OPERACIÓN REDIMENSIONAMIENTO / OJO ADVENTISTA.
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viernes, 6 de febrero de 2009

Impedir que nuestro mundo se venga abajo. Por Klaus Schwab

Esta es una crisis trascendental, una crisis que tendrá repercusiones fundamentales en nuestro mundo globalizado. En Davos, hace unos días, iniciamos la tarea de preparar de forma colectiva esa transformación. Voy a explicar cómo.

Un objetivo, que ya se ha conseguido, era el de ofrecer apoyo a los Gobiernos y las instituciones de gobernanza mundial, en particular el G-20. Davos no es más que el punto de partida del largo y difícil camino que nos aguarda.

Ahora bien, al reunir a los líderes mundiales durante varios días, hemos conseguido comprender mejor el origen de la crisis económica y las medidas que debemos tomar para relanzar la economía mundial. Escuchar los puntos de vista de cuatro Gobiernos del G-8 y reforzar el diálogo del proceso del G-20 como preparación para la cumbre de abril en Londres han sido dos primeros pasos importantes. El llamamiento a los ministros de Comercio de 17 economías fundamentales más los 27 miembros de la UE para que eviten caer en políticas de "empobrecer al vecino" nos permitirá, esperemos, ver las auténticas consecuencias de este espíritu. Y con la reunión entre el presidente del G-20, el primer ministro Brown, y los jefes de Gobierno de varios miembros del grupo procedentes de África, Asia y Latinoamérica, para estudiar los riesgos estructurales del sistema financiero y cómo estabilizar la economía mundial, hemos dado los primeros pasos en una estrategia mundial colectiva frente a la crisis.

Pero los días transcurridos en Davos me han convencido también, más que nunca, de que el cambio climático es algo que no sólo es necesario abordar sino que puede ser, por lo menos, parte de la recuperación económica.

Las empresas están empezando a "integrar" el cambio climático en sus planes; las tecnologías verdes ya no pueden seguir siendo un "añadido" ni una industria alternativa. Es un debate muy pertinente para 2009. En diciembre, en la cumbre de Copenhague, está previsto que se negocie un tratado que sustituya al Protocolo de Kioto.

Para poder gestionar el cambio climático es preciso que se hagan realidad unos planes de recuperación económica mundial vinculados a las oportunidades de empleo, capacitación, inversión y tecnología que exige una economía mundial de bajas emisiones de carbono. La tecnología verde puede convertirse en un motor limpio de crecimiento renovado. No podemos volver a hablar nunca de energía "alternativa"; sólo de energía sostenible, que es la que alimentará la economía del futuro.

Con ese objetivo, los directivos empresariales presentes en Davos acordaron avanzar con media docena de iniciativas concretas para acelerar la integración de las prácticas sostenibles en la empresa.

Uno de los principales resultados de Davos fue que, a pesar de las turbulencias económicas, acudió a la reunión más gente que nunca de la empresa, los Gobiernos y otros sectores interesados, para discutir los desafíos que afronta el mundo y tratar de dar una respuesta común a ellos.

Esta voluntad de trabajar juntos, por encima de los límites geográficos y en todos los sectores de la economía, la política y la sociedad civil, es lo que, con suerte, diferenciará esta crisis actual de la de los años treinta. Este sentimiento colectivo de cooperación y determinación que se vio en Davos me permite pensar, con cierto optimismo, que vamos a salir de la crisis. Es fácil decir que no son más que falsas ilusiones, pero, si hemos aprendido algo de los últimos seis meses, es que la confianza y la seguridad constituyen la base para que se produzca cualquier recuperación.

Por último, hemos notado que todo esto no sirve para nada sin una revisión sincera y profunda de nuestros valores y principios éticos fundamentales. Las empresas deben examinar con detalle sus sistemas de remuneración y gobierno. Los empresarios, las autoridades, los reguladores y los consumidores deben reflexionar sobre los excesos de la codicia.

En el mundo de hoy, tan interdependiente, la codicia a corto plazo no es un motor que contribuya a la mejor toma de decisiones. El impacto estructural e intergeneracional de nuestras acciones de hoy es mayor que nunca, y nuestros códigos éticos, así como nuestros sistemas de gobierno y reguladores, deben reflejar esa nueva realidad.

Éstos son sólo unos principios de soluciones, pero el verdadero trabajo comienza ahora. Debemos unirnos para impedir que nuestro mundo se venga abajo.


Fuente: ElPaís.com
Autor: Klaus Schwab economista suizo, fundador y presidente ejecutivo del También del Schwab Foundation for Social Entrepreneurship y del Forum of Young Global Leaders.
Traducción: María Luisa Rodríguez Tapia.

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viernes, 12 de diciembre de 2008

PESADILLAS AMERICANAS, la otra cara del sueño americano.

El sueño americano y el modo de vida del país están en peligro. La crisis económica de hoy ha venido a profundizar unas desigualdades sociales que se estaban gestando.

Casi 40 millones de habitantes del país más rico viven hoy en la pobreza. El sueldo mínimo es el más bajo del último medio siglo. Los recortes de los programas sociales y de los impuestos del gobierno Bush solo han beneficiado a los ricos.

En lugares como Nueva York se ha doblado el número de personas que necesitan ayuda para poder comer, a pesar de que trabajan y ganan un sueldo medio. Los pobres y las clases medias nunca habían estado tan mal.

En los hospitales, los médicos cada día se encuentran con más gente que carece de seguro médico porque no puede pagarlo. Ya son casi 50 millones de personas en todo el país. En algunos lugares los índices de mortalidad se parecen a los de los países más pobres.

El gobierno no tiene dinero para ayudar a su gente, pero si para la guerra. Este es el legado de Bush. Estos son los algunos de los problemas que tendrá que afrontar el próximo presidente de Estados Unidos...

  • Ficha técnica.
Presentación: EN PORTADA, RTVE, 19 de octubre de 2008
Guión: Lucia Oliva
Realizador: Jose Jimenez Pons
Imagen: Ricardo Vallespin
Sonido: Irene Martín
Montaje: Alejandro Cid
Producción: Ana Pastor.
Duración: 42 minutos.

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martes, 18 de noviembre de 2008

Las conclusiones de la cumbre del G-20

En la declaración final, de unas diez páginas, los mandatarios relatan los objetivos logrados en el encuentro, los pasos que se deben tomar de manera inmediata y los principios que deben guiar las futuras reformas.

Los mandatarios del G20, más España y Holanda, concluyeron su cumbre en Washington con una extensa declaración de principios y propuestas de reformas de los mercados financieros.

Además, adoptaron un "plan de acción" para desarrollar estos principios, y que deben ser elaborados con más detalle por los ministros de finanzas. Este es un resumen de los puntos más importantes de la declaración:

A) Los gobernantes acordaron que se podrían tomar acciones inmediatas paras restablecer el crecimiento y respaldar las economías de mercados emergentes a través de:

- Reconocer la importancia del apoyo a la política monetaria y usar las medidas fiscales en la medida en que sean apropiadas.

- Proporcionar liquidez para ayudar a descongelar los mercados de crédito.

- Asegurar que el Fondo Monetario Internacional (FMI), el Banco Mundial y otros organismos multilaterales de desarrollo tengan suficientes recursos para ayudar a los países en desarrollo afectados por la crisis así como proporcionar financiación para el comercio y la infraestructura.

B) Los principios comunes que deben guiar la reforma del mercado financiero, según se acordó en la cumbre, son los siguientes:

- Fortalecimiento de la transparencia y la rendición de cuentas mediante un aumento de la información sobre productos financieros complejos, garantizar la información completa y precisa por parte de las empresas sobre sus condiciones financieras y ajustar los incentivos para eludir los riesgos excesivos.

- Promover la integridad (ética) al impedir la manipulación y el fraude en los mercados financieros, ayudar y evitar los conflictos de intereses, y proteger contra el uso del sistema financiero para asistir al terrorismo, el narcotráfico, y otras actividades ilegales.

- Reformar las instituciones financieras internacionales al modernizar su gobernabilidad y adhesión de miembros de manera que las economías con mercados emergentes y los países en desarrollo tengan una mayor voz.

C) Los gobernantes también aprobaron un "Plan de Acción", un plan integral de trabajo para aplicar estos principios que incluye las siguientes medidas inmediatas:

- Asegurar que las agencias de calificación cumplan los más elevados estándares y eludan los conflictos de interés, proporcionen mayor información a los inversores y distingan las categorías en casos de productos complejos.

- Desarrollar una guía para fortalecer las prácticas de control de riesgo de los bancos y garantizar que las empresas desarrollen procesos para determinar el caso de que pudieran estar acumulando riesgos excesivos.

D) Los gobernantes coincidieron en que las reformas que se necesitan tendrán éxito sólo si se basan en un compromiso con los principios de libre mercado, incluyendo el respeto a la ley, el respeto a la propiedad privada, el comercio abierto y la inversión, los mercados competitivos, y los sistemas financieros eficientes y regulados de manera efectiva. En este sentido, los gobernantes acordaron:

- Rechazar el proteccionismo, que exacerba en vez de mitigar los desafíos económicos y financieros.

- Hacer un esfuerzo para llegar a un acuerdo este año sobre las negociaciones las Negociaciones Comerciales de la Ronda de Doha.

- Abstenerse de imponer nuevas barreras al comercio o la inversión durante los próximos 12 meses.

- Reafirmar los compromisos de asistencia al desarrollo y exhortar tanto a las economías desarrolladas como emergentes a asumir compromisos consecuentes con su capacidad y función en la economía global.

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domingo, 16 de noviembre de 2008

Crisis: los ocho jinetes del Apocalipsis

Aquí están, éstos son. Los nombres y apellidos del peor desastre financiero global en casi 80 años. Detrás de los rostros de estos ocho ejecutivos hay una sucesión de errores, negligencias, egoísmos y una responsabilidad que trasciende lo individual para alcanzar al capitalismo sin regulaciones. Invertir y gastar sin fondos reales era una ecuación que no podía durar para siempre. Antes de lo que muchos esperaban, y contra la opinión de los “gurúes”, explotó. Lejos de castigarlos, el mercado premió a estos CEO (Chief Executive Office) con indemnizaciones millonarias.

Corridas, números que no cierran, desesperación. El mundo financiero entró en crisis mientras los responsables se hacían invisibles detrás del sufrimiento de miles de personas que corrían el riesgo de quedarse sin trabajo o sin vivienda al no poder pagar la hipoteca. Sin embargo, hay nombres y apellidos detrás de la crisis financiera más grande en 80 años, amparados en una sucesión de directivos que prefirieron mirar para otro lado y no detener el colapso que terminó afectando a la segura y cómoda forma de vida norteamericana.

Las causas son muchas, pero la lista incluye ambiciones desmedidas, errores de cálculo, sensación de impunidad y falta de control estatal.

Aunque todo estalló hace apenas unos meses, los problemas se agravaron en junio del año pasado, cuando comenzaron a caer los fondos del banco de inversión Bear Stearns. Como por efecto dominó, los bancos comenzaron a caer uno a uno, las Bolsas mundiales se derrumbaban y el colapso en Estados Unidos se volvió una preocupación real hasta para los más confiados. Pero la debacle ya se preveía en junio de 2003, cuando las tasas de la Reserva Federal llegaron al nivel más bajo.

Las causas de la crisis norteamericana más grande desde 1930 son múltiples y se irán analizando a medida que pase el tiempo, pero la especulación inmobiliaria y el afán desmedido de ganancias pueden señalarse como algunos de los motivos más evidentes.

En concreto, las rebajas en las tasas que se dispusieron para reactivar la economía provocaron una fuerte inversión en hipotecas tóxicas o de riesgo (subprime) armadas por los bancos. Las hipotecas tóxicas eran utilizadas para que clientes con poca solvencia adquirieran su vivienda, pero con un nivel de riesgo superior al del resto de los créditos. Mientras los ocho CEO más importantes del mercado recibieron indemnizaciones millonarias tras el fracaso al frente de las entidades, muchos ciudadanos norteamericanos llegaron a suicidarse ante la desesperada idea de perder sus viviendas al no poder afrontar el pago de las deudas. Cerca de 200 mil familias estuvieron en peligro de quedarse sin sus casas.

El modelo neoliberal recomienda recetas de libre comercio y no intervención estatal; sin embargo, cuando la crisis explotó el gobierno del republicano George Bush entendió que la intervención del Estado era la única forma posible de salvar la economía. Así se planeó un operativo rescate de US$ 700 mil millones para sanear los bancos. En un primer momento, los demócratas rechazaron el plan por considerar injusto que los contribuyentes terminen pagando la deuda privada, y hasta lo propios republicanos se opusieron por su dogma histórico de rechazar la intervención estatal. Finalmente, el proyecto se aprobó con cambios en el tope máximo para los depósitos bancarios con garantía federal. El Estado también autorizó un plan para evitar los desalojos que incluyó la reducción de las tasas de interés, la extensión del préstamo por un período más prolongado y el retraso en el pago principal de la hipoteca.

Cuando el Congreso dio luz verde al rescate, ejecutivos de una de las entidades, la aseguradora AIG, festejaron la noticia en un retiro de una exclusiva playa californiana donde se gastaron 400 mil dólares. Tenían mucho que agradecer a la “mano invisible” del mercado, que los dejó tranquilos, e impunes.

  • Charles O. Prince - Citigroup

Con 48 años, el ejecutivo del Citigroup no tuvo mejor idea que intentar enfrentar la crisis que se avecinaba con el despido de 17 mil empleados y el traslado de 9.500 a países con menores costos. La decisión estuvo acompañada de promesas a los inversores de ahorrar 10 mil millones de dólares. El lema de Prince era recortar en sueldos y en costos organizativos que “no aporten nada a la capacidad de dar un servicio eficiente a la clientela”.

Cuando comprendió que los empleados no eran el problema, ya fue demasiado tarde y las acciones se vinieron a pique, poco después de inflar el balance de la firma con activos tóxicos por un valor de más de 11 mil millones de dólares.

Claro que entre la reducción de costos no estaba incluida su indemnización, que llegó a los 105 millones de dólares. Al dejar su cargo, Prince declaró: “Dada la magnitud de las pérdidas en el negocio de las hipotecas, la única salida honrosa que me queda como presidente es renunciar a mi puesto”. Robert Rubin, ex secretario del Tesoro de Estados Unidos bajo la administración de Bill Clinton, se hizo cargo del Citigroup.

  • Daniel Mudd - Fannie Mae

Tiene 49 años y es hijo del periodista Roger Mudd, de la CBS. Antes de dedicarse a las finanzas, fue oficial de los marines y combatió en Beirut, donde fue condecorado por sus servicios. Durante la caída del Muro de Berlín, Mudd recibió una propuesta para trabajar en el gobierno alemán. Tras su experiencia militar, ingresó al mundo empresario, primero recaló en la General Electric y luego desembarcó en una de las prestamistas financieras más grandes de Estados Unidos, Fannie Mae. En los últimos tiempos al frente de la entidad, no logró evitar el derrumbe de la financiera, abrumada por las hipotecas impagas, la caída de los precios de la vivienda y el trastorno del mercado crediticio, lo que dejó sin casas a miles de familias. Sólo en el segundo trimestre de 2008 la financiera perdió 2.300 millones de dólares. Su decisión de elevar los intereses a pagar por las hipotecas tuvo un alto costo social. En septiembre pasado, junto con Freddie Mac, Fannie Mae fue rescatada por la Reserva Federal y el Departamento del Tesoro, y los gobiernos locales adquirieron las viviendas confiscadas. Mudd recibió una compensación de 24 millones de dólares. El propio Barack Obama pidió que tanto él como Richard Syron, de Freddie Mac, no recibieran cifras millonarias mientras el Estado salía a salvar a las financieras prestamistas con el dinero de los contribuyentes.

  • R. Fuld - Lehman Brothers

Apodado “el Gorila” por su fama de reservado, duro y poco hablador, la de Richard Fuld fue la caída más estrepitosa porque estaba considerado un gurú de la economía mundial. Nacido en Nueva York hace 62 años, falló en su intento de salvar de la bancarrota a Lehman Brothers, el cuarto mayor banco de inversión de Estados Unidos, al no lograr que el Bank of America u otra entidad adquirieran los activos para absorber las pérdidas. El CEO recibió varias advertencias de sus asesores, que le aconsejaban vender un porcentaje del capital, pero Fuld pretendía venderlo a un precio muy alto, y cuando intentó colocar los activos al valor del mercado ya era demasiado tarde porque había comenzado el derrumbe. Jugador de squash y coleccionista de arte moderno, ganaba 17 mil dólares la hora y logró acumular 489 millones de dólares en los últimos 10 años gracias a la venta de sus acciones. La mujer del ejecutivo, Kathy, vicepresidenta del Museo de Arte Moderno de Nueva York, vendió su colección por 20 millones de dólares. Sin embargo, no parece que la familia tenga problemas económicos ya que Fuld, tras hundir a Lehman Brothers, recibió una indemnización de 53 millones de dólares, cifra que le alcanza para lograr su individual sueño americano.

  • Stanley O’Neal - Merrill Lynch

La burbuja financiera de Estados Unidos terminó con el puesto del segundo ejecutivo mejor pago de las firmas de inversión, con alrededor de 45 millones de dólares en 2006. De 57 años, O’Neal fue despedido luego de conseguir ascender en la escala social con mucho esfuerzo. Es hijo de un jornalero negro de Alabama y nieto de esclavo. Pudo estudiar porque General Motors le concedió una beca y con los años logró ocupar diversos cargos en la compañía. Sus triunfos comenzaron en épocas en que los negros eran muy discriminados.

El trabajo de O’Neal significaba el progreso económico y social de la población negra, pero los objetivos de una vida próspera y exitosa se esfumaron el año pasado cuando fue despedido, tras haber llegado a la presidencia de Merril Lynch en 2002. En cinco años ganó 172 millones de dólares.

Al irse, un año atrás, no esperaba que la compañía iba a desaparecer en un mar de deudas.La firma de inversión fue adquirida por el Bank of America, que pagó 44.000 millones de dólares, y John Thain lo reemplazó en el cargo en diciembre de 2007. A pesar del fracaso social y laboral, O’Neal fue premiado con una compensación que alcanza los 160 millones de dólares. Un economista estadounidense afirmó que su gestión evidenciaba “la mejor relación salario-fracaso. que se haya visto”.

  • James Cayne- Bear Stearns

Tiene 74 años y dejó de ser el CEO de Bear Stearns en enero de este año, tras duros cuestionamientos por sus errores y ausencias en medio de la crisis de liquidez que sufrió la compañía durante 2007.

En sus comienzos fue comerciante de chatarra y vendedor de fotocopiadoras, y nunca pudo realizar una carrera universitaria. Es fanático de los habanos y del bridge, tanto que mientras la Bolsa se desplomaba y el mundo financiero conocido dejaba de ser lo que era, Cayne se la pasó jugando al golf y practicando su juego favorito de cartas en Tennessee. Sus ejecutivos negociaban por él, pero el directivo de la firma no atendía las llamadas ni contestaba los e-mails, sólo se comunicaba una vez al día a través de teleconferencias.

Con este ritmo de trabajo, el quinto mayor banco de inversión no pudo sostenerse más y sus acciones cayeron casi un 50%. Fue adquirido por JP Morgan en marzo pasado por 200 millones de dólares. Claro que Cayne no se fue con las manos vacías: recibió 38 millones, que se suman a los 60 millones por la venta de sus acciones.

  • Robert Willumstad - AIG

El ejecutivo, de 62 años, estuvo un corto período al frente de American International Group, la mayor aseguradora de Estados Unidos. Asumió el 15 de junio, en reemplazo de Martin Sullivan, y pocos meses después fue sustituido por Edward Liddy, dejando a la firma al borde de la bancarrota.

Desde que Willumstad asumió en la aseguradora, los activos de la compañía cayeron 94%, debido a la falta de liquidez por la reducción de las calificaciones de riesgo de la empresa.

Con la firma a la deriva y sin financiamiento, las autoridades federales norteamericanas aprobaron un salvataje por una cifra que durante la semana que pasó se elevó a 150 mil millones de dólares. Argumentaron que no era conveniente dejar caer a AIG, que ahora deberá vender activos para recaudar fondos y afrontar las deudas que tiene con el Estado. Por sólo tres meses de trabajo, en los que no logró reflotar las pérdidas y hundió más a la aseguradora, Willumstad se pudo haber llevado 22 millones de dólares, pero renunció a la indemnización para aliviar las tensiones con el Gobierno.

  • Angelo R. Mozilo – Countrywide

Otro ejecutivo de origen humilde que llegó a uno de los mejores puestos del mercado y perdió su estatus, según sus ex compañeros, por avaricia y mezquindad. Nació en 1938 en Nueva York, y llegó a Countrywide Financial Corp hace tres décadas. Miembro fundador de la compañía, logró convertirla en la mayor financiera hipotecaria de Estados Unidos por siete años. Durante su presidencia, la empresa otorgó préstamos por miles de millones de dólares a deudores que resultaron insolventes. Pese a sus errores, que llevaron a la caída de la financiera, Mozilo se quejaba de ganar “sólo” 50 millones de dólares al año. La firma solventaba gastos de un club de campo y dos clubes de golf de los que era miembro. Pero el ejecutivo se sintió maltratado cuando lo criticaron por hacer viajar a su esposa en el jet privado de la empresa. “No es justo ni sabio exigir que mi mujer use un vuelo comercial”, se indignó. En julio pasado, Countrywide perdió un 80% de su cotización en Bolsa y 704 millones de dólares, hasta que el Bank of America llegó para rescatarlo. Mozilo se llevó una indemnización de 56 millones de dólares.

  • Michael Perry - Indymac

El ejecutivo, de 43 años, fue CEO del banco desde que cumplió 30. La compañía tuvo pérdidas por 200 millones de dólares durante el tercer trimestre de 2007 y no pudo mantener sus activos por la falta de liquidez y las complicaciones para conseguir fondos solventes. Por las fallas en la previsión de su director, el Indymac Bank se transformó en el Indymac Federal Bank con la ayuda del Fondo de Garantía de Depósitos (FDIC en sus siglas en inglés), que se hizo cargo y gestiona el banco. En julio de este año la entidad estuvo por quebrar debido al retiro de 1.300 millones de dólares en diez días por parte de sus clientes. Para evitar el peor descenlace, anunció el despido del 50 por ciento de su personal y Perry aceptó una rebaja en su salario, pero ni ese gesto pudo salvarlo. Desde que la crisis fue imparable, los empleados de la entidad tuvieron la opción de quedarse o aceptar un retiro voluntario; sin embargo, Perry no contó con la posibilidad de elegir ya que lo echaron sin preguntarle. Aunque probablemente no lo afectó demasiado, ya que se llevó como indemnización 42 millones

Fuente: Diario Perfil.com

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viernes, 14 de noviembre de 2008

Ron Paul habla sobre la crisis financiera.



Ronald Ernest Paul (n. Pittsburgh, PA, Estados Unidos de América, 20 de agosto de 1935), es un médico y político del Partido Republicano de los Estados Unidos, representante por el décimo cuarto distrito de Texas en la Cámara de Representantes del Congreso de los Estados Unidos, reside en Lake Jackson, ciudad del mismo estado. Es médico obstetra y ginecólogo, graduado en la Universidad de Duke, candidato presidencial por el Partido Libertario en 1988 y candidato a la nominación por parte del Partido Republicano en la elección presidencial 2008.

En el Congreso, Paul se ha adherido a la filosofía liberal libertaria basando sus posiciones en la Constitución y los derechos de los Estados. Durante las primarias del Partido Republicano y posterior a ellas, Paul, debido a su filosofía política sobre las libertades constitucionales se convirtió en un fenómeno de Internet, siendo popular entre jóvenes tanto en la derecha como en la izquierda.

Fuente: Wikipedia.com
Vídeo: "On Financial Crisis" / 16.09.08

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lunes, 10 de noviembre de 2008

EL SIGUIENTE BRETTON WOODS. Por Joseph E. Stiglitz

El mundo está cayendo en una grave desaceleración mundial, probablemente la peor del último cuarto de siglo, quizá incluso la peor desde la Gran Depresión de 1929. Una crisis que, en más de un sentido, es made in USA, fabricada en Estados Unidos.

Estados Unidos exportó sus hipotecas tóxicas al resto del mundo en forma de títulos respaldados por activos. Exportó su filosofía desreguladora del mercado libre, algo que ahora hasta Alan Greenspan, su sumo sacerdote, admite que fue un error. Exportó su cultura de irresponsabilidad empresarial y la opaca práctica de las opciones de compra de acciones, que fomentan esa mala contabilidad que, al igual que ocurrió en los escándalos de Enron y Worldcom hace unos pocos años, tan importante ha sido en este descalabro. Como colofón, EE UU ha exportado su desaceleración económica.

La Administración de Bush ha acabado haciendo lo que todos los economistas le instaban a hacer: inyectar más liquidez en los bancos. Sin embargo, como siempre, el problema está en los detalles, y puede que el secretario del Tesoro estadounidense, Henry Paulson, haya logrado incluso echar por tierra esta buena idea, ya que parece haber concebido una recapitalización bancaria que no va a producir la reactivación del crédito, algo que no sería nada bueno para la economía.

Más importancia tiene aún que las condiciones impuestas por Paulson a los bancos estadounidenses receptores de capital sean mucho peores que las dictadas por el primer ministro británico Gordon Brown (por no hablar de las que consiguió Warren Buffett cuando proporcionó mucho menos dinero a Goldman Sachs, el banco de inversión más sólido de EE UU). Los precios de las acciones demuestran que, para los inversores, éste ha sido un acuerdo excelente.

Una de las razones para preocuparse por el mal acuerdo que se ha ofrecido a los contribuyentes estadounidenses es la deuda nacional que se nos viene encima. Antes incluso de esta crisis financiera, estaba previsto que el endeudamiento de EE UU pasara de 5,7 billones de dólares en 2001 a más de 9 billones este año. Por sí sola, la deuda del presente año se acercará al medio billón, y la del año próximo, al acentuarse la desaceleración en Estados Unidos, será todavía mayor. El país necesita un gran paquete de medidas de estímulo. Pero los conservadores fiscales de Wall Street (sí, los mismos que nos han conducido a este bajón) ahora pedirán que se modere el déficit (lo cual nos recuerda a Andrew Mellon en la Gran Depresión de 1929).

Podemos decir que la crisis se ha extendido a los mercados emergentes y a los países menosdesarrollados. Por curioso que parezca, Estados Unidos, pese a todos sus problemas, sigue considerándose el lugar más seguro para depositar el dinero. Supongo que no es muy sorprendente, ya que, con todo, el aval del Gobierno de EE UU tiene más credibilidad que el de un país del Tercer Mundo.

Mientras Estados Unidos rebaña los ahorros del mundo para solucionar sus problemas, las primas de riesgo se disparan y, por todas partes, la renta, el comercio y los precios de las materias primas se hunden. Los países en vías de desarrollo van a pasarlo mal. Probablemente algunos vayan a sufrir más que otros: los que ya antes de que arreciara la crisis tenían un considerable déficit comercial, los que debían refinanciar una deuda nacional y los que mantenían vínculos comerciales estrechos con Estados Unidos. Los países que, como China, no han liberalizado del todo sus mercados financieros y de capital, se congratularán de no haber cedido ante Paulson y el Tesoro estadounidense, que les conminaban a hacerlo.

Muchos están pidiendo ayuda ya al Fondo Monetario Internacional (FMI). Lo que se teme es que, al menos en ciertos casos, el FMI retome sus antiguas y fallidas recetas, basadas en una contracción fiscal y monetaria que no hará más que incrementar la injusticia en el mundo. Aunque los países desarrollados apliquen políticas estabilizadoras anticíclicas, los que están en vías de desarrollo se verán obligados a tomar otras de carácter desestabilizador que alejarán el capital cuando más lo necesitan.

Hace diez años, en la época de la crisis asiática, se habló mucho de la necesidad de reformar la arquitectura financiera mundial. Es evidente que se hizo poco, demasiado poco. En esa época, muchos pensaban que lo que de verdad buscaban esos nobles llamamientos era impedir una auténtica reforma: los que se habían beneficiado del sistema anterior sabían que la crisis pasaría y, con ella, las demandas de reforma. No podemos permitir que eso vuelva a ocurrir.

Quizá estemos de nuevo ante una situación como la de Bretton Woods. Las antiguas instituciones han reconocido que la reforma es necesaria, pero se mueven tan lentas como los glaciares. No hicieron nada por impedir la crisis actual y preocupa que no sean capaces de reaccionar eficazmente ahora que arrecia.

Tuvieron que pasar 15 años y una guerra mundial para que el mundo se reuniera a abordar las debilidades del sistema financiero común que contribuyó a la Gran Depresión de 1929. Esperemos que en esta ocasión no nos cueste tanto tiempo, ya que, dado el grado de interdependencia global, simplemente los costes serían demasiado elevados.

Sin embargo, mientras que el antiguo Bretton Woods lo dominaron Estados Unidos y Gran Bretaña, el panorama global actual es notablemente distinto. De igual manera, las antiguas instituciones de Bretton Woods acabaron definiéndose a partir de un conjunto de doctrinas económicas que ahora se han revelado fallidas, no sólo en los países en vías de desarrollo, sino en el propio núcleo del capitalismo. La inminente cumbre mundial, para conducir realmente a la creación de un orden financiero más estable y equitativo, deberá enfrentarse a estas nuevas realidades.

Fuente: El País.com
Autor: Joseph E. Stiglitz, catedrático de Economía de la Universidad de Columbia y premio Nobel de Economía en 2001, es coautor, junto a Linda Bilmes, de The three trillion dollar war: the true costs of the Iraq conflict. © Project Syndicate, 2008. Traducción de Jesús Cuéllar Menezo.

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lunes, 20 de octubre de 2008

"Reparar el sistema financiero no impedirá la recesión", según George Soros

Tiene 78 años y hace 10 que pronosticó el derrumbamiento del capitalismo global. George Soros, que labró su fortuna como especulador -su proeza más famosa fue provocar una devaluación de la libra esterlina en 1992 que le deparó mil millones de dólares de ganancia en 24 horas-, se dedica en los últimos años a la filantropía y a analizar y explicar las claves de la crisis de la economía mundial. Su último libro, The New Paradigm for Financial Markets: The Credit Crisis of 2008 and What it Means, publicado en España por Taurus (El nuevo paradigma de los mercados financieros. La crisis crediticia de 2008 y lo que significa), aborda este tema. Y también sobre la crisis gira esta entrevista concedida el pasado domingo en Washington.

Pregunta. ¿Cómo es que todos los esfuerzos realizados por el Gobierno estadounidense hasta el momento -el plan de rescate de 520.000 millones de euros, los bajos tipos de interés, la garantía de los depósitos y de los instrumentos negociables- no han parado la crisis?

Respuesta. Las autoridades estadounidenses adoptaron una economía de mercado fundamentalista. Creían que los mercados acabarían corrigiéndose a sí mismos. El secretario del Tesoro Henry Paulson es un ejemplo. Pensaba que seis meses después de la crisis de Bear Stearns, el mercado se habría ajustado y, "bueno, si Lehman (Brothers) se hunde, el sistema puede asumirlo". Sin embargo, todo se vino abajo.

Como no entendían la naturaleza del problema -que el mercado no se corregiría por sí solo- no veían la necesidad de intervención estatal. No prepararon el plan B.

Cuando se declaró la crisis de Lehman, tuvo que cambiar de opinión y rescatar a AIG. Al día siguiente se produjo la estampida en los mercados de dinero y en los mercados de instrumentos negociables, de modo que volvió a cambiar de idea y dijo que necesitábamos una ayuda financiera de medio billón de euros. Pero quería meter el dinero en el lugar equivocado: quedándose con los activos tóxicos de los bancos.

Al final han recuperado el sentido, y la Administración pública está comprando acciones de los bancos, porque comprende que el sistema financiero está al borde del colapso.

P. Ahora que las autoridades estadounidenses van por fin por buen camino, ¿cuáles son los componentes clave para resolver la crisis?

R. Las líneas generales están claras. Hay cinco elementos principales. El primero, que el Estado tiene que recapitalizar el sistema bancario comprando acciones de los bancos.

En segundo lugar, es necesario reanudar el préstamo interbancario ofreciendo garantías y situando el Líbor (tipos de préstamo interbancarios del mercado de Londres) en línea con los fondos de la Reserva Federal. Esto ya está en marcha. Se va a conseguir.

Tercero, debemos reformar el sistema hipotecario estadounidense, minimizando las ejecuciones y renegociando los préstamos para que las hipotecas no valgan más que las casas. Detener las ejecuciones hipotecarias ayudará a amortiguar la caída de precio de las viviendas.

Cuarto, Europa tiene que solucionar la debilidad del euro creando una red de seguridad para sus bancos. Aunque inicialmente se han resistido, ahora han encontrado la fe y lo han hecho en la reunión celebrada en París el pasado domingo.

Quinto, el FMI debe atajar la vulnerabilidad de los países situados en la periferia del sistema financiero mundial, proporcionándoles una red de seguridad financiera. Esto también está en marcha. Los japoneses ya han ofrecido 150.000 millones de euros con este fin.

Estas cinco medidas empezarán el proceso de curación. Si las aplicamos con eficacia, habremos superado lo peor de la crisis financiera.

Pero después, me temo, la economía real sufrirá los efectos secundarios, que ahora están cobrando brío. A estas alturas, la reparación del sistema financiero no impedirá una recesión mundial grave. Puesto que en estas circunstancias el consumidor estadounidense ya no puede servir de locomotora de la economía mundial, el Gobierno estadounidense debe estimular la demanda. Dado que nos enfrentamos a los retos amenazadores del calentamiento del planeta y de la dependencia energética, el próximo Gobierno debería dirigir cualquier plan de estímulo al ahorro energético, al desarrollo de fuentes de energía alternativas y a la construcción de infraestructuras ecológicas. Este estímulo podría convertirse en la nueva locomotora de la economía mundial.

P. Al final, ¿no nos encontraremos con un paisaje financiero mundial enormemente distinto? Estados Unidos dejará de ser la principal potencia. Tendrá, junto con partes de Europa, bancos socializados y un enorme endeudamiento. La China comunista, con abundante capital, será la nueva potencia financiera a escala mundial y un gran inversor en Occidente.

R. Estados Unidos perderá influencia. Ya la ha perdido. Desde hace 25 años, mantenemos un déficit en cuenta corriente constante. Los chinos y los países productores de petróleo registran excedentes. Hemos consumido más de lo que hemos producido. Mientras nosotros acumulábamos deudas, ellos adquirían riqueza con sus ahorros. Cada vez más, los chinos se irán adueñando de una parte mayor del mundo, porque convertirán sus reservas de dólares y de bonos públicos estadounidenses en bienes raíces.

Eso cambia las relaciones de poder. El traspaso de poder a Asia es una consecuencia de los pecados cometidos por Estados Unidos en los últimos 25 años.

P. Hablemos de la naturaleza de la crisis. Gracias a los bajos tipos de interés, a la liquidez mundial y a la liberalización hemos tenido una burbuja de expansión crediticia que se ha ido reforzando a sí misma a lo largo de 25 años, la cual ha provocado, como se dijo en una ocasión, una "euforia irracional" en los mercados financieros. Ahora tenemos el desplome del mercado bursátil y del crediticio ("la desesperación irracional"), no justificado por los fundamentos económicos de la economía real. ¿Cómo encaja este patrón en su teoría de la reflexividad y en su nuevo paradigma para entender las finanzas?

R. La clave para entender la crisis -la peor desde la década de 1930- es ver que se ha generado dentro del propio sistema financiero. Lo que estamos contemplando no es la consecuencia de una sacudida externa que haya desequilibrado las cosas, como daría a entender el paradigma dominante, que considera que los mercados se corrigen a sí mismos. Lo cierto es que los mercados financieros se desestabilizan a sí mismos; en ocasiones tienden hacia el desequilibrio, no hacia el equilibrio.

El paradigma que yo propongo difiere de la idea convencional en dos aspectos. En primer lugar, los mercados financieros no reflejan las bases económicas reales. Las expectativas de agentes e inversores siempre las están distorsionando. En segundo lugar, estas distorsiones de los mercados financieros pueden afectar a los fundamentos de la economía, como vemos en burbujas y desplomes. La euforia puede hacer que suban los precios de las viviendas y de las empresas de Internet; el pánico puede hacer que bancos sólidos se tambaleen.

Esa doble conexión -que uno afecta a lo que refleja- es lo que yo denomino "reflexividad". Así es como funcionan realmente los mercados financieros. Su inestabilidad está ahora extendiéndose a la economía real, no al revés. En resumen, las secuencias alcistas y bajistas, las burbujas, son endémicas del sistema financiero.

La actual situación no se debe sólo a la burbuja inmobiliaria. La burbuja inmobiliaria no ha sido más que el detonador de una mucho mayor. Esa superburbuja, creada por el uso cada vez más frecuente del crédito y el apalancamiento, combinado con la convicción de que los mercados se corrigen a sí mismos, tardó más de 25 años en formarse. Ahora se ha pinchado.

P. ¿Cuál debería ser el interruptor que cortocircuite las distorsiones que inevitablemente desestabilizan los mercados financieros?

R. Las burbujas son endémicas del sistema, y por lo tanto los reguladores estatales tienen que intervenir para evitar que se hinchen demasiado. Los Gobiernos deben reconocer que los mercados no se corrigen a sí mismos. No basta con recoger los pedazos después de las crisis.

P. La existencia de noticias financieras de 24 horas, ¿amplifica y exagera las distorsiones de los mercados financieros?

R. Sin duda, acelera el proceso. Pero yo no exageraría su importancia. A finales del siglo XIX, no disponían de televisión por cable las 24 horas, y sin embargo se producían las mismas burbujas. A lo largo del siglo XIX, un siglo con una mentalidad de laissez faire y en el que la reglamentación era insuficiente, una crisis venía tras otra. Cada crisis provocaba alguna reforma. Así es como se desarrolló la banca central.

Fuente: ElPais.com / Global Viewpoint. Distribuido por Tribune Media Services.

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"La situación todavía puede deteriorarse en forma drástica". Robert Solow, Nobel de Economía de 1988

ENTREVISTA ROBERT SOLOW. El premio Nobel de Economía de 1988, que vivió la Gran Depresión, explica las claves para entender la crisis financiera.


–La Gran Depresión ahora se menciona en todas partes como una posibilidad...

–No creo mucho en las analogías con la crisis de 1929 o el crac de 1987. Esos ejemplos ahora no sirven como referencia. La economía ha cambiado.

–De acuerdo. Entonces 'qué está pasando ahora?

–El impacto sobre la economía real de la congelación de los mercados de crédito ha sido bastante suave hasta la fecha. Pero cada persona inteligente que yo conozco está preocupada. Teme que el futuro inmediato sea como algunos episodios del pasado que se creían olvidados. Si la contracción del crédito sigue en las próximas semanas o meses habrá una presión bajista mucho más intensa sobre la producción y empleo. Esto significa que la situación puede deteriorarse de forma drástica. Existe una alta probabilidad de que el resultado final sea verdaderamente malo.

–'Qué opina sobre el culebrón que ha rodeado la aprobación del plan Paulson en el Congreso?

–Personalmente, cuando me enteré del voto en la Cámara el lunes, tuve la sensación de que los pacientes habían tomado el mando del manicomio... Por mucho rechazo que puedas sentir por el rescate de la gente malvada de Wall Street , el único camino prudente es tragarse la indignación y hacer lo necesario para que los mercados de crédito vuelvan a arrancar. De otra manera, esto podría acabar muy mal, no sólo para los banqueros sino para todo el mundo. Con todo, algunas de las alternativas que se han barajado no tienen sentido. La iniciativa de aumentar el seguro de depósitos, como promovieron los republicanos en el Senado, no genera más liquidez.

–El sistema está jadeando, asfixiado por falta de liquidez. De modo que la estrategia de los senadores consistía simplemente en ofrecer un cebo a los congresistas que habían votado en contra. La gente de la calle tanto en EE. UU. como en el mundo tiene la sensación de que esta crisis tendrá consecuencias graves...

–La clave es que el papel fundamental del sistema económico consiste en financiar la actividad empresarial. Compañías grandes y pequeñas que necesitan capital operativo para constituir inventarios, pagar trabajadores, etcétera, necesitan créditos a corto y créditos a largo plazo para financiar las inversiones. Las firmas grandes pueden financiarse a sí mismas mediante beneficios no distribuidos.

Pero incluso ellas necesitan vender bonos o acciones o pedir créditos para financiar el 30 o el 40% de sus inversiones. Es decir que simplemente para que se mantengan las rutinas empresariales normales, el sistema requiere un flujo regular de créditos, tanto en el mercado de pagarés como en el de bonos a muy corto plazo. Lo que ha ocurrido es que estos flujos normales de crédito se han paralizado porque las entidades financieras tienen grandes cantidades de activos cuyo valor a largo plazo no pueden ni calcular y cuyo valor inmediato es casi cero, por la incertidumbre.

Hoy sabemos que entremezclados en esos activos también hay los llamados residuos tóxicos, los títulos de dudoso cobro. Se entiende cómo. en estas condiciones, nadie está dispuesto a facilitar créditos a ninguna institución.

–'Cuál es la consecuencia de este cuello de botella?

–Día tras día, semana tras semana, se están secando las flujos rutinarios de liquidez necesarios para mantener operativas a las empresas –hasta el pago de salarios–. Paulson y Bernanke buscan cualquier forma para que el río crediticio vuelva a fluir. Al final, su decisión ha sido quitar esos activos de sus balances, para que los bancos pudieran volver a su negocio diario, prestar dinero a empresas o lo que sea. El mensaje es claro: el Gobierno Federal es el único agente económico en estos momentos que tiene los bolsillos suficientemente profundos para comprar y que cuenta con la capacidad de mantener a flote los bancos durante un periodo largo.

Por lo menos, hasta que la economía vuelva a recuperarse. Esa es la historia.

–'Será suficiente?

–No sé si será suficiente, pero ayudará, eso está clarísimo. Dicen que es muy costoso. Pero en estos casos necesitas una cantidad de dinero muy grande, porque una gran parte de esta parálisis es de origen psicológico. A menudo cuando estás metido en agujero negro, la primera reacción es no hacer nada, te vas corriendo, te quedas en en un rincón y te tapas los ojos. Esa incertidumbre es el problema. Nadie es James Bond en esta clase de situación límite.

Es incluso recomendable inyectar más dinero de lo que se considera necesario, si sirve para contrarrestar esa incertidumbre.

–Usted ha conocido la experiencia de la Gran Depresión y el paradigma keynesiano de la posguerra. 'Estamos en otro punto de inflexión parecido?

–Espero que sí. El único paralelismo que sí haría con la Depresión de los años 30 es que cuando terminó la euforia bursátil de los años 20, la gente se dio cuenta de que el sistema no se corrige solo.

Durante esos periodos benignos suele difundirse la idea de que lo mejor es dejar la economía en paz.

Pero la experiencia de la Gran Depresión convenció a la mayor parte de la gente de que no es muy recomendable que la economía capitalista en momentos determinados se aleje de su camino y que, si es necesario, hace falta una política pública para que vuelva a la senda de la prosperidad. Los gobernantes y los ciudadanos ahora saben que el mercado libre puede descarrilar y que en estos casos hay que reconducirlo.

–'Obama puede hacer ese cambio?

–Es lo que espero y lo que quiero. Creo que la gente entiende que la ingeniería financiera que se ha desarrollado gracias al boom de la informática ha creado una montaña de activos financieros que no tiene nada que ver con la producción. Hay entre 60 y 70 billones de dólares de crédit default swaps (CDS). Pero si la riqueza de EE. UU. suma 15 billones de dólares, el stock de capital total puede alcanzar unos 40 billones. Así que los CDS tienen un valor un 50% superior que el total del capital físico de la economía estadounidense. Esta es la lección que tiene que aprender Obama. Confío en que lo haga.

Fuente: iEco / Clarin.com

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domingo, 19 de octubre de 2008

China: ola de quiebras, suicidios y cambio de planes por la crisis

COMO VIVE EL GIGANTE ASIATICO EL "TSUNAMI" FINANCIERO
Golpeados en el área exportaciones, buscan compensar esas pérdidas con el mercado interno.


Martes en Beijing. Un prominente jerarca del gobierno chino invita a comer y describe en detalle las formas en que el tsunami financiero ha golpeado a su país.

Empresas exportadoras han quebrado, relata, y algunos empresarios, fundidos de un día al otro, se han suicidado. El funcionario rompe con semejante elocuencia prejuicios que tiene más este enviado que el entrevistado.

Los chinos, como los restantes gobiernos emergentes del mundo incluido el argentino, han sosteniendo retóricamente que este terremoto tiene limitada influencia doméstica. No es así, se sabe, pero uno no espera tal sinceridad por parte de un mandamás de esta sociedad tan verticalizada.

El primer encuentro del enviado de Clarín con un líder del buró político de China para intentar determinar cómo ha influido aquí la derrota financiera de Occidente, es con Yunshan Liu, jefe del Departamento de Información y Propaganda del Comité Central del PCCH. Recibe en sus oficinas en un edificio de mármoles brillantes, portales lujosos y un séquito delicado atento a que no falle un mínimo detalle. "Debemos reconocer que las exportaciones son importantes y una recesión va a golpear a nuestra economía", dice suavemente. "Pero tenemos un mercado interno gigantesco para compensar eso y además es limitada la internacionalización de China en las finanzas globales".

Para Yunshan Liu, el crecimiento de la economía se ha mantenido en el 10% anual, la inflación se ha atenuado, y el PIB per cápita subió; y enfrente hay una cosecha récord de niveles históricos.

Será su subalterno, el ministro Wang Chen, de la oficina de Información del Consejo del Estado, quien en la cena pasará en limpio con conmovedora franqueza cómo se ha transformado el escenario.

"Será grande el impacto. China está observando el fenómeno y hemos hecho modificaciones en la estrategia de desarrollo", comenta. Para su gobierno es exagerada la comparación usual con la crisis del 29, pero sí sostiene que "entendemos que EE.UU. está al borde de la recesión. Además, la crisis ha tenido consecuencias destructivas en Europa. Somos el segundo país en comercio exterior pero ahora muchos productos no los podemos exportar".


'Cómo golpea eso en la cadena productiva?
Empresas pequeñas y medianas del Oriente y el Occidente están en bancarrota. Y han habido casos extremos de suicidios de empresarios. Pero así también hemos tenido muchas menos quiebras que en Occidente.

Wang Chen describe que en su país "habrá pérdidas en nuestros activos y debido a la quiebra de algunos bancos. Hemos comprado bonos de EE.UU. con bajo interés pero también con bajo riesgo.

Pero la Bolsa de China ha caído 60% en lo que va del año. Hace doce meses la Bolsa estaba en su punto de alza histórico con 6.600 puntos. Hoy está a menos de 2000 puntos. Esto significa que si usted tenía diez mil dólares entonces le quedan hoy 4.000".


'Cómo se refleja en el consumo?
Cayó la venta de autos y viviendas. No es que la gente no quiera comprar, sólo que retiene su dinero. Hay que recuperar la confianza de los consumidores. Los chinos tienen un dilema. Han impulsado medidas que permiten la venta o alquiler a empresas y corporaciones del derecho al uso de la tierra para impulsar su vasto espacio campesino de 800 millones de personas. Pero enfrentan una contradicción del régimen de "reforma y apertura" iniciado por Deng Xiao Ping hace 30 años, que ha generado una doble velocidad en los ingresos entre la costa más rica y el interior empobrecido con ingresos tres veces menores que el resto. Y hoy se necesita estimular ese mercado interno para que equilibre las pérdidas. Al mejor estilo de Keynes y Galbraith se plantean que el Estado recupere la inyección de inversiones que la coyuntura ahora les regatea. "Impulsar el mercado interno aumentando los sueldos es un dilema: no debemos permitir que aumente la inflación", resume Wang Chen.

"Por eso hemos decidido la puesta en marcha de obras paralizadas. La construcción de trenes de alta velocidad y autopistas. También inversiones en centros agrícolas". China, como Occidente, está atrapada en sus diferencias sociales internas. "Hay un gran desequilibrio entre ciudad y campo. La costa crece pero cae en el centro y se desploma en el oeste.

Por eso hay discordia, quejas por la distribución no muy racional de los bienes", había dicho antes Yunshan Liu. El plan de Deng implicó desatar las fuerzas productivas internas en un "mercado abierto socialista". "Permitimos que un sector se enriquezca más que el resto", explica Wang Chen. En cierto punto se buscaría la prosperidad común. "Ese punto ya ha llegado", sentencia.

Fuente: iEco / Clarin.com
Autor:
Marcelo Cantelmi

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jueves, 16 de octubre de 2008

Gordon lo ha hecho bien. Por Paul Krugman, Premio Nobel de Economía 2008

¿Ha salvado Gordon Brown, el primer ministro británico, al sistema financiero mundial? De acuerdo, la pregunta es prematura, porque seguimos sin saber la forma exacta que adoptarán los rescates financieros planeados en Europa o, ya puestos, en Estados Unidos, y mucho menos si de verdad van a funcionar. Lo que sí sabemos, sin embargo, es que Brown y Alistair Darling, ministro de Hacienda, han definido el carácter de la iniciativa de rescate mundial, y que otros países ricos intentan ponerse a su nivel.

Es un giro inesperado de los acontecimientos. Al fin y al cabo, el Gobierno británico es un socio menor en lo que a asuntos económicos mundiales se refiere. Es verdad que Londres es uno de los grandes centros financieros del mundo, pero la economía británica es mucho más pequeña que la de Estados Unidos, y el Banco de Inglaterra no tiene ni mucho menos una influencia parecida a la de la Reserva Federal o a la del Banco Central Europeo. Por eso uno no se espera ver al Reino Unido ejerciendo de líder.

Pero el Gobierno de Brown se ha mostrado dispuesto a pensar con lucidez respecto a la crisis financiera, y a actuar con rapidez una vez que ha llegado a una conclusión. Y esta combinación de lucidez y decisión no la ha igualado ningún otro Gobierno occidental, y mucho menos el de EE UU.

¿Cuál es la naturaleza de la crisis? Los detalles pueden ser enloquecedoramente complejos, pero los elementos fundamentales son bastante simples. El pinchazo de la burbuja inmobiliaria ha causado grandes pérdidas a cualquiera que comprase activos hipotecarios; estas pérdidas han dejado a muchas instituciones financieras demasiado endeudadas y con demasiado poco capital para proporcionar el crédito que la economía necesita; las instituciones financieras en apuros han intentado pagar sus deudas y aumentar su capital vendiendo activos, pero esto ha hundido el precio de dichos activos, con lo cual su capital se ha visto todavía más reducido.

¿Qué puede hacerse para controlar la crisis? El ayudar a los propietarios de viviendas, aunque es deseable, no puede impedir las grandes pérdidas derivadas de los préstamos impagados y, en cualquier caso, tardará en hacer efecto demasiado como para servir de algo en el pánico actual. Por lo tanto, lo natural es afrontar el problema de la falta de capital financiero haciendo que el Estado proporcione a las instituciones financieras más capital a cambio de una parte de su propiedad, una solución adoptada en muchas crisis financieras anteriores.

Esta especie de nacionalización parcial temporal, que a menudo se denomina "inyección de capital social", es la solución a la crisis propugnada por muchos economistas, y algunas fuentes confirmaban a The Times que también era la solución preferida en privado por Ben Bernanke, el presidente de la Reserva Federal.

Pero al anunciar su plan de ayuda financiera de 500.000 millones de euros, Henry Paulson, secretario del Tesoro estadounidense, rechazaba este camino evidente alegando que "eso es lo que se hace en caso de quiebra". Por el contrario, se mostraba partidario de la compra pública de activos hipotecarios tóxicos, basándose en la teoría de que... La verdad es que no ha quedado claro cuál era su teoría.

Por contra, el Gobierno británico ha ido directamente a la raíz del problema, y ha actuado con asombrosa velocidad para solucionarlo. El miércoles, miembros del Gobierno de Brown anunciaban un plan para efectuar grandes inyecciones de capital social en los bancos británicos, respaldadas por garantías de deuda bancaria que deberían poner de nuevo en marcha el préstamo interbancario, una parte crucial del mecanismo financiero. Y la primera gran asignación de fondos se produjo ayer: cinco días después de que se anunciara el plan.

En una cumbre europea especial celebrada el domingo, las principales economías de la Europa continental se declaraban de hecho dispuestas a seguir el ejemplo británico, inyectando cientos de miles de millones de euros en los bancos y garantizando al mismo tiempo sus deudas. Y fíjense que Paulson -tras haber malgastado supuestamente varias semanas muy valiosas- también ha dado marcha atrás y ahora pretende comprar acciones bancarias en lugar de activos hipotecarios tóxicos (aunque todavía parece moverse con dolorosa lentitud).

Como ya he dicho, todavía no sabemos si esas medidas funcionarán. Pero en última instancia, la política se mueve por fin guiada por una visión clara de qué debe hacerse. Lo cual plantea la pregunta de por qué esa visión clara ha tenido que proceder de Londres y no de Washington.

Es difícil evitar la sensación de que la respuesta inicial de Paulson estaba distorsionada por la ideología. Recuerden que trabaja para un Gobierno cuya filosofía puede resumirse en que "lo privado es bueno, lo público, malo", algo que debe de haberle puesto difícil lo de afrontar la necesidad de que el Estado asuma la propiedad parcial del sector financiero.

Me pregunto también en qué medida la femaficación [la FEMA es la Agencia Federal de Gestión de Emergencias] de la Administración pública con el presidente Bush puede haber contribuido a la torpeza de Paulson. En todo el ejecutivo, los profesionales expertos han sido destituidos; quizá no quede en el Tesoro nadie con la estatura y la trayectoria necesarias para decirle a Paulson que lo que hacía no tenía sentido.

Por suerte para la economía mundial, lo que están haciendo Gordon Brown y sus ministros sí tiene sentido. Y quizá nos hayan mostrado el camino para superar esta crisis.

Fuente: El País.com © New York Times Service, 2008.
Autor: Paul Krugman es profesor de Economía en la Universidad de Princeton y premio Nobel de Economía 2008.

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domingo, 12 de octubre de 2008

Se viene la gran recesión

En el calendario económico de este año se agolpan las fechas históricas. Los titulares ya no dan más de sí para reflejar la dimensión de la crisis financiera. Hace menos de un mes, el Gobierno de EE UU se vio obligado a anunciar la mayor intervención económica que se recuerda, tras la quiebra del banco de inversión Lehman Brothers y el colapso de la mayor aseguradora del país, AIG. Lo ocurrido en la semana que ahora acaba tampoco se queda corto: los bancos centrales concertaron un recorte de tipos de interés en las economías avanzadas; el Reino Unido, Alemania y España lanzaron multimillonarias iniciativas de apoyo al sector; las Bolsas vivieron sus días más negros en años. Y cristalizó el temor a una depresión mundial.

El último informe del Fondo Monetario Internacional (FMI) da carta de naturaleza a la posibilidad de un retroceso generalizado, un pronóstico en el límite de lo inverosímil si se tiene en cuenta que el PIB mundial aumentó los dos últimos años un 5%, el ritmo más elevado en tres décadas. "La crisis es muy seria, estamos al borde de una recesión global", sintetizó el director gerente del FMI, Dominique Strauss-Kahn, en Washington. Tan sorprendente como el pronóstico es la velocidad a la que ha empeorado. Ni los organismos internacionales, ni los Gobiernos, ni los más pesimistas vaticinaron un desastre económico de esta magnitud cuando estalló la crisis de las hipotecas basura hace algo más de un año. Y muchos aún mantenían este verano que el estrangulamiento del mercado de crédito se dejaría notar en la economía real, pero tendría un efecto limitado. El propio Strauss-Kahn vaticinó el 17 de septiembre que "se empezaba a ver el final de la crisis financiera", una afirmación que venía a ser el corolario de otras similares en las que expertos de medio mundo daban por hecho que lo peor había pasado, justo cuando empezaba la etapa más virulenta de la crisis.

"Todos hemos infravalorado las consecuencias. Las raíces de la crisis son mucho más profundas de lo esperado", asumió esta semana Strauss-Kahn. El mea culpa se extiende. Y la perplejidad. "No sabemos qué bancos seguirán existiendo mañana. No sabemos qué impacto tendrá la crisis de crédito en la economía real. Sólo sabemos que será muy negativo", admite el último análisis de Citigroup. "Sabíamos que iba a ser un año duro, pero no esperábamos la peor crisis desde 1930", agregan desde el banco.

La referencia a los años treinta, un tiempo de paro y miseria, no es trivial. El principio de aquella década y tras la II Guerra Mundial se tienen como las últimas depresiones mundiales, aunque las cifras son difícilmente comparables. Algunos datos ponen sobre la pista: tras el desplome de esta semana, la Bolsa de Nueva York acumula una caída este año del 35%, una pérdida sólo comparable a la de 1931. En el caso de la bolsa española ha cerrado la peor semana de su historia. Entonces, como ahora, los mercados financieros fueron los catalizadores de la crisis. Porque lo que se desprende del último informe del FMI es nítido: los países avanzados, los que más han recurrido a la innovación financiera para hacer más fácil el endeudamiento y garantizar altas rentabilidades a los inversores, serán los que encajen el golpe más duro.

El Fondo da la vuelta al pronóstico que realizó en julio -vaticinó una mejora de las expectativas para las economías occidentales, con la sonora excepción de España- y realiza una drástica revisión a la baja -el horizonte para España es aún más oscuro-. Según esta nueva estimación, la economía de EE UU se estancará, con grandes probabilidades de que el PIB retroceda dos trimestres consecutivos [definición técnica de recesión] entre la segunda mitad de este año y la primera de 2009. A la zona euro, en lo que vendría a confirmar la elevada exposición a activos tóxicos de varios bancos del Viejo Continente, le augura un desempeño similar.

En síntesis, el FMI cree que las economías avanzadas apenas crecerán un 0,5% en 2009, el avance más débil en 27 años. En Europa, el retroceso es especialmente significativo en los países que han alimentado su expansión de la última década a partir de la revalorización sin freno de su sector inmobiliario: Irlanda, el Reino Unido y España entrarán en recesión el próximo año (Irlanda ya lo está), según el pronóstico del Fondo. Un vaticinio que también extiende a Italia, cuya economía lleva años sin despegar. Alemania y Francia, las locomotoras europeas, apenas tendrán empuje.

"La demanda en estos países se está debilitando muy rápido y la confianza en los mercados financieros tardará en recuperarse", corrobora el economista jefe del FMI, Olivier Blanchard. La fortaleza del consumo y la rentabilidad de las empresas no financieras eran los baluartes de las grandes economías. Pero eso también está cambiando con las crecientes dificultades para lograr préstamos asequibles.

En EE UU, el crédito al consumo cayó en agosto (en septiembre, la cifra sólo pudo empeorar) por primera vez en 10 años. Y la Reserva Federal, en otra iniciativa muy alejada de la ortodoxia reciente, decidió ampliar su papel en la concesión de liquidez a las empresas. La desconfianza de los bancos, con sus reservas de capital al mínimo, es tan alta, que ha situado los tipos a los que aceptaban pagarés de las firmas comerciales en niveles imposibles. En muchos casos, las empresas se han visto obligadas a suscribir préstamos diarios (se revisa día a día la línea de crédito) para poder pagar nóminas y recibos de los proveedores. La Fed comprará desde ahora pagarés a tres meses a un tipo inferior al del mercado con el objetivo de apuntalar la tesorería de empresas saneadas y rentables pero que estaban al borde del colapso por la sequía del crédito.

En un escenario tan lúgubre, el FMI señala algún síntoma positivo. Cree que la caída del sector inmobiliario de EE UU (la construcción residencial ya está en sus cifras más bajas en 40 años) puede tocar suelo en los próximos meses. Y si los precios de la vivienda se recuperan, eso permitiría que también lo hicieran los títulos de deudas basados en hipotecas. Es un alivio que los precios de las materias primas, sobre todo del petróleo, reflejen el frenazo en la demanda. Con el barril cerca de los 80 dólares -el nivel más bajo en un año-, las presiones inflacionistas se relajan. Y la tormenta perfecta (altos precios, bajo crecimiento) amaina.

Pero el principal y ya casi exclusivo sostén del crecimiento económico global sigue siendo el buen comportamiento de los países emergentes. Sólo su fortaleza permitirá que se cumpla el pronóstico del FMI para 2009 (un avance en el PIB mundial del 3%). Y sólo los primeros síntomas de que empiezan a trastabillarse con la crisis avala los temores a una recesión global.

Todas las grandes economías emergentes aflojarán el paso en 2009, según el pronóstico del FMI, pero aún lograrían tasas de crecimiento muy respetables: China volvería a superar el 9%, India rondará el 7%, Rusia bordea el 5,5% y Brasil llegaría al 3,5%. La contracción de las exportaciones a los países avanzados y la caída de los precios de las materias primas explican el freno. Pero la incógnita está en si la crisis en los mercados financieros, que ya se ha contagiado a ambos lados del Atlántico, también desbordará a las economías emergentes. Y lo que ha ocurrido este último mes con las monedas de varios países es, cuando menos, preocupante.

"Los violentos episodios de ventas en las divisas de varias economías emergentes marcan el inicio de una etapa que durará meses", vaticina un informe de Morgan Stanley. En tres meses, el real brasileño ha perdido el 30% de su valor; el zloty polaco, un 22%, y la rupia india, un 10%. En México, el peso llegó a caer un 14% en tres días frente al dólar. Presiones similares afrontan Indonesia, Filipinas o la República Checa.

La depreciación de la moneda fue uno de los síntomas más evidentes de las crisis financieras que afectaron a las economías asiáticas y latinoamericanas en los noventa. En los últimos años, la creciente implantación de multinacionales en países emergentes y los altos tipos de interés que mantienen muchos de ellos en comparación con Europa o Estados Unidos han atraído un gran flujo de capitales y han revalorizado tanto las divisas como los mercados bursátiles. Ahora, con la imperiosa necesidad de liquidez en los países avanzados, los inversores occidentales deshacen sus posiciones en monedas de países emergentes para lograr dólares y repatriar capitales.

Allan Conway, analista de mercados emergentes de Schroders, señala en otro informe las ventajas que tienen ahora estos países respecto a otras crisis: "Sus presupuestos son más estables; su balanza comercial, más favorable, y sus reservas, mucho más altas". Países como Brasil, México, Indonesia o Rusia han empezado ya a echar mano del amplio colchón que les proporcionan esas reservas para intentar sostener su moneda. La depreciación induce a más inflación (las importaciones son más caras), y con la demanda de los países avanzados en retroceso, el resultado positivo en las exportaciones (más competitivas) es ahora insignificante. Los responsables de varios gobiernos no ocultan su indignación por tener que lidiar con las consecuencias de un problema derivado de la mala regulación financiera en las economías avanzadas, ahora que muchos habían hecho progresos reales en reducir la pobreza.

Y aunque los países emergentes tienen ahora una mayor fortaleza económica y están mejor preparados, los expertos ya dan por enterrada la teoría del decoupling (término inglés acuñado para referirse a que estas economías podían mantener crecimientos altos en situaciones de debilidad en EE UU y Europa). Y crisis anteriores evidencian que si las presiones sobre las divisas se prolongan, el uso de reservas para comprar dólares y mantener el valor de la moneda acaba siendo inútil.

La duración de la crisis financiera vuelve a ser la clave. El FMI apunta a una posible recuperación a finales de 2009; una presunción que parte de que las medidas adoptadas por los Gobiernos occidentales ante la crisis tengan éxito y la confianza empiece a volver a los mercados. En caso contrario, advierte el Fondo, el escuálido avance del 0,5% previsto para las economías avanzadas en 2009 pecará de optimista. Y las posibilidades de contagio a los mercados emergentes a través de la depreciación de las divisas se multiplicarían. Un escenario en el que hablar de la primera recesión mundial en décadas dejaría de ser un atrevimiento.

La exigencia de iniciativas públicas más amplias, ambiciosas y coordinadas aumenta tras cada fracaso de las medidas puntuales, que se infravaloraron hasta que las puntas de las raíces del sistema se pudrieron. El nulo efecto en las Bolsas del recorte concertado de los tipos de interés en medio mundo evidenció que la política monetaria tiene cada vez menos capacidad de arrastre en un entorno en el que los bancos siguen sin fiarse de que se les devolverá el dinero prestado. "Todo el mundo está pendiente del libor", explica Alan Young, analista de Standard&Poor's. Y el libor, tipo de referencia igual que el Euríbor del mercado interbancario, sigue muy alto, delatando que la desconfianza sigue ahí.

El temor a la descapitalización e incluso a la quiebra está fundado, como ya han demostrado los casos de Fortis (Bélgica), Northern Rock (Reino Unido), Bear Stearns y Lehman Brothers (EE UU) o Hyppo (Alemania). Según el FMI, que estima en 1,03 billones de euros las pérdidas sólo por títulos relacionados con las hipotecas basura, la banca ya ha asumido 600.000 millones en devaluación de activos en este año. Y sólo ha sido capaz de captar 430.000 millones de capital.

La solución que ensayan ahora los Gobiernos, inyectar dinero público a cambio de la nacionalización parcial o total de los bancos con más problemas, habría sido tachada de herética hace poco por los responsables públicos que las ponen en marcha. Eso también da una idea de la gravedad de la crisis. Hasta Henry Paulson, secretario del Tesoro de EE UU, ha reconocido que dará tanta importancia a esta vía como a la compra directa de activos tóxicos con fondos públicos, que era la idea inicial de su plan de rescate, valorado en 700.000 millones.

La amenaza de la recesión está haciendo más por impulsar mecanismos globales de supervisión de los mercados que años de contactos diplomáticos. Y las múltiples reuniones de estos días en Washington también reflejan el mayor protagonismo de los emergentes. "Se dan todos los incentivos para que ahora haya una cooperación real", afirmó Jaime Caruana, alto cargo del FMI. O, como ha expresado de forma más gráfica el economista jefe de Unicredit, Marco Annunziata: "Los Gobiernos están contra la pared, ya no hay donde esconderse". -

Fuente: ElPaís.com / Titulo original: "Que viene la gran recesión".
Autor: ALEJANDRO BOLAÑOS 12/10/2008

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sábado, 11 de octubre de 2008

EL MUNDO AL REVÉS. Los impuestos de los pobres van a salvar los bancos de los ricos

El diario argentino CRITICA hoy ha salido circulación su portada al revés. Obviamente su director Jorge Lanata uno de los mas creativos editores y periodistas de habla hispana ha utilizado este recurso para mostrar cuan al revés de la realidad es esta gran crisis y en especial la forma de salir de ella. Reitero lo mismo de una anterior entrada sobre el 'tono rioplatense' de Lanata, pero es un excelente articulo donde cualquier adaptación a un castellano mas neutro seria imperdonable. Tato

La crisis se profundiza y ningún salvataje alcanza. Para muchos, ésta es la mayor transferencia de recursos de la historia: los impuestos de los pobres salvan a los bancos de los ricos. La quiebra mundial no tiene culpables: no hay ni habrá ejecutivos presos. Haría falta diez veces menos dinero para terminar con el hambre en el planeta.

“Bush le entregó al lobo las llaves del gallinero”
Michael Moore

“Más grave que asaltar un banco es fundarlo.”
Bertolt Brecht, en La ópera de los tres centavos.

“Yo creo que las instituciones bancarias son más peligrosas para nuestras libertades que los ejércitos permanentes.”
Thomas Jefferson, presidente de los Estados Unidos.

“Al capital le horroriza la ausencia de beneficio. Cuando siente un beneficio razonable, se enorgullece. Al 20% se entusiasma. Al 50% es temerario. Al 100% arrasa todas las leyes humanas y al 300% no se detiene ante ningún crimen.”
Karl Marx.

“Yo tengo dos enemigos: el ejército sureño en el frente y los banqueros en la retaguardia. De los dos, el de la retaguardia es mi gran enemigo. (…) Las corporaciones han sido entronizadas, sobrevendrá una era de corrupción a altos niveles. El poder del dinero en el país se esforzará por prolongar su reinado trabajando en perjuicio del pueblo hasta que la riqueza sea concentrada en las manos de unos pocos y la república será destruida.”
Abraham Lincoln, presidente de los Estados Unidos.

“Amigos, vayamos al grano. El mayor robo en la historia de este país se está llevando a cabo mientras usted lee esto.”
Michael Moore.

No es casual que los primeros banqueros de la historia, en el siglo XVII antes de Cristo, hayan sido los sacerdotes: el dinero es una cuestión de fe. La aparición de la moneda metálica trajo también a los cambistas, y fueron los griegos quienes comenzaron a hacer préstamos con cobro de intereses. Los romanos lo llamaron “mutuum”, nombre que saltó las barreras del tiempo y hoy se mantiene: mutuo. El interés romano promedio era 6% al año, 12 para los “préstamos marítimos” y 3% para las iglesias. El primer banco, en 1407, tiene en su insignia a un santo en batalla contra un dragón: el Ufficio di San Giorgio in Genoa.

Ahora Inglaterra nacionalizó la banca y Estados Unidos aplicará parcialmente una respuesta similar. ¿Déjà vu socialista? ¿Marxismo súbito? Exactamente al revés: apoyar a Wall Street es –como sintetizó Michael Moore en su página web– darle las llaves del gallinero al lobo. Lo curioso del asunto es que Bush se atragantó con 700.000 millones y “el mercado” pide más. Las bolsas siguen en caída libre. La codicia que alimentó las hipotecas subprime e infló la burbuja se mantiene ahora, cuando reparten los botes salvavidas: queremos un bote por banquero. Sólo un bote, no. Lo queremos con radio y minibar. La Argentina guarda en el punto una triste memoria que fue confundida hasta la vergüenza ajena por Cris (Presidente Cristina F. de Kirchner) cuando, en plena Madre Patria, aseguró: “La Argentina no necesita Plan B”. Cris cree que el mundo, que como todo el mundo sabe es un pañuelo, puede mantener los mocos de un solo lado.

Aquí un día los bancos robaron a las abuelitas y luego Escasany y tantos otros se golpearon el pecho y finalmente recibieron dinero del Estado para compensar a las abuelitas con su propia plata. Esto es: les robaron sus ahorros para devolverles sus impuestos. Los bancos son como los tinteros involcables; a ese punto representan una metáfora del sistema. No pueden caerse. Pueden desmoronarse las fábricas textiles, las automotrices, las empresas constructoras o de servicios, los comedores, la Pirámide de Keops, pero no los bancos. Si caen los bancos se derrumba la fe.

¿Qué pasaría si mañana, por ejemplo, todos los ahorristas del Banco de Galicia acudieran a pedir su dinero? No podrían retirarlo. Es lógico –dicen los economistas–, ningún banco tiene el total de sus depósitos, es dinero con el que “trabajan”. Lo que depositamos en el banco es pura psicología: confianza. Entregamos ahorro (trabajo) a cambio de un valor abstracto: confianza en el señor Escasany a quien, afortunadamente, no conocemos. Las crisis financieras son, entonces, como los terremotos: los gobiernos y los medios las tratan como crisis naturales, malas jugadas del Destino, errores de la Naturaleza, tragedias en las que nunca, nunca, hay culpables.

PRIMEROS MOVIMIENTOS SÍSMICOS INADVERTIDOS. A comienzos de los ochenta la Madre Patria (Estados Unidos, claro) comenzó su etapa Gordon Gekko, aquel personaje de Wall Street interpretado por Michael Douglas: el país comenzó a vivir a crédito para sostener una situación económica artificial; las empresas se endeudaron por encima de sus posibilidades, el Estado hizo lo mismo y gastó en nuevas guerras y los ciudadanos siguieron la misma conducta. Entre 2002 y 2005 los republicanos tuvieron como objetivo combatir la recesión y lo hicieron estimulando el crédito: la Reserva Federal mantuvo la “tasa de interés de referencia” debajo del 2% y los bancos saltaron a conseguir el mayor número de clientes posibles. Lo importante era entregar un crédito, ya verían cómo cobrarlo. Estas hipotecas de segunda categoría fueron bautizadas subprime. Los bancos minoristas vendieron sus carteras de hipotecas a los bancos de inversión (las “securitizaron” o “estructuraron”) que las transformaron en bonos; algunos con bajo interés (los paquetes de hipotecas “confiables” y otros con alta tasa (las hipotecas de desocupados, etc.). Como sucede en las mejores verdulerías del ramo, los paquetes no era homogéneos: a veces las subprime estaban mezcladas con sub-subprime, pero aplicando una vieja regla de Wall Street, “en el montón colaban” y las calificadoras (Standard & Poor’s, Moody’s, Fitch) entregaban las cucardas de AAA a esos bonos. Cuando algo es AAA, como las pilas, nadie pregunta nada. El negocio ya era increíblemente redituable: uno tenía un buen racimo de pobres endeudados de Nueva Orleans comprando su pequeña casita que nunca podrían pagar pero todos con el sello AAA en la frente, y los bancos de inversión (Goldman Sachs, Morgan Stanley, Merrill Lynch, Lehman Brothers o Bear Sterns) ganaban, por ejemplo en 2006, 130.000 millones de dólares en el negocio de los bonos. En el caso de las inversiones que no resultaban tan redituables se las “apalancaba” (leverage). Atención, niños: uno tiene un business que le dejará 3%, si invierte 100 pesos ganará 3 en un año. Pero uno, queridos niños, puede “apalancarse” (cualquier cosa con tal de no laburar) o sea pedir 900 pesos prestados. Entonces invierte 1.000 y, al final del año, gana 30 pesos (el 3% de 1.000). Después devuelve los 900 que pidió prestados y en un año uno termina ganando 30 cuando arrancó con 100, o sea ha ganado el 30%. Encantador, aunque riesgoso, porque el apalancamiento multiplica las ganancias pero también las pérdidas: Bear Sterns, antes de quebrar en marzo, debía 35 veces lo que tenía, y las otras empresas entre 20 y 22 veces. El “manual del especulador financiero” afirma que lo ideal es mantenerse entre las 12 y 15 veces, no más.

Las hipotecas se tomaban a tasa de interés variable y en junio de 2004 la Fed empezó a subir las tasas para “enfriar” la economía que antes había calentado. Entonces comenzaron a crecer las deudas y la morosidad. Los que compraron las hipotecas les reclamaron a los bancos que no pudieron responder porque sus clientes no pagaban las cuotas.

Finalmente, nadie tuvo la culpa de nada.

“La dinámica de las burbujas de mercado no es delito –le dijo Claudio Loser, ex director del Departamento del Hemisferio Occidental del FMI, a Crítica de la Argentina–. Nadie habla de delito cuando las cosas van bien, sólo cuando se vuelven en contra, lo cual es muy cómodo. Por cierto hay acciones judiciales en contra de aquellos que hicieron operaciones hipotecarias de mala fe, los corredores que colocaban hipotecas sin preocuparse de los ingresos de los deudores.”

–“Los controles del Estado no intervinieron porque “casi” todo era legal –dice Hernán Iglesias Illa, autor de Golden Boys, vivir en los mercados, un retrato de jóvenes brokers argentinos que triunfaron en Wall Street–. Digo “casi” todo porque hay casos de vendedores de hipotecas que mintieron sobre la capacidad de pago de los que compraban. Y en los 90 el gobierno de Clinton, queriendo fomentar los préstamos, relajó las reglas para las hipotecas de Fannie y Freddie.”

“Las tasas eran bajísimas –recuerda Iglesias Illa–. Los bancos te prestaban el 100% del valor de la casa sin presentar ningún papel.”

–¿Cómo puede ser que los bancos tenían noticias de esta crisis desde 2007 y los miembros del Tesoro no hayan tomado ninguna medida hasta 2008 con la caída de Bear Sterns? –se pregunta ante este diario un ex banquero de Nueva York.

Un artículo de The Observer del 18 de marzo de 2007 da cuenta del desinfle del boom inmobiliario: “Uno de cada ocho propietarios de los Estados Unidos no ha podido pagar su cuota, con dolorosas consecuencias para los bancos, entre ellos el HSBC”, dice. En agosto American Home Mortgage, que había negociado 59.000 millones en crédito, anunció el despido del 90% de su personal (7.400 personas) y declaró su quiebra dos días después. El 14 de septiembre el Banco de Inglaterra salva al privado Northern Rock, porque los ahorristas querían retirar en masa su dinero, y en octubre el UBS, el mayor banco suizo, anunció una depreciación de activos de 2.400 millones de euros. Y luego la debacle fue geométrica. Frente al Congreso, el plan inicial de Bush tenía tres carillas. Finalmente la propuesta del Tesoro fue de 451 páginas, por 700.000 millones, e insuficiente.

“El fin de este plan de rescate –escribió Michael Moore– es proteger la cantidad de riqueza obscena que se acumuló en el país en estos ocho años.” Moore propuso que el Congreso acuse criminalmente a Wall Street, que 400 americanos ricos pongan en marcha planes de austeridad personal, que un directivo de empresa no cobre 400 veces más que su empleado y que, si el gobierno les presta dinero, se lo cobre con intereses.

UNA OBVIEDAD Y UNA PARADOJA. El mundo tiene 6.000 millones de habitantes. Dos mil setecientos millones son pobres, 923 millones tienen hambre. De esos 923 millones, 300 millones son niños y 18.000 mueren cada día.

–Lejos de descender, la cantidad de hambrientos en el mundo actualmente está creciendo a un ritmo de cuatro millones por año –dice la presentación del Informe Anual de la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación).

Reducir a la mitad la proporción de personas hambrientas para 2015 costaría 150.000 millones de dólares, la mitad de lo que le costó al gobierno de Bush salvar de la quiebra a las compañías Fannie Mae y Freddie Mac y a la aseguradora AIG.

Según la fundación española La Caixa, erradicar la pobreza del mundo costaría 10 veces menos que el plan de rescate financiero. Su director, Jaime Lanaspa, aseguró que “es mucho más rentable en términos humanos destinar esos fondos a combatir el hambre que a rescatar operaciones de entidades que no han sido suficientemente responsables, transparentes y probablemente legítimas en su trabajo”.

Una nota firmada el jueves pasado por nuestro redactor Rodolfo Palacios da cuenta de la paradoja: un pibe de 16 podría ser condenado hasta diez años de prisión por robar golosinas en un maxikiosco de Villa Urquiza: dos cajas de Tita, dos de Rhodesia, tres de Bon o Bon, una de alfajores Dulce Reina, tres bolsas de caramelos Arcor, cinco paquetes de galletitas Sonrisas, cinco de Merengadas, cinco de Mellizas y cinco de Diversión.

Fuente: CRITICAdigital.com
Autor: Jorge Lanata /Investigacion: J L / Luciana Geuna /Jesica Bossi

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