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domingo, 16 de noviembre de 2008

Crisis: los ocho jinetes del Apocalipsis

Aquí están, éstos son. Los nombres y apellidos del peor desastre financiero global en casi 80 años. Detrás de los rostros de estos ocho ejecutivos hay una sucesión de errores, negligencias, egoísmos y una responsabilidad que trasciende lo individual para alcanzar al capitalismo sin regulaciones. Invertir y gastar sin fondos reales era una ecuación que no podía durar para siempre. Antes de lo que muchos esperaban, y contra la opinión de los “gurúes”, explotó. Lejos de castigarlos, el mercado premió a estos CEO (Chief Executive Office) con indemnizaciones millonarias.

Corridas, números que no cierran, desesperación. El mundo financiero entró en crisis mientras los responsables se hacían invisibles detrás del sufrimiento de miles de personas que corrían el riesgo de quedarse sin trabajo o sin vivienda al no poder pagar la hipoteca. Sin embargo, hay nombres y apellidos detrás de la crisis financiera más grande en 80 años, amparados en una sucesión de directivos que prefirieron mirar para otro lado y no detener el colapso que terminó afectando a la segura y cómoda forma de vida norteamericana.

Las causas son muchas, pero la lista incluye ambiciones desmedidas, errores de cálculo, sensación de impunidad y falta de control estatal.

Aunque todo estalló hace apenas unos meses, los problemas se agravaron en junio del año pasado, cuando comenzaron a caer los fondos del banco de inversión Bear Stearns. Como por efecto dominó, los bancos comenzaron a caer uno a uno, las Bolsas mundiales se derrumbaban y el colapso en Estados Unidos se volvió una preocupación real hasta para los más confiados. Pero la debacle ya se preveía en junio de 2003, cuando las tasas de la Reserva Federal llegaron al nivel más bajo.

Las causas de la crisis norteamericana más grande desde 1930 son múltiples y se irán analizando a medida que pase el tiempo, pero la especulación inmobiliaria y el afán desmedido de ganancias pueden señalarse como algunos de los motivos más evidentes.

En concreto, las rebajas en las tasas que se dispusieron para reactivar la economía provocaron una fuerte inversión en hipotecas tóxicas o de riesgo (subprime) armadas por los bancos. Las hipotecas tóxicas eran utilizadas para que clientes con poca solvencia adquirieran su vivienda, pero con un nivel de riesgo superior al del resto de los créditos. Mientras los ocho CEO más importantes del mercado recibieron indemnizaciones millonarias tras el fracaso al frente de las entidades, muchos ciudadanos norteamericanos llegaron a suicidarse ante la desesperada idea de perder sus viviendas al no poder afrontar el pago de las deudas. Cerca de 200 mil familias estuvieron en peligro de quedarse sin sus casas.

El modelo neoliberal recomienda recetas de libre comercio y no intervención estatal; sin embargo, cuando la crisis explotó el gobierno del republicano George Bush entendió que la intervención del Estado era la única forma posible de salvar la economía. Así se planeó un operativo rescate de US$ 700 mil millones para sanear los bancos. En un primer momento, los demócratas rechazaron el plan por considerar injusto que los contribuyentes terminen pagando la deuda privada, y hasta lo propios republicanos se opusieron por su dogma histórico de rechazar la intervención estatal. Finalmente, el proyecto se aprobó con cambios en el tope máximo para los depósitos bancarios con garantía federal. El Estado también autorizó un plan para evitar los desalojos que incluyó la reducción de las tasas de interés, la extensión del préstamo por un período más prolongado y el retraso en el pago principal de la hipoteca.

Cuando el Congreso dio luz verde al rescate, ejecutivos de una de las entidades, la aseguradora AIG, festejaron la noticia en un retiro de una exclusiva playa californiana donde se gastaron 400 mil dólares. Tenían mucho que agradecer a la “mano invisible” del mercado, que los dejó tranquilos, e impunes.

  • Charles O. Prince - Citigroup

Con 48 años, el ejecutivo del Citigroup no tuvo mejor idea que intentar enfrentar la crisis que se avecinaba con el despido de 17 mil empleados y el traslado de 9.500 a países con menores costos. La decisión estuvo acompañada de promesas a los inversores de ahorrar 10 mil millones de dólares. El lema de Prince era recortar en sueldos y en costos organizativos que “no aporten nada a la capacidad de dar un servicio eficiente a la clientela”.

Cuando comprendió que los empleados no eran el problema, ya fue demasiado tarde y las acciones se vinieron a pique, poco después de inflar el balance de la firma con activos tóxicos por un valor de más de 11 mil millones de dólares.

Claro que entre la reducción de costos no estaba incluida su indemnización, que llegó a los 105 millones de dólares. Al dejar su cargo, Prince declaró: “Dada la magnitud de las pérdidas en el negocio de las hipotecas, la única salida honrosa que me queda como presidente es renunciar a mi puesto”. Robert Rubin, ex secretario del Tesoro de Estados Unidos bajo la administración de Bill Clinton, se hizo cargo del Citigroup.

  • Daniel Mudd - Fannie Mae

Tiene 49 años y es hijo del periodista Roger Mudd, de la CBS. Antes de dedicarse a las finanzas, fue oficial de los marines y combatió en Beirut, donde fue condecorado por sus servicios. Durante la caída del Muro de Berlín, Mudd recibió una propuesta para trabajar en el gobierno alemán. Tras su experiencia militar, ingresó al mundo empresario, primero recaló en la General Electric y luego desembarcó en una de las prestamistas financieras más grandes de Estados Unidos, Fannie Mae. En los últimos tiempos al frente de la entidad, no logró evitar el derrumbe de la financiera, abrumada por las hipotecas impagas, la caída de los precios de la vivienda y el trastorno del mercado crediticio, lo que dejó sin casas a miles de familias. Sólo en el segundo trimestre de 2008 la financiera perdió 2.300 millones de dólares. Su decisión de elevar los intereses a pagar por las hipotecas tuvo un alto costo social. En septiembre pasado, junto con Freddie Mac, Fannie Mae fue rescatada por la Reserva Federal y el Departamento del Tesoro, y los gobiernos locales adquirieron las viviendas confiscadas. Mudd recibió una compensación de 24 millones de dólares. El propio Barack Obama pidió que tanto él como Richard Syron, de Freddie Mac, no recibieran cifras millonarias mientras el Estado salía a salvar a las financieras prestamistas con el dinero de los contribuyentes.

  • R. Fuld - Lehman Brothers

Apodado “el Gorila” por su fama de reservado, duro y poco hablador, la de Richard Fuld fue la caída más estrepitosa porque estaba considerado un gurú de la economía mundial. Nacido en Nueva York hace 62 años, falló en su intento de salvar de la bancarrota a Lehman Brothers, el cuarto mayor banco de inversión de Estados Unidos, al no lograr que el Bank of America u otra entidad adquirieran los activos para absorber las pérdidas. El CEO recibió varias advertencias de sus asesores, que le aconsejaban vender un porcentaje del capital, pero Fuld pretendía venderlo a un precio muy alto, y cuando intentó colocar los activos al valor del mercado ya era demasiado tarde porque había comenzado el derrumbe. Jugador de squash y coleccionista de arte moderno, ganaba 17 mil dólares la hora y logró acumular 489 millones de dólares en los últimos 10 años gracias a la venta de sus acciones. La mujer del ejecutivo, Kathy, vicepresidenta del Museo de Arte Moderno de Nueva York, vendió su colección por 20 millones de dólares. Sin embargo, no parece que la familia tenga problemas económicos ya que Fuld, tras hundir a Lehman Brothers, recibió una indemnización de 53 millones de dólares, cifra que le alcanza para lograr su individual sueño americano.

  • Stanley O’Neal - Merrill Lynch

La burbuja financiera de Estados Unidos terminó con el puesto del segundo ejecutivo mejor pago de las firmas de inversión, con alrededor de 45 millones de dólares en 2006. De 57 años, O’Neal fue despedido luego de conseguir ascender en la escala social con mucho esfuerzo. Es hijo de un jornalero negro de Alabama y nieto de esclavo. Pudo estudiar porque General Motors le concedió una beca y con los años logró ocupar diversos cargos en la compañía. Sus triunfos comenzaron en épocas en que los negros eran muy discriminados.

El trabajo de O’Neal significaba el progreso económico y social de la población negra, pero los objetivos de una vida próspera y exitosa se esfumaron el año pasado cuando fue despedido, tras haber llegado a la presidencia de Merril Lynch en 2002. En cinco años ganó 172 millones de dólares.

Al irse, un año atrás, no esperaba que la compañía iba a desaparecer en un mar de deudas.La firma de inversión fue adquirida por el Bank of America, que pagó 44.000 millones de dólares, y John Thain lo reemplazó en el cargo en diciembre de 2007. A pesar del fracaso social y laboral, O’Neal fue premiado con una compensación que alcanza los 160 millones de dólares. Un economista estadounidense afirmó que su gestión evidenciaba “la mejor relación salario-fracaso. que se haya visto”.

  • James Cayne- Bear Stearns

Tiene 74 años y dejó de ser el CEO de Bear Stearns en enero de este año, tras duros cuestionamientos por sus errores y ausencias en medio de la crisis de liquidez que sufrió la compañía durante 2007.

En sus comienzos fue comerciante de chatarra y vendedor de fotocopiadoras, y nunca pudo realizar una carrera universitaria. Es fanático de los habanos y del bridge, tanto que mientras la Bolsa se desplomaba y el mundo financiero conocido dejaba de ser lo que era, Cayne se la pasó jugando al golf y practicando su juego favorito de cartas en Tennessee. Sus ejecutivos negociaban por él, pero el directivo de la firma no atendía las llamadas ni contestaba los e-mails, sólo se comunicaba una vez al día a través de teleconferencias.

Con este ritmo de trabajo, el quinto mayor banco de inversión no pudo sostenerse más y sus acciones cayeron casi un 50%. Fue adquirido por JP Morgan en marzo pasado por 200 millones de dólares. Claro que Cayne no se fue con las manos vacías: recibió 38 millones, que se suman a los 60 millones por la venta de sus acciones.

  • Robert Willumstad - AIG

El ejecutivo, de 62 años, estuvo un corto período al frente de American International Group, la mayor aseguradora de Estados Unidos. Asumió el 15 de junio, en reemplazo de Martin Sullivan, y pocos meses después fue sustituido por Edward Liddy, dejando a la firma al borde de la bancarrota.

Desde que Willumstad asumió en la aseguradora, los activos de la compañía cayeron 94%, debido a la falta de liquidez por la reducción de las calificaciones de riesgo de la empresa.

Con la firma a la deriva y sin financiamiento, las autoridades federales norteamericanas aprobaron un salvataje por una cifra que durante la semana que pasó se elevó a 150 mil millones de dólares. Argumentaron que no era conveniente dejar caer a AIG, que ahora deberá vender activos para recaudar fondos y afrontar las deudas que tiene con el Estado. Por sólo tres meses de trabajo, en los que no logró reflotar las pérdidas y hundió más a la aseguradora, Willumstad se pudo haber llevado 22 millones de dólares, pero renunció a la indemnización para aliviar las tensiones con el Gobierno.

  • Angelo R. Mozilo – Countrywide

Otro ejecutivo de origen humilde que llegó a uno de los mejores puestos del mercado y perdió su estatus, según sus ex compañeros, por avaricia y mezquindad. Nació en 1938 en Nueva York, y llegó a Countrywide Financial Corp hace tres décadas. Miembro fundador de la compañía, logró convertirla en la mayor financiera hipotecaria de Estados Unidos por siete años. Durante su presidencia, la empresa otorgó préstamos por miles de millones de dólares a deudores que resultaron insolventes. Pese a sus errores, que llevaron a la caída de la financiera, Mozilo se quejaba de ganar “sólo” 50 millones de dólares al año. La firma solventaba gastos de un club de campo y dos clubes de golf de los que era miembro. Pero el ejecutivo se sintió maltratado cuando lo criticaron por hacer viajar a su esposa en el jet privado de la empresa. “No es justo ni sabio exigir que mi mujer use un vuelo comercial”, se indignó. En julio pasado, Countrywide perdió un 80% de su cotización en Bolsa y 704 millones de dólares, hasta que el Bank of America llegó para rescatarlo. Mozilo se llevó una indemnización de 56 millones de dólares.

  • Michael Perry - Indymac

El ejecutivo, de 43 años, fue CEO del banco desde que cumplió 30. La compañía tuvo pérdidas por 200 millones de dólares durante el tercer trimestre de 2007 y no pudo mantener sus activos por la falta de liquidez y las complicaciones para conseguir fondos solventes. Por las fallas en la previsión de su director, el Indymac Bank se transformó en el Indymac Federal Bank con la ayuda del Fondo de Garantía de Depósitos (FDIC en sus siglas en inglés), que se hizo cargo y gestiona el banco. En julio de este año la entidad estuvo por quebrar debido al retiro de 1.300 millones de dólares en diez días por parte de sus clientes. Para evitar el peor descenlace, anunció el despido del 50 por ciento de su personal y Perry aceptó una rebaja en su salario, pero ni ese gesto pudo salvarlo. Desde que la crisis fue imparable, los empleados de la entidad tuvieron la opción de quedarse o aceptar un retiro voluntario; sin embargo, Perry no contó con la posibilidad de elegir ya que lo echaron sin preguntarle. Aunque probablemente no lo afectó demasiado, ya que se llevó como indemnización 42 millones

Fuente: Diario Perfil.com

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lunes, 20 de octubre de 2008

"Reparar el sistema financiero no impedirá la recesión", según George Soros

Tiene 78 años y hace 10 que pronosticó el derrumbamiento del capitalismo global. George Soros, que labró su fortuna como especulador -su proeza más famosa fue provocar una devaluación de la libra esterlina en 1992 que le deparó mil millones de dólares de ganancia en 24 horas-, se dedica en los últimos años a la filantropía y a analizar y explicar las claves de la crisis de la economía mundial. Su último libro, The New Paradigm for Financial Markets: The Credit Crisis of 2008 and What it Means, publicado en España por Taurus (El nuevo paradigma de los mercados financieros. La crisis crediticia de 2008 y lo que significa), aborda este tema. Y también sobre la crisis gira esta entrevista concedida el pasado domingo en Washington.

Pregunta. ¿Cómo es que todos los esfuerzos realizados por el Gobierno estadounidense hasta el momento -el plan de rescate de 520.000 millones de euros, los bajos tipos de interés, la garantía de los depósitos y de los instrumentos negociables- no han parado la crisis?

Respuesta. Las autoridades estadounidenses adoptaron una economía de mercado fundamentalista. Creían que los mercados acabarían corrigiéndose a sí mismos. El secretario del Tesoro Henry Paulson es un ejemplo. Pensaba que seis meses después de la crisis de Bear Stearns, el mercado se habría ajustado y, "bueno, si Lehman (Brothers) se hunde, el sistema puede asumirlo". Sin embargo, todo se vino abajo.

Como no entendían la naturaleza del problema -que el mercado no se corregiría por sí solo- no veían la necesidad de intervención estatal. No prepararon el plan B.

Cuando se declaró la crisis de Lehman, tuvo que cambiar de opinión y rescatar a AIG. Al día siguiente se produjo la estampida en los mercados de dinero y en los mercados de instrumentos negociables, de modo que volvió a cambiar de idea y dijo que necesitábamos una ayuda financiera de medio billón de euros. Pero quería meter el dinero en el lugar equivocado: quedándose con los activos tóxicos de los bancos.

Al final han recuperado el sentido, y la Administración pública está comprando acciones de los bancos, porque comprende que el sistema financiero está al borde del colapso.

P. Ahora que las autoridades estadounidenses van por fin por buen camino, ¿cuáles son los componentes clave para resolver la crisis?

R. Las líneas generales están claras. Hay cinco elementos principales. El primero, que el Estado tiene que recapitalizar el sistema bancario comprando acciones de los bancos.

En segundo lugar, es necesario reanudar el préstamo interbancario ofreciendo garantías y situando el Líbor (tipos de préstamo interbancarios del mercado de Londres) en línea con los fondos de la Reserva Federal. Esto ya está en marcha. Se va a conseguir.

Tercero, debemos reformar el sistema hipotecario estadounidense, minimizando las ejecuciones y renegociando los préstamos para que las hipotecas no valgan más que las casas. Detener las ejecuciones hipotecarias ayudará a amortiguar la caída de precio de las viviendas.

Cuarto, Europa tiene que solucionar la debilidad del euro creando una red de seguridad para sus bancos. Aunque inicialmente se han resistido, ahora han encontrado la fe y lo han hecho en la reunión celebrada en París el pasado domingo.

Quinto, el FMI debe atajar la vulnerabilidad de los países situados en la periferia del sistema financiero mundial, proporcionándoles una red de seguridad financiera. Esto también está en marcha. Los japoneses ya han ofrecido 150.000 millones de euros con este fin.

Estas cinco medidas empezarán el proceso de curación. Si las aplicamos con eficacia, habremos superado lo peor de la crisis financiera.

Pero después, me temo, la economía real sufrirá los efectos secundarios, que ahora están cobrando brío. A estas alturas, la reparación del sistema financiero no impedirá una recesión mundial grave. Puesto que en estas circunstancias el consumidor estadounidense ya no puede servir de locomotora de la economía mundial, el Gobierno estadounidense debe estimular la demanda. Dado que nos enfrentamos a los retos amenazadores del calentamiento del planeta y de la dependencia energética, el próximo Gobierno debería dirigir cualquier plan de estímulo al ahorro energético, al desarrollo de fuentes de energía alternativas y a la construcción de infraestructuras ecológicas. Este estímulo podría convertirse en la nueva locomotora de la economía mundial.

P. Al final, ¿no nos encontraremos con un paisaje financiero mundial enormemente distinto? Estados Unidos dejará de ser la principal potencia. Tendrá, junto con partes de Europa, bancos socializados y un enorme endeudamiento. La China comunista, con abundante capital, será la nueva potencia financiera a escala mundial y un gran inversor en Occidente.

R. Estados Unidos perderá influencia. Ya la ha perdido. Desde hace 25 años, mantenemos un déficit en cuenta corriente constante. Los chinos y los países productores de petróleo registran excedentes. Hemos consumido más de lo que hemos producido. Mientras nosotros acumulábamos deudas, ellos adquirían riqueza con sus ahorros. Cada vez más, los chinos se irán adueñando de una parte mayor del mundo, porque convertirán sus reservas de dólares y de bonos públicos estadounidenses en bienes raíces.

Eso cambia las relaciones de poder. El traspaso de poder a Asia es una consecuencia de los pecados cometidos por Estados Unidos en los últimos 25 años.

P. Hablemos de la naturaleza de la crisis. Gracias a los bajos tipos de interés, a la liquidez mundial y a la liberalización hemos tenido una burbuja de expansión crediticia que se ha ido reforzando a sí misma a lo largo de 25 años, la cual ha provocado, como se dijo en una ocasión, una "euforia irracional" en los mercados financieros. Ahora tenemos el desplome del mercado bursátil y del crediticio ("la desesperación irracional"), no justificado por los fundamentos económicos de la economía real. ¿Cómo encaja este patrón en su teoría de la reflexividad y en su nuevo paradigma para entender las finanzas?

R. La clave para entender la crisis -la peor desde la década de 1930- es ver que se ha generado dentro del propio sistema financiero. Lo que estamos contemplando no es la consecuencia de una sacudida externa que haya desequilibrado las cosas, como daría a entender el paradigma dominante, que considera que los mercados se corrigen a sí mismos. Lo cierto es que los mercados financieros se desestabilizan a sí mismos; en ocasiones tienden hacia el desequilibrio, no hacia el equilibrio.

El paradigma que yo propongo difiere de la idea convencional en dos aspectos. En primer lugar, los mercados financieros no reflejan las bases económicas reales. Las expectativas de agentes e inversores siempre las están distorsionando. En segundo lugar, estas distorsiones de los mercados financieros pueden afectar a los fundamentos de la economía, como vemos en burbujas y desplomes. La euforia puede hacer que suban los precios de las viviendas y de las empresas de Internet; el pánico puede hacer que bancos sólidos se tambaleen.

Esa doble conexión -que uno afecta a lo que refleja- es lo que yo denomino "reflexividad". Así es como funcionan realmente los mercados financieros. Su inestabilidad está ahora extendiéndose a la economía real, no al revés. En resumen, las secuencias alcistas y bajistas, las burbujas, son endémicas del sistema financiero.

La actual situación no se debe sólo a la burbuja inmobiliaria. La burbuja inmobiliaria no ha sido más que el detonador de una mucho mayor. Esa superburbuja, creada por el uso cada vez más frecuente del crédito y el apalancamiento, combinado con la convicción de que los mercados se corrigen a sí mismos, tardó más de 25 años en formarse. Ahora se ha pinchado.

P. ¿Cuál debería ser el interruptor que cortocircuite las distorsiones que inevitablemente desestabilizan los mercados financieros?

R. Las burbujas son endémicas del sistema, y por lo tanto los reguladores estatales tienen que intervenir para evitar que se hinchen demasiado. Los Gobiernos deben reconocer que los mercados no se corrigen a sí mismos. No basta con recoger los pedazos después de las crisis.

P. La existencia de noticias financieras de 24 horas, ¿amplifica y exagera las distorsiones de los mercados financieros?

R. Sin duda, acelera el proceso. Pero yo no exageraría su importancia. A finales del siglo XIX, no disponían de televisión por cable las 24 horas, y sin embargo se producían las mismas burbujas. A lo largo del siglo XIX, un siglo con una mentalidad de laissez faire y en el que la reglamentación era insuficiente, una crisis venía tras otra. Cada crisis provocaba alguna reforma. Así es como se desarrolló la banca central.

Fuente: ElPais.com / Global Viewpoint. Distribuido por Tribune Media Services.

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