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jueves, 9 de julio de 2009

Un cuento chino: el declive del dólar. Por Claudi Pérez

La crisis arrumba iconos de la economía de EE UU, pero el billete verde goza de una mala salud de hierro

Bismarck decía que Dios favorece a los locos, a los borrachos y a los Estados Unidos de América. Pero tal vez -sólo tal vez- la parte final de esa frase se haya quedado algo anticuada. Estados Unidos, la primera potencia económica del mundo, sufre un declive fenomenal. La crisis amenaza con llevarse por delante a varios de sus símbolos: General Motors, Citigroup y los arrogantes banqueros de inversión de Wall Street se han despeñado en los dos últimos años junto con una forma de ejercer el capitalismo que se ha revelado tóxica, salvaje, casi suicida. El estallido de la burbuja inmobiliaria y el colapso del sistema financiero han llevado a Estados Unidos a una recesión histórica.

Como consecuencia de todo eso, la nueva Administración de Barack Obama se encuentra con un déficit público disparado y una economía muy debilitada. E incluso el todopoderoso dólar está en entredicho como moneda de referencia. Lo que prácticamente equivale a poner en tela de juicio la supremacía económica norteamericana: algo que se anuncia desde hace 25 años, pero que no acaba de suceder.

La quiebra de un banco de inversión en Estados Unidos provocó un pánico financiero que llegó hasta Europa, derivó en una crisis de crédito y dejó a miles de empresas sin financiación y a decenas de miles de personas sin trabajo. No, no se trata del relato de la crisis actual. Corría el año 1873 cuando el pánico causado por un banquero insaciable llamado Jay Cooke -unido a una epidemia de gripe que introduce un siniestro paralelismo adicional con la recesión que ahora atravesamos- marcó el comienzo del declive del imperio británico (y de la libra esterlina) y el inicio de la hegemonía norteamericana (y del dólar).

Sencillamente, los británicos no podían competir con el coste de la mano de obra de Estados Unidos ni con el empuje procedente del otro lado del Atlántico. Algo que recuerda peligrosamente a lo que les pasa ahora a los estadounidenses con China. Aun así, tuvieron que pasar muchos años -y una crisis morrocotuda, la de 1929- para que Estados Unidos se asentara en ese liderazgo. Y todavía algunos más -y nada menos que la Segunda Guerra Mundial- para que el dólar empezara a dominar, allá por 1945. El billete verde se impone sin discusión desde entonces.

O quizá con discusión. Reproduciendo el patrón del relevo de Estados Unidos por el Reino Unido, de nuevo hay un cambio de guardia en la economía mundial que la crisis ha exacerbado, pero que estaba ahí latente desde hace tiempo. Un movimiento tectónico que desplaza parte del poder económico hacia el Este, a la costa asiática del Pacífico. Pero el final de la hegemonía del dólar no llegará antes de 2050, según las previsiones más fiables (si es que ese adjetivo conserva su significado después de esta crisis, con la economía convertida en la ciencia del "ya veremos"). Sólo a muy largo plazo puede pensarse en algo parecido a la caída del imperio -económico- americano y del dólar. Y a largo plazo, todos muertos: algo así decía Keynes, cuya abrumadora presencia en los periódicos y en boca de los políticos de izquierdas y de derechas debe tener a su antagonista, el liberal Milton Friedman, revolviéndose en su tumba.

Pero la cosa no va de Keynes ni de Friedman. Zhou Xiaochuan, ése es el hombre. El gobernador del Banco Central chino se ha convertido en una de las figuras clave de la economía mundial, y particularmente en el tablero de ajedrez de las divisas.

Justo antes del G-20 de abril en Londres, un informe firmado por Zhou causó un revuelo considerable en los mercados financieros. Propuso reemplazar el dólar como reserva global -algo que China reiteró la semana pasada- y sustituirlo por una supermoneda controlada por el Fondo Monetario Internacional (FMI). Se trataría de una cesta formada por las principales divisas y materias primas, algo parecido a lo que ya hace el FMI (y una idea que ya lanzó el inevitable Keynes hace 60 años, por cierto). Zhou obtuvo eco inmediato en el presidente ruso Medvédev y en sus socios del BRIC, el acrónimo que agrupa a los cuatro grandes emergentes: Brasil, Rusia, la India y China.

"El problema es que China y compañía poco o nada pueden hacer: son países que dependen de sus exportaciones, y para ello deben mantener sus monedas devaluadas, para competir mejor. Eso supone que deben acumular enormes reservas en otras monedas para mantener el tipo de cambio. El mercado de la zona euro no es ni lo suficientemente profundo ni tiene la liquidez adecuada, y la supermoneda del Fondo Monetario Internacional es una idea que tardaría años en hacerse realidad, así que la única opción es seguir comprando bonos del Tesoro de Estados Unidos. Y eso deja al dólar sin competidores", afirma Daniel Gros, presidente del Centro de Investigación de Políticas Europeas.

El peso de la economía estadounidense va a seguir reduciéndose en los próximos años, de eso no hay duda, pero el cambio de liderazgo va a ser mucho más lento de lo que se sugiere en ocasiones. Lo mismo ocurrirá con el dólar: todo indica que, de nuevo con mucha lentitud, también su peso internacional se irá deslizando a la baja. Vicente Pallardó, director del Observatorio de Coyuntura Económica Internacional de la Universidad de Valencia, asegura que la pérdida de peso del dólar se producirá "en favor del euro, como ya ha ocurrido en ciertos mercados como el ruso", y no a favor del yuan chino.

"El dólar sigue dominando el comercio mundial, el de materias primas; sigue respaldado por los mercados financieros más amplios, profundos y flexibles, y cuenta con la referencia de la deuda pública estadounidense, que, a pesar de todo, sigue siendo la más fiable. Todo ello irá cambiando, pero con mucha lentitud, y en todo caso, a favor del euro, sólidamente anclado por el Banco Central Europeo", añade Vicente Pallardó.

Pero incluso ese papel cada vez más protagonista del euro está en entredicho. "No hay alternativa al dólar", asegura Desmond Lachman, del think tank American Enterprise Institute, de Washington. "El euro va a recibir fuertes presiones en los próximos años por los problemas de Irlanda, Portugal, Grecia y España, y el yen japonés se enfrenta a una deflación y a una crisis inacabable", sostiene Lachman.

Expertos como Nouriel Roubini, profesor de la Universidad de Nueva York y el gran gurú de esta crisis, discrepan al sugerir que la alternativa es el yuan chino. "Pero eso no lo veremos en vida", señalaba el Nobel Paul Krugman -que cuenta 56 lúcidos años- en un artículo reciente.

Pallardó destaca que China "no tiene libertad de movimientos de capitales, ni libre convertibilidad de la moneda -ligada al dólar-, ni peso en los mercados mundiales como para que el yuan sea una moneda de referencia. La economía china, además, va a tener graves problemas en los próximos años por los desequilibrios de renta entre la cuidad y el campo, la ausencia de un sistema de protección social, la dependencia extrema de la demanda extranjera" o el hecho de que la morosidad en la banca "está en el 15% y las autoridades chinas presentan esa cifra como un éxito", añade José Carlos Díez, economista jefe de Intermoney.

Actualmente, cinco monedas (dólar, euro, yen, libra y franco suizo) actúan como divisas de reserva internacionales. Dos terceras partes de esas reservas están denominadas en dólares. China acumula en torno a 1,4 billones de dólares en bonos del Tesoro estadounidense -algo así como todo lo que produce España en un año-, un activo supuestamente muy seguro y que, por tanto, da una rentabilidad mínima.

Y ahí, en esa acumulación de dólares en la que lleva años, radica el problema: China ha caído en la trampa del dólar. Los chinos tienen miedo de que el déficit público galopante de la Administración de Obama acabe erosionando el valor de la divisa estadounidense -y por tanto, sus ahorros de tantos y tantos años-, sobre todo si sigue emitiendo deuda y los mercados empiezan a pensar que corre el riesgo de no poder pagarla.

Las medidas excepcionales del banco central estadounidense, que ha puesto en marcha la máquina de emitir dinero para paliar los efectos de la crisis, también despiertan recelos en China: si renace el espectro de la inflación en Estados Unidos, pueden esfumarse sus ahorros. Todo son miedos, pero los chinos están atados de pies y manos: cualquier movimiento en contra del dólar sería como pegarse un tiro en el pie, porque supondría un golpe para la cotización del dólar y eso empobrecería las reservas del gigante asiático.

"Para China, sería una debacle que se cumplieran sus deseos: si el dólar pierde peso como moneda de referencia, su valor se resentirá, se depreciará aún más. Si los chinos venden parte de sus dólares para diversificar sus reservas, provocarán un desplome de la divisa estadounidense. Y el dólar ya lleva meses cayendo con respecto a las grandes monedas. Los derroteros que está tomando todo esto pueden causar graves perjuicios a China", resuelve Federico Steinberg, investigador del Real Instituto Elcano.

Tomás Baliño, ex subdirector del FMI, sostiene que es natural que los países que han estado acumulando grandes reservas en dólares muestren inquietud por la situación en Estados Unidos. "Pero su retórica va más lejos que las acciones que pueden tomar: no es fácil para un país como China cambiar rápidamente la composición de sus reservas internacionales, porque puede desestabilizar el mercado. Pero sí puede esperarse que a partir de ahora diversifique sus compras", asegura Baliño, quien declara que no debe olvidarse que Estados Unidos sigue siendo "la mayor economía del mundo, quizá la más flexible y con una política económica más fácil de corregir que, por ejemplo, la de la zona euro". "Por ello es de esperar que el dólar mantenga su posición como moneda de reserva principal, aunque pierda importancia relativa, por bastante tiempo más", zanja el ex subdirector del FMI.

Los propios estadounidenses son muy pragmáticos con "su" dólar y el potencial de su economía. Charles Morris, autor del libro El crac del crédito, uno de los grandes superventas de esta crisis, explica que el billete verde "debería perder gran parte de su valor aristocrático, y me temo que eso va a suceder más pronto que tarde. Esa tendencia es inexorable. Si las importaciones estadounidenses siguen cayendo por la crisis económica, países como China e India empezarán a invertir más en clave interna, y entonces un cambio de guardia en las divisas a favor de las monedas asiáticas será inevitable".

Lo que ha llevado la economía internacional al borde del abismo es su tendencia a los desequilibrios. China, Alemania y Japón consumen poco y ahorran mucho; Estados Unidos -y España- ha vivido años en una fiebre consumista en la que apenas existía el ahorro. Lo normal es que eso se corrija: que los chinos consuman más y los norteamericanos aprendan a ahorrar. "Eso evitaría presiones sobre los tipos de cambio. Pero mientras eso no se resuelva, los mercados seguirán muy nerviosos", apunta José Carlos Díez.

Y si eso no se produce, vienen curvas. Toda grave crisis económica provoca en algún momento una crisis de divisas. El dólar se enfrenta a unos meses en los que los mercados pueden caer de nuevo presa del pánico, por las especulaciones acerca de la posibilidad de que Estados Unidos tenga problemas para pagar las ingentes cantidades de deuda que está emitiendo. Al fin y al cabo, a los estadounidenses les viene bien en medio de esta profunda recesión una moneda débil, que es algo así como una válvula de escape contra la crisis: encarece las importaciones y hace sus propios productos mucho más competitivos en el exterior.

A principios de junio, el secretario del Tesoro estadounidense, Timothy Geithner, viajó al gigante asiático para disipar las dudas que no dejan de sobrevolar el dólar, para estrechar lazos con China, para limar asperezas. Tras acusar en los últimos meses a China de manipular el tipo de cambio, Geithner se mostró tan conciliador como debe serlo el máximo responsable de la política económica de Obama en tiempos de turbulencias. Hay un vídeo en YouTube que da cuenta de ello, una conferencia de Geithner en la Universidad de Pekín. Algo debe estar pasando, porque las imágenes de esa conferencia son reveladoras: al hablar del dólar y soltar la parrafada habitual para calmar los ánimos -"Estados Unidos es partidario de un dólar fuerte"-, la cámara se fija en los estudiantes chinos. Y hay unos cuantos partiéndose de risa.


Fuente: El País.com
Autor: Claudi Pérez, escribe sobre economía y negocios en El País.

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miércoles, 10 de junio de 2009

¿Retoños verdes o hierba amarillenta?... la crisis no acabó. Por Nouriel Roubini

Nouriel Roubini, profesor de la escuela de negocios Stern School of Business, New York University, y director de RGE Monitor, anticipó la gran crisis global. Desde entonces, algunos lo acusan de intentar mantener su éxito en base a nuevos apocalipsis. Sin embargo, las observaciones de Roubini siguen siendo muy interesantes, fundamentadas y a menudo acertadas. Ahora él advierte sobre 'los brotes verdes', la figura que los optimistas utilizan para intentar encontrar datos que ayuden a consolidar la idea de que 'lo peor ya pasó'. Para Roubini hay mucho de exageración en el aún moderado optimismo. Él insiste en la necesidad de correcciones estructurales que, por ejemplo, USA se niega a ejecutar porque pondría en peligro su liderazgo, la estructura de distribución de la riqueza y el sistema sociopolítico dominante.

La información reciente indica que el ritmo de contracción de la economía mundial puede estar disminuyendo. Sin embargo, la esperanza de que pueden estar surgiendo los “retoños verdes” de la recuperación se ha visto frustrada por muchas hierbas amarillentas.

- Los últimos datos sobre el empleo, las ventas minoristas, la producción industrial y la vivienda en USA siguen siendo muy débiles;
- las cifras correspondientes al crecimiento del PIB en Europa en el primer trimestre son desalentadoras;

- la economía japonesa sigue en coma; e

- incluso las exportaciones de China –que se está recuperando– son escasas.

Así pues, la opinión generalizada de que la economía global pronto tocará fondo ha resultado ser demasiado optimista.

Tras la quiebra de Lehman Brothers en septiembre de 2008, el sistema financiero global casi se colapsó y la economía mundial entró en caída libre. En efecto, el ritmo de la contracción económica en el último trimestre de 2008 y el primero de 2009 llegó casi a los niveles de la depresión.

En ese momento, los encargados del diseño de políticas a nivel mundial comenzaron a utilizar la mayoría de las armas de sus arsenales:

- un enorme relajamiento de la política fiscal;

- expansiones monetarias convencionales y no convencionales;

- billones de dólares para apoyar la liquidez, recapitalizar, dar garantías y seguros a fin de detener la contracción de liquidez y de crédito.

Sólo en los dos últimos meses se pueden contar más de 150 intervenciones de política en el mundo.

Este equivalente en términos de políticas de la doctrina de la “fuerza abrumadora” del ex secretario de Estado de USA, Colin Powell, junto con la aguda contracción de la producción por debajo de la demanda final de bienes y servicios, fija condiciones para que la mayoría de las economías toquen fondo a principios del próximo año.

Recuperación en forma de V

Aun así, se demostró que los optimistas que el año pasado hablaban de un aterrizaje suave o de una recesión moderada “en forma de V” de ocho meses de duración estaban equivocados, mientras que quienes afirmaban que se trataría de una recesión más severa “en forma de U” de 24 meses –la desaceleración en USA ya lleva 18 meses– tenían razón.

Los últimos datos económicos han frustrado, además, el optimismo reciente de que las economías tocarían fondo a mediados de año. No obstante, la cuestión crucial no es cuándo tocará fondo la economía global, sino si la recuperación –cuando sea que ésta llegue– será fuerte o débil a medio plazo.

No podemos descartar que haya un par de trimestres con acelerado crecimiento del PIB, a medida que el ciclo de los inventarios y el enorme impulso generado por las políticas conduzcan a una recuperación de corto plazo.

Pero las hierbas amarillentas bien podrían asfixiar esos brotes verdes de los que tanto se habla ahora, lo que anunciaría una recuperación mundial débil en los próximos dos años.

En 1er. lugar, el empleo sigue cayendo abruptamente en USA y otras economías. En efecto, en las economías avanzadas, la tasa de desempleo será superior al 10% en 2010. Estas son malas noticias para el consumo y la magnitud de las pérdidas de los bancos.

En 2do. lugar, ésta es una crisis de solvencia, no sólo de liquidez, pero el verdadero desapalancamiento no ha comenzado en realidad porque las pérdidas privadas y las deudas de los hogares, las instituciones financieras e incluso las corporaciones no se están reduciendo, sino más bien socializando e incluyendo en las hojas de balance de los gobiernos. La falta de desapalancamiento limitará de capacidad de los bancos para prestar, de los hogares para gastar y de las empresas para invertir.

En 3er. lugar, en los países con déficit por cuenta corriente los consumidores deben disminuir el gasto y aumentar el ahorro durante muchos años. Los consumidores, que han comprado en exceso y están cargados de deudas se han visto afectados por un golpe a la riqueza –la caída del precio de la vivienda y de los mercados de valores–.

En 4to. lugar, el sistema financiero –a pesar del respaldo político– está gravemente dañado. La mayor parte del sistema financiero no bancario ha desparecido y los bancos comerciales tradicionales tienen billones de dólares de pérdidas previstas en créditos y títulos y siguen estando muy descapitalizados. Por lo tanto, la contracción del crédito no se aliviará rápidamente.

En 5to. lugar, la débil rentabilidad, debida al alto endeudamiento y al riesgo de moratoria, el bajo crecimiento económico –y por lo tanto el bajo crecimiento de los ingresos– y la persistente presión deflacionaria sobre los márgenes de las empresas seguirán limitando la disposición de éstas a producir, dar empleos e invertir.

Endeudamiento y tipos de interés

En 6to. lugar, el aumento de la relación de la deuda conducirá a la larga a un aumento de las tasas de interés reales, lo que podría desplazar al gasto privado y llevar a un riesgo de refinanciamiento soberano.

En 7mo. lugar, la monetización de los déficit fiscales no es inflacionaria a corto plazo, mientras que los mercados de productos y de empleo con poca actividad implican enormes fuerzas deflacionarias.

Pero si los bancos centrales no encuentran una estrategia de salida clara de las políticas que duplican o triplican la base monetaria, al final habrá una inflación de los precios de los bienes u otra peligrosa burbuja de activos y crédito (o ambas).

En 8vo. lugar, algunas economías de mercado emergentes con fundamentos económicos más débiles podrían no ser capaces de evitar una severa crisis financiera, a pesar de un apoyo enorme del FMI.

Por último, la reducción de los desequilibrios globales implica que los déficit en cuenta corriente de las economías derrochadoras (USA y otros países anglosajones) mermará los superávit de los países que ahorran en exceso (China y otros mercados emergentes, Alemania y Japón).

Pero si la demanda interna no crece con la suficiente rapidez en los países con superávit, la resultante falta de demanda global en relación con la oferta –o de manera equivalente, el exceso de ahorro a nivel mundial en relación con el gasto de inversión– conducirá a una recuperación más débil del crecimiento económico y la mayoría de las economías crecerán con mucho mayor lentitud de lo que potencialmente podrían hacerlo.

Así pues, las hierbas amarillentas del estancamiento podrían sustituir a los retoños verdes de la estabilización si varios factores de mediano plazo limitan la capacidad de la economía mundial para recuperar el crecimiento sostenido.

A menos que se solucionen esas debilidades estructurales, la economía global podría crecer en 2010-2011, pero a un ritmo anémico.


Fuente: Urgente24.com / original ingles RGE Monitor "Green Shoots or Yellow Weeds?
Autor: Nouriel Roubini, (Estambul, 1959-) es un destacado economista contemporáneo. Es profesor de economía en la Universidad de Nueva York y presidente de la consultora RGE Monitor. Nouriel Roubini ganó notoriedad por sus acertadas predicciones sobre la recesión global detonada por la Crisis de las hipotecas subprime, por lo cual ganó el apelativo de “Dr. Doom” (Doctor Catástrofe). Inicialmente consideradas pesimistas, sus predicciones demostraron ser precisas conforme se desarrollaba la Crisis financiera de 2008.

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sábado, 6 de diciembre de 2008

Por qué los profetas no lo vieron venir. Por David Fernández

Los 'gurús' de la economía no anticiparon la crisis por miedo a disentir y por interés. Muchos analistas también viven del negocio.

Imagínese que usted forma parte de una de las instituciones económicas más influyentes del mundo como es la London School of Economics. Imagínese también que ejerce de anfitrión junto con sus colegas durante una visita de la reina Isabel II a la sede del centro. En principio, uno de tantos actos protocolarios de guante blanco. Imagínese que la soberana de todo un Imperio se salta el protocolo para lanzar al aire una pregunta que seguro también se la hace el tendero de la esquina: "¿Por qué nadie ha sido capaz de anticipar la que se nos ha venido encima?". Deje de imaginar. La situación es real, ocurrió el pasado noviembre y ejemplifica cómo la crisis económica ha puesto en evidencia los pronósticos económicos. Hasta tal punto han fallado las previsiones que uno de los pocos que anticipó el crash, Nouriel Roubini, ha traspasado la línea que separa al economista de la estrella del pop y ahora va impartiendo doctrina por medio mundo en conferencias avaladas con cheques de varios ceros.


Simples turbulencias, desaceleración, crisis, recesión, ¿depresión? Esta es la secuencia que han seguido las previsiones de Gobiernos (incluido el español, que hasta bien entrado 2008 se negó a hablar de crisis), organismos internacionales, escuelas de negocios, reputados consultores y gurús de la gestión empresarial. Nadie tiene una bola de cristal para anticipar el futuro. Como decía Karl Popper, "predecir el nacimiento de la rueda es inventarla". Además, una crisis económica como la actual, la peor para muchos desde 1929, presenta varias raíces inéditas que han aflorado al mismo tiempo, lo que complica cualquier análisis. Sin embargo, estas dificultades no deben servir de excusa para esconder que los modelos de estimación económica presentan algunos vicios que limitan sus probabilidades de éxito. Conflictos de intereses, falta de transparencia, miedo a ir contracorriente ("fuera del consenso hace mucho frío", ironiza un experto) o la resistencia a dar voz a los críticos con el sistema económico durante el largo periodo de bonanza porque sus teorías no venden son algunos de estos vicios.

Hace un año este periódico pidió a 15 casas de Bolsa que dijeran en qué nivel se situaría el Ibex 35 en diciembre de 2008. El precio objetivo medio situaba el índice bursátil español en 17.300 puntos. El Ibex 35 está hoy por debajo de los 9.000 enteros. En defensa de los analistas hay que decir que en ese momento la crisis financiera aún no había mostrado su cara más violenta y que la economía real no se había contagiado. Lo que ya tiene menos explicación es que el pasado junio, cuando la metástasis de las hipotecas basura se había extendido por todo el sistema, la venta de optimismo seguía siendo la tónica dominante.

Credit Suisse, UBS, Citigroup, JPMorgan, Deutsche Bank, Goldman Sachs y Exane BNP Paribas son algunas de las firmas de Bolsa más importantes del mundo. En conjunto analizan las acciones de más de 10.000 compañías cotizadas. Pues bien, en junio sólo un 13% de sus consejos eran de vender acciones. El resto de recomendaciones a sus clientes eran de comprar o en el peor de los casos de mantener los títulos en cartera.

¿Por qué cuesta tanto escribir en un informe de Bolsa la palabra vender? "Por la propia estructura del mercado. Una entidad financiera suele tener conflictos entre el análisis y el negocio. Esta situación puede significar que la independencia de los analistas a la hora de emitir sus opiniones se vea limitada", reconoce Rafael Sarandeses, secretario general del Instituto Español de Analistas Financieros. A pesar de entonar el mea culpa, Sarandeses matiza que esta crisis no se debe a los errores de los analistas sino "a los fallos de los supervisores financieros y a las malas prácticas de las agencias de calificación de riesgos".

Sería injusto centrar todas las críticas en los analistas de Bolsa. Sus colegas macroeconómicos tampoco han estado muy finos. En enero de 2007 el consenso de mercado (bajo este concepto se engloban organismos supranacionales como el FMI, el Banco Mundial o la OCDE cuyos juicios deberían estar a salvo de las tentaciones que acechan a las instituciones privadas) preveía un crecimiento del PIB en EE UU y en la zona euro del 3% y del 2,1%, respectivamente. En noviembre de 2008 esas expectativas habían caído al 1,4% y al 1%. "Las crisis ocurren porque son inesperadas. Si todo el mundo las esperase no se materializarían. Además, en este caso nos hemos topado no con una crisis, sino con tres al mismo tiempo: la financiera, la hipotecaria y la económica", se defiende José Luis Martínez, economista jefe de Citigroup en España. Entonces, ¿no cree que haya que ajustar en nada los modelos económicos? "Todos los economistas manejamos varios escenarios. Quizás esta crisis lo que nos enseñe es que debemos aprender a asignar una determinada probabilidad al escenario elegido. No es lo mismo que digamos que va a producirse determinado acontecimiento cuando el margen de acierto que manejamos es de sólo el 40% que cuando asignamos a nuestro pronóstico el 80% de probabilidades. Esta crisis va a forzar una mayor transparencia en las previsiones".

Al calor de cada burbuja suelen surgir teorías que hablan de cambios revolucionarios que transformarán por completo el sistema económico. Estos planteamientos, sin embargo, suelen desinflarse casi a la misma velocidad que la burbuja que los amparó. A finales del siglo pasado se popularizó el concepto de Nueva Economía según el cual el desarrollo de Internet y otras tecnologías harían que pasásemos de una economía industrial a una economía del conocimiento y, como consecuencia de ello, se acabarían los ciclos económicos. Que le pregunten a las personas que hacen cola a cientos a las puertas del Inem si todavía existen los altibajos en economía... Con la burbuja financiera de los últimos años, diferentes think tanks han puesto de moda otra teoría no menos visionaria bautizada con el nombre de decoupling. La corriente de pensamiento que está detrás de este vocablo viene a decir que las reformas estructurales acometidas por los países emergentes les permitirán seguir con su senda de crecimiento con independencia de lo que ocurra en las economías desarrolladas. En los últimos dos meses se ha vuelto a comprobar que cuando las economías occidentales tosen, el resto, como mínimo, se resfría. China echa el freno a su espectacular crecimiento, los inversores castigan las divisas de México y Brasil, Rusia se ve forzada a cerrar en varias ocasiones sus mercados, Argentina desempolva medidas confiscatorias... En fin, todo un déjà vu.

"No creo en los gurús. Es una tendencia a abolir", sentencia José de Rafael, director de la Asociación Española de Empresas de Consultoría. "No se puede opinar más que con altos conocimientos de la situación. Se han corrido muchos riesgos por la proliferación de los mal llamados gurús. Siempre están los arribistas que tiene más pico que los demás, y en un determinado momento sus teorías pueden llegar a convencer". A pesar de la fuerte crítica a los analistas estrella, De Rafael opina que las previsiones económicas en esta crisis no han resultado tan erróneas. "La crisis se veía venir desde hace 14 meses. Lo que los expertos no han sabido anticipar ha sido su intensidad. Además, la raíz de la crisis no es financiera, sino de valores, y esto es imposible de predecir. La codicia y la corrupción han prevalecido sobre la ética empresarial", añade este experto.

El escritor especializado en temas de management Peter Drucker solía decir que el término gurú se había convertido en una palabra bastante popular debido a que la etiqueta alternativa de charlatán era demasiado larga para usarla en un titular periodístico. En los últimos años las conferencias de los grandes expertos en gestión empresarial han desbordado todos los aforos. Cientos de discursos y power points para encontrar la receta del éxito, pero pocas voces que alarmasen sobre lo que se estaba gestando. "Que yo recuerde, de los economistas extranjeros sólo adelantaron la crisis Nouriel Roubini y Paul Krugman mientras que entre los españoles destacan Ignacio Garikano y Xabier Mena", recuerda Alberto Saiz, director de HSM España, empresa especializada en contenidos de gestión empresarial y organizadora de Expomanagement. "Es más fácil subirse a la ola del pensamiento reinante que hacer un estudio profundo de la situación. En este sentido, yo también criticaría la actitud de los medios de comunicación por popularizar algunos mensajes", añade. "La verdad absoluta no la tiene nadie. Nuestra misión es inspirar a los ejecutivos para que encuentren alternativas para desarrollar sus estrategias, no decirles lo que tienen que hacer".

Tanto Saiz como el resto de expertos consultados para este reportaje reconocen que ante el tema de las previsiones, sean estas económicas o de otra índole, las personas se mueven con un marcado sentido gregario y que, al igual que hace dos años era un milagro que un libro de management o un economista crítico se abrieran paso, ahora se corre el peligro, por la ley del péndulo, de que sólo quede espacio para los agoreros. "Los seres humanos queremos oír aquello que se adecúa a nuestros patrones mentales. Si antes lo único que parecía vender eran las noticias buenas, ahora parece que triunfan las previsiones pesimistas", señala el director de HSM. "Tanta incertidumbre obliga a converger en posiciones, se traduce en una cierta opinión consensuada. Aunque con puntuales discrepancias, todos buscamos saber la opinión del de al lado. Ahora puede que corramos el riesgo de irnos al otro extremo: caer en el pesimismo absoluto y no valorar las cosas buenas que se están haciendo", añade José Luis Martínez.

Pero, cuidado, conviene no pasarse de frenada en la teoría del caos. La realidad es tozuda y el éxito efímero. Y si no que se lo pregunten a Ariun Murti, experto de materias primas en Goldman Sachs. En marzo de 2005 Murti predijo que el precio del petróleo daría el salto de 50 dólares a 105 en sólo cuatro años. Se desvió sólo unos meses. La situación del mercado le llevó a doblar su apuesta en mayo pasado, situando el barril de crudo en 200 dólares en sólo dos años. Coincidiendo con este segundo augurio de Murti, el petróleo inició un vertiginoso descenso que le ha devuelto de nuevo a la zona de los 50 dólares.

Otra consecuencia de la crisis actual es que se ha puesto en duda un dogma de fe económico de los últimos años: el poder casi religioso del libre mercado. Incluso en el santa sanctorum del capitalismo como es Wall Street han tenido que hincar la rodilla y rogar una inyección de dinero público para resolver sus pecados. El retorno a políticas de corte más intervencionista ha vuelto a poner de moda al economista británico John Maynard Keynes, partidario de la intervención del Gobierno para estimular la economía.

Pero incluso él también erraba a veces en sus previsiones. Un día tuvo que salir del paso de las críticas de un economista rival que le acusaba de inconsistencia en sus argumentos. "Cuando los hechos cambian, yo cambio mi opinión, ¿qué hace usted, caballero?". Habría sido interesante oír la respuesta que hubiera dado Keynes a la pregunta de la reina Isabel II.


Frases proféticas
LOS QUE NO ACERTARON:

- Jean-Claude Trichet, presidente del Banco Central Europeo (BCE), manifestó en junio de 2008: Nuestro escenario base señala que tendremos un recorte en el crecimiento del área euro durante el segundo y tercer trimestre de este año, para después retornar a la seda de un crecimiento moderado y progresivo en el cuarto trimestre.

- Simon Johnson, entonces economista jefe del FMI, se mostró así de convencido de la solidez de la economía mundial en primavera de 2007. Todos los riesgos que se ciernen sobre nuestras previsiones parecen menos amenazadores que seis meses atrás.

- José Luis Rodríguez Zapatero, presidente del Gobierno español, respondió así en junio a la pregunta de ¿hay crisis o no hay crisis?: Como todo, es opinable y depende de lo que entendamos por crisis. La economía crecía el año pasado por encima del 3,5% y este año va a crecer en torno al 2%.

LOS QUE ANTICIPARON LA CRISIS:

- Nouriel Roubini, profesor de economía en la escuela de negocios Stern (Nueva York) y director de la consultora RGE Monitor, escribió un informe en agosto de 2004 junto a Brad Setser en el que alertaba acerca de que los balances comerciales de las principales economías del mundo eran insostenibles y probablemente provocarían una crisis en el sistema económico en los próximos tres o cuatro años.

- William White, ex economista jefe del Banco Internacional de Pagos (BIS), con sede en Basilea, fue bastante consistente en sus críticas con las políticas monetarias demasiado laxas practicadas por los bancos centrales y las graves consecuencias que podía tener la expansión del crédito barato.

- Joaquín Almunia, comisario europeo de Asuntos Económicos y Financieros, dijo en junio de 2006: El incremento de la deuda de las familias es un serio elemento de riesgo, especialmente a partir de 2008. El precio de la vivienda está sobrevalorado. El endeudamiento de los hogares nos conducirá a una situación cada vez menos sostenible.

Fuente: ElPaís.com
Autor: David Fernández

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