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jueves, 14 de agosto de 2008

LA FARSA DE LOS DERECHOS HUMANOS en la ONU. Por Andrés Oppenheimer*

Hace tiempo que no escuchaba algo tan ridículo: el flamante Comité Asesor del Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas celebró su primera sesión esta semana en Ginebra, Suiza, y --por increíble que parezca-- eligió a un funcionario cubano como su presidente.

Como si los burócratas de derechos humanos de la ONU y sus jefes en sus respectivas cancillerías no tuvieran suficiente sentido del ridículo al designar al representante de una dictadura que prohíbe la libertad de expresión y de reunión como su presidente, además eligieron a representantes de Egipto y Rusia --que no son precisamente campeones de los derechos humanos_ para ocupar dos de las tres vicepresidencias, junto a Corea del Sur.

El jurista cubano Miguel Alfonso Martínez, ex vocero del Ministerio de Relaciones Exteriores cubano, fue elegido presidente del Comité Asesor en la sesión inaugural del grupo de 18 países el 4 de agosto.

La emisora del régimen cubano Radio Rebelde dijo en su sitio web que Martínez fue nominado por el gobierno cubano, pero que, según las reglas del Consejo, se ''espera que trabaje de manera independiente''. (Nota del columnista: ¡Sí, seguramente!).

El Comité Asesor tiene como función actuar como fuente de ideas e investigaciones requeridas por el Consejo de Derechos Humanos, que tiene dos años de existencia, y que reemplazó a la desacreditada Comisión de Derechos Humanos de la ONU. La extinta Comisión se había convertido en un club de protección mutua de los peores violadores internacionales de los derechos humanos.

Tal vez muchos de ustedes recuerden que una de las mayores preocupaciones de los países democráticos en el momento en que la Asamblea General de la ONU creó el Consejo en el 2006 fue que el nuevo comité de derechos humanos no siguiera los pasos de su antecesor. En el pasado, países violadores de los derechos humanos como Cuba, China y Arabia Saudita intercambiaban sus cargos en otros comités de la ONU con otros países, para asegurarse una banca en el Consejo de derechos humanos y protegerse de las críticas del resto del mundo.

Para evitar eso, la Asamblea General de la ONU le pidió al nuevo Consejo de Derechos Humanos hace dos años que creara un Comité Asesor independiente. Los funcionarios de la ONU dijeron que el Comité Asesor adoptaría decisiones de manera independiente, para proteger al Consejo de las presiones políticas.

Según un comunicado de prensa de la ONU tras la apertura de la sesión inaugural del Comité, Martínez dijo en su discurso que "ser el primer presidente de este nuevo organismo en la hipersensible área de derechos humanos fue un gran privilegio para él. Es la experiencia emocional más conmovedora que le ha tocado vivir''.

De hecho, es probable que el propio Martínez no haya podido creerlo, teniendo en cuenta que los organismos independientes de derechos humanos internacionales consideran a Cuba uno de los países más represivos del mundo. Aunque Cuba firmó este año el estatuto de la ONU sobre Derechos Civiles y Políticos, nada ha cambiado demasiado en la isla en el campo de los derechos humanos.

Recientemente Amnistía Internacional pidió al gobierno cubano que liberara a 58 disidentes encarcelados hace cinco años en una redada que el grupo internacional llama "la mayor campaña que se haya llevado a cabo en Cuba contra los opositores políticos".

''El único delito cometido por esos 58 individuos fue el pacífico ejercicio de sus libertades fundamentales'', dijo el grupo. 'Amnistía Internacional los considera prisioneros de conciencia''.

Según un informe de este año emitido por Human Rights Watch, Cuba sigue reprimiendo "casi todas las formas de disenso político. Los ciudadanos cubanos han sido privados sistemáticamente de sus derechos fundamentales de libre expresión, privacidad, asociación, movimiento y del derecho a la defensa legal''.

¿Puede ser que Martínez actúe como un ''experto independiente'', como lo aseguran los funcionarios de la ONU y de Cuba?, le pregunté a Amnistía Internacional.

''No es posible que pueda cumplir con esa parte de su mandato'', me dijo Holly Ackerman, una especialista en Cuba de Amnistía Internacional en Estados Unidos. ''Las exigencias de un régimen comunista son que uno sea solidario con el gobierno, que uno esté "integrado''. Uno representa a la revolución, y no a sí mismo".

Mi opinión: Estoy de acuerdo. El Consejo de Derechos Humanos de la ONU ha resultado ser tan politizado como el desacreditado organismo que lo precedió. Algunos de sus miembros más activos son Cuba, China, Arabia Saudita y Rusia, y eso se nota en sus decisiones.

La mayor esperanza de que el Consejo de Derechos Humanos fuera diferente a su antecesor era tener un Comité Asesor verdaderamente independiente, que le impidiera proteger a los transgresores de los derechos humanos. Sin embargo, ahora que el Comité Asesor será presidido por funcionarios propuestos por Cuba, Rusia y Egipto, esa esperanza se ha desvanecido.

Fuente: EL NUEVO HERALD (Miami Herald) publicado el 7 de agosto de 2008.

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jueves, 17 de julio de 2008

TURISMO DE SALUD. El futuro traerá medicina sin fronteras

Leyendo la columna del prestigioso y laureado periodista Andrés Oppenheimer en el Miami Herald, me encontre con la columna titulada "El futuro traerá medicina sin fronteras" creo que les va a ser de gran utilidad y conocer algo más sobre la crisis del sistema de salud norteamericano y la tendencia en ascenso de buscar servicios de salud ( mas baratos) en el extranjero.

Desde hace varios años, hemos venido diciendo en esta columna que una de las grandes oportunidades económicas para México --y Latinoamérica en general-- será convertirse en un centro de servicios de salud para millones de estadounidenses que no pueden pagar los servicios hospitalarios de su país, o que simplemente buscan una atención médica más personalizada

Poco me imaginaba que, accidentalmente, yo mismo estaría tres semanas hospitalizado en Ciudad de México el mes pasado, y me tocaría experimentar en carne propia el sistema médico de un país extranjero.

Antes de contarles mi experiencia, señalemos que el turismo de salud de estadounidenses a Latinoamérica, India, Singapur y otros países está creciendo a un ritmo de casi 20 por ciento anual, según distintas estimaciones.

Alrededor de 180,000 estadounidenses viajan a otros países cada año para que se les practiquen procedimientos médicos como reemplazos de rodilla, operaciones de cadera, chequeos regulares o cirugías dentales, según Josef Woodman, autor de Pacientes sin fronteras. Además, otros 400,000 estadounidenses viajan al exterior anualmente para ''terapias alternativas'' --como cursos de meditación en India-- lo que eleva la cifra a un total de 580,000.

Milika Bookman, autora de Turismo médico en los países en desarrollo estima que un país pequeño como Costa Rica está atrayendo, por sí sólo, unos 150,000 turistas de salud por año.

Las razones de este éxodo de pacientes estadounidenses son simples: alrededor de 45 millones de estadounidenses carecen de seguro de salud, y otros 30 millones tienen seguros de salud con insuficiente cobertura. Asimismo, muchos de quienes tienen seguro médico van al exterior para someterse a cirugías cosméticas que no están cubiertas por sus seguros en Estados Unidos.

Los números hablan por sí mismos: un bypass coronario --incluyendo la cirugía y la internación en una habitación privada --cuesta un promedio de $100,000 en EEUU, $27,000 en México y $24,000 en Costa Rica, según las estimaciones de Pacientes sin fronteras. Un reemplazo de cadera cuesta un promedio de $45,000 en EEUU, $11,000 en México y $9,700 en Costa Rica. Un lifting facial cuesta un promedio de $13,200 en EEUU, $3,100 en Costa Rica y $8,550 en México.

Y la tendencia al turismo médico seguirá creciendo: en las próximas tres décadas, habrá alrededor de 100 millones de estadounidenses --los baby boomers-- que alcanzarán edad de retiro. Muchos de ellos no podrán pagar los servicios médicos en Estados Unidos. Y tal como ocurre en Europa, donde los jubilados alemanes, británicos y suecos se mudan a España durante varios meses al año, en busca de atención médica personalizada y un costo de vida más barato, cada vez más retirados estadounidenses se mudarán a comunidades del norte de México, Costa Rica y otros países latinoaméricanos.

¿Pero están estos países preparados para ofrecer servicios médicos del primer mundo? A juzgar por mi reciente experiencia en Ciudad de México, la respuesta es un inequívoco sí, con algunas salvedades obvias.

El 9 de junio, mientras cenaba en un restaurante con dos altos funcionarios académicos mexicanos, repentinamente me descompuse, traté infructuosamente de vomitar, y en el esfuerzo me desgarré el esófago. Es una rara afección médica, conocida como el síndrome de Boerhaave, con un alto riesgo de muerte.

Para mi gran fortuna, los dos funcionarios que me acompañaban no sólo llamarón una ambulancia, sino que hablaron con un alto funcionario de la cadena de hospitales Angeles, y con el presidente de la Universidad Autónoma de México, el Dr. José Narro, que es un prestigioso médico. Cuando la ambulancia llegó al hospital Angeles Mocel, ya habían reunido a un equipo de médicos de primer nivel. El Dr. Jorge Salas, el neumonólogo que dirigía el equipo, descartó un ataque cardíaco y llamó al cirujano toráxico Patricio Santillán para que me operaran de inmediato, y me quitaran más de dos litros de líquido gástrico que tenía en el pecho.

Luego de una operación de seis horas, pasé dos semanas en terapia intensiva y otra semana en una habitación individual hasta que me dieron de alta el 28 de junio, cuando ya podía caminar y todos los análisis daban bien. Los médicos me dicen que dentro de pocas semanas estaré como nuevo.

Durante toda esta odisea, los médicos y enfermeras mexicanos no podrían haber sido más profesionales, ni atentos. Desde el primer día, los médicos me dieron sus teléfonos celulares, pidiéndome que no vacilara en llamarlos si necesitaba preguntarles cualquier cosa. Cuando me visitaban en la habitación, el equipo médico --que incluía al cardiólogo Mario Vélez y al internista Paul Frenk-- pasaba más de una hora explicándome los altos y bajos del proceso de recuperación.

Las enfermeras no podrían haber sido más amables. Me llamaban por mi nombre --en lugar del impersonal ''mi amor'' que tanto usan las enfermeras en Estados Unidos, en algunos casos porque no se toman el trabajo de aprender el nombre de sus pacientes-- me alentaban a que caminara por los corredores del hospital para hacer ejercicio y con frecuencia me ayudaban a distraerme contándome sus vidas o conversando sobre las noticias del día.

Mi habitación individual tenía cuatro veces el tamaño de una habitación de hospital promedio en Estados Unidos, con un TV de plasma y conexión a internet.

''No me sorprende nada de lo que me cuentas'', me dijo Woodman, autor de Pacientes sin fronteras. "En los casi 100 hospitales que visité el año pasado en Taiwan, Corea, India, Costa Rica, México y otros países, los pacientes estadounidenses me dijeron que la calidad del tratamiento era superior a la que habían experimentado en EEUU''.

Cuando volví a Miami y me hicieron exámenes en el Hospital de la Universidad de Miami, el veredicto de los médicos fue unánime: los médicos mexicanos habían hecho un trabajo excelente. De hecho, la pronta detección del problema y la rapidez de la operación me habían salvado la vida. Y la cuenta final del hospital de México había sido de $42,000 --una fracción de los más de $170,000 que hubiera costado en EEUU.

Por supuesto, esta historia tiene sus salvedades: obviamente, recibí un trato especial. Mi columna del Miami Herald se publica en más de una docena de periódicos mexicanos, mi programa de TV Oppenheimer Presenta se emite por la televisión mexicana, y varios de mis libros han sido bestsellers en México. Y el hecho de que el presidente de la cadena Angeles, Olegario Vázquez Adir, el presidente de la UNAM, el doctor Narro, y el regente de Ciudad de México, Marcelo Ebrard, inquirieran a diario por mi estado de salud obviamente ayudaron a que me dieran una atención especial.

La otra salvedad es que, así como hay hospitales buenos en México u otros países de la región, también los hay malísimos. A uno le puede tocar uno malo, y no vivir para contar el cuento.

Según los expertos en turismo de salud, antes de elegir un hospital extranjero, hay que consultar la lista de hospitales acreditados por la Comisión Conjunta Internacional (JCI), el organismo regulador estadounidense que certifica hospitales extranjeros que cumplen con los estándares norteamericanos. Ya hay varios hospitales brasileños y mexicanos en esa lista.

Los hospitales estadounidenses, para no quedarse fuera de juego, ya están sumándose al negocio del turismo médico. Recientemente se inauguró un hospital Johns Hopkins en Panamá, donde algunos médicos graduados en EEUU realizan operaciones por una fracción de su costo en Estados Unidos. El Instituto Internacional de Medicina de la Universidad de Miami está estudiando invertir en un hospital en Cartagena, Colombia, y asociarse con hospitales en la República Dominicana y en Bahamas.

Los extranjeros seguirán viniendo a los hospitales de Estados Unidos para procedimientos médicos de alta complejidad que no están disponibles en sus países, ni lo estarán por muchos años. Pero, para operaciones rutinarias, la tendencia será hacia otros países con costos más razonables.

''El turismo de salud nos está haciendo considerar seriamente la posibilidad de asociarnos con hospitales en el extranjero'', me señaló Eduardo de Marchena, el decano de Medicina Internacional de la Universidad de Miami.

Mi opinión: si los médicos y enfermeras mexicanos ofrecen a sus pacientes una fracción de la atención que me dieron a mí, brindan un servicio mucho más personalizado del que se puede encontrar en la mayoría de los hospitales de Estados Unidos. Una buena atención médica con calidez personal será un gran atractivo para millones de turistas de salud norteamericanos, y le podría dar --como ocurre en España-- un gran impulso a las economías latinoamericanas.

Si desea saber mas sobre las dificultades para acceder a los seguros de salud, sus altos costos y demás topicos relacionados a este tema: recomiendo mirar el documental "Sicko" (es el título en inglés) de Michael Moore estrenado el 29 de junio de 2007. La película ofrece su particular enfoque del sistema de salud de Estados Unidos de América, poniendo énfasis en la crítica a las grandes compañías de servicios de salud estadounidenses.

Fuente: ElNuevoHerald.com

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