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lunes, 19 de enero de 2009

La costosa herencia de Bush

Obama asumirá la Presidencia de un país casi en bancarrota; debe pagar la factura de las malas decisiones económicas de su predecesor, en el desafío de rescatar al capitalismo.

Barack Obama recibe de manos de George W. Bush un país con dos guerras (Irak y Afganistán), un nuevo conflicto bélico en Gaza y una carga billonaria de costos y deudas, en medio de la mayor crisis económica sufrida por Estados Unidos desde la Gran Depresión (1929). Eso aterraría a cualquiera, pero no a quien a partir del día 20 debe ocupar la presidencia de la aún más poderosa nación del planeta. El monto de esa carga, calculado por el Premio Nobel de Economía, Joseph Stiglitz, es brutal: más de 10 billones de dólares, es decir, más de 10 millones de millones de dólares.

Obama, nacido en Hawai de una madre estadounidense y un padre de Kenia, y quien vivió un tiempo en Indonesia, sabe qué país hereda. No se cansó de repetirlo a lo largo de la campaña que lo llevó a la presidencia, en la que puso el acento en las dificultades económicas y en el desastre de los conflictos afgano e iraquí. “No tengo una bola de cristal… Creo que 2009 será un año muy duro”, admitió en una entrevista con la revista Time, que lo designó “hombre del año”.

Tan sólo en noviembre pasado, mes en que Obama ganó la elección, superando la barrera de los prejuicios raciales, EU perdió 533 mil empleos, la cifra más alta en un mes desde 1974. El porcentaje del desempleo llegó a 7.2% en diciembre. Pero en los ocho años de los dos mandatos presidenciales de Bush (2001-2005, 2005-2009) han desaparecido casi cuatro millones de puestos en el sector manufacturero. En total, ahora hay en EU 11 millones de desempleados. Tres millones 600 mil personas perdieron sus casas en la crisis hipotecaria.

Los estadounidenses votaron con el bolsillo, los bolsillos vacíos. EU es hoy una nación en bancarrota. El déficit fiscal proyectado para 2009 alcanza los 750 mil millones de dólares, el costo de las guerras de las guerras en Irak y Afganistán sólo en 2008 fue de 208 mil millones de dólares. La deuda nacional de EU es de 10.6 billones de dólares, más del 70% del PIB estadounidense. Stiglitz estima que cada hombre, mujer y niño en EU debe nueve mil dólares a otro país. La suma incluye los rescates de las hipotecarias (la deuda de Fannie Mae y Freddie Mac: 1.6 billones de dólares), el rescates de los acreedores de éstas aprobado por el Congreso: 700 mil millones de dólares y el compromiso de salvamento de la aseguradora AIG y de Bear Stearns: 800 mil millones de dólares).

“El gran problema del desastre de los ocho años del gobierno de Bush es que sus consecuencias negativas seguirán sintiéndose en los próximos años”, advirtieron Stiglitz y Linda J. Bilmes en un artículo de la revista Harpers de enero. Ambos expertos dicen que “el peor legado de los pasados ocho años es que a pesar del colosal gasto gubernamental, los estadounidenses están peor ahora que en 2001”. En los años de Bush, el ahora “vaquero solitario”, las 15 mil familias más ricas duplicaron su ingreso anual de 15 millones a 30 millones de dólares, y las ganancias de las corporaciones crecieron en 68%, cinco veces más que el crecimiento conjunto de la economía de EU.

Y las razones, de acuerdo con Stiglitz y Bilmes, son no sólo que “el dinero fue dilapidado en Irak”, sino que “fue entregado como premio fiscal a los individuos más ricos de EU y a las corporaciones, en lugar de asignarlo a educación, infraestructura, independencia energética”.

Atender esos sectores es justamente lo que Obama prometió hacer desde que estaba en campaña. El plan de estímulo económico de Obama por 775 mil millones de dólares incluye un inmediato recorte de impuestos por 300 mil millones de dólares en los próximos dos años para beneficiar a familias de clase media (mil dólares a parejas y 500 a individuos) y empresas. Otro propósito es salvar o crear tres millones de empleos. El presidente electo ha advertido al Congreso que “la recesión podría prolongarse por años” si no se aprueba su plan y ayer amenazó con lanzar si primer veto presidencial si los legisladores bloquean la segunda parte de los fondos para rescatar al sector financiero por 350 mil millones de dólares.

Obama debe pagar ahora la factura de las malas decisiones de Bush. Aunque admitió sentirse “abrumado por los retos que nos aguardan” en una entrevista con El País, Obama también dijo sentir confianza en sí mismo para asimilar los consejos de sus asesores.

De hecho, Obama comenzó a mostrar control de la situación incluso antes de asumir la presidencia, comentó el semanario The Economist, para el cual los primeros 100 días de Obama comenzaron desde principios de diciembre pasado. El respetado analista Fareed Zakaria dice que “para que Obama sea recordado como un gran presidente, tiene que rescatar nada menos que al capitalismo”. ¿Podrá?

Fuente: ElUniversal.com.mx
Autor: Eduardo Mora Tavares / Mexico.

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jueves, 8 de enero de 2009

¿Fin del 'idilio' entre EE UU y el Vaticano?

Obama, defensor del aborto y de la investigación con células madre, busca el equilibrio con la Iglesia - Su agenda política le aleja de la jerarquía católica.

El cardenal Edward Egan y el entonces candidato a presidente Barack Obama

George Bush ha sido bautizado como "el primer presidente católico de Estados Unidos" por su cercanía con Juan Pablo II y Benedicto XVI y por involucrarse en los asuntos que el Vaticano ha convertido en campos de batalla sociales del siglo XXI, como la defensa de la idea tradicional de la familia. Ahora que se marcha, su sucesor, Barack Obama, se enfrenta a las reticencias de la jerarquía católica norteamericana, que ve en él a un político comprometido con causas en las que el Vaticano no está dispuesto a ceder, como la defensa del derecho al aborto o la investigación con células madre.

Uno de los norteamericanos con mayor rango en el Vaticano, el cardenal James Francis Stafford, dio al presidente electo su particular bienvenida a Washington el pasado noviembre con un discurso en la Universidad Católica de América. El día de las elecciones, dijo, el país sufrió un "terremoto cultural" instigado por la victoria de un político que condujo una campaña "extremista y opuesta al derecho a la vida".

Las bases católicas, sin embargo, no se identifican con este discurso apocalíptico. El grupo Catholics United se reunió a finales de 2008 con el equipo de transición de Obama para comunicarle sus prioridades: reducir el número de abortos y erradicar la pobreza. "Es el único candidato que tenía en su programa el compromiso de disminuir las interrupciones de embarazo", explica James Salt, director de organización de esta asociación. "Los republicanos se centraron, simplemente, en prohibirlo. Pero no hablaban de reducirlo. Y eso se logra con educación y mejoras sociales".

Durante los pasados ocho años, la jerarquía católica de EE UU ha aceptado al presidente saliente como uno de los suyos, a pesar de que es protestante y acude a una iglesia metodista en Tejas. En 2004, Bush, que se había lanzado a una guerra que horrorizó al Vaticano, quiso aplacar a las bases religiosas con dos propuestas: sendas reformas constitucionales para ilegalizar tanto el aborto como el matrimonio gay. Ninguna se llegó a materializar. Pero Bush se quedó con la bendición de la Iglesia católica. Sin embargo, no a todos los católicos les ha convencido el supuesto catolicismo espiritual de Bush. "Tuvo un buen despegue y un mal aterrizaje", explica Douglas Kmiec, jefe de la oficina de asesoramiento legal de los presidentes Ronald Reagan y George Bush padre. "En sus campañas electorales comenzó como un gran defensor del derecho a la vida. Pero ocho años después tenemos una política exterior basada en la guerra. Su historial en medioambiente es deficiente. La economía se tambalea y está dejando a muchos al borde de la pobreza. Son factores que afectan también a la santidad de la vida".

Obama debe decidir ahora los asuntos de la nueva agenda demócrata con el Vaticano. "Se mantendrá al margen de asuntos como el de los abusos a menores, algo de lo que la Iglesia se ha encargado de forma muy eficiente en los pasados años", explica Gene Beaupre, profesor de Ciencia Política en la Universidad jesuita Xavier. "El del aborto tampoco marcará la agenda. Porque las bases católicas son menos apasionadas en este asunto que la jerarquía eclesiástica. A las familias católicas les importan también otros asuntos como obtener un salario digno, luchar contra el paro y la pobreza y otros aspectos que afectan a la dignidad de la vida". Con una agenda como ésta, para Obama será más fácil encandilar a las bases que a las altas esferas del Vaticano.

Fuente: ElPaís.com Titulo original: "Fin del 'idilio' EE UU-Vaticano"
Autor: David Alandete, Washington.

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lunes, 29 de septiembre de 2008

La presidencia del miedo

Si algo ha caracterizado a la Administración de George W. Bush es su disposición a utilizar el miedo como resorte para gobernar. Cuarenta y cinco días después de los atentados del 11 de septiembre de 2001, sin apenas debate, el presidente Bush obtuvo del Congreso la aprobación de la Ley Patriótica (Patriot Act). En esa ley y en subsiguientes medidas ejecutivas, muchas de ellas secretas, la Casa Blanca se llevó por delante el sistema de garantías judiciales que protegen a sus ciudadanos de los abusos del Gobierno y puso en suspenso el derecho internacional.

El siniestro ex secretario de Defensa Donald Rumsfeld, ayudado por un fiscal general que pasará a la historia por autorizar la tortura, Alberto Gonzales, pudo dar manos libres a sus subordinados para detener, secuestrar y torturar impunemente a todos aquellos sospechosos de terrorismo sin tener que preocuparse de control judicial alguno. Así, aduciendo la existencia de un estado de guerra, el presidente Bush derogó en la práctica una de las instituciones básicas de nuestra civilización: el hábeas corpus, un derecho presente ya en la Carta Magna británica de 1215, que obliga a las autoridades a poner a cualquier detenido a disposición judicial.

Siete años después de Guantánamo, Bush ha vuelto a utilizar todos los resortes del miedo para presentar un plan de rescate financiero que pasará a la historia no sólo por el enorme cinismo e inmoralidad que destila sino porque en él, una vez más, el Gobierno ha pretendido concederse a sí mismo poderes ilimitados para actuar con total discreción sin tener que rendir cuentas al Congreso.

Dirigiéndose a la ciudadanía el 24 de septiembre, Bush pintó un panorama estremecedor pero, a la vez, perfectamente adaptado a las ansiedades de cada grupo social: "Si tienes un negocio o una granja, los bancos no te darán crédito y tendrás que cerrar o vender; si tienes un plan de pensiones, la Bolsa se desplomará y tu pensión se reducirá; si quieres enviar a tus hijos a la universidad, no habrá préstamos; si tienes una hipoteca, el valor de tu casa se hundirá"; en definitiva, nada menos que una "larga y dolorosa recesión" con "millones de desempleados y desahucios".

Para conjurar este peligro, Bush ha pedido al Congreso que ponga a disposición del secretario del Tesoro, Hank Paulson, 700.000 millones de dólares (477.000 millones de euros) con los que poder comprar y vender cualquier activo relacionado con el mercado hipotecario al precio que considere conveniente; contratar a cuantas personas fueran necesarias; aprobar todas las medidas que estime necesario y firmar contratos sin tener en cuenta ninguna disposición legal sobre contratos públicos, todo ello, al mismo tiempo que se estipula, literalmente, que "las decisiones del secretario del Tesoro están libres de inspección, dependen de la discreción del organismo y no están sujetas a la inspección de ningún tribunal ni organismo del Gobierno".

Todo ello sin asumir ninguna responsabilidad por la crisis, prometer reforma alguna en la regulación del sector financiero o abrir la puerta para que los ciudadanos, al igual que los bancos, también puedan renegociar sus hipotecas y salvar sus viviendas.

En la práctica, Bush ha planteado el equivalente a una economía de guerra. Por un lado, se deroga un principio clave del constitucionalismo estadounidense, íntimamente ligado a la declaración de independencia: que el Gobierno está sometido a control parlamentario (no taxation without representation).

Por otro, arguyendo que los mercados han dejado de funcionar, se instaura un régimen en el que los precios son fijados por el Gobierno, como ocurría en las economías de planificación central. Con razón, tanto demócratas como republicanos han puesto el grito en el cielo. Afortunadamente, en esta ocasión el Congreso no se ha dejado impresionar por un plan diseñado por un secretario del Tesoro que antes de unirse a la Administración de Bush amasó una fortuna de 700 millones de dólares como presidente de Goldman Sachs, uno de los principales bancos de inversión de Wall Street. No parece, desde luego, que sea la persona adecuada para, en estas circunstancias, solicitar 2.000 dólares a cada ciudadano estadounidense para superar la crisis.

En su reacción ante el 11-S, la Administración de Bush llevó al país a una guerra ilegal, inútil y costosísima. Ahora, su plan para salir de la crisis repite los mismos temas de la guerra de Irak: ilegal, inútil y cara. Menos mal que con las elecciones a la vuelta de la esquina, los congresistas temen más a Bush que a Al Qaeda.

Fuente: ElPais.com
Autor: Jose Ignacio Torreblanca

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