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jueves, 2 de julio de 2009

Recesión, cambio climático y planificación. Por Anthony Giddens

En la actualidad, el cambio climático y la actitud que hay que tomar ante él son cuestiones que no dejan de aparecer en las noticias. Lo mismo ocurre, claro está, con la recesión económica, de alcance igualmente mundial y por sí sola enormemente preocupante. ¿Pero qué relación puede acabar estableciéndose entre ambos problemas?

Según Sigmund Freud, cualquier crisis puede suponer un estímulo para la parte positiva de nuestra personalidad, siendo una oportunidad de empezar de nuevo. Y esto es algo que no se les ha escapado a los dirigentes políticos. Siguiendo el ejemplo del presidente estadounidense Obama, muchos se han apuntado a la idea de un New Deal del cambio climático. Se entiende que la inversión en tecnologías que producen pocas emisiones de dióxido de carbono, el aislamiento de los edificios y el uso del transporte público pueden ser cruciales para volver a poner en marcha la economía.

Nick Stern, autor del célebre Informe Stern sobre la economía del cambio climático, señala que a esas medidas tendría que destinarse por lo menos el 20% de los fondos para planes de recuperación. Las propuestas de Obama se quedan un poco cortas a ese respecto. Pero algunos países están destinando mucho más. Corea del Sur, por ejemplo, dedica a medidas de ese tipo un mínimo de dos tercios de su plan de recuperación.

Yo soy partidario de ese New Deal del cambio climático y confío en que produzca el doble beneficio que se pretende (que, en realidad, sería triple si los países consiguieran también reducir su dependencia respecto al crudo importado). Sin embargo, el efecto estimulante del que hablaba Freud debería galvanizarnos para que nuestras ideas y nuestros actos se orientaran a un frente mucho más amplio.

Nos encontramos en el punto culminante de una gran revolución, la de la inminente desaparición de la economía dependiente del crudo. Ha llegado el momento de ponerse a evaluar sus posibles implicaciones, que van desde lo práctico y lo prosaico hasta aspectos especulativos y de mayor alcance.

En lo tocante a lo práctico, hay que prestar mucha atención al empleo. Según sus partidarios, el New Deal del cambio climático creará por sí mismo nuevos puestos de trabajo. Yo no estoy tan seguro de ello si, como debería ser, estamos hablando de empleos netos, es decir, de más puestos de trabajo que antes. Al incrementarse la cantidad de energía producida con medios que generan menos emisiones de dióxido de carbono, y con ella la eficiencia energética, algunos trabajadores de sectores ligados a la producción de combustibles fósiles, como el carbón, se quedarán sin empleo. La mayoría de las innovaciones tecnológicas, más que incrementar la necesidad de mano de obra, la reducen.

Los puestos de trabajo los crearán menos las propias tecnologías renovables que los cambios de forma de vida resultantes de afrontar el cambio climático y de incrementar la seguridad energética. Cambiarán las sensibilidades y con ellas los gustos. La nueva economía será todavía más radicalmente posindustrial que la que ahora tenemos. Al igual que se encontraron formas de revitalizar zonas portuarias de las que ahora se ha evaporado el sector naviero, de los empresarios dependerá la labor de detectar las oportunidades económicas que traiga consigo la expansión.

Al reflexionar sobre qué tipo de recuperación debería permitirnos salir de la recesión, tendríamos que pensar seriamente en la naturaleza del propio crecimiento económico, por lo menos en los países ricos. Hace tiempo que se sabe que, por encima de cierto nivel de prosperidad, el crecimiento no conduce necesariamente a un mayor bienestar personal y social. Ahora es el momento de añadirle al PIB criterios más equilibrados para calibrar el bienestar y de darles una auténtica resonancia política. Ha llegado la hora de plantear una crítica sostenida y positiva del consumismo, que pueda tener peso político. Ahora es el momento de descubrir cómo garantizar que la recuperación no conlleve un retorno a una sociedad inundada por el dinero.

El periodo de la desregulación thatcheriana ha terminado. El Estado ha vuelto. Necesitaremos políticas activas de industrialización y planificación, centradas en las instituciones económicas, pero también en el cambio climático y en la política energética.

Sin embargo, habrá que evitar los errores cometidos por anteriores generaciones de planificadores. Aquí también aparecen varios problemas. Pensemos, por ejemplo, en las tecnologías renovables. Si en algún momento los combustibles fósiles pasan a la historia, la tecnología tendrá que cambiar drásticamente. Sin embargo, ¿cómo van a decidir los Gobiernos qué tecnologías hay que respaldar? ¿Cómo pueden enfrentarse al hecho de que, como ocurrió con Internet, es frecuente que nadie prevea las innovaciones tecnológicas más trascendentales?

Tenemos que encontrar un nuevo papel para el Gobierno, pero también para los mecanismos de mercado. De repente, los complejos instrumentos financieros, a los que se culpa de la debacle en los mercados, han pasado de moda. Sin embargo, seguiremos necesitándolos, porque, en realidad, con la regulación adecuada, en lugar de ir en contra de la inversión de larga duración, son la clave que la posibilita.

Pensemos en el caso de los seguros que cubren daños ocasionados por fenómenos meteorológicos extremos como los huracanes caribeños. Esos episodios serán más frecuentes y más virulentos, ya que es prácticamente seguro que va a producirse cierto cambio climático. Para lidiar con los daños que se registren, será muy importante que, sobre todo los más pobres, cuenten con seguros que los cubran. Las aseguradoras privadas tendrán que proporcionar gran parte del capital, ya que sus muchas obligaciones en otros sectores las convierten en una garantía a la que sólo se recurrirá en última instancia.

Al final, nos topamos con el origen de todo esto, la globalización, que ha avanzado a marchas forzadas sin someterse a los adecuados controles internacionales. El futuro exige una regulación eficiente de los mercados financieros mundiales, que quizá podría allanar el camino para la colaboración esencial que se precisa para enfrentarse al cambio climático (a este respecto, cuando 200 países se preparan para las reuniones que en diciembre patrocinará la ONU en Copenhague, también habrá que replantearse muchas cosas). A manos de la crisis financiera y sus secuelas, arraigadas formas de pensar han sufrido una sacudida que podría y debería ser de enorme importancia. Nos encontramos al final del fin de la historia.


Fuente: El País.com / Tribune Media Services
Autor: Anthony Giddens, (Inglaterra, 1938-) sociólogo, reconocido por su teoría de la estructuración y su mirada holística de las sociedades modernas. También adquirió gran reconocimiento debido a su intento de renovación de la socialdemocracia a través de su teoría de la Tercera Vía. Del cual se transformo en uno de los principales divulgador de la Tercera Vía de Tony Blair. Fue director de la London School of Economics. Su nuevo libro es The Politics of Climate Change.
Traducción: Jesús Cuéllar Menezo

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sábado, 13 de junio de 2009

Goodbye, GM... Adiós, General Motors. Por Michael Moore

Escribo esto en la mañana del fin de la otrora poderosa General Motors. Al mediodía, el presidente de Estados Unidos lo hará oficial: General Motors, como la conocemos, ha terminado.

Sentado aquí en la ciudad natal de GM, Flint, Michigan, estoy rodeado de amigos y familiares llenos de ansiedad por lo que pasará con ellos y con la ciudad. Cuarenta por ciento de los hogares y negocios de la localidad han sido abandonados. Imagine el lector lo que sería vivir en una ciudad donde casi todas las demás casas estuvieran vacías. ¿Cuál sería su estado de ánimo?

Es una triste ironía que la compañía que inventó la obsolescencia planeada –la decisión de construir automóviles que se cayeran en pedazos en unos cuantos años para que el cliente tuviera que comprar otro coche– ahora se haya vuelto obsoleta. Se negó a fabricar los automóviles que el público quería, que tuvieran gran rendimiento de gasolina, que fueran lo más seguros posible y extremadamente cómodos de manejar. Ah, y que no comenzaran a desmoronarse en unos años.

GM se empeñó en combatir las reglamentaciones ambientales y de seguridad. Sus ejecutivos desdeñaban con arrogancia los inferiores autos japoneses y alemanes, los cuales llegarían a ser el patrón oro de los compradores de coches. Y estaba empecinada en castigar a su fuerza de trabajo sindicalizada, despidiendo a miles de trabajadores por ninguna otra razón que mejorar el estado de resultados a corto plazo de la corporación. De 1980 en adelante, cuando reportaba utilidades sin precedente, trasladó incontables puestos de trabajo a México y otros lugares, con lo que destruyó la vida de decenas de miles de esforzados estadounidenses. La patente estupidez de esta política radicaba en que, al eliminar el ingreso de tantas familias de clase media, ¿quién creían que iba a poder comprar sus automóviles? La historia registrará este yerro en la misma forma en que hoy recuerda a los franceses que construyeron la Línea Maginot o a los romanos que envenenaron inadvertidamente su sistema de agua al incorporar plomo letal a sus tuberías.

Aquí estamos, pues, en el lecho de muerte de General Motors. El cuerpo de la empresa aún no está frío y descubro que me siento rebosante de –me atrevo a decir– júbilo. No es el júbilo de la venganza contra una corporación que arruinó mi ciudad natal, que dejó sin hogar a la gente con la que crecí y le trajo miseria, divorcios, alcoholismo, desamparo, debilidad física y mental y drogadicción. Tampoco, obviamente, me alegra saber que otros 21 mil trabajadores de GM recibirán la noticia de que también ellos se han quedado sin empleo. Pero ustedes y nosotros y el resto de los estadounidenses ¡ahora somos dueños de una empresa automotriz!

Lo sé, lo sé... ¿quién diablos quiere manejar una fábrica de autos? ¿Quién de nosotros quiere que 50 mil millones de dólares de nuestros impuestos se arrojen al agujero de ratas que será este nuevo intento de rescate de GM? Digámoslo con claridad: la única forma de salvar a la empresa es darle muerte.

Sin embargo, salvar nuestra preciosa infraestructura industrial es otra cosa, y debemos darle máxima prioridad. Si dejamos que cierren y desmantelen nuestras plantas, lamentaremos amargamente su desaparición cuando caigamos en cuenta de que esas fábricas podrían haber construido los sistemas de energía alternativa que necesitamos con desesperación. Y cuando reparemos en que la mejor forma de transportarnos es con ferrovías ligeras, trenes balas y autobuses más limpios, ¿cómo podremos construirlos si permitimos que desaparezca nuestra capacidad industrial y su fuerza de trabajo capacitada?

Así pues, ahora que el gobierno federal y el tribunal de quiebras reorganizan a General Motors, he aquí el plan que pido al presidente Barack Obama que ponga en práctica para bien de los trabajadores, de las comunidades de GM y de la nación en su conjunto. Hace 20 años, cuando hice Roger & Me, traté de advertir a la gente sobre lo que le esperaba a General Motors. Si la estructura del poder y la tecnocracia hubiera escuchado, tal vez mucho de esto se habría podido evitar. Con base en mi trayectoria, solicito que se preste honrada y sincera consideración a las sugerencias siguientes:

1. Así como hizo el presidente Roosevelt después del ataque a Pearl Harbor, Obama debe decir a la nación que estamos en guerra y que debemos convertir de inmediato nuestras fábricas de automóviles en instalaciones que construyan vehículos de transporte en masa y dispositivos de energía alternativa. En 1942, en Flint, en cuestión de meses GM detuvo toda la producción de autos y de inmediato usó las líneas de producción para construir aviones, tanques y ametralladoras. La conversión se realizó en un abrir y cerrar de ojos. Todo el mundo participó. Los fascistas fueron derrotados.

Ahora estamos en una guerra diferente, la que hemos emprendido contra el ecosistema, guiados por nuestros líderes. Esta guerra tiene dos frentes. Uno tiene su cuartel general en Detroit. Los productos construidos en las fábricas de GM, Ford y Chrysler son algunas de las mayores armas de destrucción en masa, causantes del calentamiento global y del derretimiento de nuestros casquetes polares. Puede que esos objetos que llamamos carros sean divertidos de manejar, pero son como un millón de dagas en el corazón de la madre naturaleza. Continuar construyéndolos sólo conducirá a la ruina de nuestra especie y de gran parte del planeta.

El otro frente en esta guerra ha sido abierto por las compañías petroleras contra ustedes y yo. Están dedicadas a esquilmarnos todo lo que pueden, y han sido irrefrenables vendedoras de la finita cantidad de petróleo que se ubica bajo la superficie de la tierra. Saben que la están chupando hasta dejarla seca. Y como los magnates madereros de principios del siglo XX, a quienes les importaban un cacahuete las generaciones futuras y arrasaban con cuanto bosque cayera en sus manos, estos barones del petróleo no dirán al público lo que saben que es verdad: que queda sólo crudo utilizable para unas cuantas décadas más en el planeta. Y conforme los días finales del petróleo se acercan, prepárense para ver a algunas personas muy desesperadas, dispuestas a matar o morir por un litro de gasolina.

El presidente Obama, ahora que ha asumido el control de GM, necesita convertir de inmediato las fábricas a los nuevos usos necesarios.

2. No pongan otros 30 mil millones de dólares en las arcas de GM para fabricar automóviles. Usen ese dinero para mantener empleada a la actual fuerza de trabajo –y a la mayoría de los que han sido despedidos– para que pueda construir los nuevos modos de transporte del siglo XXI. Que el trabajo de conversión empiece ahora mismo.

3. Anuncien que en los próximos cinco años tendremos trenes balas cruzando el país. Japón celebra este año el aniversario 45 de su primer tren bala; ahora tiene docenas. Velocidad promedio: 265 kilómetros por hora. Tiempo de demora promedio: 30 segundos. Ellos llevan ya casi cinco décadas con esos trenes de alta velocidad... ¡y nosotros no tenemos uno solo! Es criminal que ya exista la tecnología para ir de Nueva York a Los Ángeles en 17 horas, y que no la hayamos usado. Contratemos a los desempleados para que construyan las nuevas vías de alta velocidad por todo el país. De Chicago a Detroit en menos de dos horas. De Miami a Washington en menos de siete. De Denver a Dallas en cinco y media. Se puede hacer, y hacerse ya.

4. Emprendan un programa para poner líneas de tren ligero masivo en todas nuestras ciudades grandes y medianas. Construyan esos trenes en las fábricas de GM. Y contraten pobladores locales en todas partes para instalar y operar este sistema.

5. Para los habitantes de zonas rurales que no sean atendidos por los trenes, que las plantas de GM produzcan autobuses limpios y eficientes en el uso de energía.

6. Por el momento, que algunas fábricas construyan vehículos híbridos o eléctricos (y baterías). Llevará algunos años que la gente se acostumbre a las nuevas formas de transporte, así que si vamos a tener automóviles, que sean más amables. Podemos construirlos el mes próximo (no le crean a quien les diga que llevaría años reacondicionar esas fábricas: no es cierto).

7. Transformen algunas de las fábricas vacías de GM en instalaciones que construyan molinos de viento, paneles solares y otros medios de energía alternativa. Ahora mismo necesitamos decenas de millones de paneles. Y existe una fuerza de trabajo capacitada y dispuesta que puede construirlos.

8. Concedan incentivos fiscales a quienes se transporten en automóvil híbrido o en autobús o tren. También, créditos para quienes conviertan su hogar a energía alternativa.

9. Para contribuir a sufragar esto, impongan un gravamen de dos dólares por cada litro de gasolina. Esto impulsará a las personas a cambiar hacia autos ahorradores de energía o a utilizar las nuevas líneas de tren que las antiguas empresas automotrices han construido para ellas.

Bueno, es un principio. Por favor, por favor, no salven a GM para que una versión más pequeña de ella no haga otra cosa que construir Chevys o Cadillacs. Eso no es solución a largo plazo. No tiren dinero bueno en una compañía cuyo tubo de escape funciona mal y llena el auto de un olor extraño. Este año se cumple un siglo de que los fundadores de General Motors convencieron al mundo de renunciar a sus caballos, sus sillas y sus carruajes para probar un nuevo modo de transporte. Ahora es tiempo de que digamos adiós al motor de combustión interna. Parece habernos servido bien durante largo rato. Disfrutamos los restaurantes de servicio en el auto. Nos divertimos en el asiento delantero y también en el trasero. Vimos películas en grandes pantallas al aire libre, fuimos a las carreras en pistas de todo el país, y echamos nuestra primera ojeada al Pacífico desde la ventanilla por la autopista costera. Y ahora, ya acabó. Es un nuevo día y un nuevo siglo. El presidente –y el sindicato de trabajadores automotrices– deben aprovechar el momento y crear una gran jarra de limonada con este limón* tan amargo y triste.

Ayer, la última persona sobreviviente del desastre del Titanic pasó a mejor vida. Escapó a una muerte segura esa noche y vivió otros 97 años. Del mismo modo, podemos sobrevivir a nuestro Titanic en todos los Flints, Michigan, de este país. Sesenta por ciento de GM es nuestro. Creo que podemos darle un mejor empleo.

* En lenguaje informal, los estadounidenses llaman lemon a cualquier objeto inservible, por ejemplo, un automóvil (T.)


Fuente: MichaelMoore.com
Traduccion: Jorge Anaya / La Jornada UNAM México
Autor: Michael Moore, nació el 23 de abril de 1954 en Davison, un suburbio de Flint (Míchigan). Es un cineasta documentalista y escritor estadounidense conocido por su postura progresista y su visión crítica hacia la globalización, las grandes corporaciones, la violencia armada, la invasión a Iraq y a otros países y las políticas del gobierno de George W. Bush y sus antecesores. Ganador del Oscar de Hollywood y la Palma de Oro de Cannes. Ha dirigido y producido Roger & Me, Bowling for Columbine, Fahrenheit 9 / 11 y Sicko. También ha escrito siete libros, más recientemente, Mike's Guía Elección de 2008.

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jueves, 1 de enero de 2009

Las 10 peores predicciones del 2008

No hay nada más arriesgado para un experto que hacer pronósticos. Los 10 comentaristas y líderes de esta lista aprendieron la lección de forma dolorosa cuando sus predicciones acerca de la política, la guerra, la economía e incluso el fin de la humanidad fallaron estrepitosamente.

1. “Si [Hillary Clinton] compite contra John Edwards y Barack Obama, va a conseguir la nominación. Por lo tanto su única amenaza es Gore. … Barack Obama no va a ganar a Hillary Clinton en una sola primaria demócrata. Eso es lo que predigo en este mismo instante”. —William Kristol, Fox News Sunday, 17 de diciembre de 2006

El editor del Weekly Standard y columnista del The New York Times William Kristol no era el único, ni mucho menos, que pensaba que Clinton tenía todas las de ganar en las primarias demócratas, pero hay que tener mucha confianza en uno mismo para hacer una afirmación tan categórica más de un año antes de que se celebrase el primer caucus de Iowa. Después de lo ocurrido allí, Kristol se pasó al extremo opuesto, diciendo que Clinton iba a perder en New Hampshire y que “No habrá restauración de los Clinton”. También merece la pena resaltar que esta segunda predicción, igualmente prematura, la realizó en un artículo en el The New York Times titulado “¿Presidente Mike Huckabee?”. Se rumorea que el diario está ya buscando un sustituto.

2. “Peter escribe: ‘¿Debería estar preocupado por la liquidez de Bear Stearns y sacar mi dinero de allí?’ ¡No! ¡No! ¡No! ¡Bear Stearns está bien! No saques tu dinero. … Bear Stearns no tiene problemas. Quiero decir, si acaso podría se absorbida. ¡No saques tu dinero de Bear! ¡Es una tontería! ¡No seas tonto!” —Jim Cramer, respondiendo al e-mail de un espectador del programa Mad Money de la CNBC, 11 de marzo de 2008

Esperemos que Peter pidiese una segunda opinión a otra persona. Seis días después de que el voluble presentador de la CNBC realizase este pronunciamiento categórico, Bear Stearns sufrió el equivalente moderno a las tradicionales crisis de pánico bancario. Mientras en Wall Street corrían los rumores sobre la enorme participación de la entidad en hipotecas basura, sus acciones perdieron un 90% de su valor y el banco fue vendido por una miseria a JPMorgan Chase, gracias a la ayuda que recibió en el último minuto de la Reserva Federal de EE UU.

3. “[En] realidad las amenazas al transporte de petróleo por mar son mucho menores de lo que uno imagina. Para empezar, los petroleros son mucho menos vulnerables de lo que la gente piensa. En segundo lugar, es muy improbable que los conflictos regionales afecten de forma significativa al tráfico marítimo, y los atentados terroristas contra buques tendrían aún menos impacto económico. Tercero, sólo una potencia naval con el poderío de EE UU podría perturbar seriamente el transporte de petróleo”. —Dennis Blair y Kenneth Lieberthal, Foreign Affairs, mayo/junio 2007

El 15 de noviembre de 2008 un grupo de piratas somalíes, a bordo de lanchas hinchables, secuestró en el Océano Índico un petrolero saudí cargado con 2 millones de barriles de crudo. La audaz operación coincidía con un aumento generalizado de la piratería, sobre todo en el Golfo de Adén. Los criminales que operan en esa vía de transporte marítimo han secuestrado este año más de 50 barcos, frente a los 13 del año pasado, según los datos del Centro de Información de la Piratería. El Golfo de Adén, por donde pasa diariamente el 4% del suministro mundial de petróleo, no figuraba en la lista de cuellos de botella estratégicos en los que el transporte de oro negro podía verse afectado, que Blair y Lieberthal incluían en su artículo ‘Navegación sin incidentes: Las rutas marítimas internacionales son seguras’. Esperemos que Blair muestre un poco más de previsión si, como algunos esperan, se convierte en el director nacional de inteligencia de Barack Obama.

4. “Quien diga que estamos en recesión, o que nos dirigimos hacia una –especialmente la peor desde la Gran Depresión– está inventándose su propia definición de recesión”. —Donald Luskin, The Washington Post, 14 de septiembre de 2008

Al día siguiente de que el artículo de Luskin “Dejen de decir que la economía está mal” apareciese en la sección de opinión del The Washington Post, Lehman Brothers se declaró en bancarrota, el resto es historia. Hace tiempo que en los blogs progresistas se dice que el director de inversión de Trend Macrolytics y asesor informal de McCain es “el mayor estúpido vivo”. En esta ocasión, tienen pruebas sólidas en las que apoyar sus afirmaciones.

5. “A pesar de sus imperfecciones, un ejemplo para otros”. —The Economist en referencia a las elecciones presidenciales en Kenia, 19 de diciembre de 2007

La semana anterior a las elecciones presidenciales en Kenia, el semanario británico publicó un desafortunado editorial alabando la calidad de la democracia en el país africano y prediciendo que podría “dar ejemplo” al resto del continente. Ya les gustaría. Los comicios estuvieron plagados de casos de fraude y manipulación de votos, seguidas de un mes de revueltas y violencia étnica que causaron más de 800 muertos y 200.000 desplazados. Las matanzas finalizaron en un turbio acuerdo entre el presidente, Mwai Kibaki, y su rival Raila Odinga para repartirse el poder, dejando Kenia profundamente divididay al Gobierno sin legitimidad.

6. “El alcalde de Nueva York, Michael Bloomberg, se sumará a la carrera presidencial en febrero, cuando esté claro qué candidatos lograrán la nominación de los grandes partidos. Sus miles de millones y su organización impresionarán a los votantes –y dejarán pasmados a sus rivales. Se le verá como el tercer candidato más viable desde Teddy Roosevelt. Pero Bloomberg no llegará lejos, ya que tanto los demócratas como los republicanos le atacarán sin piedad. Entre él y Clinton se repartirán más del 50% de los votos, pero será el inconformista senador por Arizona, John McCain, quien se convierta en el próximo presidente de EE UU”. –BusinessWeek, 2 enero 2008

Ninguna de las afirmaciones de esta predicción publicada en el artículo ‘Diez eventos probables en 2008’ de BusinessWeek se acercó, siquiera remotamente, a la realidad. Tras semanas de amagos y filtraciones a la prensa, Bloomberg anunció que no se presentaba a las elecciones, ya que Barack Obama y John McCain mostraban signos del “liderazgo independiente” necesario para gobernar de forma eficaz. Tras derogar la ley de limitación de mandatos de Nueva York, parece más probable que Bloomberg se presente por tercera vez a la alcaldía de la ciudad.

7. "Existe la posibilidad real de que se generen anomalías teóricas destructivas como miniagujeros negros, cúmulos de materia extraña y transiciones espaciales De Sitter. Estos sucesos tienen la capacidad de alterar la materia a escala fundamental y destruir nuestro planeta”. —Walter Wagner, LHCDefense.org

El científico Walter Wagner, principal impulsor de Ciudadanos contra el gran colisionador de hadrones (LHC, en sus siglas en ingles), advirtiendo que el experimento podría acabar con la humanidad tal como la conocemos, presentó una demanda en el juzgado de distrito de Hawai contra la Organización Europea para la Investigación Nuclear (CERN), promotora del mayor acelerador de partículas del mundo, solicitando que los investigadores no encendiesen el dispositivo hasta que se demostrase que es seguro. El LHC empezó a funcionar en septiembre, y parece que todos seguimos aquí.

8. “Resulta cada vez más probable que el barril se sitúe entre los 150 y 200 dólares durante los próximos seis a veinticuatro meses”. —Arjun Murti, analista petrolífero de Goldman Sachs, en un informe del 5 de mayo de 2008

El tan cacareado poder de predicción de Murti –a quien se calificaba de “oráculo del petróleo” en un elogioso perfil de The New York Times– pareció fallar en esta ocasión. El precio del crudo alcanzó en julio un máximo de unos 147 dólares el barril (unos 105 euros) antes de comenzar una larga caída. La disminución de la demanda causada por la crisis mundial ha hecho que en la actualidad los precios ronden los 40 dólares, y algunos expertos creen posible que se llegue a los 25 el año que viene.

9. “Empieza con la invasión de Osetia del Sur y Abjasia, que ya ha tenido lugar. Continúa con la destrucción del Ejército georgiano, que está teniendo lugar en estos momentos. El tercer [paso] probablemente será la sustitución del Gobierno electo, que es prooccidental, por un Ejecutivo títere, lo cual probablemente ocurrirá en una o dos semanas”. —Charles Krauthammer, Fox News, 11 de agosto de 2008

Nada más realizar esta previsión errónea (al final Rusia acordó un alto el fuego y unas semanas después retiró sus tropas, dejando al Gobierno de Mijaíl Saakashvili en su puesto), Krauthammer predijo que Ucrania sería la siguiente en la lista de Moscú y propuso que Estados Unidos desplegase tropas allí. En cuanto a Saakashvili, en septiembre las encuestas le daban un 76% de aprobación.

10. “Creo que hemos estabilizado el sistema bancario. Ya nadie tiene dudas de que haya alguna gran entidad a la que no pudiéramos ayudar en caso de caída”. —Henry Paulson en la Radio pública de Estados Unidos, 13 de noviembre de 2008

El Secretario del Tesoro estadounidense empezó noviembre disparando sus armas. Tras muchos titubeos ante el Congreso durante el mes anterior, finalmente arrancó y planteó lo que denominó su “bazuka” –una autorización para gastar 700.000 millones de dólares en rescatar activos contaminados de bancos en apuros. A mediados de noviembre ya se había gastado 300.000 millones de munición, principalmente a través de la clase de participación directa en el capital a la que previamente se había opuesto. Para desgracia de Paulson, poco después de pronunciar su voto de confianza, las acciones de Citigroup se desplomaron un 75% en una semana, cerrando por debajo de los 5 dólares por primera vez en 14 años.

Fuente: Foreign Policy Edición española

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