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lunes, 9 de febrero de 2009

El retorno a la tribu. Por Josep Ramoneda

"Job British Workers First", las movilizaciones de trabajadores británicos pidiendo prioridad a la hora de adjudicar puestos de trabajo son un signo premonitorio de uno de los peores efectos que la crisis puede traer: el retorno del patriotismo proteccionista. Y lo digo así, porque de nada sirve poner por delante palabras como xenofobia y racismo. En Italia, donde la derecha ha cultivado sin escrúpulo, en este caso sí, la xenofobia, el problema viene de lejos. En España, mientras el paro se desboca, las encuestas empiezan a dar señales preocupantes de rechazo a los inmigrantes. La última, del CEO, cifraba en un 40% el número de catalanes hostiles a la inmigración.

Los que hace tan solo unos pocos días eran imprescindibles en un país que crecía al galope, ahora son un estorbo. El paro empieza a afectar significativamente a los españoles, y para muchos de ellos los inmigrantes son competidores directos para la conquista de un bien escaso como es ahora el trabajo. Es difícil en estas circunstancias que se reconozca que los inmigrantes han sido los primeros en pagar injustamente con el paro los pecados de los que provocaron la crisis. Y que precisamente porque han sido ellos los primeros, la conflictividad hasta ahora ha sido muy escasa. Y de poco sirve también recordar que muchos de estos inmigrantes recogieron trabajos que los autóctonos no querían y que, sin embargo, eran imprescindibles para que la rueda siguiera girando. En este momento, la realidad y la amenaza del paro dejan poco margen para los argumentos serenos. Y a menudo es más fácil convertir al paria en objeto de nuestras frustraciones que plantar cara a los poderosos. Pronunciando la exclusión de los otros, tenemos la sensación de ser alguien. Es el camelo nacionalista. La especie humana es especialista en engañarse a sí misma para sobrevivir.

Se puede comprender la desazón con que viven algunos españoles -sin trabajo y con la vivienda cercada por la hipoteca- una crisis que, como todas, es tremendamente injusta en el reparto de sus crueles consecuencias. Pero lo que es inaceptable es que los dirigentes políticos y sociales -portadores de responsabilidades colectivas- aprovechen este malestar para capitalizarlo políticamente dando carta de naturaleza, ahora sí, al racismo y a la xenofobia. Es un error moral, por supuesto. Pero no voy a entretenerme en ello para no dar, al coro de intelectuales conservadores, la fácil coartada de la crítica al buenismo. No deben estar muy seguros moralmente si tienen que legitimarse llamando buenistas a quienes claman contra el racismo. Y no debe ser cómodo compartir argumentos con personajes como el ministro del Interior italiano, Maroni: "Con los clandestinos hace falta ser malos, no buenistas".

Más allá de las razones morales están las políticas y económicas. Y el proteccionismo patriotero sería un desastre en ambos campos. La respuesta del neoliberalismo no hay que encontrarla en la reconstrucción de los bastiones nacionales sino en el cosmopolitismo reformista, que pasa por el refuerzo de las instituciones políticas a escala global y por la capacidad de éstas de controlar y regular al poder económico. Mal nos adaptaremos a un cambio de paradigma si regresamos a las tentaciones endogámicas y a las lógicas de exclusión del pasado. Pero la tentación es grande para los políticos y lo será más cuando se vayan acercando las citas electorales.

Cuando de conquistar el poder se trata, siempre hay gente dispuesta a saltar sin escrúpulos sobre las bajas pasiones de la ciudadanía. Y esto sí que es democráticamente inadmisible, porque la primera obligación de un líder demócrata es defender los valores de la democracia. Y el racismo y la xenofobia no figuran entre ellos. En una legislatura tensa como la anterior, figura, sin embargo, en el haber de Rajoy el no haber recurrido apenas al populismo contra la inmigración. Lo cual no venía garantizado por los antecedentes: Aznar utilizó indecorosamente el conflicto de El Ejido como trampolín para su mayoría absoluta. Esperemos que las frustraciones de la actual crisis interna del PP no lleven a Rajoy a cambiar su conducta. Y que ponga en su sitio a los que, en su partido, intenten hacerlo. Por lo que hace al Gobierno, la ridícula consigna "consuma productos nacionales" no es precisamente un buen augurio. El ruido de la tribu suena para todos. Esperemos que los nacionalistas periféricos se dejen llevar también por esta música. En cualquier caso la alternativa al mal llamado neoliberalismo que nos ha llevado a este desastre no puede ser nunca el proteccionismo: ni el económico ni el ideológico o patriótico.

Fuente: ElPaís.com
Autor: Josep Ramoneda (Cervera, Lérida, 1949) periodista, filósofo y escritor catalán.
Licenciado en Filosofía por la Universidad Autónoma de Barcelona. Fue profesor de Filosofía Contemporánea en esta universidad entre 1975 y 1990. Hoy en día es el director general del Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona.
Durante años colaboró en el diario La Vanguardia de Barcelona. Actualmente colabora en el diario El País y en la Cadena Ser, dentro de los programas Hoy por Hoy y Hora 25.
Ha escrito numerosos libros, el último de ellos es Els reptes de la democràcia.
Fotografía: Anna Gowthorpe / Associated Press

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viernes, 28 de noviembre de 2008

Los primeros días de Obama disparan las tensiones raciales, las desconfianzas de adherentes y hasta un alucinado milenarismo cristiano blanco

Obama ganó la presidencia de Estados Unidos con visionarios discursos sobre el fin de las diferencias raciales y el principio de la América armonizada. Sin embargo, según avanzan los días, algo va quedando claro: Ni nada es lo que parece, ni nada es lo que parecía. Una estremecida tensión va invadiendo unos Estados Unidos que, según el guión, debían estar eufóricos por ‘el fin de la historia’ que representaría el senador negro. Nada más lejos de la realidad. El rencor de amplias capas blancas por la inusitada y triunfante coalición de la ‘América diversa’ -negros, hispanos, musulmanes, asiáticos- que las condena a un triste papel de ‘secundones’ como -ya consumada- minoría mayoritaria del país está comenzando a disparar las agresiones racistas. Miles, quizás millones de personas de la América blanca cristiana tradicional consideran que han perdido a su nación y se dejan caer en un aterrado milenarismo que ya ve en Obama a -literalmente- el Anticristo. Y si los musulmanes tuvieran uno -que lo tienen, aunque con distinto nombre-, en Obama también comenzarían a estar viendo el suyo.

Hasta Al Qaeda perdía esta semana su santa paciencia y reaparecía con uno de sus literarios, amenazantes y apocalípticos sermones. Esta vez, Ayman al Zawahri se abandonaba a la retórica racista negra para, con los argumentos de un musulmán afroamericano herético respecto al islam sunita de Al Qaeda como fue Malcolm X, arremeter contra Obama y calificarle de “esclavo negro al servicio de los blancos”. Los insultos del segundo de Al Qaeda no serán nuevos para el nuevo presidente de Estados Unidos. Durante años, Obama coqueteó con personajes próximos al terrorismo militante racista negro, y durante más años todavía el ya presidente electo de los Estados Unidos asistió junto con su mujer y sus hijas a los no menos incendiarios sermones del no menos racista reverendo Jeremiah Wright, y con él rezaba y de él recibía consejos e inspiración espiritual, como el propio Obama reconocía en uno de sus libros, anterior al repudio del violento frenesí del pastor cristiano negro.

Canción infantil: "Asesinad a Obama"

Sin embargo, lejos aparentemente de la vacía y patética histeria de Al Qaeda -aún peligrosa, según los servicios de inteligencia de Estados Unidos-, entre los musulmanes en Estados Unidos ha comenzado a cundir el desánimo, cuando no una fuerte inquietud, por los primeros nombramientos de Obama para su equipo de transición. A pesar del masivo apoyo de las capas musulmanas a la elección del senador por Illinois (ND), probablemente muy pocos serían los que esperaran que colocara a un imán para sustituir a Condoleezza Rice, pero muchos menos pensarían probablemente que, de entrada y para abrir boca, sí nombraría como su jefe de gabinete a un judío militante y abiertamente comprometido con Israel, si no con el sionismo, como Rahm Emanuel. A pesar de que los principales nodos islámicos en Estados Unidos como altmuslim.com -el mismo que participó en la nueva y alterada exacerbación de millones de musulmanes en todo el mundo por la novela ‘La Joya de Medina’ (ND)- aún mantienen la esperanza en que Obama será ‘su hombre’ dentro y fuera de los Estados Unidos, poco a poco van comenzando a matizarse las opiniones, y en esos mismos nodos se comienzan a registrar “preocupaciones” por la deriva del Obama de la transición.

Justo lo contrario ha comenzado, por la misma razón y por los mismos hechos, a registrarse entre los judíos y más notablemente en Israel, donde no se las tenían todas con el senador electo, a pesar de las rotundas afirmaciones de apoyo total de Obama a Tel Aviv frente a un Irán del que la inteligencia israelí sigue previendo que desarrolle armamento nuclear en no más de un par de años, mientras el espionaje no isralelí constanta, en todo caso, un desmesurado incremento en el enriquecimiento de uranio. Pero, más allá de la influida minoría musulmana y de la influyente minoría judía ¿qué sucede con los blancos, la minoría mayoritaria de los Estados Unidos que, en una gran parte, considera que ha perdido el control de su propio país frente a la ‘América diversa’ -y ‘extranjera’- coaligada junto a Obama? Entre las masas conservadoras blancas que optaron por la América más tradicional y segura de McCain -como mal menor, dicho sea de paso-, comienzan a aparecer inquietantes signos de que la tensión racial vuelve a rebrotar a pesar de que muchos intentan 'adaptarse' al 'hecho consumado'. En constantes chispazos por todo el país, pintadas racistas, muñecos negros colgados de sogas y hasta niños de colegio cantando en el autobús escolar “asesinad a Obama” van sembrando de inquietud a quienes confiaban en la América post-racial de un presidente electo del que sólo se destaca la mitad negra que, por otra parte, él siempre quiso destacar en su vida personal y en su trayectoria política.

Obama, el Anticristo y el 'Nuevo Orden' mundial

En paralelo, el milenarismo estadounidense ha rebrotado en toda su crudeza. Para millones de estadounidenses del integrismo cristiano blanco -y no sólo entre los grupos tan espectaculares como los de los manipuladores de serpientes (ND)-, el Obama musulmán en la sombra se ha transformado ya en el Obama Anticristo. Ya meses antes de la noche electoral, cadenas de correos electrónicos se propagaban de forma vírica por todo Internet asegurando que, “según el Apocalipsis”, el Anticristo “será un hombre, en la cuarentena, descendiente de musulmanes, que engañará a las naciones con un lenguaje convincente y que tendrá un masivo parecido con Jesucristo”. Por cierto, estas mentalidades y estos correos no son muy dados a las metáforas, de la misma forma que el islamismo contemporáneo destroza cualquier atisbo místico y gnóstico con su crédula literalidad infantil (ND). En este sentido, cuando estos correos hablan de “parecido” con Jesucristo, se refieren a “parecido físico”, y cuando recuerdan cómo el Apocalipsis menciona que el Anticristo “tendrá autoridad” durante “42 meses” antes de que llegue el Fin, lo relacionan de forma directa con los cuatro años de mandato que le aguarda al “nacido de musulmán”.

Una búsqueda en Google con los términos “Obama Antichrist” devuelve casi un millón de resultados. Las referencias en este sentido se han ido multiplicando de forma exponencial después de que el número ganador de la lotería de Illinois -el estado de Obama- recayera en el Número de la Bestia, el 666, en un ‘hecho’ que no hacía sino recrudecer el paroxismo milenarista en decenas, si no cientos, de sitios web, y en un fenómeno que atraía la atención de los grandes medios estadounidenses. Mientras, decenas de blogs dedicados al tema hacían temblar a sus lectores con las recientes e inquietantes apelaciones de los líderes internacionales a un “nuevo orden mundial”, aparentemente para la economía y los mercados crediticios, pero en realidad para toda una humanidad a la que no queda sino una sola ciudadanía global gobernada por el gran Anticristo negro nacido de musulmán que precederá a un Fin de los Tiempos que nada tiene que ver con teorías políticas históricas y sí con fuego real cayendo del cielo, quizás desde el horizonte donde se oculta el taimado y satánico Teherán.

Fuente: NuevoDigital.com "Desconcierto en los Estados Unidos de la transición: Los primeros días de Obama disparan las tensiones raciales, las desconfianzas de grupos que le apoyaron y hasta un alucinado milenarismo cristiano blanco"
Autor: Javier Monjas/ Madrid

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