calificó el golpe de Tejero como "un asunto interno"?

Obama también ha demostrado prudencia ante la crisis de Teherán, manteniendo el ofrecimiento de abrir un diálogo directo con la teocracia iraní por encima de la convulsión interna de un régimen que sigue viendo a EE UU como el Gran Satán. En los dos casos, uso del poder blando de la única superpotencia todavía realmente existente, aunque sea por descarte. Templanza asimismo en Irak, donde todavía no ha cerrado la guerra desatada por George Bush, pero sí ha iniciado una retirada de las tropas estadounidenses, de momento de las ciudades. Por el contrario, en Afganistán, Barack Obama ya tiene su guerra propia. El jueves lanzaba una operación de 4.000 marines en el valle del río Helmand, en un intento de limpiar de talibanes esta provincia sureña, productora de opio, con el que se financian los insurgentes. Pero también es una acción militar con componente civil, porque las tropas ocuparán aldeas con un objetivo de reconstrucción y ayuda a la población. En cualquier caso, la guerra de Afganistán, complicada por la inestabilidad de Pakistán, es la apuesta más arriesgada para el nuevo Estados Unidos de Obama. Y la próxima semana el presidente celebrará en Moscú su primera cumbre con Rusia. Se trata de ver si abraza, y con qué condiciones, al oso ruso, reiniciando una relación bastante deteriorada. Barack se ha curado en salud y ha advertido que Putin "todavía tiene un pie en la guerra fría".

Pero al final del día serán la crisis económica, reavivada con una mala cifra de paro que ya alcanza al 9,5% de los estadounidenses, presagiando una recuperación sin empleos, y la difícil reforma de la sanidad, que el presidente pretende presentar este mismo mes a un Congreso incrédulo, las cuestiones que definirán el éxito de la Administración de Obama. Todavía no sabemos ante qué presidente nos encontramos: el buenista pragmático, para algunos blando y excesivamente componedor, que cree sobre todo en el diálogo, o el idealista sin ilusiones, como se definió John Kennedy, que será capaz de forzar la mano de sus adversarios en el exterior y en la escena doméstica y cambiar la historia. Aún es pronto para responder.


Fuente: El País.com
Autor: Francisco G. Basterra, español docente en la Universidad Complutense. Ex director general de CNN+ y director de los Servicios Informativos de Canal+. Colaborador habitual de El País, del cual fue subdirector de la edición dominical

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domingo, 7 de junio de 2009

Políticas newtonianas en el universo de Einstein. Por Norman Birnbaum

La historia de Estados Unidos, como la de los países europeos a partir del siglo XV, se define por sus conquistas en el exterior. El continente americano fue conquistado, sus habitantes primitivos se vieron privados de la tierra y reducidos a la servidumbre, se ocupó gran parte de México, y los Estados del Caribe y América Central quedaron sometidos a tutelaje. Nuestra oposición al imperialismo fue ambigua y contradictoria, conjugando el auténtico rechazo de algunos estadounidenses con la cínica justificación de otros de la dominación que imponíamos.

Seguimos siendo una potencia imperial. Nuestro control del sur de la frontera ha mermado, pero ahora es mayor nuestra presencia en otras partes del mundo. Las explicaciones de nuestros sabios y el lenguaje de nuestros políticos cambian, Kabul sustituye a Saigón, pero los ataúdes de nuestros soldados vuelan de regreso a casa y las naciones que decimos estar liberando o protegiendo siguen quedando devastadas. El secretario de Defensa, Gates, ha anunciado una importante reorganización de las fuerzas armadas, destinada a prepararlas para intervenir en guerras civiles; un proyecto que, con su laxa definición de "terrorismo", augura un sinfín de conflictos.

Con todo, es algo que no cuadra con la tendencia general de la historia contemporánea. Los Estados del Hemisferio Norte, en su mayoría, han sido expulsados del Hemisferio Sur: España y Portugal tuvieron que abandonar América Latina, Francia se fue del norte de África y Gran Bretaña abandonó Egipto, Irak y el subcontinente indio.

Por otra parte, se ha renunciado a África y los blancos del continente aceptan el Gobierno de la mayoría en Suráfrica. La Esfera de Prosperidad Compartida de la Gran Asia Oriental, propiciada por los japoneses durante la Segunda Guerra Mundial, es un lejano recuerdo. Las revoluciones china y rusa significaron la liberación respecto al dominio extranjero.

El nuevo proyecto estadounidense se justifica de tres maneras distintas. En primer lugar, dice que se enfrenta a la organización islamista que está tras los atentados contra Estados Unidos. Si dicha organización sigue existiendo, en qué se ha transmutado o dónde puede encontrarse son preguntas a las que el Gobierno estadounidense no puede responder. En lugar de eso, el nuevo proyecto político-militar conlleva la lucha, en los países de origen, contra grupos islamistas y de otra índole que cuanto más batalla Estados Unidos contra ellos, más adeptos tienen.

La segunda justificación afirma que estamos inmersos en una campaña en defensa de los derechos humanos y el desarrollo económico. Lo cual deja de lado los defectos de nuestros aliados, entre ellos Israel y Arabia Saudí. Las pruebas de que el respeto a los derechos humanos y el desarrollo económico puedan lograrse mediante la presión exterior brillan por su ausencia.

Según la tercera justificación, estamos asumiendo nuestras responsabilidades mundiales, aunque gran parte del resto del mundo preferiría que nos centráramos en nuestros problemas internos. Así lo cree un sector de la opinión pública estadounidense. Muchos de nuestros artistas, académicos, escritores y pensadores están de acuerdo, y, con ellos, un grupo considerable de personas de la élite económica y política.

¿Por qué no se cuestionan las líneas generales de la propuesta del Pentágono? Sólo 51 de los 435 congresistas se opusieron a financiar la guerra en Afganistán, sistemáticamente mal concebida. El resto del mundo vive en un universo einsteiniano en cambio constante, mientras Estados Unidos continúa en un medio estático y newtoniano.

La inercia del aparato imperial es la fuerza motriz de nuestra física política. Por sí solos, los condicionantes económicos no reducirán nuestro modelo de intervención permanente en el exterior, e incluso podrían acentuarlo. Lo que sí podría alterar la situación sería la aceptación pública de que nuestro país puede tener un papel mundial más complejo y limitado, menos orientado por la angustia y el miedo.

Muchos nos equivocamos al pensar que Vietnam haría inevitable esa aceptación, o que el desastre en Irak remataría la faena iniciada con la derrota en Indochina. Unas pocas horas de televisión estadounidense o la lectura del Washington Post indican que la convicción de la propia superioridad moral sigue primando en nuestra sensibilidad política, sin dejar de ocultar un profundo miedo a un mundo hostil. De alguna manera, nuestro presidente duda que una visión alternativa deba presidir abiertamente su política exterior y militar. Avanza poco a poco, lo cual minimiza el impacto de sus iniciativas, nuevas y muy positivas respecto a la reducción de armas nucleares y el conflicto árabe-israelí.

A menos que adopte un papel dominante y pedagógico, los elementos regresivos del aparato pondrán en cuestión su programa. Durante la campaña electoral hablaba como Prometeo. Ahora hay cierto riesgo de que termine como Sísifo.


Fuente: El País.com
Autor: Norman Birnbaum,(1926-) es un sociólogo, doctorado en la Harvard University. Es profesor emérito de la Georgetown University Law Center, y miembro del consejo editorial de La Nación. Ha enseñado en la London School of Economics and Political Science, Oxford University: y la Strasbourg University, Amherst College. Tambien ha servido en la Facultad de Posgrado de la New School for Social Research. Un miembro del consejo editorial de la fundación de la New Left Review, ha sido activo en la política a ambos lados del Atlántico. Ha sido asesor de los sindicatos de América y miembros del Congreso, así como a una serie de movimientos sociales y partidos políticos en Europa. Contribuye regularmente a una serie de publicaciones, entre ellas la Open Democracy, El País de España, y el diario alemán Tageszeitung. Actualmente, está escribiendo una memoria.

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miércoles, 3 de junio de 2009

Memoria de Tiananmen. Por Francisco G. Basterra

Hace 20 años, la represión de la protesta estudiantil china en la plaza de Tiananmen, el ágora de Pekín, garantizó que las reformas económicas de mercado no darían paso a un cambio democrático. Fue el último servicio desde la sombra del pequeño y astuto Deng Xiao Ping ya entonces retirado con 84 años, prácticamente sordo, pero que aun movía los hilos del poder. Dos décadas después, el equipo dirigente chino, heredero de los golpistas de Tiananmen, ligado por los mismos intereses y un clientelismo que los ha hecho ricos, tecnócratas, casi todos ingenieros, sin ideología, continúa al frente del país asegurando "el socialismo con características chinas", que les fue legado por Deng. China es en 2009 la superpotencia emergente, ya se habla del G2 en el que se tutearían Washington y Pekín; ha conseguido sacar a centenares de millones de chinos de la miseria propiciando una clase media que nunca tuvo; ejerce un papel de primer rango en la política internacional como un poder pragmático, con el crecimiento económico como objetivo por encima de todo, y atesora billones de deuda en dólares del Tesoro de EE UU. Pero la pregunta, ahogada en sangre en 1989, es la misma: ¿El Partido Comunista Chino podrá sobrevivir otros 20 años dirigiendo con mano dura un benéfico capitalismo de Estado?, o, puesta al día, ¿el tsunami de la crisis económica amenaza el monopolio del partido único?

Las fascinantes memorias del líder comunista chino Zhao Ziyang, que se opuso al uso de la fuerza para acabar con la protesta de 1989, publicadas esta semana en inglés en EE UU y, en chino, en Hong Kong, ni qué decir tiene que no verán la luz en Pekín, reabren el debate sobre la correlación -no demostrada- entre libertad económica, democracia política y libertades ciudadanas. Prisoner of the state (Simon & Schuster) es el primer libro en el que un dirigente del PCCH revela las interioridades del poder chino, adjudicando responsabilidades en el golpe interno que acabó con un primer intento de que el partido único se pusiera al frente de una protesta democrática para encauzarla. Zhao Ziyang, a quien a comienzos de los años ochenta Deng había señalado el camino de la liberalización económica, intentó negociar con los estudiantes acampados en Tiananmen. Zhao les dijo a sus colegas de la cúpula comunista que los estudiantes sólo pedían reformas, que no iban contra el partido. El 1 de mayo se atrevió a decir ante el buró político que "la democracia es una tendencia mundial, y si el partido comunista no enarbola esa bandera cualquier otro lo hará y nosotros seremos los perdedores".

El entonces secretario general del PCCH solicitó audiencia a Deng. Zhao fue convocado en su casa en la tarde del 17 de mayo de 1989. Lo que creía que iba a ser una conversación privada para ofrecerle una salida dialogada a la crisis de los estudiantes se convirtió en un juicio a Ziyang protagonizado por varios miembros del Politburó. Los asistentes habían conspirado anteriormente para que Deng retirara su apoyo al líder del PCCH. "Pase lo que pase, yo no seré el secretario general que movilice a los militares para aplastar a los estudiantes", confió esa misma noche Zhao a un alto miembro del partido.

Zhao, en un gesto insólito, acude a Tiananmen y provisto de un megáfono dialoga con los estudiantes y les pide que depongan su actitud. En una foto histórica que cobra hoy todo su sentido se ve, tras Zhao, rodeado por tres estudiantes disidentes, a un joven cuadro del partido con traje Mao y rostro grave que refleja la tensión del momento. Es Wen Jiabao, el actual primer ministro de China y entonces colaborador de Zhao. Pero el líder del PCCH ya ha perdido la partida. En una reunión, a la que no se le convoca y que tenía que haber presidido como secretario general, se declara la ley marcial. El 19 de mayo, Zhao es depuesto, acusado de escindir el partido, y arrestado en su domicilio, donde murió en 2005. Deng ordena al Ejército limpiar la plaza de Tiananmen. En la madrugada del 4 de junio, las tropas abren fuego y matan a centenares de estudiantes.

Perry Linnk, profesor de estudios chinos en la Universidad de Princeton, que vivía en Pekín hace 20 años, responde en el Washington Post a la pregunta inicial. "Pase lo que pase, un elemento seguirá constante en China. Este mismo grupo de hombres, unidos por intereses comunes y acostumbrados a sobrevivir a desastres y a giros políticos de 180 grados, permanecerá en el poder. Como una foca sobre una pelota, son buenos para permanecer arriba. Pero para mantener el equilibrio, el grupo a veces necesita sacrificar a un miembro díscolo". En 1989, la víctima fue Zhao Ziyang.


Fuente: El País.com
Autor: Francisco G. Basterra, español docente en la Universidad Complutense. Ex director general de CNN+ y director de los Servicios Informativos de Canal+. Colaborador habitual de El País, del cual fue subdirector de la edición dominical.

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viernes, 15 de mayo de 2009

¿Es Estados Unidos un Estado? Por Aurelio Arteta

Sabrás tú la respuesta, lector? No pregunto si Estados Unidos es un Estado liberal, federal o bastante democrático, sino un Estado a secas. Pregunto cómo puede siquiera formar una unidad política con capacidad de mantener la paz civil de su territorio si no dispone allí del monopolio en el uso de la violencia legítima.

Es decir, mientras esté privado de esa función sin la cual difícilmente podrá cumplir ninguna otra. La perplejidad rebrota cada vez que tenemos noticia de esas matanzas periódicas que estremecen aquel país, las últimas apenas hace unas semanas. O, antes de que estallen las masacres, en cuantas ocasiones se ha propuesto sin éxito en esa sociedad prohibir la compraventa de armas de fuego. ¿Para cuándo enmendar la Segunda Enmienda?

Sabemos por los clásicos que un Estado nace cuando sus miembros consiguen superar el miedo de todos a todos por preferir el miedo de todos a uno. Tal parece el requisito para lograr nuestro deseo más básico, que es obtener la máxima seguridad en la conservación de la propia vida. Todos, salvo los asesinos natos, hemos firmado una renuncia a defendernos por la fuerza, un acuerdo de confiar las armas al soberano para que éste nos defienda mediante ese poder común. (Un paréntesis nada inútil: esto tan obvio no lo es todavía en el País Vasco. Al cabo de 30 años de poder nacionalista, son bastantes los que aceptan que una banda de fanáticos dispute al poder público lo legítimo de aquel monopolio. Y son aún más los que, al reprobar por igual la violencia privada y la pública, vienen a ofrecer un respaldo indirecto a la primera).

También en Estados Unidos se encomienda esa protección individual al poder soberano, aun cuando la ley no obliga a ceder el derecho de defenderse a uno mismo con las armas en la mano y son millones los ciudadanos preparados para ejercerlo. Pero el caso es que las armas adquiridas como medios defensivos -porque las carga el diablo- se vuelven ofensivas a la menor oportunidad. De suerte que ese derecho a la autoprotección ha de provocar un riesgo mucho más general que si fuera denegado. En cuanto un ciudadano sepa o tan sólo sospeche que su vecino dispone de una pistola para prevenir su eventual agresión, ya cuenta con una razón (con tantas razones como vecinos armados) para sentirse amenazado y procurarse la herramienta para repeler su ataque. Aumentarán las medidas de vigilancia, pues ahora cualquiera resulta un criminal en potencia. En definitiva, allí donde cada uno puede portar armas mortíferas hay sobrado fundamento para que todos se teman mortalmente entre sí.

Y no es para menos. Pues aquel derecho incluye también el de discernir quién amenaza mi vida y dictar su condena o tomarme venganza; entraña la prerrogativa de reservarnos a un tiempo el papel de juez y verdugo de los demás. A lo mejor así este o aquel ciudadano consiguen salvar su vida en un momento dado, pero seguro que muchos inocentes caerán víctimas de semejante empeño. El ideal de la National Rifle Association parece el Far West redivivo. El sheriff y los paisanos, todos con el dedo en el gatillo; el uno invocando su deber de preservar la supervivencia colectiva, los otros su derecho a defender la suya propia... aun a costa de poner en graves apuros las ajenas.

Los estadounidenses exigen, desde luego, que su Estado les ampare frente a la agresión de otro Estado. Pero, de puertas adentro, tan fuerte es el miedo recíproco que no consienten abandonar su defensa individual en manos de nadie. Puesto que han de prever que su guardián legal les falte cuando más lo necesiten, cada cual deberá a fin de cuentas ocuparse de sí mismo. A esto conduce inexorablemente la obsesión desorbitada por la seguridad personal.

Lástima que sea una obsesión fallida, pues no hay seguridad absoluta posible ni mediante el sistema público más eficaz. Aunque la salvaguarda de cada uno corriera a cargo de un policía, nada nos asegura contra la eventual tentación de ese policía de agredirnos, lo que forzaría a que nos acompañara otro guardia para vigilar al primero. La cosa no acabaría aquí. Tampoco puede garantizarse -permítanme estirar la hipótesis- que este segundo policía fuera impecable en su cometido o no se volviera loco, y eso nos llevaría a demandar asimismo un psiquiatra dedicado a su examen continuo. Y como ni siquiera los psiquiatras están libres de un ataque de celos o de codicia, se requeriría otro psiquiatra atento a la conducta de aquel primero que -no se olvide- se cuidaba de la salud mental del policía que vigilaba al custodio inicial que protegía los pasos del ciudadano... ¿Dónde terminaría esta cadena?

Verás, pues, lector amigo. Uno cree que vivir en sociedad, por perfeccionado que fuere su aparato protector, estará siempre expuesto a que los conciudadanos nos hagamos algún daño. Reducir ese daño al mínimo debe ser prerrogativa del Estado. Y no conviene cuestionar tan viejo monopolio, pero sí someterlo a las condiciones de una justicia democrática.


Fuente: El País.com
Autor: Aurelio Arteta, nacido
español (vasco), Doctor en Filosofía y Licenciado en Sociología. Es catedrático de Filosofía Moral y Política de la Universidad del País Vasco / UPV.
Nota del Editor: como complemento a esta excelente nota, recomiendo ver el video Papi, comprame un Kalashnikov, realizado por Jon Sistiaga.

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miércoles, 6 de mayo de 2009

La revuelta de la desigualdad. Por Ulrich Beck

El enriquecimiento rápido convirtió a muchos en dependientes de la droga del dinero prestado. Ahora los ricos poseen un poco menos, pero a los pobres no les alcanza para vivir. La situación es (pre)revolucionaria

La revuelta de la desigualdad sacude al mundo entero: de Moscú a Helsinki, de Londres a Washington y de Berlín a Buenos Aires. En Internet encontramos páginas que invitan a quemar o a colgar a los banqueros. El centro mundial de las finanzas en Londres aconseja a las empresas que exhorten a sus trabajadores a no pasearse más en traje y corbata para evitar riesgos. Aquellos que parecían ejercer un control irrevocable sobre las finanzas mundiales son ahora percibidos y calificados despectivamente como "extraterrestres", se les considera como personas de otro planeta. Cuando se obstinan en seguir cobrando primas y obteniendo privilegios, entonces son ejecutados, por lo menos moralmente, en los debates televisivos. Y probablemente esto sólo acaba de empezar.

A partir de diversos componentes se obtiene así una explosiva mezcla política y social. No sólo aumenta la desigualdad, tanto en el marco nacional como en el global, sino que, ante todo, el rendimiento y el ingreso se han desacoplado ya por completo a los ojos de la ciudadanía. O peor aún: en el contexto del desmoronamiento de las finanzas mundiales se ha producido en las esferas más altas del poder un acoplamiento perverso entre gestión ruinosa e indemnizaciones millonarias. El pequeño secreto, que no hace más que agudizar la amargura, consiste en que este enriquecimiento codicioso se ha realizado de forma absolutamente legal, pero atenta a la vez contra todo principio de legitimidad.

La ira popular se enciende a causa de esta contradicción entre legalidad y legitimidad con la que la élite financiera ha incrementado fabulosamente su riqueza. Pero esta ira se enciende más aún, justamente, porque esta desproporción ha burlado todas las mediciones de los rendimientos y porque las leyes vigentes siguen encubriendo tan clamorosas desigualdades. Aquí también aparecen contradicciones en la apreciación. Unos dicen: necesitamos más impuestos para los que más ganan, ya que el mercado no está en condiciones de corregir sus propios excesos. Los otros consideran, según el viejo esquema, que esto no es más que una política de la envidia, y reclaman derechos que se apartan de las leyes.

La consecuencia de ello es que el grito de dolor socialista reclamando la igualdad es proferido justamente desde el centro herido de la sociedad y halla repercusión por doquier. Pero esta conciencia de la igualdad no hace ahora más que alimentar las desigualdades sociales de un modo políticamente explosivo. Las desigualdades sociales se convierten en material conflictivo que se inflama con facilidad, no sólo porque los ricos siempre son más ricos y los pobres más pobres, sino sobre todo porque se propagan normas de igualdad que están reconocidas y porque en todas partes se levantan expectativas de igualdad, aunque al final queden frustradas.

Una quinta parte de la población mundial, la que se encuentra en peor situación (posee, en su conjunto, menos que la persona más rica del mundo), carece de todo: alimentación, agua potable y un techo donde cobijarse. ¿Cuál fue la causa de que, en estos últimos 150 años, este orden global de desigualdades mundiales se mostrara a pesar de todo como legítimo y estable? ¿Cómo es posible que las sociedades del bienestar en Europa pudieran organizar costosos sistemas financieros de transferencia en su interior sobre la base de criterios de necesidad y pobreza nacionales mientras que buena parte de la población mundial vive bajo la amenaza de morir de hambre?

La respuesta es que éste es -o era- el principio de eficiencia que legitimaba las desigualdades nacionales. Quien se esfuerce será recompensado con bienestar, rezaba la promesa. A la vez, el Estado nación procuraba que las desigualdades globales se mantuvieran encubiertas y que pareciera que fueran legítimas e inalterables. Porque hasta entonces las fronteras nacionales separaban nítidamente las desigualdades políticamente relevantes de las irrelevantes. ¿Quién se preocupa por las condiciones de vida en Bangladesh o en Camboya? La legitimación de las desigualdades globales se basa así en el disimulo del Estado nación. La perspectiva nacional exime de mirar la miseria del mundo.

Las democracias ricas portan la bandera de los derechos humanos hasta el último rincón del planeta sin darse cuenta de que, de ese modo, las fortificaciones fronterizas de las naciones, que pretenden atajar los flujos migratorios, pierden su base legítima. Muchos inmigrantes se toman en serio la igualdad predicada como derecho a la libertad de movimientos, pero se encuentran con países y Estados que, justamente por la presión de las crecientes desigualdades internas, quieren poner fin a la norma de igualdad en sus fronteras blindadas.

La revuelta contra las desigualdades realmente existentes se alimenta así de estas tres fuentes: del desacoplamiento entre rendimiento y ganancia, de la contradicción entre legalidad y legitimidad, así como de las expectativas mundiales de igualdad. ¿Es ésta una situación (pre)revolucionaria? Absolutamente. Carece, sin embargo, de sujeto revolucionario, por lo menos hasta ahora. Porque las protestas proceden de los lugares más distintos. La izquierda radical acusa a los directivos de los bancos y al capitalismo. La derecha radical acusa una vez más a los inmigrantes. Ambas partes se corroboran mutuamente en que el sistema capitalista imperante ha perdido su legitimidad. En cierto sentido, son los Estados nación los que se han deslizado involuntariamente hacia el rol de sujeto revolucionario. Ahora, de repente, éstos ponen en práctica un socialismo de Estado sólo para ricos: apoyan a la gran banca con cantidades inconcebibles de millones, que desaparecen como si fueran absorbidas por un agujero negro. Al mismo tiempo, aumentan la presión sobre los pobres. Semejante estrategia es como querer apagar el fuego con fuego.

Este proceso sólo fue posible porque los decenios anteriores engendraron en muchos ámbitos de la economía una suerte de espíritu del superhombre nietzscheano. Pequeñas empresas locales eran transformadas en potencias globales por superhombres de la economía, y éstos cambiaron adecuadamente las reglas del poder en vigor. Llevaron las finanzas a la esfera de lo incalculable, que nadie, ni ellos mismos, podía entender. Pero su actuación parecía justificarse en que elevaron a cotas inauditas sus beneficios, su poder y sus ingresos.

La ideología predicaba que cualquiera podía triunfar. Esto era válido tanto para el comprador de bajos ingresos que obtenía su primera propiedad como para el malabarista que ignora los riesgos incalculables. El paraíso en la tierra consistía en que el primero podía comprar con dinero prestado y el segundo podía hacerse aún más rico, también con dinero prestado. Ésta era, y sigue siendo ahora, la fórmula de la irresponsabilidad organizada de la economía global. Ahora, en la caída libre de la crisis financiera, ambos salen perdiendo, aunque no exactamente de la misma manera. Mientras que los ricos poseen un poco menos, a los pobres apenas les alcanza para vivir. Después de haber subido, ahora el ascensor vuelve a bajar. Pero esto no amortigua la capacidad explosiva de la revuelta de la desigualdad que hoy se cuece.

Más bien al contrario. Las demandas de más igualdad, que encuentran su expresión en las actuales protestas, alcanzan la autoconciencia de Occidente en su núcleo neoliberal. En los decenios pasados se falsificó el sueño americano y sus promesas de libertad e igualdad de oportunidades por la promesa cínica de enriquecimiento privado. En realidad, este espíritu ha convertido a muchas y a muy distintas sociedades en dependientes de la droga de vivir con dinero prestado. La rutina diaria de las personas se basaba en la obtención de dinero rápido y barato, así como en la disponibilidad ilimitada de combustible fósil.

La vida misma ha perdido el control en ese anhelo permanente de obtener cada vez más y más. Ahora cabe preguntarse: ¿dónde están los movimientos sociales que esbozan una modernidad alternativa? De lo que se trata es de cosas tan concretas como de las nuevas formas de energía regenerativa, pero también de fomentar un espíritu cívico que supere las fronteras nacionales. Y de cualidades como la creatividad y la autocrítica, para que temas clave como la pobreza, el cambio climático o civilizar los mercados tengan un lugar central.


Fuente: El País.com
Autor: Ulrich Beck es sociólogo y profesor de la Universidad de Múnich y de la London School of Economics. Beck estudia aspectos como la modernización, los problemas ecológicos, la individualización y la globalización. En los últimos tiempos se ha embarcado también en la exploración de las condiciones cambiantes del trabajo en un mundo de creciente capitalismo global, de pérdida de poder de los sindicatos y de flexibilización de los procesos del trabajo, una teoría enraizada en el concepto de cosmopolitismo. Beck también ha contribuido con nuevos conceptos a la Sociología alemana, incluyendo la llamada "sociedad del riesgo" y la "segunda modernidad".
Traducción: M. Sampons.

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domingo, 8 de marzo de 2009

Max Weber en la Casa Blanca. Por Lluís Bassets

Ningún gobernante puede eludir la disonancia entre la ética de la responsabilidad y la ética de la convicción estudiada por Max Weber hace casi un siglo en su conferencia La política como profesión. Como Barack Obama no iba a ser una excepción, no han bastado ni siquiera cien días para que empezaran a apuntar algunas minúsculas señales oscuras, todavía pequeñas motas de polvo, sobre su radiante imagen. El nuevo presidente dio pasos contundentes, solo llegar a la Casa Blanca, con sendos decretos presidenciales en los que se prohíbe la tortura y se programa el cierre de la base de Guantánamo para 2010. Su compromiso con esta política de respeto y promoción de los derechos humanos ha tenido un sonoro reflejo en dos de sus grandes discursos, en la toma de posesión y en su primera alocución ante las dos cámaras reunidas, que se sintetiza en su idea de hacer compatibles la seguridad nacional y la defensa de los valores democráticos.

Todas las exigencias que se le presentan se podrían resumir en cuatro: predicar con el ejemplo; reincorporarse a la comunidad internacional en la firma y cumplimiento de tratados y convenciones sobre derechos humanos; reformular y ajustar una política exterior acorde en su actitud rigurosa ante los incumplimientos de los países socios; e investigar y depurar razonablemente las responsabilidades respecto a los desmanes perpetrados durante la presidencia de George W. Bush. En los cuatro puntos todo está en mantillas, o lo que es aún peor, empiezan a producirse titubeos o muestras de criterio escaso.

No es un buen comienzo que Hillary Clinton, en su primera salida al exterior, declare las relaciones con China exentas de toda exigencia en este capítulo. La orden de detención contra el jefe de Estado sudanés, Omar al Bashir, viene a recordar a su vez alguna de las cuentas pendientes a liquidar con urgencia: Estados Unidos, que firmó con Bill Clinton el estatuto de creación de la Corte, no quiso luego ratificarlo, ya con Bush, y legisló en su contra, prohibiendo colaborar con ella y protegiendo a sus ciudadanos de sus acciones; aunque toda esta acción unilateralista no le impidió a Bush estar a favor de que Al Bashir fuera acusado de genocidio. Pero es evidente que Obama no podrá plantear a medio plazo una política exigente respecto a la situación de los derechos humanos en las dictaduras o democracias soberanas amigas si antes no ha dejado limpio y en orden el patio interior y a la vez se ha incorporado al grupo de países más cumplidores.

Y ahí es donde están llegando noticias inquietantes. Un alto cargo del Departamento de Justicia, Neal Katyal, ha sugerido a la Casa Blanca la creación de un tribunal de seguridad nacional que permita la detención preventiva por tiempo indefinido y sin juicio de determinados sospechosos de terrorismo. Detrás de estas ideas se halla la resolución del problema que plantea el cierre de Guantánamo, donde hay un grupo de terroristas que podrían quedar en libertad si el Gobierno se limitara a llevar a los presos ante un tribunal ordinario.

En tres de las sesiones congresuales de confirmación de sendos nombramientos presidenciales se han escuchado expresiones preocupantes respecto al escrupuloso respeto a los derechos humanos prometido por Obama en su campaña. Se trata de Elena Kagan, la procuradora general del Estado, que actúa en nombre del Gobierno ante el Tribunal Supremo; el fiscal general, Eric Holder; y el director de la CIA, Leon Panetta. La aplicación del código militar a los terroristas, de nuevo el concepto de tortura y las autorizaciones excepcionales a los servicios secretos para detenciones o secuestros ilegales son los puntos que no han quedado suficientemente aclarados y descartados en estas comparecencias.

Tampoco está claro que la nueva Administración dé vía libre a la exigencia de responsabilidades por las acciones ilegales realizadas desde la anterior Casa Blanca en la lucha antiterrorista. La CIA acaba de reconocer que autorizó la destrucción de 92 vídeos de interrogatorios, presumiblemente con uso de torturas, con una finalidad fácilmente reconocible de obstaculizar la investigación. El Departamento de Justicia ha levantado el secreto sobre nueve de los famosos memos de los consejeros legales de Bush que cubrían las acciones ilegales del Gobierno con sus opiniones jurídicas. Pero falta por desvelar todavía el contenido de otros 35 documentos secretos.

La responsabilidad de Obama es salvaguardar la seguridad de sus conciudadanos y defender sus intereses en el mundo. Cuanto más se aleje esta responsabilidad de sus convicciones, peor le irán las cosas. La razón es sencilla: Obama ha hecho de la transparencia política un instrumento y a la vez un objetivo; una convicción o valor dentro de su concepto de la sociedad democrática. De ahí que será la propia transparencia del sistema que está construyendo la que pondrá en evidencia sus fallos, sean sólo motas de polvo como ahora o se conviertan en horribles lamparones como los que rompieron la imagen de su antecesor.


Fuente: ElPaís.com
Autor: Lluís Bassets es periodista. Director adjunto de EL PAÍS. Se ocupa de las páginas y artículos de Opinión.
Cartoons: Cam Cardow / The Ottawa Citizen

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jueves, 1 de enero de 2009

Las 10 peores predicciones del 2008

No hay nada más arriesgado para un experto que hacer pronósticos. Los 10 comentaristas y líderes de esta lista aprendieron la lección de forma dolorosa cuando sus predicciones acerca de la política, la guerra, la economía e incluso el fin de la humanidad fallaron estrepitosamente.

1. “Si [Hillary Clinton] compite contra John Edwards y Barack Obama, va a conseguir la nominación. Por lo tanto su única amenaza es Gore. … Barack Obama no va a ganar a Hillary Clinton en una sola primaria demócrata. Eso es lo que predigo en este mismo instante”. —William Kristol, Fox News Sunday, 17 de diciembre de 2006

El editor del Weekly Standard y columnista del The New York Times William Kristol no era el único, ni mucho menos, que pensaba que Clinton tenía todas las de ganar en las primarias demócratas, pero hay que tener mucha confianza en uno mismo para hacer una afirmación tan categórica más de un año antes de que se celebrase el primer caucus de Iowa. Después de lo ocurrido allí, Kristol se pasó al extremo opuesto, diciendo que Clinton iba a perder en New Hampshire y que “No habrá restauración de los Clinton”. También merece la pena resaltar que esta segunda predicción, igualmente prematura, la realizó en un artículo en el The New York Times titulado “¿Presidente Mike Huckabee?”. Se rumorea que el diario está ya buscando un sustituto.

2. “Peter escribe: ‘¿Debería estar preocupado por la liquidez de Bear Stearns y sacar mi dinero de allí?’ ¡No! ¡No! ¡No! ¡Bear Stearns está bien! No saques tu dinero. … Bear Stearns no tiene problemas. Quiero decir, si acaso podría se absorbida. ¡No saques tu dinero de Bear! ¡Es una tontería! ¡No seas tonto!” —Jim Cramer, respondiendo al e-mail de un espectador del programa Mad Money de la CNBC, 11 de marzo de 2008

Esperemos que Peter pidiese una segunda opinión a otra persona. Seis días después de que el voluble presentador de la CNBC realizase este pronunciamiento categórico, Bear Stearns sufrió el equivalente moderno a las tradicionales crisis de pánico bancario. Mientras en Wall Street corrían los rumores sobre la enorme participación de la entidad en hipotecas basura, sus acciones perdieron un 90% de su valor y el banco fue vendido por una miseria a JPMorgan Chase, gracias a la ayuda que recibió en el último minuto de la Reserva Federal de EE UU.

3. “[En] realidad las amenazas al transporte de petróleo por mar son mucho menores de lo que uno imagina. Para empezar, los petroleros son mucho menos vulnerables de lo que la gente piensa. En segundo lugar, es muy improbable que los conflictos regionales afecten de forma significativa al tráfico marítimo, y los atentados terroristas contra buques tendrían aún menos impacto económico. Tercero, sólo una potencia naval con el poderío de EE UU podría perturbar seriamente el transporte de petróleo”. —Dennis Blair y Kenneth Lieberthal, Foreign Affairs, mayo/junio 2007

El 15 de noviembre de 2008 un grupo de piratas somalíes, a bordo de lanchas hinchables, secuestró en el Océano Índico un petrolero saudí cargado con 2 millones de barriles de crudo. La audaz operación coincidía con un aumento generalizado de la piratería, sobre todo en el Golfo de Adén. Los criminales que operan en esa vía de transporte marítimo han secuestrado este año más de 50 barcos, frente a los 13 del año pasado, según los datos del Centro de Información de la Piratería. El Golfo de Adén, por donde pasa diariamente el 4% del suministro mundial de petróleo, no figuraba en la lista de cuellos de botella estratégicos en los que el transporte de oro negro podía verse afectado, que Blair y Lieberthal incluían en su artículo ‘Navegación sin incidentes: Las rutas marítimas internacionales son seguras’. Esperemos que Blair muestre un poco más de previsión si, como algunos esperan, se convierte en el director nacional de inteligencia de Barack Obama.

4. “Quien diga que estamos en recesión, o que nos dirigimos hacia una –especialmente la peor desde la Gran Depresión– está inventándose su propia definición de recesión”. —Donald Luskin, The Washington Post, 14 de septiembre de 2008

Al día siguiente de que el artículo de Luskin “Dejen de decir que la economía está mal” apareciese en la sección de opinión del The Washington Post, Lehman Brothers se declaró en bancarrota, el resto es historia. Hace tiempo que en los blogs progresistas se dice que el director de inversión de Trend Macrolytics y asesor informal de McCain es “el mayor estúpido vivo”. En esta ocasión, tienen pruebas sólidas en las que apoyar sus afirmaciones.

5. “A pesar de sus imperfecciones, un ejemplo para otros”. —The Economist en referencia a las elecciones presidenciales en Kenia, 19 de diciembre de 2007

La semana anterior a las elecciones presidenciales en Kenia, el semanario británico publicó un desafortunado editorial alabando la calidad de la democracia en el país africano y prediciendo que podría “dar ejemplo” al resto del continente. Ya les gustaría. Los comicios estuvieron plagados de casos de fraude y manipulación de votos, seguidas de un mes de revueltas y violencia étnica que causaron más de 800 muertos y 200.000 desplazados. Las matanzas finalizaron en un turbio acuerdo entre el presidente, Mwai Kibaki, y su rival Raila Odinga para repartirse el poder, dejando Kenia profundamente divididay al Gobierno sin legitimidad.

6. “El alcalde de Nueva York, Michael Bloomberg, se sumará a la carrera presidencial en febrero, cuando esté claro qué candidatos lograrán la nominación de los grandes partidos. Sus miles de millones y su organización impresionarán a los votantes –y dejarán pasmados a sus rivales. Se le verá como el tercer candidato más viable desde Teddy Roosevelt. Pero Bloomberg no llegará lejos, ya que tanto los demócratas como los republicanos le atacarán sin piedad. Entre él y Clinton se repartirán más del 50% de los votos, pero será el inconformista senador por Arizona, John McCain, quien se convierta en el próximo presidente de EE UU”. –BusinessWeek, 2 enero 2008

Ninguna de las afirmaciones de esta predicción publicada en el artículo ‘Diez eventos probables en 2008’ de BusinessWeek se acercó, siquiera remotamente, a la realidad. Tras semanas de amagos y filtraciones a la prensa, Bloomberg anunció que no se presentaba a las elecciones, ya que Barack Obama y John McCain mostraban signos del “liderazgo independiente” necesario para gobernar de forma eficaz. Tras derogar la ley de limitación de mandatos de Nueva York, parece más probable que Bloomberg se presente por tercera vez a la alcaldía de la ciudad.

7. "Existe la posibilidad real de que se generen anomalías teóricas destructivas como miniagujeros negros, cúmulos de materia extraña y transiciones espaciales De Sitter. Estos sucesos tienen la capacidad de alterar la materia a escala fundamental y destruir nuestro planeta”. —Walter Wagner, LHCDefense.org

El científico Walter Wagner, principal impulsor de Ciudadanos contra el gran colisionador de hadrones (LHC, en sus siglas en ingles), advirtiendo que el experimento podría acabar con la humanidad tal como la conocemos, presentó una demanda en el juzgado de distrito de Hawai contra la Organización Europea para la Investigación Nuclear (CERN), promotora del mayor acelerador de partículas del mundo, solicitando que los investigadores no encendiesen el dispositivo hasta que se demostrase que es seguro. El LHC empezó a funcionar en septiembre, y parece que todos seguimos aquí.

8. “Resulta cada vez más probable que el barril se sitúe entre los 150 y 200 dólares durante los próximos seis a veinticuatro meses”. —Arjun Murti, analista petrolífero de Goldman Sachs, en un informe del 5 de mayo de 2008

El tan cacareado poder de predicción de Murti –a quien se calificaba de “oráculo del petróleo” en un elogioso perfil de The New York Times– pareció fallar en esta ocasión. El precio del crudo alcanzó en julio un máximo de unos 147 dólares el barril (unos 105 euros) antes de comenzar una larga caída. La disminución de la demanda causada por la crisis mundial ha hecho que en la actualidad los precios ronden los 40 dólares, y algunos expertos creen posible que se llegue a los 25 el año que viene.

9. “Empieza con la invasión de Osetia del Sur y Abjasia, que ya ha tenido lugar. Continúa con la destrucción del Ejército georgiano, que está teniendo lugar en estos momentos. El tercer [paso] probablemente será la sustitución del Gobierno electo, que es prooccidental, por un Ejecutivo títere, lo cual probablemente ocurrirá en una o dos semanas”. —Charles Krauthammer, Fox News, 11 de agosto de 2008

Nada más realizar esta previsión errónea (al final Rusia acordó un alto el fuego y unas semanas después retiró sus tropas, dejando al Gobierno de Mijaíl Saakashvili en su puesto), Krauthammer predijo que Ucrania sería la siguiente en la lista de Moscú y propuso que Estados Unidos desplegase tropas allí. En cuanto a Saakashvili, en septiembre las encuestas le daban un 76% de aprobación.

10. “Creo que hemos estabilizado el sistema bancario. Ya nadie tiene dudas de que haya alguna gran entidad a la que no pudiéramos ayudar en caso de caída”. —Henry Paulson en la Radio pública de Estados Unidos, 13 de noviembre de 2008

El Secretario del Tesoro estadounidense empezó noviembre disparando sus armas. Tras muchos titubeos ante el Congreso durante el mes anterior, finalmente arrancó y planteó lo que denominó su “bazuka” –una autorización para gastar 700.000 millones de dólares en rescatar activos contaminados de bancos en apuros. A mediados de noviembre ya se había gastado 300.000 millones de munición, principalmente a través de la clase de participación directa en el capital a la que previamente se había opuesto. Para desgracia de Paulson, poco después de pronunciar su voto de confianza, las acciones de Citigroup se desplomaron un 75% en una semana, cerrando por debajo de los 5 dólares por primera vez en 14 años.

Fuente: Foreign Policy Edición española

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miércoles, 10 de diciembre de 2008

La Declaración Universal de Derechos Humanos en imágenes.

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jueves, 14 de agosto de 2008

LA FARSA DE LOS DERECHOS HUMANOS en la ONU. Por Andrés Oppenheimer*

Hace tiempo que no escuchaba algo tan ridículo: el flamante Comité Asesor del Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas celebró su primera sesión esta semana en Ginebra, Suiza, y --por increíble que parezca-- eligió a un funcionario cubano como su presidente.

Como si los burócratas de derechos humanos de la ONU y sus jefes en sus respectivas cancillerías no tuvieran suficiente sentido del ridículo al designar al representante de una dictadura que prohíbe la libertad de expresión y de reunión como su presidente, además eligieron a representantes de Egipto y Rusia --que no son precisamente campeones de los derechos humanos_ para ocupar dos de las tres vicepresidencias, junto a Corea del Sur.

El jurista cubano Miguel Alfonso Martínez, ex vocero del Ministerio de Relaciones Exteriores cubano, fue elegido presidente del Comité Asesor en la sesión inaugural del grupo de 18 países el 4 de agosto.

La emisora del régimen cubano Radio Rebelde dijo en su sitio web que Martínez fue nominado por el gobierno cubano, pero que, según las reglas del Consejo, se ''espera que trabaje de manera independiente''. (Nota del columnista: ¡Sí, seguramente!).

El Comité Asesor tiene como función actuar como fuente de ideas e investigaciones requeridas por el Consejo de Derechos Humanos, que tiene dos años de existencia, y que reemplazó a la desacreditada Comisión de Derechos Humanos de la ONU. La extinta Comisión se había convertido en un club de protección mutua de los peores violadores internacionales de los derechos humanos.

Tal vez muchos de ustedes recuerden que una de las mayores preocupaciones de los países democráticos en el momento en que la Asamblea General de la ONU creó el Consejo en el 2006 fue que el nuevo comité de derechos humanos no siguiera los pasos de su antecesor. En el pasado, países violadores de los derechos humanos como Cuba, China y Arabia Saudita intercambiaban sus cargos en otros comités de la ONU con otros países, para asegurarse una banca en el Consejo de derechos humanos y protegerse de las críticas del resto del mundo.

Para evitar eso, la Asamblea General de la ONU le pidió al nuevo Consejo de Derechos Humanos hace dos años que creara un Comité Asesor independiente. Los funcionarios de la ONU dijeron que el Comité Asesor adoptaría decisiones de manera independiente, para proteger al Consejo de las presiones políticas.

Según un comunicado de prensa de la ONU tras la apertura de la sesión inaugural del Comité, Martínez dijo en su discurso que "ser el primer presidente de este nuevo organismo en la hipersensible área de derechos humanos fue un gran privilegio para él. Es la experiencia emocional más conmovedora que le ha tocado vivir''.

De hecho, es probable que el propio Martínez no haya podido creerlo, teniendo en cuenta que los organismos independientes de derechos humanos internacionales consideran a Cuba uno de los países más represivos del mundo. Aunque Cuba firmó este año el estatuto de la ONU sobre Derechos Civiles y Políticos, nada ha cambiado demasiado en la isla en el campo de los derechos humanos.

Recientemente Amnistía Internacional pidió al gobierno cubano que liberara a 58 disidentes encarcelados hace cinco años en una redada que el grupo internacional llama "la mayor campaña que se haya llevado a cabo en Cuba contra los opositores políticos".

''El único delito cometido por esos 58 individuos fue el pacífico ejercicio de sus libertades fundamentales'', dijo el grupo. 'Amnistía Internacional los considera prisioneros de conciencia''.

Según un informe de este año emitido por Human Rights Watch, Cuba sigue reprimiendo "casi todas las formas de disenso político. Los ciudadanos cubanos han sido privados sistemáticamente de sus derechos fundamentales de libre expresión, privacidad, asociación, movimiento y del derecho a la defensa legal''.

¿Puede ser que Martínez actúe como un ''experto independiente'', como lo aseguran los funcionarios de la ONU y de Cuba?, le pregunté a Amnistía Internacional.

''No es posible que pueda cumplir con esa parte de su mandato'', me dijo Holly Ackerman, una especialista en Cuba de Amnistía Internacional en Estados Unidos. ''Las exigencias de un régimen comunista son que uno sea solidario con el gobierno, que uno esté "integrado''. Uno representa a la revolución, y no a sí mismo".

Mi opinión: Estoy de acuerdo. El Consejo de Derechos Humanos de la ONU ha resultado ser tan politizado como el desacreditado organismo que lo precedió. Algunos de sus miembros más activos son Cuba, China, Arabia Saudita y Rusia, y eso se nota en sus decisiones.

La mayor esperanza de que el Consejo de Derechos Humanos fuera diferente a su antecesor era tener un Comité Asesor verdaderamente independiente, que le impidiera proteger a los transgresores de los derechos humanos. Sin embargo, ahora que el Comité Asesor será presidido por funcionarios propuestos por Cuba, Rusia y Egipto, esa esperanza se ha desvanecido.

Fuente: EL NUEVO HERALD (Miami Herald) publicado el 7 de agosto de 2008.

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domingo, 30 de diciembre de 2007

AMAZING GRACE



La película Amazing Grace, de Michael Apted, basada en la vida de William Wilberforce, el político cristiano que consiguió abolir la esclavitud en el Imperio británico.

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