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lunes 9 de noviembre de 2009

Lo que el Muro se llevó. Por José Ignacio Torreblanca

Primera advertencia: "No sea obvio". Segunda: no se aceptarán artículos que comiencen con un "desde el fin de la Guerra Fría" ni que se titulen "Europa en la encrucijada". Son las normas editoriales de la revista Foreign Policy en Español con las cuales me siento plenamente identificado como miembro de su Consejo editorial. Todo un desafío a la hora de escribir el 9 de noviembre de 2009, cuando se cumplen exactamente 20 años de que cayera el muro de Berlín. Comenzaré por darles una mala noticia: que al resto del mundo le importa bien poco lo que ocurrió en Berlín hace ahora 20 años. Aunque muchos se resistan a darse por enterados, Europa ha dejado de ser el centro del mundo. En realidad, su protagonismo era completamente ficticio: con sus dos guerras mundiales, Europa ya hacía tiempo que se había suicidado. Pero como la Guerra Fría tenía como escenario principal una Europa dividida en dos bloques, una Alemania dividida en dos Estados y un Berlín dividido en dos mitades, los europeos se seguían creyendo los protagonistas de la historia. Así que, aunque no lo pareciera, el centro de gravedad del mundo ya hacía tiempo que se había trasladado fuera de Europa. El resultado es que, durante los 50 años anteriores a la caída del Muro, sólo hubo dos potencias europeas en Europa: EE UU y la URSS. Naturalmente, esto no quiere decir que no tengamos motivos de celebración: todavía nos conmueve el coraje de las decenas de miles de personas que dijeron "basta" y se lanzaron a las calles de Europa Central y Oriental en 1989. Pero la realidad es que las luces se apagaron en el escenario europeo hace ahora 20 años. Fundido en negro.

Y si el final fue feliz, con abrazos y lágrimas en aquellos momentos mágicos del 9 de noviembre, no fue necesariamente gracias a los líderes europeos. Toda revolución tiende a ser traicionada; 1989 no es una excepción. Un breve recorrido por las hemerotecas nos muestra la enorme miopía de Margaret Thatcher, François Mitterrand y Giulio Andreotti, en estado de shock ante la perspectiva de una Alemania unida. Sabemos que los dos primeros maniobraron desesperadamente en Washington y en Moscú para impedir a toda costa la reunificación alemana y que el último dejó para la posterioridad aquella vergonzosa frase que tan bien lo resumía todo ("amo tanto Alemania que prefiero que haya dos"). Y sabemos también que Mitterrand y otros se opusieron frontalmente a la otra gran unificación europea, la que habría de llevar a la UE de 15 a 27 miembros, proponiendo todo tipo de sucedáneos (una confederación europea, una integración regional entre los países del Este o qué sé yo) y racaneando la adhesión hasta el último minuto. ¡Qué altura de miras!

Peor aún: los atávicos reflejos geopolíticos de esos líderes tuvieron un enorme coste en vidas humanas en la antigua Yugoslavia. Convencidos de que una Serbia fuerte era imprescindible para detener la influencia alemana en los Balcanes, Reino Unido y Francia protegieron durante demasiado tiempo a Milosevic y a sus criminales álter egos, con las funestas consecuencias que todos conocemos. Así que "la hora de Europa" que muchos proclamaron acabó con los Balcanes convertidos en el matadero de Europa. Menos mal que Bill Clinton terminó dando un puñetazo en la mesa y poniendo orden en la región.

Por tanto, si la reunificación alemana finalmente tuvo lugar fue gracias a la visión histórica y altura de miras de George Bush (padre) y de Mijaíl Gorbachov, que hicieron por Europa mucho más de lo que ésta estaba dispuesta a hacer por sí misma. Y si la ampliación de la UE finalmente se llevó a cabo, haciendo honor a la promesa concedida en 1957 de "lograr una unión más estrecha entre los pueblos de Europa", ésta no se hizo con entusiasmo, sino con fastidio. Para muchos, la caída del Muro estuvo bien, pero 10 años más de telón de acero no hubieran estado nada mal.

Veinte años después de la caída del Muro, la UE sigue sin ser una potencia europea. Desde los Balcanes a Rusia, pasando por la vecindad oriental, Turquía o el Mediterráneo, la UE sigue sin ser decisiva. Por eso, 1989-2009, además de ser objeto de celebración, debe ser objeto de preocupación: si la caída del Muro marca el momento en el que realmente termina la II Guerra Mundial, entonces no necesariamente significa el comienzo del renacimiento europeo tras 50 años de división, sino la confirmación definitiva de la (dulce) decadencia que se inició en 1945.


Fuente: ElPais.com
Autor: José Ignacio Torreblanca, es investigador senior en el European Council on Foreign Relations, así como director de la oficina de Madrid. Antes, trabajó en el Real Instituto Elcano como analista senior en asuntos de la UE. Es doctorado en Ciencia Política y Sociología por la Universidad Complutense de Madrid y se dedica también a la enseñanza de Ciencia Política y asuntos de la UE en la UNED. Es autor de varios libros y columnista de Foreign Policy en Español, Politique Européenne, Política Exterior, la Revista Española de Ciencia Política y El País.

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domingo 18 de octubre de 2009

Misión no cumplida. Por Paul Krugman

Las acciones suben. Ben Bernanke dice que la recesión ha terminado. Y percibo una disposición cada vez mayor entre los mandamases a declarar la "misión cumplida" en cuanto a la lucha contra la crisis. No paro de oír que es hora de dejar de centrarnos en el estímulo económico para ocuparnos del déficit presupuestario. Pues no, no es así. Y la complacencia que ahora se está adueñando de la visión de la situación de la economía es tan absurda como peligrosa.

Sí, la Reserva Federal y la Administración de Obama nos han "apartado del borde del precipicio" (el título de un nuevo informe de Christina Romer, que dirige el Consejo de Asesores Económicos). Sostiene de forma convincente que la política expansionista nos ha salvado de una posible repetición de la Gran Depresión.

Pero, aunque no tener otra depresión es bueno, todo indica que, a menos que el Gobierno haga mucho más de lo que actualmente está previsto para ayudar a la economía a recuperarse, el mercado laboral (un mercado en el que actualmente hay seis veces más personas buscando trabajo que puestos vacantes) seguirá en una situación terrible durante años.

De hecho, la previsión económica de la propia Administración (una previsión que tiene en cuenta los puestos de trabajo adicionales que el Gobierno dice que se crearán gracias a sus políticas) es que la tasa de paro, que estaba por debajo del 5% hace tan sólo dos años, será de media del 9,8% en 2010, del 8,6% en 2011 y del 7,7% en 2012.
Esto no debería considerarse una perspectiva aceptable. Por un lado, implica una enorme cantidad de sufrimiento durante los próximos años. Además, un paro que siga tan alto durante tanto tiempo hará que el futuro de Estados Unidos sea muy sombrío.

Cualquiera que piense que estamos haciendo lo suficiente para crear empleo debería leer un nuevo informe de John Irons, del Instituto de Política Económica, que describe la "cicatriz" que es probable que deje un paro alto y prolongado. Entre otras cosas, Irons señala que una prolongada tasa de paro de la magnitud que ahora se prevé conduciría a un enorme aumento de la pobreza infantil; y que hay pruebas innegables de que los niños que crecen en la pobreza tienen una probabilidad preocupante de arruinar su vida.

Este coste humano debería ser nuestra principal preocupación, pero las consecuencias en dólares y céntimos también son funestas. Las previsiones de la Oficina Presupuestaria del Congreso, por ejemplo, indican que durante el periodo de 2010 a 2013 (es decir, sin contar las pérdidas que ya hemos sufrido), la "brecha de producción", la diferencia entre lo que la economía podría haber producido y lo que realmente produce, será de más de dos billones de dólares. Eso son billones de dólares de potencial productivo tirados por la borda.

Pero esperen. La cosa se pone peor. Un nuevo informe del Fondo Monetario Internacional muestra que la clase de recesión que hemos tenido, una recesión causada por una crisis financiera, suele producir daños a largo plazo en las perspectivas de crecimiento de un país. "La trayectoria de la producción tiende a caer sustancial y persistentemente después de las crisis bancarias".

Sin embargo, el mismo informe indica que no se trata de algo inevitable: "Encontramos que una respuesta de política fiscal a corto plazo más enérgica" -y con esto se refieren a un aumento temporal del gasto público- "se asocia de forma significativa a unas pérdidas de producción menores a medio plazo".

Así que deberíamos estar haciendo mucho más de lo que hacemos para impulsar la recuperación económica, no sólo porque así se reduciría nuestro sufrimiento actual, sino también porque mejorarían nuestras perspectivas a largo plazo.

¿Pero podemos permitirnos hacer más: ofrecer más ayuda a los parados y los gobiernos estatales que se ven acorralados, gastar más en infraestructuras, ofrecer créditos fiscales a los empresarios que creen empleo? Sí, podemos.

Es una creencia generalizada que tratar de ayudar a la economía ahora genera beneficios a corto plazo a costa de pérdidas a largo plazo. Pero, como acabo de señalar, desde el punto de vista del país en su conjunto, las cosas no funcionan así en absoluto. La crisis está causando daños a largo plazo en nuestra economía y sociedad, y mitigar esa crisis nos conducirá a un futuro mejor.

Lo que es verdad es que gastar más en la recuperación y en reconstrucción empeoraría la situación fiscal del Gobierno. Pero, incluso en eso, la creencia generalizada exagera muchísimo las cosas. Los verdaderos costes fiscales de apoyar la economía son sorprendentemente pequeños.

Ya ven, gastar dinero ahora equivale a una economía más fuerte, tanto a corto como a largo plazo. Y una economía más fuerte equivale a más ingresos, lo que compensa una gran parte del coste inicial. Los cálculos, grosso modo, indican que la compensación no llega al 100%, de modo que el estímulo fiscal no sale del todo gratis. Pero cuesta mucho menos de lo que uno pensaría tras escuchar lo que se supone que es una discusión informada.

Miren, yo sé que más estímulo es una política difícil de vender. Pero es urgentemente necesario. La pregunta no debería ser si podemos permitirnos hacer más para impulsar la recuperación. Debería ser si podemos permitirnos no hacerlo. Y la respuesta es no.


Fuente: El País.com / 2009 New York Times Service.
Autor: Paul Krugman (28 de febrero de 1953) es un economista, divulgador y periodista norteamericano, cercano a los planteamientos neokeynesianos. Actualmente profesor de Economía y Asuntos Internacionales en la Universidad de Princeton. Desde 2000 escribe una columna en el periódico New York Times. En 2008 fue galardonado con el Premio Nobel de Economía.
Traducción: News Clips.

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viernes 16 de octubre de 2009

Un nuevo enfoque para la seguridad alimentaria. Por Hillary Rodham Clinton

Día Mundial de la Alimentación

Para 1.000 millones de personas en el mundo, el esfuerzo diario de cultivar, comprar o vender alimentos es el esfuerzo que define su vida. Eso es importante para ellos, y para todos nosotros.

Consideren a una de las pequeñas agricultoras del mundo. Vive en una aldea, se levanta antes del alba y camina varios kilómetros para recoger agua. Trabaja todo el día en un campo, a veces cargando a un bebé en la espalda. Si la sequía, las enfermedades o las pestes no destruyen sus cosechas, quizá tenga suficiente para alimentar a su familia y algo para vender. Pero no hay carretera que llegue al mercado más cercano y no hay nadie en la aldea que pueda darse el lujo de comprarle sus productos.

Consideremos a un joven en una ciudad a más de 100 kilómetros de distancia de esa agricultora. Cobra unos centavos en su trabajo. Va al mercado pero los alimentos allí se están pudriendo o los precios están fuera de su alcance. La agricultora tiene alimentos extra para vender, y él quiere comprarlos. Pero esa transacción sencilla no puede ocurrir debido a fuerzas complejas más allá de su control.

Hacer frente al desafío del hambre mundial está en el centro de la "seguridad alimentaria" -facultar a los agricultores del mundo para que siembren y cosechen cultivos abundantes y pesquen o cuiden efectivamente del ganado- y asegurar que lo que producen llega a las personas más necesitadas. La seguridad alimentaria representa la convergencia de cuestiones complejas: sequías e inundaciones causadas por el cambio climático, altibajos en la economía mundial que afectan a los precios de los alimentos y alzas en el precio del petróleo que aumentan los costes de transporte. La seguridad alimentaria también es seguridad nacional. El hambre crónica amenaza la estabilidad de los gobiernos y las sociedades. Las personas que no tienen nada para comer o están desnutridas y no pueden cuidar de sus familias sienten una desesperanza que puede llevar a la tensión, los conflictos, e incluso a la violencia. Desde 2007, se han producido disturbios a causa de los alimentos en más de 60 países.

Los fracasos de la agricultura en muchas regiones del mundo tienen un impacto poderoso en la economía mundial. La agricultura es la única o la principal fuente de ingresos para más de tres cuartas partes de los pobres del mundo. Cuando tantos trabajan arduamente cada día pero no pueden salir adelante es el mundo entero el que no progresa.

La Administración Obama considera el hambre crónica como una prioridad clave de nuestra política exterior. Otros países se nos unen en este esfuerzo. Las principales naciones industrializadas han comprometido más de 22.000 millones de dólares durante más de tres años para impulsar el crecimiento económico de la agricultura. El 26 de septiembre, el secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, y yo organizamos una reunión de líderes de más de 130 países para lograr apoyo internacional.

Nuestro enfoque se basará en nuestra experiencia. Hemos empleado demasiados años y dinero en proyectos de desarrollo que no han rendido resultados duraderos, pero hemos aprendido de estos esfuerzos. Ahora sabemos que las estrategias más efectivas surgen de quienes se encuentran más cerca de los problemas, no de las instituciones o gobiernos extranjeros a miles de kilómetros de distancia. Sabemos que el desarrollo funciona mejor cuando se percibe como una inversión, no como una ayuda.

Teniendo en cuenta esas lecciones, nuestra iniciativa de seguridad alimentaria se guiará por cinco principios.

Primero, no hay un modelo que sirva para todos. Así que trabajaremos con países socios para crear y aplicar sus planes.

Segundo, atenderemos las causas fundamentales del hambre al invertir en todo, desde mejores semillas hasta seguros para pequeños agricultores. Es crítico que nuestras inversiones en agricultura apoyen la ambición y perseverancia de las mujeres agricultoras.


Tercero, ninguna entidad puede erradicar el hambre por sí sola. Pero si los interesados trabajan juntos -coordinando a nivel nacional, regional y mundial- nuestro impacto puede multiplicarse.

Cuarto, apoyaremos a las instituciones multilaterales que tienen el alcance y los recursos que se extienden más allá de cualquier país.


Por último, prometemos compromiso y responsabilidad a largo plazo. Para demostrarlo, invertiremos en instrumentos de vigilancia y evaluación que permitan que el público vea lo que hemos hecho.


Este esfuerzo puede alargarse durante años, incluso décadas, antes de que lleguemos a la meta, pero ofrecemos todos nuestros recursos y energía. Mientras realizamos este esfuerzo, mantendremos nuestro compromiso profundo a la ayuda alimentaria de emergencia, para responder al urgente llamamiento de socorro cuando ocurran tragedias y desastres, como sucede ahora en el Cuerno de África, donde la sequía, fracasos en las cosechas y la guerra civil han causado la peor crisis en 18 años.

Revitalizar la agricultura mundial no será fácil. En realidad, es uno de los esfuerzos de diplomacia y desarrollo más ambiciosos y completos que nuestro país haya emprendido jamás, pero puede hacerse y vale la pena hacerse. Y si tenemos éxito, nuestro futuro será más próspero y más pacífico que nuestro pasado.


Fuente: ElPais.com
Autor: Hillary Rodham Clinton, (1947-) es una abogada y política, actual Secretaria de Estado de los Estados Unidos. Fue Senadora Junior de los Estados Unidos por el Estado de Nueva York y fue candidata a la nominación demócrata en la elección presidencial de 2008. Está casada con Bill Clinton, 42º Presidente de los Estados Unidos y fue la Primera Dama de los Estados Unidos de 1993 a 2001.

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viernes 9 de octubre de 2009

Llega el fin del mundo... y nos gusta. Por Luis Muiño

Prevemos la catástrofe, pero creemos que no nos afectará

En los próximos meses, una auténtica batería de películas no sólo catastrofistas, sino directamente apocalípticas, aterriza en nuestras pantallas. Por alguna razón, parece que el fin del mundo y el exterminio de la especie humana venden

Uno de los textos más antiguos de la historia de la humanidad es una tablilla babilónica en la cual el autor se lamenta del rumbo que está tomando la sociedad. Con tono de queja, explica que todo está lleno de corrupción, que la juventud ha perdido los valores y que "las cosas ya no son como antes". Al final del texto, el autor vaticina que el mundo está tocando a su fin. Se avecina una gran catástrofe que acabará con todos estos problemas…

Tiempo después, el zoroastrismo hablaba también del fin de los tiempos. Según Zaratustra, este acontecerá cuando Ahura Mazda derrote a Angra Mainyu (el dios del caos). Por las alusiones que dejó en el Avesta, Zaratustra debió de pensar que el gran apocalipsis ocurriría poco después de su muerte. Pero como eso no sucedió, dejó a sus fieles conviviendo con la inquietante sensación de que uno de estos siglos el mundo llegará a su catastrófico fin. Después del zoroastrismo, cientos de religiones han usado imágenes escatológicas para mantener a sus adeptos en vilo. Las pesadillas dantescas del Libro de Daniel del Antiguo Testamento y el Tanaj hebreo, las catástrofes anunciadas por el Libro del Apocalipsis, las continuas alusiones a la inminencia del fin del mundo en los primeros tiempos del luteranismo o los sucesivamente aplazados cataclismos de los Adventistas del Séptimo Día son sólo algunos de los ejemplos más famosos.

Millones de personas han aceptado a lo largo de la historia el sentimiento de que el fin del mundo era inminente. Ya juzgar por el éxito actual del catastrofismo, la atracción por las imágenes de destrucción sigue vigente. En el cine, Roland Emmerich nos vuelve a asustar este año con otra película de catástrofes. Esta vez se basa en el supuesto cataclismo previsto por los mayas, allá por diciembre del año 2012. A pesar de la supuesta excusa histórica, la película es tan fantástica como todas sus realizaciones anteriores: esa fecha era simplemente la última del ciclo en el calendario maya - semejante a nuestros 31 de diciembre- y nunca tuvo para aquella cultura andina connotaciones negativas. Pero seguro que las imágenes impactarán como lo hicieron las de Independence Day o El día después.



En la literatura, Cormac McCarthy - el último outsider de las letras estadounidenses- ha hecho un éxito de su última novela, La carretera de nuevo (The Road), el atractivo de lo catastrófico- adictiva. Y el libro se ha acabado convirtiendo en uno de los más vendidos en todo el mundo.

Y en la cultura popular, el último gran fenómeno en EE.UU. es Left behind, una trilogía de películas de bajo presupuesto en la que se desarrollan en narraciones literales de los pasajes más espectaculares del Apocalipsis. Las películas han recaudado millones de dólares para las arcas evangelistas, a los que habrá que sumar el dinero que se consiga con los videojuegos y otros productos de mercadotecnia.

El filón del catastrofismo sigue dando dividendos. Parece que la fascinación por el fin del mundo es atemporal: algo hay en los seres humanos que nos hace proclives al atractivo de la destrucción.

Una primera pista acerca de la razón que nos lleva a recrearnos en los apocalipsis es que nunca son completamente destructivos. Si nos fijamos en los ejemplos anteriores, tanto históricos como actuales, es fácil darse cuenta de que siempre hay personas que se salvan de la catástrofe. Por supuesto, los elegidos son los buenos. El siguiente paso parece obvio: esos supervivientes seremos nosotros.

El atractivo del milenarismo tiene que ver con un fenómeno psicológico paradójico pero comprensible: los seres humanos podemos ser, a la vez, pesimistas con respecto al mundo y optimistas cuando pensamos en nosotros mismos. De hecho, la contradicción entre nuestra visión global del futuro y la que tenemos de nosotros mismos ha llamado siempre la atención a los que nos dedicamos a la salud mental. La contradicción está ahí y, por lo visto, forma parte de la idiosincrasia del ser humano. Las estadísticas lo reflejan: mientras que la mayoría de la gente es optimista con respecto a sí misma, un porcentaje elevado de las personas juzga que las cosas (en la sociedad, en la política, en la naturaleza…) no van tan bien.

Un ejemplo de este fenómeno enlaza con el gusto por el catastrofismo. En una reciente investigación, el psicólogo Martin Seligman descubrió que cuando se pregunta a los estadounidenses cuáles son la posibilidades de una guerra nuclear en los próximos diez años, un gran porcentaje las sitúan en el 50%. Pero cuando el interrogante es qué esperan de sus vidas en ese mismo periodo de tiempo, el 80% contesta que confía en que las cosas le vayan mejor que en la actualidad. Es decir: la mayoría de las personas cree que el fin del mundo va a llegar, porque "las cosas van muy mal". Pero el drama sólo afectará a los demás: ellos estarán entre los elegidos para seguir viviendo.

¿A qué se debe esta discrepancia entre nuestra visión benévola de nuestro futuro y nuestra previsión crítica y acerada de la marcha de la humanidad? Aunque desde el punto de vista lógico esta dicotomía resulte contradictoria, el dilema es fácil de resolver si pensamos que nuestra mente no está hecha para alcanzar la verdad. Su sentido adaptativo real es darnos una imagen del mundo que nos sirva para sobrevivir. Por eso, el pesimismo ante las personas y ante el mundo puede ser adaptativo: nos permite protegernos, nos permite estar alerta ante los peligros. La inquietante sensación de que las cosas van a peor nos ayuda a ser precavidos. Sin embargo, con nosotros mismos es mejor que seamos optimistas, para tener la motivación y las fuerzas suficientes para seguir adelante.

El catastrofismo es, de alguna manera, el clímax de este fenómeno de "todo-acabará-mal-menos-lomío". Cuando no vemos nuestras posturas triunfar en el mundo o cuando observamos cómo otros tienen lo que nosotros anhelamos, la idea de un final de los tiempos catastrófico que ponga las cosas en su sitio (es decir, en el sitio en que nos gustaría que estuviesen) es reconfortante. Como nos recuerda el historiador Damian Thompson en su libro El fin del tiempo, "el apocaliptismo es un género nacido de la crisis, destinado a afirmar la resolución de una comunidad sitiada, haciendo oscilar ante sus ojos la visión de una liberación repentina y permanente de su cautividad. Se trata de literatura clandestina, el consuelo de los perseguidos".

Las imágenes catastrofistas tienen un efecto relajante. Cuando conectamos con el mensaje de alguna película o libro de este género, sentimos que estamos en un escenario en el que ya ha acabado todo lo malo que había en el planeta Tierra. El principio de este tipo de narrativas nos sitúa en un mundo nuevo lleno de posibilidades.

Un contexto que no es nuevo. De hecho, es semejante a lo que trasmitía el milenarismo religioso: el Apocalipsis iba seguido de la resurrección de los muertos y la felicidad de los que salían bien parados del juicio divino. Otro historiador, George Duby, habla así en su libro Año 1000, año 2000. La huella de nuestros miedos acerca del sentimiento que embargaba a los habitantes de Europa cuando se acercaba el final del primer milenio: "Tengo la certeza de que existía una espera permanente, inquieta, del fin del mundo: el Evangelio anuncia que Cristo volverá algún día, que los muertos resucitarán y que Él apartará a los buenos de los malos. Todo el mundo lo creía, y esperaba ese día de la ira que provocaría sin duda la confusión y la destrucción de todo lo visible. (…) El apocalipsis producía temor, pero también esperanza; después de las tribulaciones empezaría un lapso de paz que precedería al Juicio Final, un periodo más fácil de vivir que el cotidiano. Cuando se desgarrara el velo, iba a empezar un largo tiempo en que los hombres por fin vivirían felices en paz e igualdad. El hombre medieval se hallaba en estado de debilidad ante las fuerzas de la naturaleza, vivía en un estado de precariedad material comparable al de los pueblos más pobres de África de hoy. A la mayoría, la vida le resultaba dura y dolorosa. Pero la gente esperaba que, acabado un lapso de terribles penurias, la humanidad iría hacia el paraíso o bien hacia ese mundo, liberado del mal, que debería instaurarse después de la venida del Anticristo".

El atractivo del catastrofismo consiste en esa esperanza que proporciona un mundo que empieza de nuevo. Pero, evidentemente, no todo es positivo en esa táctica de optimismo egoísta. Creer que todo va mal y pensar que se avecina el colapso mundial nos lleva a una sensación de inquietud que desemboca fácilmente en falta de solidaridad. En el momento en que pensamos que los demás están provocando una catástrofe, nos alejamos emocionalmente de ellos. Los despersonalizamos y dejan de darnos pena, porque "ellos han merecido su final". Nosotros, los buenos, no podemos hacer nada por aquellos que provocan su propia catástrofe…

Hay mucha investigación acerca de este egoísmo del estrés previo a la catástrofe. Los experimentos consisten en crear ese estado en sujetos voluntarios y luego evaluarles. El resultado es rotundo: las personas que sienten esa angustia agorera son más remisas a la hora de ayudar a un extraño, están menos dispuestas a reconocer diferencias individuales entre personas - síndrome de desindividuación, "todos son iguales"- y, quizás por eso, son más proclives a administrar unas pequeñas descargas eléctricas a otros individuos. Es decir, si alguien cree que se avecina una catástrofe, se instala en la psicología del sálvese-quien-pueda. Por eso hay analistas como Naomi Klein - en su último libro, La doctrina del shock -que advierten contra la gestión oportunista del desastre por los gobiernos y empresas, que usan la cultura del miedo para eliminar los derechos civiles. El miedo, según esta autora, nos hace menos solidarios. La idea de que los demás se acercan a su perdición puede parecer consoladora: "Cada paso que da el zorro le acerca a la peletería", reza un terrible dicho. Pero recrearnos en el fin de los malos es un error en un mundo en el que todos vamos en el mismo barco.

En una reciente entrevista para la televisión panameña, le preguntaban a Ronald Emmerich si alguna vez pensaba destruir el canal de Panamá en una de sus películas. El director de cine responde que no y el entrevistador sonríe aliviado. Parece pensar que en un mundo devastado ese paso servirá para algo. Es lo que tiene el egoísmo: parece una táctica útil, pero a medio plazo es absurda.


Recomiendo los siguientes artículos relacionados a este:
- Adiós, mundo cruel... Cuando las malas noticias arrecian, Hollywood se apunta al cine apocalíptico. Por Rocío Ayuso / El País, España.
- Luz, cámara... apocalipsis. Tendencia: el cine vuelve a mirar el futuro con pesimismo. Por Marcelo Stiletano / La Nación, Argentina. Tato


Fuente: Vanguardia.es
Autor: Luis Muiño, psicoterapeuta, periodista y escritor español. Trabajado con Médicos Sin Fronteras en El Salvador anteriormente, con Médicos del Mundo, en campos de refugiados después de la guerra de Kósovo. En Madrid, ha trabajado con Médicos del Mundo en la Unidad Móvil que atiende a Toxicómanos y en la que atiende a mujeres que ejercen la prostitución. Actualmente colabora con la Casa de Refugiados de los Mercedarios desarrollando un proyecto de psicoterapia con menores desde una orientación transcultural. Tiene un programa en Radio 5 "Todo Noticias" (RNE) titulado "El factor humano". Escribe para la revista ”Muy Interesante”, el suplemento ES del periódico “La Vanguardia” y en la revista “Mi pediatra”.
Fotografía: 2012 / Roland Emmerich / Sony Pictures

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domingo 4 de octubre de 2009

60 años no es nada. Francisco G. Basterra

Sesenta años son sólo una brizna de historia, pero para China han supuesto un inmenso salto desde una sociedad campesina a la tercera economía del mundo, a una nación orgullosa respetada globalmente, con clases medias que compran en Ikea y un sistema que en 30 años ha conseguido sacar a 300 millones de habitantes de la pobreza. Una política exterior global que se proyecta en África, Latinoamérica y Oriente Medio, sedienta de materias primas. Un país indispensable para afrontar el cambio climático -es al tiempo el primer contaminador de la atmósfera- o detener a los ayatolás de Irán. Pero viendo las imágenes de la colosal celebración del aniversario del nacimiento de la China comunista, el salto no es tan manifiesto. Desde el mismo lugar en el que Mao proclamó, el 1 de octubre de 1949, el nacimiento de la República Popular China: "El pueblo chino se ha levantado", su sucesor, Hu Jintao, con un traje de cuello Mao de diseño, presidía un desfile de masas y cacharrería militar, sólo de fabricación china, con una coreografía réplica de los mejores años de la URSS de Stalin. Había sido prohibido en todo Pekín el vuelo de cometas y la población tenía órdenes estrictas de no asomarse a las ventanas. Un millón de voluntarios estaban encargados de asegurar la estabilidad social del acontecimiento y de informar de comportamientos sospechosos. Control total: hasta las nubes habían sido bombardeadas horas antes para anticipar la lluvia y conseguir un día radiante. Aunque 1949 y 2009 separan a dos mundos, el dirigismo estatal y el orden son todavía en China valores superiores a las libertades y al individuo. La ceremonia proyectó una imagen de poder en ascenso, orgullo nacional, una enorme fuerza controlada.

El jueves no se celebraba en la gigantesca explanada de Tiananmen a la China de Mao, sino a la China del pequeño timonel, Deng Xiaoping. La historia de la República Popular tiene dos capítulos claramente diferenciados. Los primeros 30 años son de Mao: el sagaz líder campesino vencedor de una guerra civil devuelve la dignidad y la integridad territorial a China. Copia el modelo soviético y pone en marcha una brutal operación de ingeniería social, con el Gran Salto Adelante. Una tremenda hambruna y millones de muertos pusieron término a esta locura. En 1966, el Gran timonel desató la Revolución Cultural, una orgía de terror para restaurar la pureza de su revolución. A Deng, acusado de "burgués y reaccionario", le costó el exilio interior, y su hijo mayor, Deng Pufang, quedó parapléjico tras ser torturado. El resistente Deng hace la autocrítica, vuelve rehabilitado a Pekín y, en 1979, abre las compuertas al pragmatismo, dejando que los hechos, no la ideología, sean el principio rector del sistema. Allí pronuncia su famosa frase: "No importa si es un gato negro o un gato blanco. Siempre que sepa cazar ratones será un buen gato". Deng daba paso al socialismo con características chinas que ha permitido multiplicar por 14 el crecimiento de la economía en 30 años. China continúa sin embargo siendo un país pobre. Un estudio del FMI señala que, en términos de Producto interior bruto per cápita, no está todavía entre los primeros 100 países del mundo: se sitúa por detrás de Cabo Verde y por encima de Irak. Pero al tiempo es el taller mundial: fabrica las dos terceras partes de todas las fotocopiadoras y zapatos, el 30% de los ordenadores personales, el 60% de los móviles, y el 75% de los juguetes. China ha salido antes de la recesión, tirando de otras naciones y consolidando así su peculiar sistema híbrido: un cuasi capitalismo de Estado con un autoritarismo semidemocrático, en palabras del profesor David Shambaugh, en la revista Time.

Responder a la cuestión de ¿adónde va China? es uno de los ejercicios más apasionantes de este comienzo de siglo. Estamos, 60 años después de su nacimiento, ante un país, una sociedad, no comunista dirigida por un partido comunista. Gran pirueta histórica. La legitimidad del PCCh se ha sostenido en su capacidad de ofrecer prosperidad económica, manejando los desequilibrios campo/ciudad, ya existen las clases sociales, y abriendo con extremada cautela la válvula de las libertades. Todo ello sin perder su monopolio del poder. Topa con muchos problemas: la degradación del medioambiente, la corrupción, la integración de los otros: disidentes urbanos, musulmanes de Xinjiang, tibetanos. El éxito del modelo ha provocado una nueva revolución, la de las expectativas crecientes. Si es capaz de continuar alimentándolas, 60 años puede que no sean nada.


Fuente: El País.com
Autor: Francisco G. Basterra, español, docente de la Universidad Complutense. Ex director general de CNN+ y director de los Servicios Informativos de Canal+. Colaborador habitual de El País, del cual fue subdirector de la edición dominical

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domingo 27 de septiembre de 2009

Un mundo nuevo y cruel. Entrevista a Zygmunt Bauman

How to spend it.... Cómo gastarlo. Ese es el nombre de un suplemento del diario británico Financial Times. Ricos y poderosos lo leen para saber qué hacer con el dinero que les sobra. Constituyen una pequeña parte de un mundo distanciado por una frontera infranqueable. En ese suplemento alguien escribió que en un mundo en el que "cualquiera" se puede permitir un auto de lujo, aquellos que apuntan realmente alto "no tienen otra opción que ir a por uno mejor..." Esta cosmovisión le sirvió a Zygmunt Bauman para teorizar sobre cuestiones imprescindibles y así intentar comprender esta era. La idea de felicidad, el mundo que está resurgiendo después de la crisis, seguridad versus libertad, son algunas de sus preocupaciones actuales y que explica en sus recientes libros: Múltiples culturas, una sola humanidad (Katz editores) y El arte de la vida (Paidós). "No es posible ser realmente libre si no se tiene seguridad, y la verdadera seguridad implica a su vez la libertad", sostiene desde Inglaterra por escrito.

Bauman nació en Polonia pero se fue expulsado por el antisemitismo en los 50 y recaló en los 60 en Gran Bretaña. Hoy es profesor emérito de la Universidad de Leeds. Estudió las estratificaciones sociales y las relacionó con el desarrollo del movimiento obrero. Después analizó y criticó la modernidad y dio un diagnóstico pesimista de la sociedad. Ya en los 90 teorizó acerca de un modo diferente de enfocar el debate cuestionador sobre la modernidad. Ya no se trata de modernidad versus posmodernidad sino del pasaje de una modernidad "sólida" hacia otra "líquida". Al mismo tiempo y hasta el presente se ocupó de la convivencia de los "diferentes", los "residuos humanos" de la globalización: emigrantes, refugiados, parias, pobres todos. Sobre este mundo cruel y desigual versó este diálogo con Bauman.

Uno de sus nuevos libros se llama Múltiples culturas, una sola humanidad. ¿Hay en este concepto una visión "optimista" del mundo de hoy?

Ni optimista ni pesimista... Es sólo una evaluación sobria del desafío que enfrentamos en el umbral del siglo XXI. Ahora todos estamos interconectados y somos interdependientes. Lo que pasa en un lugar del globo tiene impacto en todos los demás, pero esa condición que compartimos se traduce y se reprocesa en miles de lenguas, de estilos culturales, de depósitos de memoria. No es probable que nuestra interdependencia redunde en una uniformidad cultural. Es por eso que el desafío que enfrentamos es que estamos todos, por así decirlo, en el mismo barco; tenemos un destino común y nuestra supervivencia depende de si cooperamos o luchamos entre nosotros. De todos modos, a veces diferimos mucho en algunos aspectos vitales. Tenemos que desarrollar, aprender y practicar el arte de vivir con diferencias, el arte de cooperar sin que los cooperadores pierdan su identidad, a beneficiarnos unos de otros no a pesar de, sino gracias a nuestras diferencias.

Es paradójico, pero mientras se exalta el libre tránsito de mercancías, se fortalecen y construyen fronteras y muros. ¿Cómo se sobrevive a esta tensión?

Eso sólo parece ser una paradoja. En realidad, esa contradicción era algo esperable en un planeta donde las potencias que determinan nuestra vida, condiciones y perspectivas son globales, pueden ignorar las fronteras y las leyes del estado, mientras que la mayor parte de los instrumentos políticos sigue siendo local y de una completa inadecuación para las enormes tareas a abordar. Fortificar las viejas fronteras y trazar otras nuevas, tratar de separarnos a "nosotros" de "ellos", son reacciones naturales, si bien desesperadas, a esa discrepancia. Si esas reacciones son tan eficaces como vehementes es otra cuestión. Las soberanías locales territoriales van a seguir desgastándose en este mundo en rápida globalización.

Hay escenas comunes en Ciudad de México, San Pablo, Buenos Aires: de un lado villas miseria; del otro, barrios cerrados. Pobres de un lado, ricos del otro. ¿Quiénes quedan en el medio?

¿Por qué se limita a las ciudades latinoamericanas? La misma tendencia prevalece en todos los continentes. Se trata de otro intento desesperado de separarse de la vida incierta, desigual, difícil y caótica de "afuera". Pero las vallas tienen dos lados. Dividen el espacio en un "adentro" y un "afuera", pero el "adentro" para la gente que vive de un lado del cerco es el "afuera" para los que están del otro lado. Cercarse en una "comunidad cerrada" no puede sino significar también excluir a todos los demás de los lugares dignos, agradables y seguros, y encerrarlos en sus barrios pobres. En las grandes ciudades, el espacio se divide en "comunidades cerradas" (guetos voluntarios) y "barrios miserables" (guetos involuntarios). El resto de la población lleva una incómoda existencia entre esos dos extremos, soñando con acceder a los guetos voluntarios y temiendo caer en los involuntarios.

¿Por qué se cree que el mundo de hoy padece una inseguridad sin precedentes? ¿En otras eras se vivía con mayor seguridad?

Cada época y cada tipo de sociedad tiene sus propios problemas específicos y sus pesadillas, y crea sus propias estratagemas para manejar sus propios miedos y angustias. En nuestra época, la angustia aterradora y paralizante tiene sus raíces en la fluidez, la fragilidad y la inevitable incertidumbre de la posición y las perspectivas sociales. Por un lado, se proclama el libre acceso a todas las opciones imaginables (de ahí las depresiones y la autocondena: debo tener algún problema si no consigo lo que otros lograron ); por otro lado, todo lo que ya se ganó y se obtuvo es nuestro "hasta nuevo aviso" y podría retirársenos y negársenos en cualquier momento. La angustia resultante permanecería con nosotros mientras la "liquidez" siga siendo la característica de la sociedad. Nuestros abuelos lucharon con valentía por la libertad. Nosotros parecemos cada vez más preocupados por nuestra seguridad personal... Todo indica que estamos dispuestos a entregar parte de la libertad que tanto costó a cambio de mayor seguridad.

Esto nos llevaría a otra paradoja. ¿Cómo maneja la sociedad moderna la falta de seguridad que ella misma produce?

Por medio de todo tipo de estratagemas, en su mayor parte a través de sustitutos. Uno de los más habituales es el desplazamiento/trasplante del terror a la globalización inaccesible, caótica, descontrolada e impredecible a sus productos: inmigrantes, refugiados, personas que piden asilo. Otro instrumento es el que proporcionan las llamadas "comunidades cerradas" fortificadas contra extraños, merodeadores y mendigos, si bien son incapaces de detener o desviar las fuerzas que son responsables del debilitamiento de nuestra autoestima y actitud social, que amenazan con destruir. En líneas más generales: las estratagemas más extendidas se reducen a la sustitución de preocupaciones sobre la seguridad del cuerpo y la propiedad por preocupaciones sobre la seguridad individual y colectiva sustentada o negada en términos sociales.

¿Hay futuro? ¿Se puede pensarlo? ¿Existe en el imaginario de los jóvenes?

El filósofo británico John Gray destacó que "los gobiernos de los estados soberanos no saben de antemano cómo van a reaccionar los mercados (...) Los gobiernos nacionales en la década de 1990 vuelan a ciegas." Gray no estima que el futuro suponga una situación muy diferente. Al igual que en el pasado, podemos esperar "una sucesión de contingencias, catástrofes y pasos ocasionales por la paz y la civilización", todos ellos, permítame agregar, inesperados, imprevisibles y por lo general con víctimas y beneficiarios sin conciencia ni preparación. Hay muchos indicios de que, a diferencia de sus padres y abuelos, los jóvenes tienden a abandonar la concepción "cíclica" y "lineal" del tiempo y a volver a un modelo "puntillista": el tiempo se pulveriza en una serie desordenada de "momentos", cada uno de los cuales se vive solo, tiene un valor que puede desvanecerse con la llegada del momento siguiente y tiene poca relación con el pasado y con el futuro. Como la fluidez endémica de las condiciones tiene la mala costumbre de cambiar sin previo aviso, la atención tiende a concentrarse en aprovechar al máximo el momento actual en lugar de preocuparse por sus posibles consecuencias a largo plazo. Cada punto del tiempo, por más efímero que sea, puede resultar otro "big bang", pero no hay forma de saber qué punto con anticipación, de modo que, por las dudas, hay que explorar cada uno a fondo.

Es una época en la que los miedos tienen un papel destacado. ¿Cuáles son los principales temores que trae este presente?

Creo que las características más destacadas de los miedos contemporáneos son su naturaleza diseminada, la subdefinición y la subdeterminación, características que tienden a aparecer en los períodos de lo que puede llamarse un "interregno". Antonio Gramsci escribió en Cuadernos de la cárcel lo siguiente: "La crisis consiste precisamente en el hecho de que lo viejo está muriendo y lo nuevo no puede nacer: en este interregno aparece una gran variedad de síntomas mórbidos". Gramsci dio al término "interregno" un significado que abarcó un espectro más amplio del orden social, político y legal, al tiempo que profundizaba en la situación sociocultural; o más bien, tomando la memorable definición de Lenin de la "situación revolucionaria" como la situación en la que los gobernantes ya no pueden gobernar mientras que los gobernados ya no quieren ser gobernados, separó la idea de "interregno" de su habitual asociación con el interludio de la trasmisión (acostumbrada) del poder hereditario o elegido, y lo asoció a las situaciones extraordinarias en las que el marco legal existente del orden social pierde fuerza y ya no puede mantenerse, mientras que un marco nuevo, a la medida de las nuevas condiciones que hicieron inútil el marco anterior, está aún en una etapa de creación, no se lo terminó de estructurar o no tiene la fuerza suficiente para que se lo instale. Propongo reconocer la situación planetaria actual como un caso de interregno. De hecho, tal como postuló Gramsci, "lo viejo está muriendo". El viejo orden que hasta hace poco se basaba en un principio igualmente "trinitario" de territorio, estado y nación como clave de la distribución planetaria de soberanía, y en un poder que parecía vinculado para siempre a la política del estado-nación territorial como su único agente operativo, ahora está muriendo. La soberanía ya no está ligada a los elementos de las entidades y el principio trinitario; como máximo está vinculada a los mismos pero de forma laxa y en proporciones mucho más reducidas en dimensiones y contenidos. La presunta unión indisoluble de poder y política, por otro lado, está terminando con perspectivas de divorcio. La soberanía está sin ancla y en flotación libre. Los estados-nación se encuentran en situación de compartir la compañía conflictiva de aspirantes a, o presuntos sujetos soberanos siempre en pugna y competencia, con entidades que evaden con éxito la aplicación del hasta entonces principio trinitario obligatorio de asignación, y con demasiada frecuencia ignorando de manera explícita o socavando de forma furtiva sus objetos designados. Un número cada vez mayor de competidores por la soberanía ya excede, si no de forma individual sin duda de forma colectiva, el poder de un estado-nación medio (las compañías comerciales, industriales y financieras multinacionales ya constituyen, según Gray, "alrededor de la tercera parte de la producción mundial y los dos tercios del comercio mundial").

La "modernidad líquida", como un tiempo donde las relaciones sociales, económicas, discurren como un fluido que no puede conservar la forma adquirida en cada momento, ¿tiene fin?

Es difícil contestar esa pregunta, no sólo porque el futuro es impredecible, sino debido al "interregno" que mencioné antes, un lapso en el que virtualmente todo puede pasar pero nada puede hacerse con plena seguridad y certeza de éxito. En nuestros tiempos, la gran pregunta no es "¿qué hace falta hacer?", sino "¿quién puede hacerlo?" En la actualidad hay una creciente separación, que se acerca de forma alarmante al divorcio, entre poder y política, los dos socios aparentemente inseparables que durante los dos últimos siglos residieron –o creyeron y exigieron residir– en el estado nación territorial. Esa separación ya derivó en el desajuste entre las instituciones del poder y las de la política. El poder desapareció del nivel del estado nación y se instaló en el "espacio de flujos" libre de política, dejando a la política oculta como antes en la morada que se compartía y que ahora descendió al "espacio de lugares". El creciente volumen de poder que importa ya se hizo global. La política, sin embargo, siguió siendo tan local como antes. Por lo tanto, los poderes más relevantes permanecen fuera del alcance de las instituciones políticas existentes, mientras que el marco de maniobra de la política interna sigue reduciéndose. La situación planetaria enfrenta ahora el desafío de asambleas ad hoc de poderes discordantes que el control político no limita debido a que las instituciones políticas existentes tienen cada vez menos poder. Estas se ven, por lo tanto, obligadas a limitar de forma drástica sus ambiciones y a "transferir" o "tercerizar" la creciente cantidad de funciones que tradicionalmente se confiaba a los gobiernos nacionales a organizaciones no políticas. La reducción de la esfera política se autoalimenta, así como la pérdida de relevancia de los sucesivos segmentos de la política nacional redunda en el desgaste del interés de los ciudadanos por la política institucionalizada y en la extendida tendencia a reemplazarla con una política de "flotación libre", notable por su carácter expeditivo, pero también por su cortoplacismo, reducción a un único tema, fragilidad y resistencia a la institucionalización.

¿Cree que esta crisis global que estamos padeciendo puede generar un nuevo mundo, o al menos un poco diferente?

Hasta ahora, la reacción a la "crisis del crédito", si bien impresionante y hasta revolucionaria, es "más de lo mismo", con la vana esperanza de que las posibilidades vigorizadoras de ganancia y consumo de esa etapa no estén aún del todo agotadas: un esfuerzo por recapitalizar a quienes prestan dinero y por hacer que sus deudores vuelvan a ser confiables para el crédito, de modo tal que el negocio de prestar y de tomar crédito, de seguir endeudándose, puedan volver a lo "habitual". El estado benefactor para los ricos volvió a los salones de exposición, para lo cual se lo sacó de las dependencias de servicio a las que se había relegado temporalmente sus oficinas para evitar comparaciones envidiosas.

Pero hay individuos que padecen las consecuencias de esta crisis de los que poco se habla. Los protagonistas visibles son los bancos, las empresas...

Lo que se olvida alegremente (y de forma estúpida) en esa ocasión es que la naturaleza del sufrimiento humano está determinada por la forma en que las personas viven. El dolor que en la actualidad se lamenta, al igual que todo mal social, tiene profundas raíces en la forma de vida que aprendimos, en nuestro hábito de buscar crédito para el consumo. Vivir del crédito es algo adictivo, más que casi o todas las drogas, y sin duda más adictivo que otros tranquilizantes que se ofrecen, y décadas de generoso suministro de una droga no pueden sino derivar en shock y conmoción cuando la provisión se detiene o disminuye. Ahora nos proponen la salida aparentemente fácil del shock que padecen tanto los drogadictos como los vendedores de drogas: la reanudación del suministro de drogas. Hasta ahora no hay muchos indicios de que nos estemos acercando a las raíces del problema. En el momento en que se lo detuvo ya al borde del precipicio mediante la inyección de "dinero de los contribuyentes", el banco TSB Lloyds empezó a presionar al Tesoro para que destinara parte del paquete de ahorro a los dividendos de los accionistas. A pesar de la indignación oficial, el banco procedió impasible a pagar bonificaciones cuyo monto obsceno llevó al desastre a los bancos y sus clientes. Por más impresionantes que sean las medidas que los gobiernos ya tomaron, planificaron o anunciaron, todas apuntan a "recapitalizar" los bancos y permitirles volver a la "actividad normal": en otras palabras, a la actividad que fue la principal responsable de la crisis actual. Si los deudores no pudieron pagar los intereses de la orgía de consumo que el banco inspiró y alentó, tal vez se los pueda inducir/obligar a hacerlo por medio de impuestos pagados al estado. Todavía no empezamos a pensar con seriedad en la sustentabilidad de nuestra sociedad de consumo y crédito. La "vuelta a la normalidad" anuncia una vuelta a las vías malas y siempre peligrosas. De todo modos todavía no llegamos al punto en que no hay vuelta atrás; aún hay tiempo (poco) de reflexionar y cambiar de camino; todavía podemos convertir el shock y la conmoción en algo beneficioso para nosotros y para nuestros hijos.


Bauman Básico.
Poznan (Polonia), 1925. Sociólogo Los análisis y conclusiones de Bauman sobre la globalización y sus consecuencias son referencias ineludibles para las ciencias sociales en muchos rincones del planeta como ocurre también en nuestro país. Recibió el Premio italiano Amalfi de sociología y ciencias sociales y el Theodor W. Adorno de la ciudad de Frankfurt. Es el creador del concepto de modernidad líquida en contraposición a la modernidad sólida. En esta última se mantenía la ilusión de que se iban a solucionar los problemas y que los iban a mantener inmutables. Al desaparecer la solidez, se impone la liquidez como metáfora de lo inasible y de lo que debe ser rectificado periódicamente. Escribió: Legisladores e intérpretes; La sociedad sitiada; Modernidad líquida; Vidas desperdiciadas; Vida líquida; Etica posmoderna.


Fuente: Revistaenie.clarin.com
Autor: Héctor Pavón
Traducción: Joaquin Ibarburu

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martes 22 de septiembre de 2009

Se respira el cambio. Por Ban Ki-moon

Hace dos semanas, viajé al Ártico, donde visité los restos de un glaciar. Lo que hace solo unos años era una majestuosa masa de hielo, se había desintegrado. No es que se derritiera gradualmente sino que se había desintegrado. Fueron necesarias nueve horas de viaje en barco para alcanzar el casquete polar desde el asentamiento humano más septentrional del mundo. En pocos años, quizás se pueda llegar en barco hasta el Polo Norte sin encontrar obstáculo alguno. Es muy posible que para 2030, el hielo prácticamente haya desaparecido del Ártico.

Los científicos me transmitieron sus aleccionadoras conclusiones. El Ártico nos advierte de manera elocuente de impactos climáticos que afectarán a todo el mundo. Con gran inquietud observé el ritmo acelerado de los cambios en la región y, lo que es aun más preocupante, la aceleración del fenómeno de calentamiento global que provocan. El deshielo del permafrost está liberando metano, un gas de efecto invernadero 20 veces más potente que el dióxido de carbono. El derretimiento de los hielos de Groenlandia amenaza con elevar el nivel del mar.

Mientras tanto, siguen aumentando las emisiones de gases de efecto invernadero a nivel mundial.

Por ello, estoy absolutamente convencido de que tenemos que actuar y que tenemos que hacerlo ahora.

Con este objetivo, el 22 de septiembre he convocado una cumbre especial sobre el cambio climático en las Naciones Unidas a la que están invitados unos 100 líderes mundiales, en lo que será el acontecimiento de ese tipo con mayor número de Jefes de Estado y de Gobierno de la historia. El desafío colectivo no es otro que transformar la crisis climática en una oportunidad para lograr un crecimiento más seguro, limpio, sostenible y ecológico para todos.

La clave estará en Copenhague, donde los gobiernos se reunirán en diciembre para negociar un nuevo acuerdo global sobre el clima. El mensaje que quiero dirigir a los líderes es claro: el mundo necesita su actuación decidida para alcanzar un trato justo, efectivo y ambicioso en Copenhague. De otro modo tendremos que rendir cuentas a las generaciones futuras del costo de nuestra inacción.

El cambio climático es el principal trance geopolítico de nuestro tiempo, que ha alterado la ecuación mundial de desarrollo, paz y prosperidad. Amenaza a los mercados, las economías y los beneficios del desarrollo y puede diezmar las reservas de agua y alimentos, provocar conflictos y migraciones, desestabilizar las sociedades más frágiles e incluso derrocar gobiernos.

¿Conclusiones exageradas? No, según los científicos más eminentes del mundo. El Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático ha afirmado que en los próximos 10 años las emisiones de gases de efecto invernadero deben alcanzar su techo si no queremos desencadenar poderosas fuerzas naturales que se escapan de nuestro control.

Esos 10 años pasarán antes de que termine la vida política de muchos de los asistentes a la cumbre. Así pues, el drama de la crisis climática se está desarrollando ante sus ojos.

Pero existe una alternativa: el crecimiento sostenible basado en tecnologías y políticas ecológicas que promuevan una reducción de las emisiones frente a los modelos actuales, generadores de grandes cantidades de dióxido de carbono. Muchos de los paquetes de estímulo económico elaborados por los países a raíz de la crisis económica mundial incorporan un importante componente ecológico que crea empleo y prepara a los países para colocarse en la vanguardia de la nueva economía del siglo XXI, basada en la energía limpia.

Se respira el cambio. La clave se encuentra en un acuerdo global sobre el clima para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero y limitar el aumento de las temperaturas del planeta hasta niveles científicamente seguros. Un pacto que catalice el crecimiento de las energías limpias; y, lo que es aún más urgente, un acuerdo que proteja y preste asistencia a los más vulnerables frente a los inevitables impactos climáticos.

Lo que se requiere es voluntad política al más alto nivel —Presidentes y Primeros Ministros— que se traduzca en avances rápidos en las negociaciones. Se precisa mayor confianza entre las naciones y más imaginación, ambición y cooperación.

Espero que los líderes pongan manos a la obra y que sus conversaciones no sean un diálogo de sordos. También espero que se esfuercen por resolver los principales problemas políticos que hasta ahora han frenado las negociaciones mundiales hasta el punto de que avanzan con la lentitud de un glaciar. Resulta irónica esta expresión: los glaciales eran lentos hasta hace poco, pero los que yo vi hace unas semanas en el Ártico se están derritiendo más deprisa de lo que avanza la humanidad en sus intentos por remediarlo..

Los intereses a largo plazo del planeta tienen que primar sobre el oportunismo político del momento. Los dirigentes de los países deben actuar como líderes mundiales y asumir una perspectiva de futuro. Si las amenazas actuales trascienden fronteras también nuestra visión debe trascenderlas.

No es preciso resolver en Copenhague todos los detalles. Pero el éxito de un acuerdo global sobre el clima exige la participación de todos los países, según sus posibilidades, en pro de un objetivo común y a largo plazo. He aquí los parámetros que en mi opinión determinarán tal éxito:.

En primer lugar, cada país debe hacer todo lo posible por reducir las emisiones procedentes de las principales fuentes. Los países industrializados han de reforzar sus objetivos de mitigación, en la actualidad muy lejos de los que el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático considera necesarios. También los países en desarrollo deben frenar el ritmo al que aumentan sus emisiones y acelerar el crecimiento ecológico como parte de sus estrategias para reducir la pobreza.

En segundo lugar, para que el acuerdo sea satisfactorio, debe ayudar a los más vulnerables a adaptarse a los impactos inevitables del cambio climático, lo cual es a la vez una obligación ética y una inversión inteligente para lograr un mundo más estable y seguro.

En tercer lugar, los países en desarrollo necesitan fondos y tecnología para avanzar más rápidamente hacia un modelo de crecimiento con emisiones bajas. El acuerdo también debe abrir puertas a la inversión privada, entre otras cosas por medio de mercados del carbono. Y en cuarto lugar, los recursos deben gestionarse de manera equitativa y asignarse de tal manera que todos los países puedan hacer oír su voz.

Este año en Copenhague tendremos una gran oportunidad para que la historia nos dé la razón. No solo es posible evitar el desastre, sino también iniciar una transformación fundamental de la economía mundial.

Los nuevos vientos políticos soplan a nuestro favor y millones de ciudadanos están movilizándose. Las empresas más avispadas están trazando un nuevo rumbo de energía limpia. Debemos aprovechar esta situación para ser audaces frente al cambio climático. Puede que esta oportunidad no vuelva a presentarse en mucho tiempo.

El cambio se respira en el ambiente. Sellemos el acuerdo que nos permita lograr un futuro mejor para todos.


Fuente: Naciones Unidas / originalmente fue publicado el 18 de septiembre de 2009 bajo el titulo "The Ice Is Melting" en el International Herald Tribune.
Autor: Ban Ki-moon, Secretario General de las Naciones Unidas.

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domingo 20 de septiembre de 2009

www.democracia.com. Por José Ignacio Torreblanca

¿Se imaginan una tecnología que pudiera convertir cada libro o periódico que compráramos en una imprenta con la que editar cientos de ejemplares y hacerlos llegar a quien quisiéramos? ¿O que cada receptor de radio tuviera un botón con el cual pudiéramos convertir el altavoz en un micrófono con el cual hacer llegar nuestra voz a millones de personas? ¿O que cada aparato de televisión pudiera convertir el salón de nuestras casas en un estudio desde el que producir y emitir nuestros programas?

En un mundo así no es difícil imaginar lo complicada que sería la vida para las dictaduras, empeñadas en publicar libros y periódicos con los que adoctrinar; adictas a machacar con su doctrina a los ciudadanos vía radio y televisión y obsesionadas con suprimir todo el pensamiento disidente.

Afortunadamente, esa tecnología ya está entre nosotros, Internet, y está haciendo que las dictaduras del siglo XXI echen de menos el siglo XX. Como muestra el caso iraní, las nuevas tecnologías de la comunicación están permitiendo a los ciudadanos organizarse de una forma inédita en la historia. Nada más producirse los primeros disturbios, el régimen prohibió a los periodistas extranjeros salir a la calle y, posteriormente, comenzó a expulsarlos. Buen intento, especialmente en lo que se refiere a los corresponsales del servicio de la BBC en farsi, cuyas emisiones desde Londres obsesionan al régimen hasta el punto de gastar millones de dólares en interferirlas. En el pasado, esto hubiera implicado un apagón informativo total. Hoy, gracias a Internet, todo disidente es un corresponsal de la BBC, de tal manera que en sus estudios de Londres viene recibiendo una media de 10.000 correos electrónicos diarios y tres videoclips por segundo con información en tiempo real sobre lo que allí está ocurriendo. Impresionante.

Esta semana pasada, el Gobierno chino ha tenido que dar marcha atrás en su intento de imponer la instalación en toda computadora de un cortafuegos supuestamente destinado a filtrar la pornografía, pero que muchos temían tuviera como objetivo estrechar aún más el cerco que Pekín mantiene sobre Internet. La movilización de millones de blogueros chinos ha dado al traste con el proyecto Presa Verde. La analogía histórica con la muralla china es más que evidente: esta vez han sido los bytes, no los nómadas del norte, los que han mostrado la inutilidad de algunas murallas.

El régimen iraní no sólo ha fracasado a la hora de evitar que la información salga del país; lo que es más importante, no ha podido evitar que circule dentro. Los mensajes de texto desde los móviles, las redes sociales como Twitter o Facebook y las páginas web han permitido a la oposición coordinarse y seguir informándose. Las emisiones de la BBC se pueden interferir y sus corresponsales pueden ser expulsados, pero Internet ha creado una red de comunicación social horizontal que no puede ser filtrada ni obstaculizada. En China o en Irán la información es ya como el agua: no puede ser detenida.

Cerrar la red de telefonía móvil, ralentizar Internet o filtrar los contenidos de las páginas web de la oposición son medidas a la desesperada que pueden ser efectivas durante algún tiempo, pero que muestran la impotencia del régimen. Ya no hace faltar sospechar del pucherazo: la propia reacción del régimen confirma que estamos ante un golpe de Estado interno que está teniendo más problemas de los previstos para consolidarse, precisamente porque la sociedad iraní es ya demasiado horizontal para que le quepa una teocracia.

Las teocracias se basan en el monopolio de la palabra, en las democracias los ciudadanos tienen la última palabra. Durante veinte años, el régimen ha hablado a los iraníes, pero no les ha permitido responderle. Ahora los ciudadanos han descubierto que pueden hablar entre ellos. Es ilusorio pensar que Internet llevará la democracia a Irán, serán los iraníes los que lo hagan, pero es evidente que Internet ha permitido a los iraníes celebrar la segunda vuelta de unas elecciones cuyos resultados les han robado. El líder supremo no está en Facebook, así que lo tendrá difícil en la segunda vuelta.


Fuente: ElPais.com / 6 de julio 2009
Autor: José Ignacio Torreblanca, es investigador senior en el European Council on Foreign Relations, así como director de la oficina de Madrid. Antes, trabajó en el Real Instituto Elcano como analista senior en asuntos de la UE. Es doctorado en Ciencia Política y Sociología por la Universidad Complutense de Madrid y se dedica también a la enseñanza de Ciencia Política y asuntos de la UE en la UNED. Es autor de varios libros y columnista de Foreign Policy en Español, Politique Européenne, Política Exterior, la Revista Española de Ciencia Política y El País.

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viernes 18 de septiembre de 2009

Fiasco: Hal Turner, quien denunciaba la existencia del Amero, resultó ser un agente de desinformación del FBI

He recibido muchas recomendaciones y cuestionamientos del porque no había colocado en esta sección ningún articulo, en relación al tema del Amero -en especial los vídeos-, la "gran denuncia" de Hal Turner.

'Es tato lógicamente' hablando, había demasiados elementos que quitaban credibilidad. Primero el propio Turner, un "americano blanco racista", promotor del antisemitismo (incluido el asesinato de judíos), opuesto a la existencia del Estado de Israel y que niega el Holocausto...

Pero fundamentalmente, la sustitución del dolar ahora es innecesaria en el contexto de la "teórica agenda" de instauración de este nuevo orden. No cerraba un cambio radical en relación al dólar, que es símbolo y bandera -desde 1776- de los iluminados que están detrás de todo.

Lamentablemente muchos 'conspiranoicos' en el frenesí de ir desenmascarando 'el gran engaño o conspiración'; a muchas de estas noticias manipuladas las transforman en grandes pruebas de ese movimiento oculto de control global. Logrando que día a día la gente pierda la percepción de la "realidad real". Que las fronteras de lo real y lo no real se confundan, aumentando el descreimiento general sobre ese tema, que si es real!

Finalmente, lo que podemos rescatar de todo este "fiasco", es que la tendencia se consolidada y avanza ineludiblemente al establecimiento de un Nuevo Orden Mundial... especialmente de un Gobierno Mundial, como proféticamente la Biblia lo ha predicho. Tato


Hal Turner, el "famoso" presentador del Amero en Internet, fue detenido en junio pasado por incentivar a la gente desde su blog a asesinar a jueces y legisladores. Investigaciones posteriores a su detención demostraron que Turner mantenía relaciones con el FBI, que lo financiaba para propagar ideas de odio entre la población. Desde el FBI no confirman ni desmienten la información.

Un conocido blogger conspiranoico y con posturas de derecha relativamente famoso, que además trabajaba para una radio de Nueva Jersey, fue detenido y juzgado por realizar campañas de amenazas a jueces, abogados y ONGs.

El blogger en cuestión es un referente de la conspiranoia en USA: Hal Turner, autor del video que denunciaba los planes del gobierno estadounidense para desestabilizar la economía mundial e imponer el Amero.

Mientras revisaban su casa se supo que Hal Turner era un agente provocador del FBI que recibía pagos de la agencia para hacer exactamente lo que estaba haciendo: propagar ideas de ultraderecha y crear un sentimiento de racismo hacia gente que estuviera a favor del aborto, las minorías raciales y los inmigrantes. De hecho hizo una campaña que llamaba a los lectores a matar a legisladores de Connecticut y a jueces de los tribunales federales de Chicago.

Aparentemente, el hombre secretamente estaba teniendo reuniones con agentes del FBI que le enseñaban cómo dispersar odio “sin cruzar los límites”. Al menos eso fue lo que dijo su abogado, Michael Orozco. Orozco también comentó que “casi todo” lo que Turner hacía estaba supervisado por el FBI.

Además aseguró que hizo esto porque es un americano devoto y que le pagaron miles de dólares para hacerlo. Mientras tanto, Bill Carter, del FBI, dijo que la agencia no puede ni negar ni confirmar si Turner tenía relación con ellos. Lo que se dice es que el objetivo de la agencia con todo esto era extraer información a partir de las reacciones que generaba este hombre.

A su blog, que en estos momentos está dado de baja, le hicieron un desface en un momento y publicaron mails verídicos del blogger y el FBI. Estos correos hablaban justamente sobre abortos, la supremacía de la raza blanca, inmigración y otras cuestiones increíblemente racistas.

"Déjenme ser el primero que lo diga plenamente: estos jueces merecen ser asesinados. Su sangre repondrá el árbol de la libertad. Un pequeño precio que hay que pagar para asegurar la libertad de millones", declaró en su blog Turner en una ocasión.

Sin duda no es más que una persona con muchísimos problemas mentales que tuvo ayuda de una agencia que probablemente debe estar infectada de gente como él. Esperemos que este hombre sea o atendido psicológicamente o puesto tras las rejas antes que lastime a alguien, así como los agentes del FBI con los que trataba.

Harold "Hal" Turner es un orador radiofónico y activista muy relacionado a los círculos de extrema derecha. Tenía su propio programa The Hal Turner Show, como un webcast desde su hogar. En agosto de 2008 su sitio web fue cerrado y aún mantiene su blog.

Obtuvo especial notoriedad al anunciar la inminencia de el Amero en Estados Unidos de América, Canadá y México como única moneda semejante al Euro para Norteamérica.

Turner ha llegado a hacer noticia con sus opiniones de extrema derecha. El 3 de junio de 2009, Turner fue arrestado y acusado de incitar a las lesiones a dos políticos en el estado de Connecticut y un oficial de ética. La orden fue emitida por incitar a los lectores de su sitio web a "tomar las armas" en contra de los funcionarios. Fue arrestado en Nueva Jersey y Connecticut, a la espera de la extradición.*

El amero

En agosto del 2007, los rumores y las teorías conspirativas acerca de la existencia de ameros ya acuñados por las autoridades norteamericanas comenzaron a circular en Internet. El origen de estas piezas parece estar en una colección de medallas creadas por el diseñador de monedas Daniel Carr, que diseñó las monedas de 25 centavos estatales de Nueva York y de Rhode Island en 2001. Carr vende otros objetos de su propio diseño en su sitio Web comercial llamado "Designs Computed" (también conocido como "DC Coin").[3] Entre sus diseños hay una serie de ediciones de ameros imaginarios en oro, plata y cobre, con valores nominales del uno a mil. Las monedas tienen la leyenda "Unión de América del Norte" en una de sus caras, y en la otra el logotipo de su compañía, "DC", en tipografía pequeña. Referente a sus diseños, menciona en su sitio Web lo siguiente:

Mi meta con estas monedas no es aprobar una moneda de la Unión de América del Norte como un "amero" común. Yo apoyo totalmente la Constitución de los Estados Unidos, y no daría la bienvenida (de ninguna manera) a una disminución de sus provisiones. Espero que estas monedas ayudarán a que más gente se entere del tema y de las ramificaciones posibles. Dejo a los demás el decidir si están a favor o en contra de una Unión Norteamericana. Y animo a los ciudadanos a que expresen su aprobación o desaprobación de los planes del gobierno que los afectan.

Las imágenes de su sitio Web fueron difundidas a través del Internet, a menudo siendo utilizadas como prueba de la acuñación del amero. Fue entonces cuando el locutor Hal Turner publicó un artículo completo en su sitio Web sobre la "moneda amero", asegurando haber obtenido un amero acuñado por el Gobierno de los Estados Unidos, amero que dijo haber conseguido gracias a un empleado del Departamento del Tesoro estadounidense. Hal Turner lanzó un video en el que muestra una moneda 20 Ameros, con avisos de que cargamentos de la moneda habían sido enviadas a China. Con todo, la moneda en el video de Hal Turner es idéntica a un medallón en el sitio Web "dc-coin" de Daniel Carr, enumerada como "UNA 2007 1 Amero, cobre, terminado de satín".[5]

Tras las denuncias de Turner acerca de la acuñación federal de ameros un sitio dedicado a la catalogación de leyendas urbanas llamado Snopes publicó una declaración desacreditando las denuncias de Turner de un complot del gobierno con respecto a ameros producidos por Daniel Carr. Snopes también subió otro documento desacreditando las demandas de Turner, indicando:

Ni la ceca ni el Tesoro de los Estados Unidos tienen que ver en la creación esos ameros. Estas monedas son simplemente coleccionables ofrecidos al público por una compañía privada dentro del negocio de fabricar tales curiosidades.

Hal Turner denunció entonces que el sitio web de Carr había sido creado a toda prisa para desacreditar su demanda sobre la acuña. Sin embargo, los diseños de Carr han estado disponibles en su sitio Web desde el 2005, y según una búsqueda de WHOIS en Network Solutions, el dominio "dc-coin.com" fue registrado por Daniel Carr el 27 de septiembre del 2005.
La difusión de billetes de banco con la denominación de amero por parte de Turner en diciembre de 2008 también resultó ser una falsificación, pese a haber sido publicados en prensa.

Ninguna autoridad monetaria o económica implicada ha confirmado la existencia de los ameros.

Fuente*: Urgente24.com
Fuente**: Wikipedia.com

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viernes 11 de septiembre de 2009

Un nuevo enfoque sobre el 11 de septiembre. Por David Ray Griffin

El profesor David Ray Griffin es una distinguida personalidad en el movimiento por la verdad sobre el 11 de septiembre en los EEUU y viene de realizar una gira en Europa dando varias conferencias que ha contado con numeroso público y que reproducimos aquí a continuación. El profesor Griffin hace un balance de cómo ha evolucionado la visión en su país acerca del 11/S: numerosas asociaciones profesionales se han creado y han realizado estudios, análisis e investigaciones científicas que demuestran la gran mentira de la versión oficial del presidente Bush de estos atentados. El FBI por su lado ha indicado no contar con ningún elemento permitiendo de acusar a Osama Bin Laden como responsable. También se ha demostrado que las pretendidas llamadas telefónicas de los pasajeros hechas desde los aviones secuestrados nunca existieron. La versión gubernamental no tiene ya ninguna consistencia.

He titulado mi conferencia "Un nuevo enfoque sobre el 11 de septiembre". Al sugerir que es hora ya de ver aquellos hechos con nuevos ojos, estoy pensando sobre todo en los que decidieron, desde hace mucho tiempo, que los atentados del 11 de septiembre se desarrollaron de la manera en que los describe la administración Bush-Cheney, y como se afirmó en los informes oficiales; estoy pensando en los que creen que el Movimiento por la Verdad sobre el 11 de septiembre, que pone en duda aquella versión de los hechos, se compone de adeptos de la teoría de la conspiración, desprovistos de toda capacidad de juicio objetivo. Esas personas, en su mayoría periodistas, que se han forjado su opinión desde hace tiempo, son impermeables a cualquier argumento que presente nuestro Movimiento. Se conforman con levantar los ojos al cielo y continuar su camino.

Pero nuestro Movimiento, al igual que los elementos con los que contamos, ha evolucionado considerablemente en estos tres últimos años. Rechazar de entrada nuestros argumentos, sin tomarse el tiempo necesario para examinarlos, no es un acto racional. Hoy más que nunca resulta inconcebible el levantar los ojos al cielo sin demostrar la naturaleza irracional de aquellos a los que se trata de desacreditar llamándolos "adeptos de la teoría de la conspiración".

Mi conferencia se dirige también, aunque indirectamente, a mis amigos, miembros del Movimiento por la Verdad. Algunos de ellos estiman, efectivamente, que como Bush y Cheney ya no están en funciones y como la administración Obama ha revocado algunas de las políticas basadas en los hechos del 11 de septiembre, ya no es tan importante que se sepa la verdad. Otros, al ver que la administración Obama sigue partiendo del principio que fue al-Qaeda quien atacó los Estados Unidos el 11 de septiembre, han llegado a la conclusión que no hay esperanza alguna de que se sepa la verdad y que lo mejor que podemos hacer es rendirnos.
Quiero decirles a todos ellos que la búsqueda de la verdad es ahora más importante que nunca, ya que muchas políticas, empezando por la guerra en Afganistán, no han sido modificadas. Además, la actual coyuntura, en la que los cambios políticos vienen a agregarse a la evolución de nuestro Movimiento, nos ofrece actualmente, por vez primera, una posibilidad razonable de obtener una verdadera investigación.

Entraré ahora en el tema de mi conferencia. ¿Por qué los adeptos de la teoría oficial de la conspiración tendrían que aceptar echar una nueva mirada al 11 de septiembre. Y estoy utilizando con toda intención el término "adeptos de la teoría oficial de la conspiración". Muy a menudo, la gente que cree en la teoría oficial sobre el 11 de septiembre llama desdeñosamente a los miembros del Movimiento por la Verdad "adeptos de la teoría de la conspiración", lo cual no es racional. Se habla de conspiración cuando varias personas conspiran en secreto para cometer un acto ilegal, como un asalto contra un banco o cualquier tipo de estafa.

Creer en una teoría de la conspiración, cuando se trata de un hecho, significa simplemente creer que ese hecho es resultado de una conspiración. Según la interpretación del 11 de septiembre que hizo el tándem Bush-Cheney, y que se convirtió en versión oficial, los atentados fueron resultado de una conspiración entre Osama Ben Laden y 19 miembros de al-Qaeda. Esa versión oficial es, por consiguiente, una teoría de conspiración.

Eso quiere decir que cada cual defiende su propia teoría de la conspiración sobre el 11 de septiembre. El debate sobre el 11 de septiembre no es, por consiguiente, un debate entre adeptos y antiadeptos de la teoría de la conspiración. Se trata simplemente de un debate entre quienes aceptan la teoría de la conspiración de la administración Bush-Cheney y los que se inclinan por una teoría alternativa, según la cual el 11 de septiembre fue producto de una conspiración en el seno de esa administración.

Los defensores de la teoría oficial de la conspiración no pueden por tanto, de manera racional, rechazar la teoría alternativa simplemente porque se trate de una teoría de la conspiración. La única interrogante racional que hay que plantearse es la siguiente: ¿Cuál es la teoría que mejor se sostiene en base a elementos probatorios?

Quiero precisar que cuando utilizo el término "teoría oficial de la conspiración" no lo hago de forma peyorativa. No hay nada de malo en el hecho de creer en esa teoría. Yo mismo la acepté, al principio. El problema es saber si usted cree en ella verdaderamente, si usted está tan convencido de la teoría oficial que eso le impide ver de manera objetiva los elementos que puedan contradecirla.

Razones para ver con escepticismo la teoría de la conspiración de Bush-Cheney Hoy más que nunca resulta irracional seguir creyendo en la teoría oficial de la conspiración, ya que disponemos de muchos elementos nuevos en comparación con el momento en que se grabó esa teoría en las mentes.

No sabíamos en aquel entonces, por ejemplo, que la administración nos iba a contar mentiras enormes, que provocarían a su vez millones de víctimas, entre ellas miles de americanos. Y mucho antes de mentir sobre las armas de destrucción masiva en Irak, la Casa Blanca había ordenado a la Agencia de Protección del Medio Ambiente, justo después del 11 de septiembre, que mintiera sobre la calidad del aire en el lugar donde se encontraba el World Trade Center.

El resultado es que alrededor del 60% de las personas que participaron en las operaciones de salvamento o de limpieza de los escombros hoy en día están enfermas, cuando no están muertas, y que la cantidad que va a morir como consecuencia de diversas enfermedades va a ser probablemente superior al número de víctimas que dejaron los propios hechos del 11 de septiembre. Ante tales hechos, sería difícil afirmar que la administración Bush-Cheney no estaba moralmente implicada en la organización del 11 de septiembre y en la disimulación de estos.

Tenemos también otras razones, poco conocidas en aquel entonces, que nos llevan a ser escépticos en cuanto a los informes oficiales. La mayoría de la gente creyó que la Comisión Investigadora sobre el 11 de septiembre se encontraba bajo la dirección de sus dos copresidentes: Thomas Kean, ex gobernador republicano, y Lee Hamilton, ex miembro demócrata del Congreso. Por consiguiente, aquella Comisión Investigadora parecía independiente, y no partidista. Pero la Comisión estuvo en realidad bajo la dirección de Philip Zelikow.

Fue Zelikow quien dirigió el equipo de 85 personas y quien se encargó de elaborar el Informe de la Comisión Investigadora sobre el 11/9. Y Zelikow era ante todo un miembro de la administración Bush-Cheney, cercano en particular a Condoleezza Rice, con quien coescribió un libro. Gracias a un libro de Philip Shenon, periodista del New York Times, sobre la Comisión Investigadora, ahora sabemos que Zelikow se mantenía en contacto con Rice, al igual que con Karl Rove, por aquel entonces secretario adjunto de la Casa Blanca. Shenon revela que, incluso antes de que el equipo comenzara su trabajo, Zelikow ya tenía trazadas las grandes líneas del Informe, y hasta había escrito los "títulos y subtítulos de los capítulos y títulos de secciones". Shenon nos dice también que Kean y Hamilton se habían puesto de acuerdo con Zelikow para que el equipo no conociera la existencia de aquel plan preestablecido.

En el libro que escribieron juntos sobre la Comisión Investigadora, Kean y Hamilton acusan a los "partidarios de la teoría de la conspiración" de que no basan sus teorías en los hechos sino que parten de sus teorías para buscar hechos que las corroboren. Kean y Hamilton afirman que, por el contrario, la Comisión Investigadora se basó en hechos probatorios y no en una conclusión: "Estábamos allí para oponer una teoría o una interpretación del 11 de septiembre a otra", escribieron. Admitieron, sin embargo que Zelikow atribuyó «el tema de al-Qaeda a [uno de los miembros del equipo]", a quien se le pidió "contar la historia de la más lograda operación de al-Qaeda: los atentados del 11 de septiembre". Si eso no es partir de una teoría, ¿de qué otra forma se le pueda llamar?

Si la Comisión Investigadora no fue independiente de la administración Bush-Cheney, ¿qué se puede decir entonces del NIST (el Instituto Nacional de Normas y Tecnologías), que redactó los informes oficiales sobre la destrucción del World Trade Center? El NIST es una agencia del ministerio americano de Comercio. Era, por consiguiente, una agencia que dependía, en aquel entonces, de la administración Bush-Cheney y se encontraba bajo la dirección de una persona nombrada por aquella administración.

Un ex empleado del NIST reveló recientemente que este organismo fue "ampliamente desviado del campo científico hacia el campo político". Los científicos que trabajaban para el NIST, afirma esa persona, 'perdieron [su] independencia científica, y no eran más que ‘ejecutantes’". Y agrega: "Todo lo que producían los ejecutantes pasaba por el filtro de la dirección, y se evaluaba según criterios políticos, antes de la publicación".

Además, según esa persona, los informes del NIST sobre el World Trade Center también tuvieron que ser sometidos a la aprobación de la Agencia de Seguridad Nacional (NSA) y del Buró de Administración y Presupuesto –"brazo del Buró Ejecutivo del presidente"–, quien a su vez "había delegado especialmente a una persona para que supervisara nuestro trabajo".

Los informes del NIST, que afirman que las Torres Gemelas y el edificio 7 se derrumbaron sin ayuda de explosivos, son más informes políticos que científicos –lo cual confirma cualquier examen serio. No se concibe que los autores, personas que ostentan diplomas de física y de ingeniería, pudieran creer realmente lo que allí escribieron.

El nuevo rostro del Movimiento por la Verdad

Si el disponer de nuevos elementos sobre la administración Bush-Cheney y sobre los informes oficiales que acreditan su teoría de la conspiración nos conduce a un nuevo enfoque de lo sucedido el 11 de septiembre, lo mismo sucede con la evolución del Movimiento por la Verdad. Al principio, la imagen que se daba de ese Movimiento era la de "una banda de chiquillos en Internet". Posteriormente, yo me uní al Movimiento con la publicación de mi libro El nuevo Pearl Harbor, y la imagen se convirtió en "una banda de chiquillos en Internet, más un teólogo menopáusico". En el Guardian, George Monbiot los llama «brutos» e «idiotas».

En Counterpunch y The Nation, Alexander Cockburn los designa como "conspiracionistas dementes" (término que se edulcoró al llevarlo al francés, en Le Monde diplomatique, mediante la expresión "adeptes de la conspiration") [Esta última expresión es la que hemos traducido aquí al español como “adeptos de la teoría de la conspiración”. Nota de la Red Voltaire.] que nada saben del 'mundo real"», y menos aún de la historia militar. Carentes de "toda comprensión de las pruebas", agrega, representan "el predominio de la magia sobre el sentido común [y] la razón".

Si algunos de nuestros detractores me han descrito como el jefe de este Movimiento (…) –Monbiot me designó como su "sumo sacerdote", otro como su "gurú"– es el objetivo era presentarlo al gran público como un movimiento religioso (o incluso una especie de secta), que se componía de gente que no sabe nada del mundo real. Uno de esos críticos expresó: "Como teólogo, Griffin no está calificado para hablar de otra cosa que de mitos y fábulas". A lo cual respondí yo que, en ese caso, yo estaba perfectamente calificado para hablar de la teoría oficial de la conspiración. Sin embargo, el Movimiento padece aún de esa imagen ante el gran público, y todavía se le describe como una agrupación dirigida por gente que no tienen ninguna capacidad en los sectores que tienen que ver con este asunto.

Aunque, como cualquier caricatura, esta en particular haya tenido algo de cierto, esa imagen es hoy totalmente errónea. El liderazgo intelectual del Movimiento está ahora en manos de los científicos y profesionales que indudablemente conocen el mundo real. Muchos de esos profesionales se han reagrupado en asociaciones, dedicadas a la investigación de la verdad sobre el 11 de septiembre.

Varios científicos crearon, hace algunos años, el Panel Científico por una Investigación sobre el 11/9. Más recientemente, principalmente físicos y químicos crearon los Universitarios por la Verdad y la Justicia sobre el 11/9. A raíz de esto nuestros detractores declararon que si nuestras afirmaciones sobre el World Trade Center resultaban ser justificadas, serían objeto de publicaciones en revistas científicas con la aprobación de colegas. Durante el año concluido, científicos afiliados a los Universitarios por la Verdad y la Justicia publicaron 3 artículos en revistas de ese tipo (que cuentan con un comité de lectura).

El principal autor del más reciente de esos artículos, publicado en el Open Chemical Physics Journal, es Niels Harrit, profesor de química en la Universidad de Copenhague. Esos científicos encontraron en el polvo del World Trade Center elementos químicos que no deberían estar allí, de ser cierta la teoría oficial según la cual los edificios se derrumbaron únicamente debido a la acción de los incendios y de la gravedad.

Cuando físicos y químicos se unieron al Movimiento, algunos críticos dijeron: "En realidad, ellos no determinan nada. Las razones del derrumbe de las torres del WTC son cosa de ingenieros, y no hay ninguno en ese Movimiento". Así era en 2005. Al año siguiente, el arquitecto Richard Gage creó la asociación "Arquitectos e Ingenieros por la Verdad sobre el 11/9", y ahora más de 600 de esos especialistas han firmado su petición, llamando a la apertura de una nueva investigación. Son personas que conocen bien los grandes edificios de estructura de acero del mundo real, y que saben que la teoría oficial del derrumbe de las Torres Gemelas y del edificio 7 sobre sí mismos, prácticamente a la velocidad de caída libre, simplemente no puede ser cierta.

Por ejemplo, Jack Keller, profesor emérito de ingeniería civil en la Universidad de UTA, que obtuvo el reconocimiento especial de la revista Scientific American, declaró, refiriéndose al derrumbe del edificio 7: "Es claramente el resultado de una demolición controlada". Similar juicio emitieron dos profesores eméritos de ingeniería estructural del Instituto Fédéral Suizo de Tecnología, al igual que cientos de ingenieros y arquitectos.

Los bomberos disponen conocimientos a nivel de expertos sobre lo sucedido el 11 de septiembre en Nueva York. El año pasado crearon la asociación de Bomberos por la Verdad sobre el 11/9. Y demuestran por qué no son creíbles los informes del NIST sobre el World Trade Center.

Además, existe ahora una asociación de Veteranos por la Verdad, a la que pertenecen varios ex oficiales [de las fuerzas armadas]. Y me imagino que sepan mucho más que Alexander Cockburn sobre el mundo militar real.

Otra asociación, en otro sector vinculado [a lo sucedido el 11 de septiembre], Pilotos por la Verdad cuenta entre sus miembros a numerosos ex pilotos de líneas aéreas y [ex pilotos] militares. Para ellos, la versión oficial, que explica por qué los aviones de pasajeros no fueron interceptados el 11 de septiembre, resulta inverosímil. Ellos concentraron su atención en lo sucedido en el Pentágono y señalaron numerosas razones por las cuales la versión oficial sobre ese hecho no resulta creíble.

La más reciente de esas asociaciones de profesionales reagrupa a los oficiales de inteligencia. Uno de los primeros en unirse a ella fue William Christison, ex cuadro de la CIA. (…) Veamos lo que escribió en 2006:

"Durante cuatro años y medio me negué categóricamente a prestar atención seriamente a las teorías de la conspiración alrededor del 11 de septiembre… Pero, durante los seis últimos meses, y luego de muchas dudas, cambié de opinión. … En este momento, pienso que existen pruebas convincentes de que esos atentados no se desarrollaron de la manera en que la administración y la Comisión Investigadora quisieron hacérnoslo creer".

La espina dorsal del Movimiento por la Verdad la conforman actualmente asociaciones de científicos, de arquitectos, de ingenieros, de bomberos, de pilotos, de oficiales militares y de inteligencia. Y existen otras más. El año pasado se crearon asociaciones de Profesionales de la Salud, de Abogados, de Responsables Religiosos y, muy recientemente, la asociación de Responsables Políticos por la Verdad sobre el 11/9. Esta última cuenta en sus filas con ex miembros y miembros en funciones del Parlamento Europeo, de los parlamentos de Japón, Italia, Reino Unido, Nueva Zelanda y Suecia, así como un ex gobernador estadounidense. Parece que los que piensan que el Movimiento se compone de dementes, idiotas o gente bruta van tener que revisar esa opinión, si quieren que su opinión se corresponda con el mundo real.

La situación actual es la siguiente (y si tienen ustedes que recordar una sola frase de esta conferencia, esa frase es la que sigue): Entre los expertos de los sectores vinculados que han estudiado el asunto, el peso de la opinión científica y profesional inclina actualmente la balanza del lado del Movimiento por la Verdad sobre el 11/9. Más de mil se han expresado públicamente sobre la teoría oficial, y prácticamente ningún científico o profesional de los sectores vinculados ha apoyado abiertamente esa teoría –con excepción de los que no son independientes y cuya carrera se vería amenazada si se negaran a hacerlo. Este último punto es importante ya que, como señaló Sinclair Lewis: "Es difícil hacerle comprender algo a alguien cuando su salario lo obliga a no comprender". Con excepción de esas personas, prácticamente todos los expertos de los sectores vinculados que han estudiado cuidadosamente la cuestión rechazan la teoría oficial de la conspiración. Por consiguiente, es hora de que los periodistas, y todos en general, echen una nueva mirada sobre el 11 de septiembre.

Nuevos elementos

Los periodistas dicen a menudo que no pueden trabajar con "historia antigua". Necesitan nuevos elementos. El caso es que la cantidad de nuevos elementos justifica ampliamente un nuevo enfoque sobre el 11 de septiembre. Son tantos que solamente puedo mencionar algunos.
Nuevas evidencias del FBI. Sorprendentemente, algunos de esos elementos han sido proporcionados por el FBI. Aunque inicialmente fue la principal agencia encargada de crear y defender la versión oficial, recientes revelaciones que hacen planear la duda sobre esa versión se deben precisamente al FBI.

Un ejemplo de ello tiene que ver con uno de los pilares centrales de la teoría oficial de la conspiración: la afirmación de que los atentados se realizaron por orden de Osama Bin Laden. Esa afirmación se utiliza aún para justificar la acción militar americana en Afganistán, acción para la cual el presidente Obama pidió el apoyo sin reservas de los europeos. Pero si ustedes visitan el sitio [Most Wanted Terrorists] dedicado a Osama Ben Laden, descubrirán que los atentados del 11 de septiembre no aparecen entre los hechos por los cuales se busca a este hombre. Un miembro del Movimiento por la Verdad se puso en contacto con el Cuartel General del FBI para pedirle una explicación. Un responsable de relaciones públicas le respondió: "No disponemos de ninguna prueba formal que permita vincular a Ben Laden con el 11 de septiembre".

Otro ejemplo tiene que ver con las llamadas telefónicas desde los aviones, que permitieron que se supiera en tierra que los aviones habían sido secuestrados. Alrededor de quince personas declararon que sus familiares las habían llamado desde sus teléfonos celulares (o móviles). Desde el vuelo UA93 –que parecía haberse estrellado en Pensilvania– se realizaron una docena de llamadas con teléfonos celulares. Deena Burnett declaró haber recibido 3 o 4 llamadas de su marido, Tom Burnett. Ella sabía que él estaba utilizando su móvil porque, según declaró al FBI, reconoció el número que se veía en la pantalla de su propio teléfono.

La mayor parte de esas llamadas se realizaron, supuestamente, mientras que los aviones a 10 000, incluso a 12 000 metros de altitud.

Los pilotos y los científicos del Movimiento señalan, sin embargo, que, teniendo en cuenta la tecnología telefónica disponible en el año 2001, era imposible poder realizar una llamada desde un avión en vuelo a gran altitud. Los defensores de la versión oficial, como Popular Mechanics, afirmaron lo contrario. Pero el propio FBI les opuso un serio desmentido.

En 2006, durante el juicio contra Zacarias Moussaoui, el supuesto 20º pirata, se le solicitó al FBI que presentara pruebas sobre las llamadas [telefónicas] realizadas desde los 4 aviones de pasajeros. Su informe indica que de las 37 llamadas provenientes del vuelo UA93, sólo 2 se hicieron desde un móvil, en momentos en que el avión –a punto de estrellarse– se encontraba a muy baja altitud. En otras palabras, el FBI apoyo de forma implícita la tesis del Movimiento por la Verdad, según la cual era imposible realizar llamadas con teléfonos celulares desde un avión a gran altitud. Un duro golpe para Popular Mechanics.

Lo importante, sin embargo, es que el FBI afirma actualmente que Deena Burnett y todos los que decían haber recibido llamadas desde teléfonos celulares se equivocaron. Pero, ¿cómo pudo Deena Burnett equivocarse si reconoció varias veces el número de Tom que se veía en la pantalla de su propio teléfono? El FBI, que había recogido su testimonio sin discutirlo, no responde a esa pregunta. La única explicación posible parece ser, sin embargo, que las llamadas que recibió Deena eran falsas. La tecnología que permite falsear las llamadas ya existía en aquel entonces. Algunos aparatos permiten falsificar cualquier número. Sin contar que la tecnología de transformación de la voz estaba lo bastante adelantada como para engañar incluso a la esposa del individuo que supuestamente estaba realizando la llamada. Al poner en duda el origen de esas llamadas telefónicas, el FBI admitió implícitamente que estas podían haber sido falsificadas. Y si las llamadas desde teléfonos celulares fueron falsificadas, se puede suponer que todas lo fueron igualmente.

El informe del FBI sobre las llamadas provenientes del vuelo AA77 contradice más seriamente aún la versión oficial. Las más importantes de todas las "llamadas desde los aviones" fueron las de Barbara Olson, una presentadora de la CNN muy conocida y esposa de Ted Olson, fiscal general del ministerio de Justicia. Fue Ted Olson quien representó a Bush y Cheney ante la Corte Suprema, en el litigio sobre los resultados del escrutinio en La Florida, cuando la elección presidencial del 2000. El 11 de septiembre, Ted Olson declaró a la CNN y al FBI que su esposa Barbara, quien se encontraba a bordo del vuelo AA77 –el que supuestamente se había estrellado contra el Pentágono–, lo había llamado dos veces afirmando que piratas que los piratas, armados de cuchillos y de cuchillas para cortar papel o cartón, habían secuestrado el avión.

Esas llamadas fueron muy importantes porque eso implicaba que el vuelo AA77 estaba todavía en vuelo –en vez de haberse estrellado en Ohio, o en un Estado vecino, como pensaban algunos. Eso significaba también que podía tratarse del avión que iba a estrellarse contra el Pentágono. Y, sobre todo, la idea de que musulmanes hubieran asesinado a Barbara Olson sería manipulada como argumento a favor de la supuesta guerra contra el terrorismo.

Pero, durante el juicio contra Moussaoui, el FBI no confirmó las declaraciones de Ted Olson sobre aquellas llamadas. Su informe sobre las llamadas del vuelo AA77 no mencionan las de Barbara Olson. El informe dice que ella "trató" de hacer una llamada, que "no tuvo éxito", y que, de hecho, [la llamada] duró "0 segundos". Esa historia resulta increíble. El FBI forma parte del ministerio de Justicia. El informe del FBI fechado en 2006 señala, sin embargo, que las dos llamadas mencionados por el ex fiscal general de ese mismo misterio nunca existieron. Eso nos deja solamente dos posibilidades: O Ted Olson inventó esa historia, o fue engañado, al igual que Deena Burnett y otras personas. En ambos casos, uno de los elementos que sirven de fundamento a la teoría oficial de la conspiración se basa en esas mentiras.

¿Cuántas personas creerían aún la versión oficial si supieran que el FBI la contradice de varias maneras? Seguramente serían pocas. Esto ilustra lo que intento demostrar: la mayoría de los que siguen creyendo en la teoría oficial de la conspiración, la versión Bush-Cheney, ignoran decenas de hechos que la contradicen.

El edificio 7 del World Trade Center

Voy ilustrar este punto, para terminar, referiéndome al derrumbe del edificio 7 del WTC. El movimiento considera desde hace mucho tiempo que este es el talón de Aquiles de la teoría oficial de la conspiración, por varias razones: ningún avión se estrelló contra el edificio 7; los incendios afectaron solamente algunos pisos; y se derrumbó sobre sí mismo, prácticamente a la velocidad de una caída libre, exactamente como en un tipo de demolición controlada que se conoce con el nombre de implosión, en la cual el edificio se retrae sobre sí mismo y termina convertido en un compacto montón de escombros. Está claro que los defensores de la versión oficial no quieren que alguien se interese por el derrumbe de ese inmueble. El Informe de la Comisión Investigadora ni siquiera lo menciona. Ese derrumbe raramente apareció en televisión antes del año 2008, cuando el NIST por fin publicó un informe sobre él, informe que había rechazado año tras año publicándolo sólo cuando la administración Bush-Cheney se preparaba para partir.

El informe del NIST sobre el edificio 7 será el tema de mi próximo libro. Ese informe revela, involuntariamente, que no es posible defender la teoría oficial, según la cual ese inmueble se derrumbó solamente por causa de los incendios. Para lograr lo imposible, el NIST tuvo que ignorar diferentes tipos de pruebas físicas [halladas] en el polvo del WTC, como la presencia de partículas que solamente pudieron formarse a muy altas temperaturas –en varias veces superiores a las provocadas por un incendio. Ese polvo también contiene elementos que no pueden ser otra cosa que residuos de nanotermita, clasificada como altamente explosiva. Contiene incluso una sustancia termítica activa, descubierta por el físico Steven Jones,
que parece ser nanotermita que no haya reaccionado (corrección de la traducción basada en el original).Esa es la conclusión del nuevo artículo al que me referí anteriormente, cuyo principal autor, Niels Harrit, es experto en nanoquímica.

Cuando se le preguntó al NIST si se había realizado la búsqueda de rastros de explosivos en el polvo del WTC, la respuesta fue negativa. Al ser interrogado sobre las razones de que no se realizara esa búsqueda, Michael Newman, vocero del NIST, respondió: "Porque no había prueba alguna". Ante tan oscura respuesta, el periodista preguntó: "Pero, ¿cómo saben ustedes que no hay pruebas si no las buscan?" Nueva respuesta, tan oscura como la anterior: "Si se busca algo que no está, se despercia el tiempo… y el dinero de los contribuyentes".

El NIST también ignoró, o deformó, los testimonios en los que se hablaba de explosiones en el edificio 7. El más importante era el de Barry Jennings, del Buró de Vivienda de la ciudad de Nueva York. En el momento del impacto contra la torre norte, a la 8h46, Jennings corrió, naturalmente, hacia su oficina, en el piso 23 del edificio 7, donde también se encontraba el Buró de Manejo de Situaciones de Urgencia del alcalde Giuliani. Pero cuando Jennings y Michael Hess, el consejero de negocios de Giuliani, llegaron allí, cerca de las 9h, ya todo el mundo se había ido. Llamaron para saber lo que tenían que hacer, y les dijeron que salieran del edificio inmediatamente. Como no funcionaba el ascensor, los dos corrieron hacia abajo por las escaleras. Al llegar al piso 6, una enorme explosión levantó el piso bajo sus pies. Al subir de nuevo al piso 8, Jennigs romper un cristal para pedir auxilio, y en ese momento pudo ver las Torres Gemelas, aún en pie.

Sin embargo, cuando Giuliani contó lo que su amigo Michael Hess había vivido aquel día, escribió que la enorme cosa que Hess y Jennings llamaron una explosión no era sino el efecto producido por los escombros del derrumbe de la torre norte, que no se derrumbó hasta las 10h28. Así que Giuliani sitúa ese episodio por lo menos una hora más tarde que Jennings. La versión de Giuliani se convirtió en la versión oficial. El NIST la defendió en su informe del año 2005 sobre las Torres Gemelas, al igual que en 2008 en un reportaje de la BBC sobre el edificio 7.

Jennings contó su historia en una entrevista concedida a los realizadores de Loose Change Final Cut. Pero, antes de la difusión del film, pidió que se retirara la entrevista, por miedo a perder su empleo. Más tarde, sin embargo, volvió a contarla en una entrevista concedida a la BBC. Pero la BBC reinsertó su testimonio en la cronología oficial, haciendo creer así que la enorme explosión que describía Jennings se debía en realidad a los "escombros de un rascacielos que se derrumba". La BBC incluso hace creer que Jennings estaba solo, aunque éste último dice varias veces "nosotros", al hablar de sí mismo y de Hess.

El programa de la BBC se transmitió en julio de 2008. El NIST, cuya cronología sigue la BBC, publicó al mes siguiente la primera versión de su informe sobre el edificio 7. Sólo 2 días antes de la publicación, Barry Jennings, que tenía 53 años, murió de forma misteriosa. Los que trataron de obtener más información no lograron saber nada más, aparte de que su muerte se produjo en el hospital.

Sea cual sea la causa de su fallecimiento, lo cierto es que se produjo en el momento preciso. Cuando el NIST publicó su informe, ya Jennings no estaba presente para hablar del asunto. Y la BBC pudo transmitir una segunda versión de su documental, esta vez con el testimonio de Michael Hess, vicepresidente (desde 2002) de la firma de consultoría del ex alcalde Giuliani. De forma nada sorprendente, Hess apoya la cronología que defienden Giuliani, el NIST y la BBC, así como sus afirmaciones de que no hubo ninguna explosión en el edificio 7.

La entrevista de Barry Jennings a los realizadores de Loose Change Final Cut, en la que contradice esa cronología, está disponible en Internet (ver Testimonio de Barry Jennings). El caso de Jennings ilustra perfectamente la amenaza que la verdad sobre el edificio 7 representa para la teoría oficial de la conspiración.

Como quiera que sea, existen otras razones por las cuales el edificio 7 constituye efectivamente el talón de Aquiles de esa teoría. Dije, hace un momento, que el edificio 7 se había derrumbado prácticamente a la velocidad de una caída libre. En la primera versión de su informe, publicado en 2008, el NIST afirmaba que el derrumbe había durado mucho más tiempo que si se hubiera producido a la velocidad de una caída libre. Y también explicaba por qué, según su teoría del "derrumbe progresivo", la caída libre absoluta habría sido imposible. Pero David Chandler, un profesor de física, hizo un video que muestra el inmueble derrumbándose en caída libre absoluta durante más de 2 segundos. Chandler confrontó al NIST exponiéndole su trabajo durante un debate público, que se transmitió en vivo.

Sorprendentemente, en su informe final publicado en noviembre, el NIST admite que el edificio 7 se derrumbó en caída libre durante más de 2 segundos. Pero no por ello modificó su teoría. En su informe final, el NIST admite entonces la caída libre como un hecho empírico, a la vez que elabora una teoría que simplemente no concuerda con la caída libre. Esa contradicción constituye la más importante autodestrucción de la teoría oficial de la conspiración, según la cual un grupo de terroristas musulmanes ocasionó el derrumbe de 3 inmuebles del WTC estrellando aviones de pasajeros contra 2 de ellos.

Conclusión

Concluiré dirigiéndome a los miembros del Movimiento por la Verdad sobre el 11 de septiembre –tanto a los viejos como a los nuevos. Yo les diría que hoy más que nunca es necesario redoblar nuestros esfuerzos por lograr que se sepa la verdad. Tenemos un nuevo presidente en la Casa Blanca. Sugiero que nos dirijamos principalmente a él. Él prometió que basará su política en la ciencia y en la inteligencia. Es un político, pero también es abogado y un hombre de fe, y tiene que saber que son muy numerosas las asociaciones de profesionales que les están pidiendo que autorice una nueva investigación.

Además de proseguir nuestras actividades, tenemos también que hacer todo lo posible conseguir que más científicos, abogados, militares, oficiales de los órganos de inteligencia y, sobre todo, más responsables políticos se unan a nosotros, porque es eso lo que necesitamos: ganarnos el apoyo de responsables políticos a través del mundo para que nos ayuden a obtener una nueva investigación, realmente independiente, y que se revele la verdad sobre el 11 de septiembre, para que las políticas basadas en la teoría del complot desarrollada por la administración Bush-Cheney sean definitivamente abolidas.


Fuente: Voltairenet.org
Autor: David Ray Griffin, es profesor emérito de filosofía de las religiones y de teología en la Claremont School of Theology y la Claremont Graduate University. Es también codirector del Center for Process Studies, que divulga y desarrolla la corriente filosófica de Alfred North Whitehead, basada en las ciencias. Griffin ha publicado 34 libros, entre ellos 7 sobre el 11 de septiembre, 3 de los cuales han sido traducidos al francés: Le Nouveau Pearl Harbor, Omission & manipulations de la Commission d’enquête (premio de la Fundación Helios en 2006) y La Faillite des médias (medalla de bronce en la categoría Actualidades del Independent Publisher Book Awards en 2008). Su más reciente obra es The New Pearl Harbor Revisited: 9/11, the Cover-Up, and the Exposé, elegido en noviembre del año 2008 como «Selección de la Semana» por Publishers Weekly (el equivalente estadounidense de Livres Hebdo). Sus 2 próximos libros estarán dedicados al 11 de septiembre y tendrán por título: Oussama ben Laden: Dead or Alive? y The Mysterious Collapse of World Trade Center 7: Why the Final Official Report about 9/11 is Unscientific and False.
Traducion: Red Voltaire a partir de la traducción al francés de ReOpen911.info

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9/11. Loose Change 2nd Edition / Loose Change Final Cut

Loose Change 2nd Edition


Subtitulado al español. Duración 1:21:50

Loose Change Final Cut


Subtitulado al español. Tiempo 2:09:54

El documental pretende demostrar que los atentados del 11 de septiembre de 2001 fueron el resultado de una conspiración, mostrando inconsistencias en las versiones oficiales. Mientras las dos primeras ediciones se centran en rebatir los hechos físicos, la edición "final cut" toma un enfoque principalmente político.

Algunas de las inconsistencias en las versiones oficiales de lo ocurrido son, por ejemplo, el colapso de las Torres Gemelas y el WTC 7 del World Trade Center no fue causado por un intenso calor que finalmente doblegara la estructura de acero del edificio, si no que fue causado por explosivos que serían los únicos en causar los daños necesarios para derrumbar las dos torres. En cuanto al Pentágono se cuestionan varias discrepancias, y se afirma que en realidad no existe una evidencia sólida del choque del avión comercial. Loose Change: Final Cut, va más allá, pues no sólo se trata de un tercer episodio renovado de la trilogía, sino que se trata de una nueva película con muchas y nuevas escenas nunca vistas, comentarios, entrevistas y el testimonio de testigos presenciales.

Como es de esperar, el documental ha causado gran controversia y ha sido motivo de duras críticas por parte de diversos organismos, pero ha despertado gran interés en el público en general.

Loose Change es un documental escrito y dirigido por Dylan Avery, producido por Korey Rowe y con la investigación de Jason Bermas.

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lunes 31 de agosto de 2009

Barack Obama, socialista. Por Joaquín Estefanía

Entre las cosas más pintorescas figura la acusación al presidente de EE UU de ser un socialista oculto (como Fidel Castro antes de 1959), dirigida por los mismos que han llevado al mundo a la debacle económica actual y al darwinismo social que padecemos. Los principales escenarios internos en los que se mueven los neocons para atacar a Obama son sus dos reformas estrella: la de la sanidad y la de la regulación del sistema financiero.

Obama ha decidido mejorar a Roosevelt, que creó la Seguridad Social y el seguro de desempleo en los años treinta, y a Johnson, que en 1965 instauró el perfil básico del sistema sanitario estadounidense que ha durado básicamente hasta hoy con la creación de los programas Medicare y Medicaid: seguro a cargo del Gobierno para ancianos, pobres y veteranos de guerra (ejecutado a través de estructuras sanitarias privadas), seguro médico privado pagado por la empresa para los empleados con buenos puestos de trabajo, seguro particular -si pueden permitírselo- para quienes no tienen la suerte de poder acceder a la modalidad anterior, y una vida de zozobra sin seguro de ningún tipo para 50 millones de ciudadanos (una población equivalente a algo más de un país como España).

Bill Clinton también quiso aliviar el hecho de que EE UU, caso único entre los países ricos, no garantice una asistencia sanitaria básica a sus habitantes, pero entre los republicanos más recalcitrantes y la presión de las aseguradoras privadas se cargaron aquella reforma.

A pesar de las limitaciones actuales, el gasto sanitario de EE UU -muy ineficiente- absorbe una cantidad similar al 16,5% del PIB americano. El 85% de la población tiene seguro, y muchos temen que extender la cobertura al 15% restante genere déficit (que habrá de pagarse con subidas de impuestos) y signifique perder calidad en las prestaciones que ya existen.

Obama no busca una sanidad universal gratuita del tipo de los países europeos más avanzados, sino extender la cobertura mediante un seguro público que pueda ser contratado por cualquier persona de modo voluntario, con lo que aumentaría la competencia y obligaría al sector privado a mejorar los servicios y reducir su precio.

Paul Krugman, que en las primarias demócratas apoyó a Hillary Clinton por considerar que ella sería la más consecuente con la voluntad de aplicar la reforma sanitaria y mejorar la calidad de vida de la mayoría de la población, ha descrito del siguiente modo la actuación de las aseguradoras privadas: "... no ganan dinero pagando por la asistencia sanitaria, sino cobrando primas y no pagando por ellas, si les resulta posible. Tanto es así que en el seno del ramo de seguros de salud los pagos en concepto de asistencia, por ejemplo en el caso de una operación pública importante, se designan, literalmente, como pérdidas médicas" (Después de Bush, editorial Crítica).

Cuenta nuestro economista que en la medida en que está en sus manos hacerlo, las aseguradoras privadas someten a examen a sus posibles clientes a fin de comprobar si habrán de necesitar tratamientos costosos, considerando a tal fin su historial familiar, el tipo de actividad profesional que desempeñan y, por encima de todo, las condiciones previas. De ese modo, el más mínimo indicio de que un individuo pueda llegar a generar gastos médicos en mayor medida que el promedio bastará para que su solicitud para contratar una póliza médica a un precio razonable se vea desestimada sin más. Si alguien que supera ese proceso de selección de riesgos acaba, no obstante, requiriendo asistencia, aún habrá de franquear una segunda línea defensiva: los intentos de la compañía por buscar formas de no pagar. Así, las aseguradoras revisarán detenidamente el historial del paciente, a fin de comprobar si se da alguna condición previa de la que no hubiera llegado a informar y que permitiera, por tanto, anular su póliza. Más significativo resulta, en la mayoría de los casos, el recurso a poner en cuestión los dictámenes de médicos y hospitales, tratando de hallar motivos que excluyan el tratamiento ofrecido por éstos de las prestaciones que la aseguradora tiene responsabilidad de cubrir.

Krugman concluye que "las compañías no actúan así por maldad, sino porque el propio funcionamiento del sistema apenas les deja otra elección". Resulta patético que a tratar de solucionar ese infierno se le denomine "socialismo". Indica hasta dónde hemos retrocedido.

Nota del Editor: recomiendo para tener una mejor idea sobre la salud en los Estados Unidos ver el premiado documental de Michael Moore, SICKO, haciendo clic aquí.


Fuente: El País.com
Autor: Joaquín Estefanía, (Madrid, 1951-) es un periodista español. Licenciado en Ciencias Económicas y en Periodismo por la Universidad Complutense de Madrid, comenzó su actividad profesional en 1974 como redactor en el Diario Informaciones; poco después pasa a ser jefe de la sección de economía de la revista Cuadernos para el diálogo y redactor jefe del diario económico Cinco días. Más adelante se incorpora al Diario El País, del que llegó a ser director entre 1988 y 1993 y de 1993 a 1996 director de publicaciones del Grupo PRISA. Continúa escribiendo una columna sobre economía en el Diario El País.
Es autor, entre otros títulos, de La nueva economía (1995), La nueva economía: la globalización (1996), El capitalismo (1997), Contra el pensamiento único (1998), El poder en el mundo (2000), La cara oculta de la prosperidad (2003) y La mano invisible (2006), La larga marcha: medio siglo de política (económica) entre la historia y al memoria (2007).

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