OPERACIÓN REDIMENSIONAMIENTO / OJO ADVENTISTA.
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miércoles, 28 de enero de 2009

Esperanza. Por Jorge Lanata

“Durante meses se nos burlaron por hablar de esperanza. Pero siempre supimos que no es optimismo ciego", les dijo Obama. Quienes lo apoyan hoy son mejores que ayer: volvieron a tener esperanza.

Lo primero que escuché fue que no era tan negro.

–No es tan negro... –como si la negritud fuera prueba de algo.

Después vi por la televisión su discurso de Chicago. Y el video en YouTube fue lo que me hizo emocionar: Will.i.am y la música de Black Eyed Peas en un rap con Scarlett Johansson, Herbie Hancock, Eric Olsen, John Legend, Jesse Dylan y otros treinta y dos personajes diciendo “Yes, we can”.

–Estos yanquis son increíbles, eh. Saben cómo vender a un tipo...

Y ahí estaba yo, frente a la computadora, hipnotizado como si en la pantalla estuvieran pasando Lo que el viento se llevó. Los inventores de Hollywood tratando de venderme esperanza. Nadie podría hacerlo mejor (solamente, quizá, el Vaticano, la otra formidable fábrica de sueños). Leí a analistas políticos, intelectuales, banqueros, pseudofilósofos –todos los que ahora opinan sobre hechos consumados– diciendo que quizá, que jamás, que era ésta la reformulación del sueño americano, que el imperialismo volvía a atacar, que llegaría tan condicionado que nunca, que tal vez, que al final.

Me encontré una noche en el teatro, pasando el tape de Black Eyed Peas:

–No quiero que lo vean por una razón política sino humana. Creo que alguna vez tenemos que empezar a combatir el cinismo. Tanto cinismo nos oxida el alma, y lo que van a ver tiene la fuerza de la ingenuidad. “Yes, we can”. Parece un cándido aviso de Cola-Cola. Yes, we can. ¿Y si nos miente? ¿Y si el cínico es él, ese que ni siquiera es tan negro? Poco importa, porque el cambio se logró en nosotros: somos menos cínicos, recuperamos nuestra posibilidad de creer en algo, podemos intentarlo otra vez.

Escribo estas líneas en nuestro "..." y querido país en el que las palabras han perdido el sentido; fueron vaciadas, gastadas, saben a chicle viejo y seco. País de eufemismos, de frases hechas, de silencios cómplices. Leo, acá, que él dice allá: “Tenemos más riqueza que nadie, pero eso no nos hace ricos. Tenemos las mayores fuerzas armadas sobre la Tierra, pero eso no es lo que nos hace fuertes. Nuestras universidades y nuestra cultura son la envidia del mundo, pero no es por eso que el mundo se acerca a nosotros. Es el espíritu americano, esa promesa americana que nos empuja cuando el camino se hace incierto. Esa promesa constituye nuestra mayor herencia”. Lo leo y me emociona esa épica que, en otro rincón de mi cabeza, sé mentira. Pero sé también que es imposible construir un país sin ella. Ésa es la mentira que hace posible a Nueva York, aquella ciudad donde todos se duermen pensando que mañana será el gran día, y quizá mañana nunca llega, pero vuelven a dormirse soñando en eso. Esta mañana, dos o tres o más millones de personas soportarán en las calles de Washington cinco o seis grados bajo cero sintiéndose parte de la historia. La Historia, después, verá qué hace con su camino, si abrirá o no sus puertas.

El tipo les dijo: “Durante meses hemos sido objeto de risas, incluso de burlas, por hablar de esperanza. Pero siempre hemos sabido que la esperanza no es el optimismo ciego. La esperanza es lo que vi en los ojos de una joven de Cedar Rapids que trabaja en el turno noche tras todo un día en la universidad y que a pesar de ello no puede permitirse pagar la asistencia sanitaria para una hermana que está enferma; una joven que sigue creyendo que este país le dará la oportunidad de realizar sus sueños.(...) La esperanza es lo que llevó a una banda de colonos a levantarse contra un gran imperio (...), lo que condujo a hombres y mujeres jóvenes a sentarse en comedores de los que estaban excluidos por su color (...) La esperanza es lo que me ha conducido hasta aquí, con un padre de Kenia y una madre de Kansas, la creencia de que nuestro destino no será escrito para nosotros sino por nosotros”.

Ellos, los tres o cuatro millones que se frotan las manos para combatir el frío, el 53% de los americanos que lo votó, el 79% que lo apoya, son esta mañana mejores que ayer: volvieron a tener esperanza. Este tipo no tan negro la despertó. Ojalá pueda mantenerla.


Fuente: CriticaDigital.com
Autor: Jorge Lanata (1960-) es un innovador y creativo periodista argentino de extensa trayectoria. Escritor, investigador, documentalista, laureado conductor de exitosos programas de radios y televisión. Fundador de diarios como Página/12, Veintitrés y Crítica de la Argentina.

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sábado, 11 de octubre de 2008

EL MUNDO AL REVÉS. Los impuestos de los pobres van a salvar los bancos de los ricos

El diario argentino CRITICA hoy ha salido circulación su portada al revés. Obviamente su director Jorge Lanata uno de los mas creativos editores y periodistas de habla hispana ha utilizado este recurso para mostrar cuan al revés de la realidad es esta gran crisis y en especial la forma de salir de ella. Reitero lo mismo de una anterior entrada sobre el 'tono rioplatense' de Lanata, pero es un excelente articulo donde cualquier adaptación a un castellano mas neutro seria imperdonable. Tato

La crisis se profundiza y ningún salvataje alcanza. Para muchos, ésta es la mayor transferencia de recursos de la historia: los impuestos de los pobres salvan a los bancos de los ricos. La quiebra mundial no tiene culpables: no hay ni habrá ejecutivos presos. Haría falta diez veces menos dinero para terminar con el hambre en el planeta.

“Bush le entregó al lobo las llaves del gallinero”
Michael Moore

“Más grave que asaltar un banco es fundarlo.”
Bertolt Brecht, en La ópera de los tres centavos.

“Yo creo que las instituciones bancarias son más peligrosas para nuestras libertades que los ejércitos permanentes.”
Thomas Jefferson, presidente de los Estados Unidos.

“Al capital le horroriza la ausencia de beneficio. Cuando siente un beneficio razonable, se enorgullece. Al 20% se entusiasma. Al 50% es temerario. Al 100% arrasa todas las leyes humanas y al 300% no se detiene ante ningún crimen.”
Karl Marx.

“Yo tengo dos enemigos: el ejército sureño en el frente y los banqueros en la retaguardia. De los dos, el de la retaguardia es mi gran enemigo. (…) Las corporaciones han sido entronizadas, sobrevendrá una era de corrupción a altos niveles. El poder del dinero en el país se esforzará por prolongar su reinado trabajando en perjuicio del pueblo hasta que la riqueza sea concentrada en las manos de unos pocos y la república será destruida.”
Abraham Lincoln, presidente de los Estados Unidos.

“Amigos, vayamos al grano. El mayor robo en la historia de este país se está llevando a cabo mientras usted lee esto.”
Michael Moore.

No es casual que los primeros banqueros de la historia, en el siglo XVII antes de Cristo, hayan sido los sacerdotes: el dinero es una cuestión de fe. La aparición de la moneda metálica trajo también a los cambistas, y fueron los griegos quienes comenzaron a hacer préstamos con cobro de intereses. Los romanos lo llamaron “mutuum”, nombre que saltó las barreras del tiempo y hoy se mantiene: mutuo. El interés romano promedio era 6% al año, 12 para los “préstamos marítimos” y 3% para las iglesias. El primer banco, en 1407, tiene en su insignia a un santo en batalla contra un dragón: el Ufficio di San Giorgio in Genoa.

Ahora Inglaterra nacionalizó la banca y Estados Unidos aplicará parcialmente una respuesta similar. ¿Déjà vu socialista? ¿Marxismo súbito? Exactamente al revés: apoyar a Wall Street es –como sintetizó Michael Moore en su página web– darle las llaves del gallinero al lobo. Lo curioso del asunto es que Bush se atragantó con 700.000 millones y “el mercado” pide más. Las bolsas siguen en caída libre. La codicia que alimentó las hipotecas subprime e infló la burbuja se mantiene ahora, cuando reparten los botes salvavidas: queremos un bote por banquero. Sólo un bote, no. Lo queremos con radio y minibar. La Argentina guarda en el punto una triste memoria que fue confundida hasta la vergüenza ajena por Cris (Presidente Cristina F. de Kirchner) cuando, en plena Madre Patria, aseguró: “La Argentina no necesita Plan B”. Cris cree que el mundo, que como todo el mundo sabe es un pañuelo, puede mantener los mocos de un solo lado.

Aquí un día los bancos robaron a las abuelitas y luego Escasany y tantos otros se golpearon el pecho y finalmente recibieron dinero del Estado para compensar a las abuelitas con su propia plata. Esto es: les robaron sus ahorros para devolverles sus impuestos. Los bancos son como los tinteros involcables; a ese punto representan una metáfora del sistema. No pueden caerse. Pueden desmoronarse las fábricas textiles, las automotrices, las empresas constructoras o de servicios, los comedores, la Pirámide de Keops, pero no los bancos. Si caen los bancos se derrumba la fe.

¿Qué pasaría si mañana, por ejemplo, todos los ahorristas del Banco de Galicia acudieran a pedir su dinero? No podrían retirarlo. Es lógico –dicen los economistas–, ningún banco tiene el total de sus depósitos, es dinero con el que “trabajan”. Lo que depositamos en el banco es pura psicología: confianza. Entregamos ahorro (trabajo) a cambio de un valor abstracto: confianza en el señor Escasany a quien, afortunadamente, no conocemos. Las crisis financieras son, entonces, como los terremotos: los gobiernos y los medios las tratan como crisis naturales, malas jugadas del Destino, errores de la Naturaleza, tragedias en las que nunca, nunca, hay culpables.

PRIMEROS MOVIMIENTOS SÍSMICOS INADVERTIDOS. A comienzos de los ochenta la Madre Patria (Estados Unidos, claro) comenzó su etapa Gordon Gekko, aquel personaje de Wall Street interpretado por Michael Douglas: el país comenzó a vivir a crédito para sostener una situación económica artificial; las empresas se endeudaron por encima de sus posibilidades, el Estado hizo lo mismo y gastó en nuevas guerras y los ciudadanos siguieron la misma conducta. Entre 2002 y 2005 los republicanos tuvieron como objetivo combatir la recesión y lo hicieron estimulando el crédito: la Reserva Federal mantuvo la “tasa de interés de referencia” debajo del 2% y los bancos saltaron a conseguir el mayor número de clientes posibles. Lo importante era entregar un crédito, ya verían cómo cobrarlo. Estas hipotecas de segunda categoría fueron bautizadas subprime. Los bancos minoristas vendieron sus carteras de hipotecas a los bancos de inversión (las “securitizaron” o “estructuraron”) que las transformaron en bonos; algunos con bajo interés (los paquetes de hipotecas “confiables” y otros con alta tasa (las hipotecas de desocupados, etc.). Como sucede en las mejores verdulerías del ramo, los paquetes no era homogéneos: a veces las subprime estaban mezcladas con sub-subprime, pero aplicando una vieja regla de Wall Street, “en el montón colaban” y las calificadoras (Standard & Poor’s, Moody’s, Fitch) entregaban las cucardas de AAA a esos bonos. Cuando algo es AAA, como las pilas, nadie pregunta nada. El negocio ya era increíblemente redituable: uno tenía un buen racimo de pobres endeudados de Nueva Orleans comprando su pequeña casita que nunca podrían pagar pero todos con el sello AAA en la frente, y los bancos de inversión (Goldman Sachs, Morgan Stanley, Merrill Lynch, Lehman Brothers o Bear Sterns) ganaban, por ejemplo en 2006, 130.000 millones de dólares en el negocio de los bonos. En el caso de las inversiones que no resultaban tan redituables se las “apalancaba” (leverage). Atención, niños: uno tiene un business que le dejará 3%, si invierte 100 pesos ganará 3 en un año. Pero uno, queridos niños, puede “apalancarse” (cualquier cosa con tal de no laburar) o sea pedir 900 pesos prestados. Entonces invierte 1.000 y, al final del año, gana 30 pesos (el 3% de 1.000). Después devuelve los 900 que pidió prestados y en un año uno termina ganando 30 cuando arrancó con 100, o sea ha ganado el 30%. Encantador, aunque riesgoso, porque el apalancamiento multiplica las ganancias pero también las pérdidas: Bear Sterns, antes de quebrar en marzo, debía 35 veces lo que tenía, y las otras empresas entre 20 y 22 veces. El “manual del especulador financiero” afirma que lo ideal es mantenerse entre las 12 y 15 veces, no más.

Las hipotecas se tomaban a tasa de interés variable y en junio de 2004 la Fed empezó a subir las tasas para “enfriar” la economía que antes había calentado. Entonces comenzaron a crecer las deudas y la morosidad. Los que compraron las hipotecas les reclamaron a los bancos que no pudieron responder porque sus clientes no pagaban las cuotas.

Finalmente, nadie tuvo la culpa de nada.

“La dinámica de las burbujas de mercado no es delito –le dijo Claudio Loser, ex director del Departamento del Hemisferio Occidental del FMI, a Crítica de la Argentina–. Nadie habla de delito cuando las cosas van bien, sólo cuando se vuelven en contra, lo cual es muy cómodo. Por cierto hay acciones judiciales en contra de aquellos que hicieron operaciones hipotecarias de mala fe, los corredores que colocaban hipotecas sin preocuparse de los ingresos de los deudores.”

–“Los controles del Estado no intervinieron porque “casi” todo era legal –dice Hernán Iglesias Illa, autor de Golden Boys, vivir en los mercados, un retrato de jóvenes brokers argentinos que triunfaron en Wall Street–. Digo “casi” todo porque hay casos de vendedores de hipotecas que mintieron sobre la capacidad de pago de los que compraban. Y en los 90 el gobierno de Clinton, queriendo fomentar los préstamos, relajó las reglas para las hipotecas de Fannie y Freddie.”

“Las tasas eran bajísimas –recuerda Iglesias Illa–. Los bancos te prestaban el 100% del valor de la casa sin presentar ningún papel.”

–¿Cómo puede ser que los bancos tenían noticias de esta crisis desde 2007 y los miembros del Tesoro no hayan tomado ninguna medida hasta 2008 con la caída de Bear Sterns? –se pregunta ante este diario un ex banquero de Nueva York.

Un artículo de The Observer del 18 de marzo de 2007 da cuenta del desinfle del boom inmobiliario: “Uno de cada ocho propietarios de los Estados Unidos no ha podido pagar su cuota, con dolorosas consecuencias para los bancos, entre ellos el HSBC”, dice. En agosto American Home Mortgage, que había negociado 59.000 millones en crédito, anunció el despido del 90% de su personal (7.400 personas) y declaró su quiebra dos días después. El 14 de septiembre el Banco de Inglaterra salva al privado Northern Rock, porque los ahorristas querían retirar en masa su dinero, y en octubre el UBS, el mayor banco suizo, anunció una depreciación de activos de 2.400 millones de euros. Y luego la debacle fue geométrica. Frente al Congreso, el plan inicial de Bush tenía tres carillas. Finalmente la propuesta del Tesoro fue de 451 páginas, por 700.000 millones, e insuficiente.

“El fin de este plan de rescate –escribió Michael Moore– es proteger la cantidad de riqueza obscena que se acumuló en el país en estos ocho años.” Moore propuso que el Congreso acuse criminalmente a Wall Street, que 400 americanos ricos pongan en marcha planes de austeridad personal, que un directivo de empresa no cobre 400 veces más que su empleado y que, si el gobierno les presta dinero, se lo cobre con intereses.

UNA OBVIEDAD Y UNA PARADOJA. El mundo tiene 6.000 millones de habitantes. Dos mil setecientos millones son pobres, 923 millones tienen hambre. De esos 923 millones, 300 millones son niños y 18.000 mueren cada día.

–Lejos de descender, la cantidad de hambrientos en el mundo actualmente está creciendo a un ritmo de cuatro millones por año –dice la presentación del Informe Anual de la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación).

Reducir a la mitad la proporción de personas hambrientas para 2015 costaría 150.000 millones de dólares, la mitad de lo que le costó al gobierno de Bush salvar de la quiebra a las compañías Fannie Mae y Freddie Mac y a la aseguradora AIG.

Según la fundación española La Caixa, erradicar la pobreza del mundo costaría 10 veces menos que el plan de rescate financiero. Su director, Jaime Lanaspa, aseguró que “es mucho más rentable en términos humanos destinar esos fondos a combatir el hambre que a rescatar operaciones de entidades que no han sido suficientemente responsables, transparentes y probablemente legítimas en su trabajo”.

Una nota firmada el jueves pasado por nuestro redactor Rodolfo Palacios da cuenta de la paradoja: un pibe de 16 podría ser condenado hasta diez años de prisión por robar golosinas en un maxikiosco de Villa Urquiza: dos cajas de Tita, dos de Rhodesia, tres de Bon o Bon, una de alfajores Dulce Reina, tres bolsas de caramelos Arcor, cinco paquetes de galletitas Sonrisas, cinco de Merengadas, cinco de Mellizas y cinco de Diversión.

Fuente: CRITICAdigital.com
Autor: Jorge Lanata /Investigacion: J L / Luciana Geuna /Jesica Bossi

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lunes, 6 de octubre de 2008

LA CRISIS DE WALL STREET PARA PRINCIPIANTES. Respuesta para niños sobre el colapso que impacta al mundo

Procurado explicar esta crisis que esta golpeando la economía mundial no es una tarea facil. Me imagino que muchisimos tampoco la entienden. Recorde haber leido un articulo en el diario de Jorge Lanata, Critica Digital, del lunes 29 de setiembre ultimo, titulado "LA CRISIS MUNDIAL PARA PRINCIPIANTES. Respuesta para chicos sobre el colapso en Wall Street que impacta al planeta".

¿Qué es un crack? ¿Y un salvataje? ¿Qué pasó en 1929? ¿Qué pasa ahora? ¿Terminó el capitalismo? ¿el dolar importa menos? ¿afecta a mi familia? Hallan respuestas con la ayuda del economista Martín Krause*. El cual explica muy didácticamente esta crisis mundial donde, la caída de los bancos norteamericanos son los protagonistas. Como asi tambien la terminologia que los medios de comunicacion usan pero que pocos entienden. Es un excelente articulo, con un tono muy rioplatense, que seguramente van a disfrutar. Tato

Las bolsas en el mundo, hoy al cierre. Infograma de Clarin.com

“Papá, ¿se acaba el capitalismo? ¿Qué son los salvatajes?¿Esta crisis es como la del 29?” Martín Krause es doctor en Administración y un día, en el colegio de su hijo, explicó cómo era una jornada laboral en la vida de un economista. Los chicos dedujeron que su profesión consistía en leer los diarios y tomar café y ahí fue cuando decidió escribir el libro "La economía explicada a mis hijos". Como si fuéramos niños de escuela, entonces, ahora responde una serie de preguntas básicas acerca de la debacle financiera de la que todos hablan y muy pocos comprenden. Respuestas claras para entender el colapso bancario norteamericano que sacude al mundo.

–¿Cómo empezó la crisis?

–Podríamos explicarlo así: hay un chico de quince años que es más popular en el colegio si les
presta a sus amigos los juegos de la Playstation. Entonces cuantos más jueguitos preste, mejor queda. Así que primero les presta a los amigos que son confiables. Pero en la medida que sigue extendiendo la cantidad de juegos prestados, termina prestándoles a otros que no lo son tanto. Y además, no sólo presta jueguitos propios sino del hermano y de otros amigos. Entonces viene el hermano y dice: “Che, devolveme los jueguitos”. Pero él no los tiene y sabe que no se los van a devolver. Así que está en problemas, como le pasó a Lehman Brothers, por ejemplo, y los demás bancos que cayeron.

–¿Y quiénes son estos amigos
poco confiables?
–Son las llamadas “hipotecas subprime”. Mientras está bajísima la tasa de interés, los bancos
se preguntan ¿y ahora a quiénes les prestamos, si ya les prestamos a todos? Entonces les empiezan a prestar a las clases medias o bajas. Pero cuando la tasa de interés sube, y por lo tanto los pagos que hay que hacer de esas hipotecas se vuelven más caros, esta gente ya no puede pagar.

–¿Y qué pasa cuando la gente
deja de pagar?
–Se complica porque esas hipotecas, y otras, fueron metidas adentro de un gran paquete y vendidas en forma de bonos. Es decir: un banco presta plata y mientras la presta se dice: “Yo tengo todos estos créditos que en realidad son dinero que voy a cobrar en el futuro, por qué mejor no me lo saco de encima, se lo vendo a alguien que quiera tener este paquete y no necesite cobrar la plata ya y yo me hago de efectivo para seguir prestando más plata”. ¿Cómo lo hago? Meto muchas hipotecas adentro de un paquete y se lo vendo a otras instituciones. El problema es que después se hace difícil saber cuál de esos bonos tiene las hipotecas que no van a ser pagadas. Entonces se empieza a armar una gran desconfianza.

–¿La desconfianza genera la crisis?
–Sucede que uno se empieza a preguntar: ¿En qué paquete están las hipotecas subprime? Como no sé, empiezo a desconfiar de todos los paquetitos, entonces empiezan a venirse abajo los bonos y explota la crisis. A un adolescente grandecito podríamos explicarle que la crisis es la resaca del sábado a la noche: lo que estás sintiendo hoy es lo que te chupaste anoche en el boliche. Tomaste de más y entonces tenés este efecto.

–¿Y el chico es el que tiene la culpa por haber tomado de más? Es decir, ¿el banco que prestó de
más es culpable?
–No necesariamente, porque el chico no sólo presta jueguitos que no son de él, sino que además el padre le está copiando los jueguitos en la computadora y lo alienta a que siga prestando. “¿Ah, trajiste un jueguito original?”, pregunta el padre. “Vení que yo te hago cinco copias así sos el mejor compañero”.


–¿Y el padre quién vendría a ser?

–El gobierno de los Estados Unidos y la Reserva Federal: lo que se está viendo ahora es el
efecto de una política monetaria expansiva que tuvo lugar hace cuatro o cinco años. Esto quiere decir que durante este tiempo era muy barato para las personas pedir un crédito, ¿por qué? Porque la Reserva Federal bajaba la tasa de interés y había muchos billetes dando vuelta. Ahí es cuando lo bancos se preguntan qué hacemos con toda esta plata y empiezan a prestarla a lo loco.

–¿En la crisis del 29 pasó lo mismo?
–La crisis es la misma y es algo que en la Economía nosotros llamamos el ciclo económico: la Reserva Federal baja la tasa de interés para salir de la recesión anterior. Ahí la economía se recupera y se empieza a prestar plata otra vez –es decir, el chico vuelve a prestarles los jueguitos a todos– y así se arma la base de la próxima crisis porque empieza a haber inflación, empieza a haber presiones, la Reserva Federal se asusta y dice muchachos, tenemos que subir la tasa. Cuando sube la tasa, crac, los que deben plata no pueden pagar. Es como una montaña rusa que sube y baja.

–¿Podría tener las mismas consecuencias?
–La crisis del 29 pasó después de una década de fiesta y jolgorio en la que se emitían dólares
de manera descontrolada porque se había empezado a abandonar el patrón oro. Antes sólo se podían hacer billetes que tuvieran su mismo valor guardado en oro en una bóveda. Eso se dejó a un lado después de la Primera Guerra Mundial porque los gobiernos querían tener flexibilidad para emitir dinero. Entonces cuando sucedió el crac se contrajo la moneda rápidamente, se hizo un aterrizaje forzoso y se estrelló la economía. Esta vez no va a suceder eso: los bancos dicen: “Bueno, se me fue la mano, pero no voy a contraer, voy a tirar más dinero”. Y ahí aparecen los salvatajes.

–¿Qué es un salvataje?

–Los gobiernos pueden salvar de dos formas. Una es: en vez de gastar en armas, en educación o
en salud, ahora les da plata a estas empresas y bancos para que no quiebren. Pero están los que dicen: el problema es la gente que no puede pagar la cuota de su hipoteca. Entonces la otra propuesta es que el gobierno se quede con esas hipotecas y vea después cómo hace para cobrarles. Para eso serían los 700 mil millones que se discuten en el Congreso.

–¿Por qué los bancos no pueden quebrar como cualquier otro negocio sin causar tanto lío?

–Porque están montados en un sistema que tiene dos tipos de riesgos: el almacenero sólo
tiene un riesgo comercial, que es dejar quebrar porque vende poco. Pero si cierra, no se van a venir abajo todos los almacenes. En cambio el sistema bancario sí arrastra todo porque la plata que figura en las cuentas corrientes o en los plazos fijos no coincide con la que realmente tienen los bancos, porque los bancos la prestan y todos forman parte de mismo sistema. En términos más estrictos: se está invirtiendo mucho más de lo que se ahorra.

–¿Y por qué la crisis se globaliza?

–Tiene que ver con esos paquetes en los que se meten las hipotecas y que se venden como bonos. Por ejemplo el Northern Rock, de Inglaterra, cayó porque tenía bonos de hipotecas norteamericanas.


–¿Cómo afecta a la Argentina?
–Dentro de todo la Argentina lamentablemente ha estado muy aislada del mundo, y por eso ahora tal vez eso nos ahorra un poco de problemas. Nos podría pegar si la crisis esta desata
una recesión global y eso hace caer los precios de los commodities, que son esos productos que tienen un precio internacional y que se manejan en grandes volúmenes y sin marcas, como la soja, el petróleo y los cereales.

–¿Podría bajar la demanda de soja?

–Sucede lo siguiente: China hace unos 20 años decidió olvidarse del socialismo y se volvió
más capitalista que Estados Unidos y empezó a crecer y crecer. Entonces los chinos ahora comen más. Y con que cada uno de los mil millones coma un kilito más de soja, por ejemplo, la demanda se vuelve fenomenal. Lo mismo pasa con India. Pero esos países crecen mucho porque exportan a los Estados Unidos y a Europa, y si Estados Unidos y Europa caen en una recesión por la crisis y empiezan a comprarles menos, China e India van a producir menos y, por lo tanto, van a tener menos plata para comprarnos soja. Ahí los precios de los commodities bajarían y nos veríamos afectados.

–¿Es el fin del capitalismo como dicen algunos?
–Imposible, porque desde que cayó el muro de Berlín no hay sistema alternativo. Por ahora es
una crisis que se mantiene dentro de las políticas monetarias y del sistema bancario, y no es algo que haya llegado a la economía productiva: las fábricas siguen produciendo y eso es lo central de la economía. Pero hay un gran problema de este sistema monetario internacional que hay que conversar y resolver: el hecho de que todo el mundo esté sujeto al ir y venir de la moneda norteamericana, del dólar.



Glosario.
Política monetaria. Es la estrategia de un gobierno en todo lo referente al valor de su moneda. Es llevada a cabo por el Banco Central.
Sistema monetario. Estructura monetaria, sistema legalmente establecido de la circulación monetaria en un país.
Hipoteca subprime. Son las hipotecas de mala calidad, entregadas por bancos a deudores con capacidad de pago dudosa.
Salvataje. Es el intento del gobierno de Bush para que no quiebren más entidades financieras y así recuperar la confianza en el mercado.
Bonos. Títulos de deuda, que pueden ser emitidos por un gobierno o una empresa privada.
Reserva Federal (Fed). Así se denomina al banco central de los Estados Unidos. (Recomendamos leer una antigua entrada EL FED Y LAS TASAS DE INTERES: ¿de qué se trata?)


*Martín Krause es doctor en Administración. Dicta clases en la Facultad de Derecho de la UBA, en la Escuela Superior de Economía y Administración de Empresas y en la Universidad Francisco Marroquín, de Guatemala. Realizó trabajos de consultoría para el BID y la OEA. Publicó los libros Proyecto para una sociedad abierta (1993), Democracia directa (1997), En defensa de los más necesitados (1998) y El cuento de la economía (2001).

Fuente: CriticaDigital.com (PDF)

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