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martes, 4 de agosto de 2009

14 mitos caídos tras dos años de crisis. Por Iñigo de Barrón

La crisis cumple ahora su segundo aniversario sin mostrar el final del túnel. Una travesía mucho más oscura desde que, en septiembre pasado, EE UU dejó caer una entidad tan interconectada con todo el mundo como Lehman Brothers, un error monumental en opinión de la mayoría de los economistas consultados. La crisis ha sacudido al capitalismo, que necesita reformas urgentes que tardan en llegar. Incluso existe el riesgo de que el poderoso lobby financiero atenace a las autoridades para que sólo hagan cambios cosméticos, ante la tímida recuperación de las cuentas.

Los expertos creen que la confianza sólo regresará cuando los supervisores y reguladores consigan entidades más transparentes. Evitar el espejismo de la liquidez ilimitada y que la banca pueda transferir riesgo al sistema, como hizo con las subprime, apunta José Carlos Díez, economista jefe de Intermoney, son otras lecciones de la debacle.

De todas formas, como dicen los economistas Xavier Sala i Martí y Jaques Attali, las nuevas normas no evitarán la siguiente crisis, sólo cambiará su naturaleza. "Las nuevas crisis financieras mundiales utilizarán todos los recursos de las nuevas tecnologías de la comunicación", dice Attali.

Esta crisis se ha llevado por delante un puñado de mitos:

- Más mercado y menos Estado. Antes de la crisis, en plena vorágine de crecimiento alocado, se pedía que dejaran manos libres al mercado, al que se consideraba justo repartidor de riquezas. "En sectores que son sistémicos, no sólo la banca, es absurdo que el Estado se retire del todo. Si por volumen de empleo o el peso en la economía, una empresa no puede caer, el Estado debe tener controles y supervisión", comenta Alfonso García, socio de Analistas Financieros Internacionales (AFI). En esta crisis los Estados han sido los paganos, con una factura de más de tres billones de euros.

- La supervisión escasa impulsa al mercado libre. En el mundo financiero anglosajón, la normativa se tomaba como una pesada carga que frenaba la creación de riqueza. A la vez, persistía la creencia de que la autoridad supervisora británica, la Financial Services Authority, y la norteamericana, la Securities Exchange Commission, eran implacables con los que se saltaban la ley. La crisis ha demostrado que las entidades van por delante de los reguladores. Crearon una banca en la sombra sin ningún control y organizaron un mercado de hipotecas subprime sin asumirlas en sus balances. Pese a los anuncios de mayor control al sector, Estados Unidos ha renunciado a dar más poder a los supervisores como se planteó en un principio. En el mercado existe el convencimiento de que es un problema de cantidad (escaso número de funcionarios) y de calidad (tienen menor preparación que los ejecutivos). Luis Garicano, profesor de la Universidad de Chicago e impulsor de un nuevo departamento en la London School of Economics, opina que: "La clave es regular sin estrangular al mercado".

- Los banqueros son profesionales de prestigio y deben tener salarios elevados. Ha quedado demostrado que los ejecutivos y los consejeros aprobaban productos de los que desconocían su riesgo real, como ha dicho Juan Ramón Quintas, presidente de la CECA. Es decir, no hicieron bien su trabajo. Sin embargo, cobraban unos sueldos estratosféricos que les hace responsables de lo ocurrido, aunque al final la factura la han pagado los ciudadanos y los accionistas. La UE ha decidido atacar los sueldos que fomenten el riesgo al fomentar la subida de beneficios a corto plazo. En Reino Unido, el Gobierno ha pedido conocer los salarios para que no se relacionen con operaciones de riesgo. En EE UU sigue abierto el debate. "Ni siquiera alguien con la capacidad de siete personas se merecería esos salarios", apunta Pablo Fernández, del IESE, "los bonus por beneficios fuerzan a mentir a la gente para cobrar más".

- El que la hace, la paga. Este axioma ha mutado en "al que la hace, le pagan", porque los pocos altos ejecutivos que han perdido su puesto se han ido a casa con muchos millones. Hasta ahora, la lista de bajas de presidentes o consejeros delegados es esta: Fred Goodwin, del Royal Bank of Scotland; Charles Prince, de Citigroup; Stanley O'Nelly, de Merrill Lynch; Marcel Ospel, de UBS; Martin Sullivan, de AIG; Ferry Killinger, de Washington Mutual... y pocos más.

Luis de Guindos, responsable financiero de PriceWaterhouseCoopers cree que si los culpables (y sus entidades) no asumen las responsabilidades, se trasladará la idea de que cuando hay beneficios son para las empresas, y si hay pérdidas, las paga el Estado.

- La banca comercial es aburrida. El dinero está en la banca de inversión. Hace sólo unos años, las entidades dedicadas a la banca comercial, la que obtiene resultados céntimo a céntimo eran consideradas atrasadas financieramente, menos rentables y ausentes de glamour. Algunos Gobiernos y supervisores alentaron el crecimiento de la banca de inversión, que protagonizaba grandes operaciones internacionales y movía el tejido empresarial. La crisis ha demostrado que detrás de todo esto había más ingeniería financiera y burbujas de liquidez que otra cosa.

"Hay que volver a la banca aburrida, la más próxima al cliente, para recomponer el sistema" ha dicho Paul Krugman, premio Nobel de Economía de 2008. Las autoridades quieren que, en el futuro, las grandes entidades combinen el negocio comercial con el de inversión. "Lo que se ha llevado esta crisis es el modelo de banca que ganaba un 25% más cada año por el fuerte endeudamiento. Cuando el mercado va mal, estas entidades son las que peor lo pasan", apunta De Guindos, ex secretario de Estado de Economía. Garicano añade: "Nada es gratis. Retornos excepcionales casi siempre proceden de asumir riesgos excepcionales".

- Los grandes mercados están supervisados y regulados. Las hipotecas basura y los CDS (seguros de impago) movían miles de millones pero no estaban regulados ni supervisados. Además, las entidades los tenían fuera de sus balances. "Este tipo de productos ha demostrado ser vulnerables a la incertidumbre. Sus mercados se cerraron hasta el punto de que no hubo ni una transacción", comenta García, de AFI. Para evitarlo, la UE quiere que, a partir de 2011, la banca que trabaje con productos fuera de balance tenga más capital.

- El mercado es eficiente y pone precio a los activos. Este largo ciclo de crecimiento alentó la creencia de que el mercado siempre da precio a los activos. En mitad de esa carrera alcista, los bancos norteamericanos insistieron en la utilización del mark to market, es decir, que los activos se valoren a precio de mercado, recogido en las Normas Internacionales de Contabilidad (NIC). El resultado fue que los activos se hincharon en paralelo a la burbuja. Esta filosofía también está en la reforma internacional de Basilea II. Ambas están en profunda revisión.

Ahora, la banca norteamericana y británica ha conseguido que el supervisor elimine la valoración de mercado para no castigar sus cuentas, en un movimiento que algunos consideran "maquillaje" y que puede favorecer otra burbuja futura. Sin embargo, la UE ha suavizado la normativa, pero la mantiene. Los expertos piden utilizar otros modelos, pero con transparencia. "Sobre Basilea II hemos aprendido que los propios bancos no pueden decidir el riesgo crediticio y por lo tanto las reservas usando sus propios modelos", dice Garicano.

- No hay que preocuparse de la liquidez, casi es ilimitada. "La idea de que siempre había liquidez acabó con el principio del medir el riesgo real. Parecía que había dinero para todo", apunta Robert Tornabell, catedrático y profesor del Departamento de Dirección Financiera de ESADE. Lo cierto es que se ha pasado de golpe, de la inundación a la sequía.

- No hay ciclos en la economía. En mitad de la borrachera de crecimiento, algunos economistas sostuvieron que los ciclos habían desaparecido. Tras superar, sin graves problemas, la crisis de las divisas latinoamericanas y de las empresas puntocom de principios del 2001, algunos apuntaron que la experiencia pasada, junto a la interconexión entre las autoridades internacionales, podía mitigar la virulencia de ciclos pasados. Lejos de eso, la globalización ha demostrado que hace sobrereaccionar a los mercados, amplifica las noticias negativas y la desconfianza.

Emilio Ruiz, economista, especializado en la Gran Depresión del 29, dijo en diciembre de 2004: "El uso generalizado de las comunicaciones, ¿nos hace suponer la desaparición o, por lo menos, admitir que los ciclos se desenvolverán dentro de una mayor estabilidad? Si admitimos la existencia de grandes ciclos en la dinámica de la economía capitalista, la duración de cierta estabilidad llegaría hasta 2020". En mayo de 2006, Juan José Toribio, director del IESE de Madrid, comentó: "Creo que al vivir en una economía más globalizada, las recesiones de una zona vienen compensadas por las aceleraciones de otra".

- Los bancos, cuanto más grandes, más seguros. Nadie osaría hacer este comentario en presencia de los presidentes de Citigroup, Bank of America, Royal Bank of Scotland o del ex presidente del difunto Lehman Brothers... Precisamente las víctimas de esta crisis están, en parte, en la lista de los gigantes del sector, con la excepción de los españoles.

El Banco de Inglaterra y el BIS han dicho que si las entidades son demasiado grandes para quebrar, son demasiado grandes para existir. El BCE pide que sean controlados por colegios de supervisores, no sólo por el de su país.

- Con la globalización, no importa donde esté la sede social. Parte del negocio ruinoso de Citigroup o de Lehman estaba en Asia o Europa. El Royal Bank tuvo pérdidas en Nueva York... pero al final han sido los Gobierno norteamericano y británico los que han pagado la factura del rescate. Cuando una entidad cae, el lugar donde está la sede social es clave para las ayudas. Por eso, los políticos quieren "campeones nacionales" y ha resurgido el nacionalismo económico.

- Estamos a salvo con las nuevas normas: las NIC y Basilea II. Poco ha durado el prestigio de ambas normativas. Están en revisión completa para reforzar cuatro aspectos: las provisiones, que deberán hacerse en momentos de bonanza aunque no haya morosidad (el modelo español); el capital, que deberá aumentar, sobre todo si hay operaciones de riesgo; el principio de consolidación dentro del balance de todos los productos (para evitar la venta de subprime a terceros) y vigilancia de la liquidez, que apenas se tenía en cuenta.

- Las agencias de 'rating' y los auditores vigilan. El oligopolio de las tres grandes agencias de calificación financiera, Moody's, Standard&Poo's y Fitich ha fracasado y se prepara una profunda revisión. Han demostrado no tener sistemas fiables para medir los créditos basados en activos basura. Los auditores también han sido criticados por mezclar sus servicios con los de consultoría. "No aprendieron de la crisis de Enron", dicen en AFI. Tornabell, de Esade, cree que no pueden cobrar de los clientes a los que tienen que juzgar. Fernández, del IESE, cree que hay empresas que consideran que los auditores no te pueden criticar porque les estás pagando.

- Los 'hedge funds' y los productos sofisticados dinamizan la economía. La titulización de activos (que es una forma de empaquetar y revender productos), los derivados y los hedge funds fueron los protagonistas de la época dorada. Ahora se les considera responsables de buena parte de la burbuja y del sobreendeudamiento. Warren Buffet advirtió de que "los derivados son verdaderas armas de destrucción masiva". De Guindos opone que "el origen de la burbuja de liquidez no son tanto los derivados como el mantenimiento de los tipos de la FED en niveles muy bajos durante mucho tiempo".


Fuente: El Pais.com
Autor: Iñigo de Barrón, redactor de finanzas del diario El País. Ganador del Premio Schroders de Periodismo Financiero, por por su artículo “Las claves de una crisis financiera inédita y con un final incierto”.

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miércoles, 17 de junio de 2009

¿Estamos realmente ante el fin del neoliberalismo? Por David Harvey

¿Marca esta crisis el final del neoliberalismo? Yo creo que depende de lo que se entienda por neoliberalismo. En mi interpretación, el neoliberalismo ha sido un proyecto de clase camuflado bajo una proteica retórica sobre la libertad individual, el albedrío, la responsabilidad personal, la privatización y el libre mercado. Pero esa retórica no era sino un medio para la restauración y consolidación del poder de clase, y en este sentido, el proyecto neoliberal ha sido todo un éxito.

Uno de los principios básicos que quedaron sentados en los setenta fue que el poder del Estado tenía que proteger las instituciones financieras, costara lo que costara. Ese principio fue puesto por obra en la crisis de Nueva York de mediados de los setenta, y fue internacionalmente definido por vez primera cuando se cernía sobre México el espectro de la bancarrota, en 1982. Eso habría destruido los bancos de inversión neoyorquinos, de modo que el Tesoro estadounidense y el FMI actuaron de consuno en rescate de México. Mas, al hacerlo, impusieron un programa de austeridad a la población mexicana. En otras palabras, protegieron a los bancos y destruyeron al pueblo; no otra ha sido la práctica regular del FMI desde entonces. El presente rescate es el mismo viejo cuento, una vez más, sólo que a una escala ciclópea.

Lo que pasó en los EEUU fue que 8 hombres nos dieron un documento de 3 páginas a modo de pistola que nos apuntaba a todos: “dadnos 700 mil millones de dólares, y no se hable más”. Para mí eso fue una suerte de golpe financiero contra el Estado y contra la población norteamericana. Lo que significa que no se saldrá de esta crisis con una crisis de la clase capitalista; se saldrá de ella con una consolidación todavía mayor de esa clase. Terminará habiendo 4 o 5 grandes entidades financieras en los EEUU, no más. Muchos en Wall Street están ya medrando ahora mismo. Lazard’s, a causa de su especialización en fusiones y adquisiciones, está ganando dinero a espuertas. Algunos no escaparán a la quema, pero habrá por doquiera una consolidación del poder financiero. Andrew Mellon –banquero norteamericano, Secretario del Tesoro en 1921-32— dejó estupendamente dicho que en una crisis los activos terminan siempre por regresar a sus legítimos propietarios. Una crisis financiera es un modo de racionalizar lo que es irracional: por ejemplo, el inmenso crac asiático de 1997-8 resultó en un nuevo modelo de desarrollo capitalista. Las grandes alteraciones llevan a una reconfiguración, a una nueva forma de poder de clase. Podría ir mal, políticamente hablando. El rescate bancario ha sido resistido en el Senado y en otras partes, de manera que es posible que la clase política no se alinee tan fácilmente: pueden poner estorbos en el camino, pero, hasta ahora, han tragado y no han nacionalizado los bancos.

Sin embargo, esto podría llevar a una lucha política de mayor calado: se percibe una vigorosa resistencia a dar más poder a quienes nos metieron en este lío. La elección de equipo económico de Obama está siendo cuestionada; por ejemplo, la de Larry Summers, que era Secretario del Tesoro en el momento clave en que muchas cosas empezaron a ir realmente mal, al final de la administración Clinton. ¿Por qué dar cargos a tantas gentes favorables a Wall Street, al capital financiero, que reintrodujeron el predominio del capital financiero? Eso no quiere decir que no vayan a rediseñar la arquitectura financiera, porque saben que su rediseño es ineludible, pero la cuestión es: ¿para quién la rediseñarán? La gente está verdaderamente descontenta con el equipo económico de Obama; también el grueso de la prensa.

Se precisa una nueva forma de arquitectura financiera. Yo no creo que deban abolirse todas las instituciones existentes; no, desde luego, el Banco Internacional de Pagos (BIS, por sus siglas en inglés), ni siquiera el FMI. Yo creo que necesitamos esas instituciones, pero que tienen que transformarse radicalmente. La gran cuestión es: quién las controlará y cuál será su arquitectura. Necesitaremos gente, expertos con alguna inteligencia del modo en que esas instituciones funcionan y pueden funcionar. Y eso es muy peligroso, porque, como podemos ver ya ahora mismo, cuando el Estado busca a alguien que entienda lo que está pasando, suele mirar a Wall Street.

Un movimiento obrero inerme: hasta aquí hemos llegado

Que podamos salir de esta crisis por alguna otra vía depende, y por mucho, de la relación de fuerzas entre las clases sociales. Depende de hasta qué punto el conjunto de la población diga: “¡hasta aquí hemos llegado; hay que cambiar el sistema!”. Ahora mismo, cuando se observa retrospectivamente lo que les ha pasado a los trabajadores en los últimos 50 años, se ve que no han conseguido prácticamente nada de este sistema. Pero no se han rebelado. En los EEUU, en los últimos 7 u 8 años, se ha deteriorado en general la condición de las clases trabajadoras, y no se ha dado un movimiento masivo de resistencia. El capitalismo financiero puede sobrevivir a la crisis, pero eso depende por completo de que se produzca una rebelión popular contra lo que está pasando, y de que haya una verdadera embestida tendente a reconfigurar el modo de funcionamiento de la economía.

Uno de los mayores obstáculos atravesados en el camino de la acumulación continuada de capital fue, en los 60 y comienzos de los 70, el factor trabajo. Había escasez de trabajo, tanto en Europa como en los EEUU, y el mundo del trabajo estaba bien organizado, con influencia política. De modo, pues, que una de las grandes cuestiones para la acumulación de capital en ese período era: ¿cómo puede lograr el capital tener acceso a suministros de trabajo más baratos y más dóciles? Había varias respuestas. Una pasaba por estimular la inmigración. En los EEUU se revisaron en serio las leyes migratorias en 1965, lo que les permitió el acceso a la población mundial excedente (antes de eso, sólo se favorecía migratoriamente a caucásicos y europeos). A fines de los 60, el gobierno francés subsidiaba la importación de mano de obra magrebí, los alemanes traían a turcos, los suecos importaban yugoslavos y los británicos tiraban de su imperio. Así que apareció una política proinmigración, que era una forma de lidiar con el problema.

Otra vía fue el cambio tecnológico rápido, que echa a la gente del trabajo, y si eso fallaba, ahí estaban gentes como Reagan, Thatcher y Pinochet para aplastar al movimiento obrero organizado. Finalmente, y por la vía de la deslocalización, el capital se desplaza hacia dónde hay mano de obra excedente. Eso fue facilitado por dos cosas. Primero, la reorganización técnica de los sistemas de transporte: una de las mayores revoluciones ocurridas durante ese período fue la de los containers, que permitieron fabricar partes de automóviles en Brasil y embarcarlas a bajo coste hacia Detroit, o hacia dónde fuera. En segundo lugar, los nuevos sistemas de comunicación permitieron una organización más ajustada en el tiempo de la producción en cadena de mercancías a través del espacio global.

Todas estas vías se encaminaban a resolver para el capital el problema de la escasez de trabajo, de modo que hacia 1985 el capital había dejado de tener problemas al respecto. Podía tener problemas específicos en zonas particulares, pero, globalmente, tenía a su disposición abundante trabajo; el subitáneo colapso de la Unión Soviética y la transformación de buena parte de China vinieron a añadir a cerca de 2 mil millones de personas al proletariado global en el pequeño espacio de 20 años. Así pues, la disponibilidad de trabajo no representa hoy problema ninguno, y el resultado de eso es que el mundo del trabajo ha ido quedando en situación de indefensión en los últimos 30 años. Pero cuando el trabajo está inerme, recibe salarios bajos, y si te empeñas en represar los salarios, eso limitará los mercados. De modo que el capital comenzó a tener problemas con sus mercados. Y ocurrieron dos cosas.

La primera: el creciente hiato entre los ingresos del trabajo y lo que los trabajadores gastaban comenzó a salvarse mediante el auge de la industria de las tarjetas de crédito y mediante el creciente endeudamiento de los hogares. Así, en los EEUU de 1980, nos encontramos con que la deuda media de los hogares rondaba los 40.000 dólares [copnstantes], mientras que ahora es de unos 130.000 dólares [constantes] por hogar, incluyendo las hipotecas. La deuda de los hogares se disparó, y eso nos lleva a la financiarización, que tiene que ver con unas instituciones financieras lanzadas a sostener las deudas de los hogares de gente trabajadora, cuyos ingresos han dejado de crecer. Y empiezas por la respetable clase trabajadora, pero más o menos hacia 2000 te empiezas a encontrar ya con hipotecas subprime en circulación. Buscas crear un mercado. De modo que las entidades financieras se lanzan a sostener el financiamiento por deuda de gente prácticamente sin ingresos. Mas, de no hacerlo, ¿qué ocurriría con los promotores inmobiliarios que construían vivienda? Así pues, se hizo, y se buscó estabilizar el mercado financiando el endeudamiento.

Las crisis de los valores de los activos

Lo segundo que ocurrió fue que, desde 1980, los ricos se fueron haciendo cada vez más ricos a causa de la represión salarial. La historia que se nos contó es que invertirían en nuevas actividades, pero no lo hicieron; el grueso de los ricos empezó a invertir en activos, es decir, pusieron su dinero en la bolsa. Así se generaron las burbujas en los mercados de valores. Es un sistema análogo al esquema de Ponzi, pero sin necesidad de que lo organice un Madoff. Los ricos pujan por valores de activos, incluyendo acciones, propiedades inmobiliarias y propiedades de ocio, así como en el mercado de arte. Esas inversiones traen consigo financiarización. Pero, a medida que pujas por valores de activos, eso repercute en el conjunto de la economía, de modo que vivir en Manhattan llegó a ser de todo punto imposible, a menos que te endeudaras increíblemente, y todo el mundo se ve envuelto en esta inflación de los valores de los activos, incluidas las clases trabajadoras, cuyos ingresos no crecen. Y lo que tenemos ahora es un colapso de los valores de los activos; el mercado inmobiliario se ha desplomado, el mercado de valores se ha desplomado.

Siempre ha habido el problema de la relación entre representación y realidad. La deuda tiene que ver con el valor futuro que se les supone a bienes y servicios, de modo que supone que la economía seguirá creciendo en los próximos 20 o 30 años. Entraña siempre un pálpito, una conjetura tácita, que luego se refleja en la tasa de interés, descontada a futuro. Este crecimiento del área financiera luego de los 70 tiene mucho que ver con lo que yo creo es el problema clave: lo que yo llamaría el problema de absorción del excedente capitalista. Como nos enseña la teoría del excedente, los capitalistas producen un excedente del que luego tienen que hacerse con una parte, recapitalizarla y reinvertirla en expansión. Lo que significa que siempre tienen que encontrar algo en lo que expandirse. En un artículo que escribía para la New Left Review, “El derecho a la ciudad”, señalaba yo que en los últimos 30 años un inmenso volumen de excedente de capital ha sido absorbido por la urbanización: por la reestructuración, la expansión y la especulación urbanas. Todas y cada una de las ciudades que he visitado constituyen enormes emplazamientos de construcción aptos para la absorción de excedente capitalista. Ahora, ni que decir tiene, muchos de esos proyectos han quedado a medio hacer.

Ese modo de absorber excedentes de capital se ha ido haciendo más y más problemático con el tiempo. En 1750, el valor del total de bienes y servicios producidos rondaba los 135 mil millones de dólares (constantes). Hacia 1950, era de 4 billones de dólares. En 2000, se acercaba a los 40 billones. Ahora ronda los 50 billones. Y si no yerra Gordon Brown, se doblará en los próximos 20 años, hasta alcanzar los 100 billones en 2030.

A lo largo de la historia del capitalismo, la tasa general media de crecimiento ha rondado el 2,5% anual, sobre base compuesta. Eso significaría que en 2030 habría que encontrar salidas rentables para 2,5 billones de dólares. Es un orden de magnitud muy elevado. Yo creo que ha habido un serio problema, particularmente desde 1970, con el modo de absorber volúmenes cada vez más grandes de excedente en la producción real. Sólo una parte cada vez más pequeña va a parar a la producción real, y una parte cada vez más grande se destina a la especulación con valores de activos, lo que explica la frecuencia y la profundidad crecientes de las crisis financieras que estamos viendo desde 1975, más o menos. Son todas crisis de valores de activos.

Yo diría que, si saliéramos de esta crisis ahora mismo, y si se diera una acumulación de capital con una tasa de un 3% de crecimiento anual, nos encontraríamos con un montón de problemas endemoniados. El capitalismo se enfrenta a serias limitaciones medioambientales, así como a limitaciones de mercado y de rentabilidad. El reciente giro hacia la financiarización es un giro forzado por la necesidad de lidiar con un problema de absorción de excedente; un problema, empero, que no se puede abordar sin exponerse a devaluaciones periódicas. Es lo que está ocurriendo ahora mismo, con pérdidas de varios billones de dólares de valores de activos.

El término “rescate nacional” es, por lo tanto, inapropiado, porque no están salvando al conjunto del sistema financiero existente; están salvando a los bancos, a la clase capitalista, perdonándoles deudas y transgresiones. Y sólo les están salvando a ellos. El dinero fluye a los bancos, pero no a las familias que están siendo hipotecariamente ejecutadas, lo que está comenzado a provocar cólera. Y los bancos están usando ese dinero, no para prestarlo, sino para comprar otros bancos. Están consolidando su poder de clase.

El colapso del crédito

El colapso del crédito para la clase trabajadora pone fin a la financiarización como solución de la crisis del mercado. Por consecuencia, veremos una importante crisis de desempleo, así como el colapso de muchas industrias, a menos que se emprenda una acción efectiva para cambiar el curso de las cosas. Y en este punto es donde se desarrolla ahora la discusión sobre el regreso a un modelo económico keynesiano. El programa económico de Obama consiste en invertir masivamente en grandes obras públicas y en tecnologías verdes, regresando en cierto sentido al tipo de solución del New Deal. Yo soy escéptico respecto de su capacidad para lograrlo.

Para entender la presente situación, necesitamos ir más allá de lo que ocurre en el proceso de trabajo y en la producción, necesitamos entrar en el complejo de relaciones en torno al Estado y las finanzas. Necesitamos comprender el modo en que la deuda nacional y el sistema de crédito han sido, desde el comienzo, vehículos fundamentales para la acumulación primitiva, o para lo que yo llamo acumulación por desposesión (según puede verse en el sector de la construcción). En “El derecho a la ciudad” observaba yo la manera en que había sido revitalizado el capitalismo en el París del Segundo Imperio: el Estado, el acuerdo con los banqueros, puso por obra un nuevo vínculo Estado-capital financiero, a fin de reconstruir París. Eso generó pleno empleo y los bulevares, los sistemas de suministro de agua corriente y los sistemas de canalización de residuos, así como nuevos sistemas de transporte; gracias a ese tipo de mecanismos se construyó también el Canal de Suez. Una buena parte de todo eso se financió con deuda. Ahora, ese vínculo Estado-finanzas viene experimentando una enorme transformación desde 1970: se ha hecho más internacional, se ha abierto a todo tipo de innovaciones financieras, incluidos los mercados de derivados y los mercados especulativos, etc. Se ha creado una nueva arquitectura financiera.

Lo que yo creo que está pasando ahora mismo es que ellos están buscando una nueva forma de esquema financiero que pueda resolver el problema, no para el pueblo trabajador, sino para la clase capitalista. En mi opinión, están en vías de hallar una solución para la clase capitalista, y si el resto de nosotros sufre las consecuencias, pues ¡qué se le va a hacer! La única cosa que les preocupa de nosotros es que nos alcemos en rebelión. Y mientras esperamos a rebelarnos, ellos tratan de diseñar un sistema acorde con sus propios intereses de clase. Desconozco cómo será esa nueva arquitectura financiera. Si se mira con atención lo que pasó durante la crisis fiscal en Nueva York, se verá que los banqueros y los financieros no tenían la menor idea de qué hacer; lo que terminaron haciendo fue una especie de bricolaje a tientas, pieza aquí, pieza allí; luego juntaron los fragmentos de un modo nuevo, y terminaron con una construcción de nueva planta. Mas, cualquiera sea la solución a la que lleguen, les vendrá a su medida, a menos que nosotros nos plantemos y comencemos a decir que queremos algo a nuestra medida. Las gentes como nosotros podemos desempeñar un papel crucial a la hora de plantear cuestiones y de desafiar la legitimidad de las decisiones que se están tomando ahora mismo. También, claro está, a la hora de realizar análisis muy claros de la verdadera naturaleza del problema y de las posibles salidas ofrecidas al mismo.

Alternativas

Necesitamos empezar a ejercer de hecho nuestro derecho a la ciudad. Tenemos que preguntar qué es más importante, el valor de los bancos o el valor de la humanidad. El sistema bancario debería servir a la gente, no vivir a costa de la gente. Y la única manera en que seremos capaces de ejercer el derecho a la ciudad es tomando las riendas del problema de la absorción del excedente capitalista. Tenemos que socializar el excedente de capital, y escapar para siempre al problema del 3% de acumulación. Nos hallamos ahora en un punto en el que seguir indefinidamente con una tasa de crecimiento del 3% llegará a generar unos costes ambientales tan tremendos, y una presión sobre las situaciones sociales tan tremenda, que estaremos abocados a una crisis financiera tras otra.

El problema central es cómo se pueden absorber los excedentes capitalistas de un modo productivo y rentable. En mi opinión, los movimientos sociales tienen que coaligarse en torno a la idea de lograr un mayor control sobre el producto excedente. Y aunque yo no apoyo una vuelta al modelo keynesiano del tipo que teníamos en los 60, me parece fuera de duda que entonces había un control social y político mucho mayor sobre la producción, la utilización y la distribución del excedente. El excedente circulante se derivaba hacia la construcción de escuelas, hospitales e infraestructura. Eso es lo que sacó de sus casillas a la clase dominante y causó un contramovimiento a fines de los 60: no tenían control bastante sobre el excedente. Sin embargo, si se atiende a los datos disponibles, se ve que la proporción de excedente absorbido por el Estado no ha variado mucho desde 1970; lo que hizo, así pues, la clase capitalista fue frenar una ulterior socialización del excedente. También lograron transformar la palabra “gobierno” en la palabra “gobernanza”, haciendo porosas las actividades gubernamentales y empresariales, lo que permite situaciones como la que tenemos en Irak, en donde contratistas privados muñeron implacablemente las ubres del beneficio fácil.

Creo que estamos aproados a una crisis de legitimación. En los pasados treinta años, se ha repetido una y otra vez la ocurrencia de Margaret Thatcher, según la cual “no hay alternativa” a un mercado libre neoliberal, a un mundo privatizado, y si no tenemos éxito en ese mundo, es por culpa nuestra. Yo creo que es muy difícil decir que, enfrentados a una crisis de ejecuciones hipotecarias y desahucios inmobiliarios, se ayuda a los bancos pero no a las personas que pierden su vivienda. Puedes acusar a los desahuciados de irresponsabilidad, y en los EEUU no deja de haber un componente fuertemente racista en esa acusación. Cuando la primera ola de ejecuciones hipotecarias golpeó zonas como Cleveland y Ohio, resultó devastadora para las comunidades negras, pero la reacción de algunos fue poco más o menos ésta: “¿pues qué esperabais? Los negros son gente irresponsable”. Las explicaciones de la crisis dilectas de la derecha son en términos de codicia personal, tanto en lo que hace a Wall Street, como en lo que hace a la gente que pidió prestado para comprarse una vivienda. Lo que tratan es de cargar la culpa de la crisis a sus víctimas. Una de nuestras tareas consiste en decir: “no, no se puede hacer eso en absoluto”, y tratar luego de ofrecer una explicación cogente de esta crisis como un fenómeno de clase: una determinada estructura de explotación se fue a pique y está en vías de ser desplazada por otra estructura aún más profunda de explotación. Es muy importante que esta explicación alternativa de la crisis sea presentada y discutida públicamente.

Una de las grandes configuraciones ideológicas que está en vías de formarse tiene que ver con el papel que habrá de desempeñar en el futuro la propiedad de la vivienda, una vez comencemos a decir cosas como que hay que socializar buena parte del parque de viviendas, puesto que desde los años 30 hemos tenido enormes presiones a favor de la vivienda individualizada como forma de asegurar los derechos y la posición de la gente. Tenemos que socializar y recapitalizar la educación y la asistencia sanitaria públicas, a demás de la provisión de vivienda. Esos sectores de la economía tienen que ser socializados, de consuno con la banca.

Una política radical, más allá de las divisiones de clase

Hay otro punto que debemos reconsiderar: el trabajo y, particularmente, el trabajo organizado es sólo una pequeña pieza de este conjunto de problemas, y sólo juega un papel parcial en lo que está ocurriendo. Y eso por una razón muy sencilla, que se remonta a las limitaciones de Marx a la hora de plantear la cosa. Si decimos que la formación del complejo Estado-finanzas es absolutamente crucial para la dinámica del capitalismo (y, obviamente, lo es), y si nos preguntamos qué fuerzas sociales actúan en punto a contrarrestar o promover esas formaciones institucionales, hay que reconocer que el trabajo nunca ha estado en primera línea de esta lucha. El trabajo ha estado en primera línea en el mercado de trabajo y en el proceso de trabajo, y ambos son momentos vitales del proceso de circulación, pero el grueso de las luchas que se han desarrollado en torno al vínculo Estado-finanzas han sido luchas populistas, en las que le trabajo sólo parcialmente ha estado presente.

Por ejemplo, en los EEUU de los años 30 hubo un montón de populistas que apoyaban a los atracadores de bancos Bonnie y Clyde. Y actualmente, muchas de las luchas en curso en América Latina tienen una dirección más populista que obrera. El trabajo siempre ha tenido un papel muy importante a jugar, pero no creo yo que ahora mismo estemos en una situación en la que la visión convencional de proletariado como vanguardia de la lucha sea de mucha ayuda, cuando la arquitectura del vínculo Estado-finanzas (el sistema nervioso central de la acumulación de capital) es el asunto fundamental. Puede haber épocas y lugares en los que los movimientos proletarios resulten de gran importancia, por ejemplo, en China, en donde yo les auguro un papel críticamente decisivo que, en cambio, no veo en nuestro país. Lo interesante es que los trabajadores del automóvil y las compañías automovilísticas son ahora mismo aliados frente al nexo Estado-finanzas, de modo que la gran división de clase que siempre hubo en Detroit no se da ya, o no del mismo modo. Lo que ahora está en curso es un nuevo tipo, completamente distinto, de política de clase, y algunas de las formas marxistas convencionales de ver estas cosas se atraviesan en el camino de una política verdaderamente radical.

También es un gran problema para la izquierda el que muchos piensen que la conquista del poder del Estado no debe jugar ningún papel en las transformaciones políticas. Yo creo que están locos. En el Estado radica un poder increíble, y no se puede prescindir de él como si careciera de importancia. Soy profundamente escéptico respecto de la creencia, según la cual las o­nG y las organizaciones de la sociedad civil están en vías de transformar el mundo; no porque las o­nG no puedan hacer nada, sino porque se requiere otro tipo de concepción y de movimiento políticos, si queremos hacer algo ante la crisis principal que está en curso. En los EEUU, el instinto político es muy anarquista, y aunque yo simpatizo mucho con bastantes puntos de vista anarquistas, sus inveteradas protestas contra el Estado y su negativa a hacerse con el control del mismo constituyen otro obstáculo atravesado en el camino.

No creo que estemos en una posición que nos permita determinar quiénes serán los agentes del cambio en la presente coyuntura, y es palmario que serán distintos en las distintas partes del mundo. Ahora mismo, en los EEUU, hay signos de que la clase de los ejecutivos y gestores empresariales, que han vivido de los ingresos procedentes del capital financiero todos estos años, están enojados y pueden radicalizarse un poco. Mucha gente ha sido despedida de los servicios financieros, y en algunos casos, han llegado a ver ejecutadas sus hipotecas. Los productores culturales están tomando consciencia de la naturaleza de los problemas que enfrentamos, y de la misma manera que en los años 60 las escuelas de arte se convirtieron en centros de radicalismo político, no hay que descartar la reaparición de algo análogo. Podríamos ver el auge de organizaciones transfronterizas, a medida que las reducciones en las remesas de dinero enviadas extiendan la crisis a lugares como el México rural o Kerala.

Los movimientos sociales tienen que definir qué estrategias y políticas quieren desarrollar. Nosotros, los académicos, no deberíamos vernos jamás en el papel de misioneros en los movimientos sociales; lo que deberíamos hacer es entrar en conversación y charlar sobre cómo vemos la naturaleza del problema.

Dicho esto, me gustaría proponeros algunas ideas. Una idea interesante en los EEUU ahora mismo es que los gobiernos municipales aprueben ordenanzas anti-desahucio. Creo que hay muchos sitios en Francia donde han hecho eso. Entonces podríamos montar una empresa municipal de vivienda que asumiera las hipotecas y devolviera al banco el principal de la deuda, renegociando los intereses, porque los bancos han recibido un montón de dinero, supuestamente, para lidiar con eso, aunque no lo hacen.

Otra cuestión clave es la de la ciudadanía y los derechos. Yo creo que los derechos a la ciudad deberían garantizarse por residencia, independientemente de qué ciudadanía o nacionalidad tengáis. Actualmente, se está negando a la gente todo derecho político a la ciudad, a menos que tengan la ciudadanía. Si eres inmigrante, careces de derechos. Creo que hay que lanzar luchas en torno a los derechos a la ciudad. En la Constitución brasileña tienen una cláusula de “derechos a la ciudad” que versa sobre los derechos de consulta, participación y procedimientos presupuestarios. Creo que de todo eso podría resultar una política.

Reconfiguración de la urbanización

Hay en los EEUU posibilidades de actuación a escala local, con una larga tradición en cuestiones medioambientales, y en los últimos quince o veinte años los gobiernos municipales han sido a menudo más progresistas que el gobierno federal. Hay ahora mismo una crisis en las finanzas municipales, y verosímilmente habrá protestas y presiones sobre Obama para que ayude a recapitalizar a los gobiernos municipales (lo que figura ya en el paquete de estímulos). Obama ha dejado dicho que ésta es una de las cosas que más le preocupan, especialmente porque mucho de lo que está pasando se desarrolla a nivel local; por ejemplo, la crisis hipotecaria subprime. Como vengo sosteniendo, las ejecuciones hipotecarias y los desahucios han de entenderse como crisis urbana, no como crisis financiera: es una crisis financiera de la urbanización.

Otra cuestión importante es pensar políticamente sobre la forma de convertir en un componente estratégico algún tipo de alianza entre la economía social y el mundo del trabajo y los movimientos municipales como el del derecho a la ciudad. Eso tiene que ver con la cuestión del desarrollo tecnológico. Por ejemplo: yo no veo razón para no tener un sistema municipal de apoyo al desarrollo de sistemas productivos como la energía solar, a fin de crear aparatos y posibilidades más descentralizados de empleo.

Si yo tuviera que desarrollar ahora mismo un sistema ideal, diría que en los EEUU deberíamos crear un banco nacional de re-desarrollo y, de los 700 mil millones que aprobaron, destinar 500 mil para que ese banco trabajara con los municipios para ayudar a los vecinos golpeados por la ola de desahucios. Porque los desahucios han sido una especie de Katrina financiero en muchos aspectos: han arrasado comunidades enteras, normalmente comunidades pobres negras o hispánicas. Pues bien; entras en esos vecindarios y les devuelves a la gente que vivía allí y les reubicas sobre otro tipo de base, con derechos de residencia, y con un tipo distinto de financiación. Y hay que hacer verdes esos barrios, creando allí oportunidades de empleo local.

Puedo, pues, imaginar una reconfiguración de la urbanización. Para hacer algo en materia de calentamiento global, necesitamos reconfigurar totalmente el funcionamiento de las ciudades norteamericanas; pensar en pautas completamente nuevas de urbanización, en nuevas formas de vivir y de trabajar. Hay un montón de posibilidades a las que la izquierda debería prestar atención; tenemos oportunidades reales. Y aquí es donde tengo un verdadero problema con algunos marxistas que parecen pensar: “¡Sí, señor! Es una crisis, ¡y las contradicciones del capitalismo terminarán por resolverse ahora, de uno u otro modo!”. No es éste momento de triunfalismos, es momento de hacerse preguntas y plantearse problemas. Por lo pronto, yo creo que el modo en que Marx planteó las cosas no está exento de dificultades. Los marxistas no comprenden muy bien el complejo Estado-finanzas de la urbanización, son terriblemente torpes a la hora de entender eso. Pero ahora tenemos que repensar nuestra posición teórica y nuestras posibilidades políticas.

Así que, tanto como la acción práctica, se precisa volver a pensar teóricamente muchas cosas.


Fuente: Urgente24.com
Autor: David Harvey (Inglaterra, 1935-) es un prestigioso geógrafo y urbanista inglés y uno de los intelectuales de la izquierda norteamericana. Actualmente es profesor de antropologia en la City University of New York (CUNY) y Miliband Fellow de la London School of Economics. Es uno de los geógrafos académicos más citados, autor de numerosos artículos y libros de gran influencia en el desarrollo de la geografía moderna y la dinámica espacial del capitalismo. Ha escrito un "La condicion de la postmodernidad" considerada por el London Independent como una de los 50 libros no-ficción mas importantes desde 1945. Uno de sus trabajos más recientes es "A Brief History of Neoliberalism'"(2005), donde examina la teoría y la practica del neoliberalismo desde mediados de los años '70. Él considera que el neoliberalismo fue una respuesta a la crisis de acumulación sufrida por el capitalismo en los años '70, y tuvo éxito en incrementar el capital y el poder de los estratos altos de la sociedad, pero ha ampliado la brecha entre estos y las mayorías empobrecidas, reimplantando la lucha de clases.
Fotografia: El Neoliberalismo guiando al pueblo. Diseñados por César Pérez Navarro

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jueves, 1 de enero de 2009

Las 10 peores predicciones del 2008

No hay nada más arriesgado para un experto que hacer pronósticos. Los 10 comentaristas y líderes de esta lista aprendieron la lección de forma dolorosa cuando sus predicciones acerca de la política, la guerra, la economía e incluso el fin de la humanidad fallaron estrepitosamente.

1. “Si [Hillary Clinton] compite contra John Edwards y Barack Obama, va a conseguir la nominación. Por lo tanto su única amenaza es Gore. … Barack Obama no va a ganar a Hillary Clinton en una sola primaria demócrata. Eso es lo que predigo en este mismo instante”. —William Kristol, Fox News Sunday, 17 de diciembre de 2006

El editor del Weekly Standard y columnista del The New York Times William Kristol no era el único, ni mucho menos, que pensaba que Clinton tenía todas las de ganar en las primarias demócratas, pero hay que tener mucha confianza en uno mismo para hacer una afirmación tan categórica más de un año antes de que se celebrase el primer caucus de Iowa. Después de lo ocurrido allí, Kristol se pasó al extremo opuesto, diciendo que Clinton iba a perder en New Hampshire y que “No habrá restauración de los Clinton”. También merece la pena resaltar que esta segunda predicción, igualmente prematura, la realizó en un artículo en el The New York Times titulado “¿Presidente Mike Huckabee?”. Se rumorea que el diario está ya buscando un sustituto.

2. “Peter escribe: ‘¿Debería estar preocupado por la liquidez de Bear Stearns y sacar mi dinero de allí?’ ¡No! ¡No! ¡No! ¡Bear Stearns está bien! No saques tu dinero. … Bear Stearns no tiene problemas. Quiero decir, si acaso podría se absorbida. ¡No saques tu dinero de Bear! ¡Es una tontería! ¡No seas tonto!” —Jim Cramer, respondiendo al e-mail de un espectador del programa Mad Money de la CNBC, 11 de marzo de 2008

Esperemos que Peter pidiese una segunda opinión a otra persona. Seis días después de que el voluble presentador de la CNBC realizase este pronunciamiento categórico, Bear Stearns sufrió el equivalente moderno a las tradicionales crisis de pánico bancario. Mientras en Wall Street corrían los rumores sobre la enorme participación de la entidad en hipotecas basura, sus acciones perdieron un 90% de su valor y el banco fue vendido por una miseria a JPMorgan Chase, gracias a la ayuda que recibió en el último minuto de la Reserva Federal de EE UU.

3. “[En] realidad las amenazas al transporte de petróleo por mar son mucho menores de lo que uno imagina. Para empezar, los petroleros son mucho menos vulnerables de lo que la gente piensa. En segundo lugar, es muy improbable que los conflictos regionales afecten de forma significativa al tráfico marítimo, y los atentados terroristas contra buques tendrían aún menos impacto económico. Tercero, sólo una potencia naval con el poderío de EE UU podría perturbar seriamente el transporte de petróleo”. —Dennis Blair y Kenneth Lieberthal, Foreign Affairs, mayo/junio 2007

El 15 de noviembre de 2008 un grupo de piratas somalíes, a bordo de lanchas hinchables, secuestró en el Océano Índico un petrolero saudí cargado con 2 millones de barriles de crudo. La audaz operación coincidía con un aumento generalizado de la piratería, sobre todo en el Golfo de Adén. Los criminales que operan en esa vía de transporte marítimo han secuestrado este año más de 50 barcos, frente a los 13 del año pasado, según los datos del Centro de Información de la Piratería. El Golfo de Adén, por donde pasa diariamente el 4% del suministro mundial de petróleo, no figuraba en la lista de cuellos de botella estratégicos en los que el transporte de oro negro podía verse afectado, que Blair y Lieberthal incluían en su artículo ‘Navegación sin incidentes: Las rutas marítimas internacionales son seguras’. Esperemos que Blair muestre un poco más de previsión si, como algunos esperan, se convierte en el director nacional de inteligencia de Barack Obama.

4. “Quien diga que estamos en recesión, o que nos dirigimos hacia una –especialmente la peor desde la Gran Depresión– está inventándose su propia definición de recesión”. —Donald Luskin, The Washington Post, 14 de septiembre de 2008

Al día siguiente de que el artículo de Luskin “Dejen de decir que la economía está mal” apareciese en la sección de opinión del The Washington Post, Lehman Brothers se declaró en bancarrota, el resto es historia. Hace tiempo que en los blogs progresistas se dice que el director de inversión de Trend Macrolytics y asesor informal de McCain es “el mayor estúpido vivo”. En esta ocasión, tienen pruebas sólidas en las que apoyar sus afirmaciones.

5. “A pesar de sus imperfecciones, un ejemplo para otros”. —The Economist en referencia a las elecciones presidenciales en Kenia, 19 de diciembre de 2007

La semana anterior a las elecciones presidenciales en Kenia, el semanario británico publicó un desafortunado editorial alabando la calidad de la democracia en el país africano y prediciendo que podría “dar ejemplo” al resto del continente. Ya les gustaría. Los comicios estuvieron plagados de casos de fraude y manipulación de votos, seguidas de un mes de revueltas y violencia étnica que causaron más de 800 muertos y 200.000 desplazados. Las matanzas finalizaron en un turbio acuerdo entre el presidente, Mwai Kibaki, y su rival Raila Odinga para repartirse el poder, dejando Kenia profundamente divididay al Gobierno sin legitimidad.

6. “El alcalde de Nueva York, Michael Bloomberg, se sumará a la carrera presidencial en febrero, cuando esté claro qué candidatos lograrán la nominación de los grandes partidos. Sus miles de millones y su organización impresionarán a los votantes –y dejarán pasmados a sus rivales. Se le verá como el tercer candidato más viable desde Teddy Roosevelt. Pero Bloomberg no llegará lejos, ya que tanto los demócratas como los republicanos le atacarán sin piedad. Entre él y Clinton se repartirán más del 50% de los votos, pero será el inconformista senador por Arizona, John McCain, quien se convierta en el próximo presidente de EE UU”. –BusinessWeek, 2 enero 2008

Ninguna de las afirmaciones de esta predicción publicada en el artículo ‘Diez eventos probables en 2008’ de BusinessWeek se acercó, siquiera remotamente, a la realidad. Tras semanas de amagos y filtraciones a la prensa, Bloomberg anunció que no se presentaba a las elecciones, ya que Barack Obama y John McCain mostraban signos del “liderazgo independiente” necesario para gobernar de forma eficaz. Tras derogar la ley de limitación de mandatos de Nueva York, parece más probable que Bloomberg se presente por tercera vez a la alcaldía de la ciudad.

7. "Existe la posibilidad real de que se generen anomalías teóricas destructivas como miniagujeros negros, cúmulos de materia extraña y transiciones espaciales De Sitter. Estos sucesos tienen la capacidad de alterar la materia a escala fundamental y destruir nuestro planeta”. —Walter Wagner, LHCDefense.org

El científico Walter Wagner, principal impulsor de Ciudadanos contra el gran colisionador de hadrones (LHC, en sus siglas en ingles), advirtiendo que el experimento podría acabar con la humanidad tal como la conocemos, presentó una demanda en el juzgado de distrito de Hawai contra la Organización Europea para la Investigación Nuclear (CERN), promotora del mayor acelerador de partículas del mundo, solicitando que los investigadores no encendiesen el dispositivo hasta que se demostrase que es seguro. El LHC empezó a funcionar en septiembre, y parece que todos seguimos aquí.

8. “Resulta cada vez más probable que el barril se sitúe entre los 150 y 200 dólares durante los próximos seis a veinticuatro meses”. —Arjun Murti, analista petrolífero de Goldman Sachs, en un informe del 5 de mayo de 2008

El tan cacareado poder de predicción de Murti –a quien se calificaba de “oráculo del petróleo” en un elogioso perfil de The New York Times– pareció fallar en esta ocasión. El precio del crudo alcanzó en julio un máximo de unos 147 dólares el barril (unos 105 euros) antes de comenzar una larga caída. La disminución de la demanda causada por la crisis mundial ha hecho que en la actualidad los precios ronden los 40 dólares, y algunos expertos creen posible que se llegue a los 25 el año que viene.

9. “Empieza con la invasión de Osetia del Sur y Abjasia, que ya ha tenido lugar. Continúa con la destrucción del Ejército georgiano, que está teniendo lugar en estos momentos. El tercer [paso] probablemente será la sustitución del Gobierno electo, que es prooccidental, por un Ejecutivo títere, lo cual probablemente ocurrirá en una o dos semanas”. —Charles Krauthammer, Fox News, 11 de agosto de 2008

Nada más realizar esta previsión errónea (al final Rusia acordó un alto el fuego y unas semanas después retiró sus tropas, dejando al Gobierno de Mijaíl Saakashvili en su puesto), Krauthammer predijo que Ucrania sería la siguiente en la lista de Moscú y propuso que Estados Unidos desplegase tropas allí. En cuanto a Saakashvili, en septiembre las encuestas le daban un 76% de aprobación.

10. “Creo que hemos estabilizado el sistema bancario. Ya nadie tiene dudas de que haya alguna gran entidad a la que no pudiéramos ayudar en caso de caída”. —Henry Paulson en la Radio pública de Estados Unidos, 13 de noviembre de 2008

El Secretario del Tesoro estadounidense empezó noviembre disparando sus armas. Tras muchos titubeos ante el Congreso durante el mes anterior, finalmente arrancó y planteó lo que denominó su “bazuka” –una autorización para gastar 700.000 millones de dólares en rescatar activos contaminados de bancos en apuros. A mediados de noviembre ya se había gastado 300.000 millones de munición, principalmente a través de la clase de participación directa en el capital a la que previamente se había opuesto. Para desgracia de Paulson, poco después de pronunciar su voto de confianza, las acciones de Citigroup se desplomaron un 75% en una semana, cerrando por debajo de los 5 dólares por primera vez en 14 años.

Fuente: Foreign Policy Edición española

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lunes, 29 de diciembre de 2008

Paul Krugman cree que el final de la crisis está lejos.

En declaraciones a la cadena SER, el Nobel de Economía afirma que es probable que aparezcan nuevos escándalos como el 'caso Madoff.

El economista Paul Krugman, último premio Nobel de Economía, cree que el final de la actual crisis económica es aún "lejano" y considera probable que aparezcan nuevos escándalos financieros como el de Madoff, así como la nacionalización de más bancos en EEUU. Así lo ha señalado en una entrevista concedida este viernes al programa radiofónico Hora 25 Global, que emite Cadena SER.

"La crisis es peor de lo que había pensado. Yo pensé que íbamos a tener problemas con la caída del mercado inmobiliario, pero la escala misma desde luego de dicha crisis es una gran sorpresa. Bueno, las cosas son tan malas como se dicen, sí, esto es una depresión muy fuerte, y yo creo que va a ser la peor depresión desde la última depresión", ha declarado Krugman, que cree que, aunque se producirán algunas mejoras, "quizás a finales de 2009", será difícil establecer cuándo se logrará una recuperación plena.

Además, el Nobel considera probable que salgan a la luz nuevos escándalos como el caso Madoff. "Casi seguro veremos más situaciones de esta índole, porque cuando se cae la casa encuentras los esqueletos en el armario", dice.

Por otro lado, Krugman ha calificado de "necesaria" la decisión de la Reserva Federal estadounidense de recortar los tipos de interés hasta prácticamente cero, pues cree que "la mejor forma de evitar una depresión de este tipo es responder con cierta agresividad en un momento temprano", aunque no ha entrado a valorar las posibles repercusiones a medio plazo de la decisión de Bernanke y su equipo.

Obama no lo tendrá fácil

Respecto al futuro inmediato que espera a Estados Unidos tras la llegada de Obama a la Casa Blanca, el próximo 20 de enero, el economista ha mostrado su preocupación por la velocidad en la implantación del paquete de medidas adelantado por el presidente electo para reactivar el mercado laboral y crear empleo, pues considera que "es muy difícil implantar un programa de este tipo en menos de seis meses" y apuesta por que tardará al menos un año.

Krugman cree también que la Administración Bush no ha ayudado mucho en la solución de los problemas. Aunque afirma que el presidente saliente no causó la crisis, reconoce que no ayudó a prevenirla y que su Administración impidió la correcta regulación del mercado. En este sentido, opina que Bush no ha sido un buen presidente "desde el punto de vista económico, ni desde ningún punto de vista".


Fuente: El País.com
Viñeta: Eneko para 20minutos.es
Paul Krugman (28 de febrero de 1953) es un economista, divulgador y periodista norteamericano, cercano a los planteamientos neokeynesianos. Actualmente profesor de Economía y Asuntos Internacionales en la Universidad de Princeton. Desde 2000 escribe una columna en el periódico New York Times. En 2008 fue galardonado con el Premio Nobel de Economía.

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sábado, 6 de diciembre de 2008

Por qué los profetas no lo vieron venir. Por David Fernández

Los 'gurús' de la economía no anticiparon la crisis por miedo a disentir y por interés. Muchos analistas también viven del negocio.

Imagínese que usted forma parte de una de las instituciones económicas más influyentes del mundo como es la London School of Economics. Imagínese también que ejerce de anfitrión junto con sus colegas durante una visita de la reina Isabel II a la sede del centro. En principio, uno de tantos actos protocolarios de guante blanco. Imagínese que la soberana de todo un Imperio se salta el protocolo para lanzar al aire una pregunta que seguro también se la hace el tendero de la esquina: "¿Por qué nadie ha sido capaz de anticipar la que se nos ha venido encima?". Deje de imaginar. La situación es real, ocurrió el pasado noviembre y ejemplifica cómo la crisis económica ha puesto en evidencia los pronósticos económicos. Hasta tal punto han fallado las previsiones que uno de los pocos que anticipó el crash, Nouriel Roubini, ha traspasado la línea que separa al economista de la estrella del pop y ahora va impartiendo doctrina por medio mundo en conferencias avaladas con cheques de varios ceros.


Simples turbulencias, desaceleración, crisis, recesión, ¿depresión? Esta es la secuencia que han seguido las previsiones de Gobiernos (incluido el español, que hasta bien entrado 2008 se negó a hablar de crisis), organismos internacionales, escuelas de negocios, reputados consultores y gurús de la gestión empresarial. Nadie tiene una bola de cristal para anticipar el futuro. Como decía Karl Popper, "predecir el nacimiento de la rueda es inventarla". Además, una crisis económica como la actual, la peor para muchos desde 1929, presenta varias raíces inéditas que han aflorado al mismo tiempo, lo que complica cualquier análisis. Sin embargo, estas dificultades no deben servir de excusa para esconder que los modelos de estimación económica presentan algunos vicios que limitan sus probabilidades de éxito. Conflictos de intereses, falta de transparencia, miedo a ir contracorriente ("fuera del consenso hace mucho frío", ironiza un experto) o la resistencia a dar voz a los críticos con el sistema económico durante el largo periodo de bonanza porque sus teorías no venden son algunos de estos vicios.

Hace un año este periódico pidió a 15 casas de Bolsa que dijeran en qué nivel se situaría el Ibex 35 en diciembre de 2008. El precio objetivo medio situaba el índice bursátil español en 17.300 puntos. El Ibex 35 está hoy por debajo de los 9.000 enteros. En defensa de los analistas hay que decir que en ese momento la crisis financiera aún no había mostrado su cara más violenta y que la economía real no se había contagiado. Lo que ya tiene menos explicación es que el pasado junio, cuando la metástasis de las hipotecas basura se había extendido por todo el sistema, la venta de optimismo seguía siendo la tónica dominante.

Credit Suisse, UBS, Citigroup, JPMorgan, Deutsche Bank, Goldman Sachs y Exane BNP Paribas son algunas de las firmas de Bolsa más importantes del mundo. En conjunto analizan las acciones de más de 10.000 compañías cotizadas. Pues bien, en junio sólo un 13% de sus consejos eran de vender acciones. El resto de recomendaciones a sus clientes eran de comprar o en el peor de los casos de mantener los títulos en cartera.

¿Por qué cuesta tanto escribir en un informe de Bolsa la palabra vender? "Por la propia estructura del mercado. Una entidad financiera suele tener conflictos entre el análisis y el negocio. Esta situación puede significar que la independencia de los analistas a la hora de emitir sus opiniones se vea limitada", reconoce Rafael Sarandeses, secretario general del Instituto Español de Analistas Financieros. A pesar de entonar el mea culpa, Sarandeses matiza que esta crisis no se debe a los errores de los analistas sino "a los fallos de los supervisores financieros y a las malas prácticas de las agencias de calificación de riesgos".

Sería injusto centrar todas las críticas en los analistas de Bolsa. Sus colegas macroeconómicos tampoco han estado muy finos. En enero de 2007 el consenso de mercado (bajo este concepto se engloban organismos supranacionales como el FMI, el Banco Mundial o la OCDE cuyos juicios deberían estar a salvo de las tentaciones que acechan a las instituciones privadas) preveía un crecimiento del PIB en EE UU y en la zona euro del 3% y del 2,1%, respectivamente. En noviembre de 2008 esas expectativas habían caído al 1,4% y al 1%. "Las crisis ocurren porque son inesperadas. Si todo el mundo las esperase no se materializarían. Además, en este caso nos hemos topado no con una crisis, sino con tres al mismo tiempo: la financiera, la hipotecaria y la económica", se defiende José Luis Martínez, economista jefe de Citigroup en España. Entonces, ¿no cree que haya que ajustar en nada los modelos económicos? "Todos los economistas manejamos varios escenarios. Quizás esta crisis lo que nos enseñe es que debemos aprender a asignar una determinada probabilidad al escenario elegido. No es lo mismo que digamos que va a producirse determinado acontecimiento cuando el margen de acierto que manejamos es de sólo el 40% que cuando asignamos a nuestro pronóstico el 80% de probabilidades. Esta crisis va a forzar una mayor transparencia en las previsiones".

Al calor de cada burbuja suelen surgir teorías que hablan de cambios revolucionarios que transformarán por completo el sistema económico. Estos planteamientos, sin embargo, suelen desinflarse casi a la misma velocidad que la burbuja que los amparó. A finales del siglo pasado se popularizó el concepto de Nueva Economía según el cual el desarrollo de Internet y otras tecnologías harían que pasásemos de una economía industrial a una economía del conocimiento y, como consecuencia de ello, se acabarían los ciclos económicos. Que le pregunten a las personas que hacen cola a cientos a las puertas del Inem si todavía existen los altibajos en economía... Con la burbuja financiera de los últimos años, diferentes think tanks han puesto de moda otra teoría no menos visionaria bautizada con el nombre de decoupling. La corriente de pensamiento que está detrás de este vocablo viene a decir que las reformas estructurales acometidas por los países emergentes les permitirán seguir con su senda de crecimiento con independencia de lo que ocurra en las economías desarrolladas. En los últimos dos meses se ha vuelto a comprobar que cuando las economías occidentales tosen, el resto, como mínimo, se resfría. China echa el freno a su espectacular crecimiento, los inversores castigan las divisas de México y Brasil, Rusia se ve forzada a cerrar en varias ocasiones sus mercados, Argentina desempolva medidas confiscatorias... En fin, todo un déjà vu.

"No creo en los gurús. Es una tendencia a abolir", sentencia José de Rafael, director de la Asociación Española de Empresas de Consultoría. "No se puede opinar más que con altos conocimientos de la situación. Se han corrido muchos riesgos por la proliferación de los mal llamados gurús. Siempre están los arribistas que tiene más pico que los demás, y en un determinado momento sus teorías pueden llegar a convencer". A pesar de la fuerte crítica a los analistas estrella, De Rafael opina que las previsiones económicas en esta crisis no han resultado tan erróneas. "La crisis se veía venir desde hace 14 meses. Lo que los expertos no han sabido anticipar ha sido su intensidad. Además, la raíz de la crisis no es financiera, sino de valores, y esto es imposible de predecir. La codicia y la corrupción han prevalecido sobre la ética empresarial", añade este experto.

El escritor especializado en temas de management Peter Drucker solía decir que el término gurú se había convertido en una palabra bastante popular debido a que la etiqueta alternativa de charlatán era demasiado larga para usarla en un titular periodístico. En los últimos años las conferencias de los grandes expertos en gestión empresarial han desbordado todos los aforos. Cientos de discursos y power points para encontrar la receta del éxito, pero pocas voces que alarmasen sobre lo que se estaba gestando. "Que yo recuerde, de los economistas extranjeros sólo adelantaron la crisis Nouriel Roubini y Paul Krugman mientras que entre los españoles destacan Ignacio Garikano y Xabier Mena", recuerda Alberto Saiz, director de HSM España, empresa especializada en contenidos de gestión empresarial y organizadora de Expomanagement. "Es más fácil subirse a la ola del pensamiento reinante que hacer un estudio profundo de la situación. En este sentido, yo también criticaría la actitud de los medios de comunicación por popularizar algunos mensajes", añade. "La verdad absoluta no la tiene nadie. Nuestra misión es inspirar a los ejecutivos para que encuentren alternativas para desarrollar sus estrategias, no decirles lo que tienen que hacer".

Tanto Saiz como el resto de expertos consultados para este reportaje reconocen que ante el tema de las previsiones, sean estas económicas o de otra índole, las personas se mueven con un marcado sentido gregario y que, al igual que hace dos años era un milagro que un libro de management o un economista crítico se abrieran paso, ahora se corre el peligro, por la ley del péndulo, de que sólo quede espacio para los agoreros. "Los seres humanos queremos oír aquello que se adecúa a nuestros patrones mentales. Si antes lo único que parecía vender eran las noticias buenas, ahora parece que triunfan las previsiones pesimistas", señala el director de HSM. "Tanta incertidumbre obliga a converger en posiciones, se traduce en una cierta opinión consensuada. Aunque con puntuales discrepancias, todos buscamos saber la opinión del de al lado. Ahora puede que corramos el riesgo de irnos al otro extremo: caer en el pesimismo absoluto y no valorar las cosas buenas que se están haciendo", añade José Luis Martínez.

Pero, cuidado, conviene no pasarse de frenada en la teoría del caos. La realidad es tozuda y el éxito efímero. Y si no que se lo pregunten a Ariun Murti, experto de materias primas en Goldman Sachs. En marzo de 2005 Murti predijo que el precio del petróleo daría el salto de 50 dólares a 105 en sólo cuatro años. Se desvió sólo unos meses. La situación del mercado le llevó a doblar su apuesta en mayo pasado, situando el barril de crudo en 200 dólares en sólo dos años. Coincidiendo con este segundo augurio de Murti, el petróleo inició un vertiginoso descenso que le ha devuelto de nuevo a la zona de los 50 dólares.

Otra consecuencia de la crisis actual es que se ha puesto en duda un dogma de fe económico de los últimos años: el poder casi religioso del libre mercado. Incluso en el santa sanctorum del capitalismo como es Wall Street han tenido que hincar la rodilla y rogar una inyección de dinero público para resolver sus pecados. El retorno a políticas de corte más intervencionista ha vuelto a poner de moda al economista británico John Maynard Keynes, partidario de la intervención del Gobierno para estimular la economía.

Pero incluso él también erraba a veces en sus previsiones. Un día tuvo que salir del paso de las críticas de un economista rival que le acusaba de inconsistencia en sus argumentos. "Cuando los hechos cambian, yo cambio mi opinión, ¿qué hace usted, caballero?". Habría sido interesante oír la respuesta que hubiera dado Keynes a la pregunta de la reina Isabel II.


Frases proféticas
LOS QUE NO ACERTARON:

- Jean-Claude Trichet, presidente del Banco Central Europeo (BCE), manifestó en junio de 2008: Nuestro escenario base señala que tendremos un recorte en el crecimiento del área euro durante el segundo y tercer trimestre de este año, para después retornar a la seda de un crecimiento moderado y progresivo en el cuarto trimestre.

- Simon Johnson, entonces economista jefe del FMI, se mostró así de convencido de la solidez de la economía mundial en primavera de 2007. Todos los riesgos que se ciernen sobre nuestras previsiones parecen menos amenazadores que seis meses atrás.

- José Luis Rodríguez Zapatero, presidente del Gobierno español, respondió así en junio a la pregunta de ¿hay crisis o no hay crisis?: Como todo, es opinable y depende de lo que entendamos por crisis. La economía crecía el año pasado por encima del 3,5% y este año va a crecer en torno al 2%.

LOS QUE ANTICIPARON LA CRISIS:

- Nouriel Roubini, profesor de economía en la escuela de negocios Stern (Nueva York) y director de la consultora RGE Monitor, escribió un informe en agosto de 2004 junto a Brad Setser en el que alertaba acerca de que los balances comerciales de las principales economías del mundo eran insostenibles y probablemente provocarían una crisis en el sistema económico en los próximos tres o cuatro años.

- William White, ex economista jefe del Banco Internacional de Pagos (BIS), con sede en Basilea, fue bastante consistente en sus críticas con las políticas monetarias demasiado laxas practicadas por los bancos centrales y las graves consecuencias que podía tener la expansión del crédito barato.

- Joaquín Almunia, comisario europeo de Asuntos Económicos y Financieros, dijo en junio de 2006: El incremento de la deuda de las familias es un serio elemento de riesgo, especialmente a partir de 2008. El precio de la vivienda está sobrevalorado. El endeudamiento de los hogares nos conducirá a una situación cada vez menos sostenible.

Fuente: ElPaís.com
Autor: David Fernández

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lunes, 20 de octubre de 2008

"Reparar el sistema financiero no impedirá la recesión", según George Soros

Tiene 78 años y hace 10 que pronosticó el derrumbamiento del capitalismo global. George Soros, que labró su fortuna como especulador -su proeza más famosa fue provocar una devaluación de la libra esterlina en 1992 que le deparó mil millones de dólares de ganancia en 24 horas-, se dedica en los últimos años a la filantropía y a analizar y explicar las claves de la crisis de la economía mundial. Su último libro, The New Paradigm for Financial Markets: The Credit Crisis of 2008 and What it Means, publicado en España por Taurus (El nuevo paradigma de los mercados financieros. La crisis crediticia de 2008 y lo que significa), aborda este tema. Y también sobre la crisis gira esta entrevista concedida el pasado domingo en Washington.

Pregunta. ¿Cómo es que todos los esfuerzos realizados por el Gobierno estadounidense hasta el momento -el plan de rescate de 520.000 millones de euros, los bajos tipos de interés, la garantía de los depósitos y de los instrumentos negociables- no han parado la crisis?

Respuesta. Las autoridades estadounidenses adoptaron una economía de mercado fundamentalista. Creían que los mercados acabarían corrigiéndose a sí mismos. El secretario del Tesoro Henry Paulson es un ejemplo. Pensaba que seis meses después de la crisis de Bear Stearns, el mercado se habría ajustado y, "bueno, si Lehman (Brothers) se hunde, el sistema puede asumirlo". Sin embargo, todo se vino abajo.

Como no entendían la naturaleza del problema -que el mercado no se corregiría por sí solo- no veían la necesidad de intervención estatal. No prepararon el plan B.

Cuando se declaró la crisis de Lehman, tuvo que cambiar de opinión y rescatar a AIG. Al día siguiente se produjo la estampida en los mercados de dinero y en los mercados de instrumentos negociables, de modo que volvió a cambiar de idea y dijo que necesitábamos una ayuda financiera de medio billón de euros. Pero quería meter el dinero en el lugar equivocado: quedándose con los activos tóxicos de los bancos.

Al final han recuperado el sentido, y la Administración pública está comprando acciones de los bancos, porque comprende que el sistema financiero está al borde del colapso.

P. Ahora que las autoridades estadounidenses van por fin por buen camino, ¿cuáles son los componentes clave para resolver la crisis?

R. Las líneas generales están claras. Hay cinco elementos principales. El primero, que el Estado tiene que recapitalizar el sistema bancario comprando acciones de los bancos.

En segundo lugar, es necesario reanudar el préstamo interbancario ofreciendo garantías y situando el Líbor (tipos de préstamo interbancarios del mercado de Londres) en línea con los fondos de la Reserva Federal. Esto ya está en marcha. Se va a conseguir.

Tercero, debemos reformar el sistema hipotecario estadounidense, minimizando las ejecuciones y renegociando los préstamos para que las hipotecas no valgan más que las casas. Detener las ejecuciones hipotecarias ayudará a amortiguar la caída de precio de las viviendas.

Cuarto, Europa tiene que solucionar la debilidad del euro creando una red de seguridad para sus bancos. Aunque inicialmente se han resistido, ahora han encontrado la fe y lo han hecho en la reunión celebrada en París el pasado domingo.

Quinto, el FMI debe atajar la vulnerabilidad de los países situados en la periferia del sistema financiero mundial, proporcionándoles una red de seguridad financiera. Esto también está en marcha. Los japoneses ya han ofrecido 150.000 millones de euros con este fin.

Estas cinco medidas empezarán el proceso de curación. Si las aplicamos con eficacia, habremos superado lo peor de la crisis financiera.

Pero después, me temo, la economía real sufrirá los efectos secundarios, que ahora están cobrando brío. A estas alturas, la reparación del sistema financiero no impedirá una recesión mundial grave. Puesto que en estas circunstancias el consumidor estadounidense ya no puede servir de locomotora de la economía mundial, el Gobierno estadounidense debe estimular la demanda. Dado que nos enfrentamos a los retos amenazadores del calentamiento del planeta y de la dependencia energética, el próximo Gobierno debería dirigir cualquier plan de estímulo al ahorro energético, al desarrollo de fuentes de energía alternativas y a la construcción de infraestructuras ecológicas. Este estímulo podría convertirse en la nueva locomotora de la economía mundial.

P. Al final, ¿no nos encontraremos con un paisaje financiero mundial enormemente distinto? Estados Unidos dejará de ser la principal potencia. Tendrá, junto con partes de Europa, bancos socializados y un enorme endeudamiento. La China comunista, con abundante capital, será la nueva potencia financiera a escala mundial y un gran inversor en Occidente.

R. Estados Unidos perderá influencia. Ya la ha perdido. Desde hace 25 años, mantenemos un déficit en cuenta corriente constante. Los chinos y los países productores de petróleo registran excedentes. Hemos consumido más de lo que hemos producido. Mientras nosotros acumulábamos deudas, ellos adquirían riqueza con sus ahorros. Cada vez más, los chinos se irán adueñando de una parte mayor del mundo, porque convertirán sus reservas de dólares y de bonos públicos estadounidenses en bienes raíces.

Eso cambia las relaciones de poder. El traspaso de poder a Asia es una consecuencia de los pecados cometidos por Estados Unidos en los últimos 25 años.

P. Hablemos de la naturaleza de la crisis. Gracias a los bajos tipos de interés, a la liquidez mundial y a la liberalización hemos tenido una burbuja de expansión crediticia que se ha ido reforzando a sí misma a lo largo de 25 años, la cual ha provocado, como se dijo en una ocasión, una "euforia irracional" en los mercados financieros. Ahora tenemos el desplome del mercado bursátil y del crediticio ("la desesperación irracional"), no justificado por los fundamentos económicos de la economía real. ¿Cómo encaja este patrón en su teoría de la reflexividad y en su nuevo paradigma para entender las finanzas?

R. La clave para entender la crisis -la peor desde la década de 1930- es ver que se ha generado dentro del propio sistema financiero. Lo que estamos contemplando no es la consecuencia de una sacudida externa que haya desequilibrado las cosas, como daría a entender el paradigma dominante, que considera que los mercados se corrigen a sí mismos. Lo cierto es que los mercados financieros se desestabilizan a sí mismos; en ocasiones tienden hacia el desequilibrio, no hacia el equilibrio.

El paradigma que yo propongo difiere de la idea convencional en dos aspectos. En primer lugar, los mercados financieros no reflejan las bases económicas reales. Las expectativas de agentes e inversores siempre las están distorsionando. En segundo lugar, estas distorsiones de los mercados financieros pueden afectar a los fundamentos de la economía, como vemos en burbujas y desplomes. La euforia puede hacer que suban los precios de las viviendas y de las empresas de Internet; el pánico puede hacer que bancos sólidos se tambaleen.

Esa doble conexión -que uno afecta a lo que refleja- es lo que yo denomino "reflexividad". Así es como funcionan realmente los mercados financieros. Su inestabilidad está ahora extendiéndose a la economía real, no al revés. En resumen, las secuencias alcistas y bajistas, las burbujas, son endémicas del sistema financiero.

La actual situación no se debe sólo a la burbuja inmobiliaria. La burbuja inmobiliaria no ha sido más que el detonador de una mucho mayor. Esa superburbuja, creada por el uso cada vez más frecuente del crédito y el apalancamiento, combinado con la convicción de que los mercados se corrigen a sí mismos, tardó más de 25 años en formarse. Ahora se ha pinchado.

P. ¿Cuál debería ser el interruptor que cortocircuite las distorsiones que inevitablemente desestabilizan los mercados financieros?

R. Las burbujas son endémicas del sistema, y por lo tanto los reguladores estatales tienen que intervenir para evitar que se hinchen demasiado. Los Gobiernos deben reconocer que los mercados no se corrigen a sí mismos. No basta con recoger los pedazos después de las crisis.

P. La existencia de noticias financieras de 24 horas, ¿amplifica y exagera las distorsiones de los mercados financieros?

R. Sin duda, acelera el proceso. Pero yo no exageraría su importancia. A finales del siglo XIX, no disponían de televisión por cable las 24 horas, y sin embargo se producían las mismas burbujas. A lo largo del siglo XIX, un siglo con una mentalidad de laissez faire y en el que la reglamentación era insuficiente, una crisis venía tras otra. Cada crisis provocaba alguna reforma. Así es como se desarrolló la banca central.

Fuente: ElPais.com / Global Viewpoint. Distribuido por Tribune Media Services.

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"La situación todavía puede deteriorarse en forma drástica". Robert Solow, Nobel de Economía de 1988

ENTREVISTA ROBERT SOLOW. El premio Nobel de Economía de 1988, que vivió la Gran Depresión, explica las claves para entender la crisis financiera.


–La Gran Depresión ahora se menciona en todas partes como una posibilidad...

–No creo mucho en las analogías con la crisis de 1929 o el crac de 1987. Esos ejemplos ahora no sirven como referencia. La economía ha cambiado.

–De acuerdo. Entonces 'qué está pasando ahora?

–El impacto sobre la economía real de la congelación de los mercados de crédito ha sido bastante suave hasta la fecha. Pero cada persona inteligente que yo conozco está preocupada. Teme que el futuro inmediato sea como algunos episodios del pasado que se creían olvidados. Si la contracción del crédito sigue en las próximas semanas o meses habrá una presión bajista mucho más intensa sobre la producción y empleo. Esto significa que la situación puede deteriorarse de forma drástica. Existe una alta probabilidad de que el resultado final sea verdaderamente malo.

–'Qué opina sobre el culebrón que ha rodeado la aprobación del plan Paulson en el Congreso?

–Personalmente, cuando me enteré del voto en la Cámara el lunes, tuve la sensación de que los pacientes habían tomado el mando del manicomio... Por mucho rechazo que puedas sentir por el rescate de la gente malvada de Wall Street , el único camino prudente es tragarse la indignación y hacer lo necesario para que los mercados de crédito vuelvan a arrancar. De otra manera, esto podría acabar muy mal, no sólo para los banqueros sino para todo el mundo. Con todo, algunas de las alternativas que se han barajado no tienen sentido. La iniciativa de aumentar el seguro de depósitos, como promovieron los republicanos en el Senado, no genera más liquidez.

–El sistema está jadeando, asfixiado por falta de liquidez. De modo que la estrategia de los senadores consistía simplemente en ofrecer un cebo a los congresistas que habían votado en contra. La gente de la calle tanto en EE. UU. como en el mundo tiene la sensación de que esta crisis tendrá consecuencias graves...

–La clave es que el papel fundamental del sistema económico consiste en financiar la actividad empresarial. Compañías grandes y pequeñas que necesitan capital operativo para constituir inventarios, pagar trabajadores, etcétera, necesitan créditos a corto y créditos a largo plazo para financiar las inversiones. Las firmas grandes pueden financiarse a sí mismas mediante beneficios no distribuidos.

Pero incluso ellas necesitan vender bonos o acciones o pedir créditos para financiar el 30 o el 40% de sus inversiones. Es decir que simplemente para que se mantengan las rutinas empresariales normales, el sistema requiere un flujo regular de créditos, tanto en el mercado de pagarés como en el de bonos a muy corto plazo. Lo que ha ocurrido es que estos flujos normales de crédito se han paralizado porque las entidades financieras tienen grandes cantidades de activos cuyo valor a largo plazo no pueden ni calcular y cuyo valor inmediato es casi cero, por la incertidumbre.

Hoy sabemos que entremezclados en esos activos también hay los llamados residuos tóxicos, los títulos de dudoso cobro. Se entiende cómo. en estas condiciones, nadie está dispuesto a facilitar créditos a ninguna institución.

–'Cuál es la consecuencia de este cuello de botella?

–Día tras día, semana tras semana, se están secando las flujos rutinarios de liquidez necesarios para mantener operativas a las empresas –hasta el pago de salarios–. Paulson y Bernanke buscan cualquier forma para que el río crediticio vuelva a fluir. Al final, su decisión ha sido quitar esos activos de sus balances, para que los bancos pudieran volver a su negocio diario, prestar dinero a empresas o lo que sea. El mensaje es claro: el Gobierno Federal es el único agente económico en estos momentos que tiene los bolsillos suficientemente profundos para comprar y que cuenta con la capacidad de mantener a flote los bancos durante un periodo largo.

Por lo menos, hasta que la economía vuelva a recuperarse. Esa es la historia.

–'Será suficiente?

–No sé si será suficiente, pero ayudará, eso está clarísimo. Dicen que es muy costoso. Pero en estos casos necesitas una cantidad de dinero muy grande, porque una gran parte de esta parálisis es de origen psicológico. A menudo cuando estás metido en agujero negro, la primera reacción es no hacer nada, te vas corriendo, te quedas en en un rincón y te tapas los ojos. Esa incertidumbre es el problema. Nadie es James Bond en esta clase de situación límite.

Es incluso recomendable inyectar más dinero de lo que se considera necesario, si sirve para contrarrestar esa incertidumbre.

–Usted ha conocido la experiencia de la Gran Depresión y el paradigma keynesiano de la posguerra. 'Estamos en otro punto de inflexión parecido?

–Espero que sí. El único paralelismo que sí haría con la Depresión de los años 30 es que cuando terminó la euforia bursátil de los años 20, la gente se dio cuenta de que el sistema no se corrige solo.

Durante esos periodos benignos suele difundirse la idea de que lo mejor es dejar la economía en paz.

Pero la experiencia de la Gran Depresión convenció a la mayor parte de la gente de que no es muy recomendable que la economía capitalista en momentos determinados se aleje de su camino y que, si es necesario, hace falta una política pública para que vuelva a la senda de la prosperidad. Los gobernantes y los ciudadanos ahora saben que el mercado libre puede descarrilar y que en estos casos hay que reconducirlo.

–'Obama puede hacer ese cambio?

–Es lo que espero y lo que quiero. Creo que la gente entiende que la ingeniería financiera que se ha desarrollado gracias al boom de la informática ha creado una montaña de activos financieros que no tiene nada que ver con la producción. Hay entre 60 y 70 billones de dólares de crédit default swaps (CDS). Pero si la riqueza de EE. UU. suma 15 billones de dólares, el stock de capital total puede alcanzar unos 40 billones. Así que los CDS tienen un valor un 50% superior que el total del capital físico de la economía estadounidense. Esta es la lección que tiene que aprender Obama. Confío en que lo haga.

Fuente: iEco / Clarin.com

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