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viernes, 14 de agosto de 2009

Quimérica Chimérica. Por Lluís Bassets

Una quimera es un ser mitológico y fantástico, mezcla de dos especies animales distintas. El término se utiliza también en ingeniería genética para designar los seres producidos en el laboratorio con la mezcla de células de animales diferentes. Para la Real Academia es "lo que se propone como posible o verdadero no siéndolo". El británico Niall Ferguson es el inventor de una quimera que además enuncia su propio nombre: Chimérica, palabra que utiliza para designar a un país imaginario formado por China y América, a las que llama espectivamente Chimérica oriental y Chimérica occidental, y que en inglés significa exactamente quimérica.

"Los chiméricos orientales son ahorradores; los chiméricos occidentales son consumidores. Los orientales se dedican a la manufactura; los occidentales a los servicios. Los orientales exportan; los occidentales importan. Los orientales acumulan reservas; los occidentales gestionan déficits y producen bonos denominados en dólares que son codiciados por los orientales". Así es como este imaginativo historiador y periodista explica el funcionamiento de este coloso dual que domina y conduce el mundo, aunque sólo sea por la fuerza de las grandes magnitudes: cuenta con un 13% del territorio mundial, una cuarta parte de la población y un tercio del PIB del planeta.

Hay complementariedad en la quimera de Ferguson, y a ella se debe precisamente el crecimiento de la economía global en los últimos años. Pero también hay elementos que se repelen por su naturaleza misma. Las estructuras de poder en una y otra Chimérica no son tan sólo distintas, sino abiertamente incompatibles. Los chiméricos orientales se rigen por un sistema oscurantista y secreto, en el que no se conocen las reglas y los sistemas de ascenso y selección, que se producen en reuniones cerradas, seguidas de crípticos comunicados y silenciosos gestos de asentimiento. Los chiméricos occidentales en cambio nada pueden hacer si no es a plena luz y bajo el escrutinio público, de forma que quien quiere ascender debe someterse a un examen pormenorizado sobre su vida, sus opiniones e incluso sus parientes y amigos (véanse estos días los prodigiosos interrogatorios parlamentarios a la juez Sonia Sotomayor, designada como juez del Supremo por Barack Obama). Los primeros sacrifican todo, incluso la libertad personal, a la estabilidad del sistema, al prestigio de la autoridad única del partido y a la cohesión nacional. Los segundos, en cambio, ponen la libertad individual por encima de todo y sólo confían en las autoridades públicas sometidas al control de organismos independientes, y a la división y al equilibrio entre poderes.

Hay que subrayar que la parte oriental de Chimérica no ha hecho más que ganar peso respecto a la occidental en los últimos años, principalmente durante la etapa de Bush en la Casa Blanca. Pero es el actual presidente de Chimérica occidental el que tendrá que soportar la desventaja concedida. En la cumbre celebrada estos días en Washington, la preocupación de Pekín por el descontrol del déficit público americano y sus consecuencias en el valor de los bonos acumulados se ha hecho notar mucho más que el desasosiego de Obama por la escasa consideración hacia los derechos de las minorías y las libertades individuales por parte de las autoridades chinas.

Para que Chimérica tenga larga vida y sea la superpotencia del siglo XXI no basta con una buena ecuación entre intereses mutuos, sino que hace falta algo más de equilibrio y una cierta convergencia económica y política. Su primer y mayor servicio al conjunto del planeta, con el que deberá demostrar su propia consistencia, será reducir sus emisiones de gases a la atmósfera, de la que es líder absoluto y por ello principal responsable de los males que se vinculan al calentamiento global: el 40% de las emisiones le pertenecen, y si su parte occidental es ahora el primer emisor con el 22%, la oriental es el segundo con el 18,5% y pronto se convertirá en el primero.

Chimérica es también el nombre que podemos darle a un mundo gobernado, la otra denominación del G-2, la institución que va a sustituir al G-8 y al G-20 si los otros, también los europeos, no espabilan. Pero mundo y gobernado son por el momento términos tan quiméricos como la propia Chimérica. Para que funcionen en el futuro uno y otra, los actuales términos tan desproporcionados de la ecuación que han sido la garantía de éxito deben empezar a invertirse. Y por este lado, el económico, son los occidentales quienes deben realizar el mayor esfuerzo. Pero la mayor convergencia debe ser política, y ahí el esfuerzo corresponde a los chiméricos orientales, aunque algo tendrá que hacer Obama para animarles. Sin pluralismo político, sin un sistema judicial independiente y una democracia parlamentaria eficaz, sin medios de comunicación libres en su parte oriental, Chimérica seguirá siendo una quimera, que en cualquier momento puede desarrollar sus reflejos más monstruosos y amenazantes.

Fuente: El País.com
Autor: Lluís Bassets es periodista. Director adjunto de EL PAÍS. Se ocupa de las páginas y artículos de Opinión.

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miércoles, 29 de abril de 2009

Cien días bien aprovechados. Por Francisco G. Basterra

El historiador británico Arnold Toynbee escribió que "no hay armadura que proteja del destino". A Barack Obama le ha alcanzado el destino pocos días antes de cumplir los primeros 100 días en la Casa Blanca, el próximo miércoles 29 de abril. Le ha golpeado la memoria histórica: el legado de Bush mal enterrado, con las torturas autorizadas por el presidente número 43 y diseñadas por su equipo de fundamentalistas, al margen de la ley y en nombre de la seguridad nacional, para obtener "resultados" en la lucha contra el terrorismo. La tormenta perfecta ha descargado sobre Obama, que no desea abrir un juicio sobre el pasado reciente de Estados Unidos. No puede aparecer como blando en la defensa frente a Al Qaeda ni desea abrir una causa general contrabrir una causa general contra su antecesor, que podría provocar un desgarro civil cuando Estados Unidos vive la mayor crisis económica desde la Gran Depresión. No olvidemos, con perspectiva histórica, un antecedente significativo: el perdón concedido en 1974 por Gerald Ford al presidente Nixon tras el escándalo Watergate. Sirvió para cauterizar heridas y unir a la nación en los difíciles momentos de la primera dimisión en la historia de un presidente.

Como le ocurrió a John F. Kennedy en sus primeros 100 días, en plena guerra fría, también a Obama, casi medio siglo después, se le ha aparecido el fantasma de la CIA. Para JFK fue el regalo envenenado de Eisenhower y la CIA de Allen Dulles, con la invasión de Cuba por mercenarios con apoyo militar norteamericano que concluyó, en abril de 1961, con el fracaso de Bahía Cochinos y la consolidación del castrismo. Kennedy no se atrevió a suspender la invasión servida en bandeja por su antecesor republicano. Obama se vio obligado la semana pasada a acudir a la sede de la CIA, en Langley, a las afueras de Washington, para garantizar a sus agentes que no serán perseguidos legalmente por las torturas perpetradas contra supuestos terroristas islámicos. El presidente de EE UU ya ha topado con la razón de Estado y la zona gris de la política, que acaban encogiendo las promesas y los ideales morales del político en campaña.

Lincoln tenía razón cuando confesó: "No he controlado los acontecimientos, éstos me han controlado a mí". Pero la tozudez de las historias mal sepultadas, en España todavía lo debatimos, sólo empaña parcialmente el arranque fulgurante y, en gran medida, acertado de la presidencia de Obama. Lógicamente no puede reclamar aún logros importantes. Pero Obama sí ha demostrado que es capaz de hacer más de dos cosas a la vez. Aun siendo consciente de que la lucha contra la crisis hará o deshará su presidencia, ha atendido a otros frentes. Obama ha conseguido en este primer compás de su presidencia dos objetivos fundamentales. En primer lugar, ha obtenido la luz verde del resto del mundo para que sea EE UU, el país que ha infectado todo el planeta, quien refunde el capitalismo. Para ello utilizará las mismas instituciones que le han servido para mantener su hegemonía económica desde 1945. El fin del capitalismo tendrá que esperar.

En segundo lugar, Obama ha pasado la esponja para lavar la negativa imagen de EE UU consolidada globalmente tras ocho años de presidencia de Bush. Con sus promesas de diálogo entre iguales, de no imposición -"He venido a escuchar, no a dar lecciones", dijo en Europa- y reconocimiento de errores en Latinoamérica arrebata las banderas de las que se ha alimentado el antiamericanismo. Se trata de dar los primeros pasos para restaurar una cierta indispensabilidad de EE UU, ayudada por una China embebida en sí misma, y una Europa incapaz de traducir su peso demográfico y económico en influencia polío a Turquía y ha ofrecido un diálogo respetuoso con el mundo musulmán. Ha reconocido la importancia de Irán; ha reprogramado la relación con Rusia y anuncia un diálogo estratégico y económico con la poderosa China. Sin embargo, se le ha atragantado Oriente Próximo y plantea una nueva guerra en Afganistán mientras el radicalismo islámico amenaza con colapsar Pakistán.

Obama todo lo hace con sentido práctico. Salta por encima del proceso político y continúa en campaña dirigiéndose directamente a los ciudadanos. Utiliza como nadie el púlpito que le ofrece la Casa Blanca. Su ideología es el estilo, la visión de futuro, la promesa de un nuevo EE UU. Ha visto el otro lado del túnel o así nos lo hace querer creer. No nos engañemos, Obama rechaza el declive de EE UU. Probablemente crea que podrá ejercer durante años una hegemonía benigna. Como ha escrito Parag Khanna en su provocador libro, recién publicado en España, El segundo mundo (Paidós), "EE UU podría realmente incrementar su influencia si atempera su poder". Quizás Obama esté tratando de hacerlo.


Fuente: El País.com
Autor: Francisco G. Basterra, español docente en la Universidad Complutense. Ex director general de CNN+ y director de los Servicios Informativos de Canal+. Colaborador habitual de El País, del cual fue subdirector de la edición dominical.

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domingo, 8 de marzo de 2009

Max Weber en la Casa Blanca. Por Lluís Bassets

Ningún gobernante puede eludir la disonancia entre la ética de la responsabilidad y la ética de la convicción estudiada por Max Weber hace casi un siglo en su conferencia La política como profesión. Como Barack Obama no iba a ser una excepción, no han bastado ni siquiera cien días para que empezaran a apuntar algunas minúsculas señales oscuras, todavía pequeñas motas de polvo, sobre su radiante imagen. El nuevo presidente dio pasos contundentes, solo llegar a la Casa Blanca, con sendos decretos presidenciales en los que se prohíbe la tortura y se programa el cierre de la base de Guantánamo para 2010. Su compromiso con esta política de respeto y promoción de los derechos humanos ha tenido un sonoro reflejo en dos de sus grandes discursos, en la toma de posesión y en su primera alocución ante las dos cámaras reunidas, que se sintetiza en su idea de hacer compatibles la seguridad nacional y la defensa de los valores democráticos.

Todas las exigencias que se le presentan se podrían resumir en cuatro: predicar con el ejemplo; reincorporarse a la comunidad internacional en la firma y cumplimiento de tratados y convenciones sobre derechos humanos; reformular y ajustar una política exterior acorde en su actitud rigurosa ante los incumplimientos de los países socios; e investigar y depurar razonablemente las responsabilidades respecto a los desmanes perpetrados durante la presidencia de George W. Bush. En los cuatro puntos todo está en mantillas, o lo que es aún peor, empiezan a producirse titubeos o muestras de criterio escaso.

No es un buen comienzo que Hillary Clinton, en su primera salida al exterior, declare las relaciones con China exentas de toda exigencia en este capítulo. La orden de detención contra el jefe de Estado sudanés, Omar al Bashir, viene a recordar a su vez alguna de las cuentas pendientes a liquidar con urgencia: Estados Unidos, que firmó con Bill Clinton el estatuto de creación de la Corte, no quiso luego ratificarlo, ya con Bush, y legisló en su contra, prohibiendo colaborar con ella y protegiendo a sus ciudadanos de sus acciones; aunque toda esta acción unilateralista no le impidió a Bush estar a favor de que Al Bashir fuera acusado de genocidio. Pero es evidente que Obama no podrá plantear a medio plazo una política exigente respecto a la situación de los derechos humanos en las dictaduras o democracias soberanas amigas si antes no ha dejado limpio y en orden el patio interior y a la vez se ha incorporado al grupo de países más cumplidores.

Y ahí es donde están llegando noticias inquietantes. Un alto cargo del Departamento de Justicia, Neal Katyal, ha sugerido a la Casa Blanca la creación de un tribunal de seguridad nacional que permita la detención preventiva por tiempo indefinido y sin juicio de determinados sospechosos de terrorismo. Detrás de estas ideas se halla la resolución del problema que plantea el cierre de Guantánamo, donde hay un grupo de terroristas que podrían quedar en libertad si el Gobierno se limitara a llevar a los presos ante un tribunal ordinario.

En tres de las sesiones congresuales de confirmación de sendos nombramientos presidenciales se han escuchado expresiones preocupantes respecto al escrupuloso respeto a los derechos humanos prometido por Obama en su campaña. Se trata de Elena Kagan, la procuradora general del Estado, que actúa en nombre del Gobierno ante el Tribunal Supremo; el fiscal general, Eric Holder; y el director de la CIA, Leon Panetta. La aplicación del código militar a los terroristas, de nuevo el concepto de tortura y las autorizaciones excepcionales a los servicios secretos para detenciones o secuestros ilegales son los puntos que no han quedado suficientemente aclarados y descartados en estas comparecencias.

Tampoco está claro que la nueva Administración dé vía libre a la exigencia de responsabilidades por las acciones ilegales realizadas desde la anterior Casa Blanca en la lucha antiterrorista. La CIA acaba de reconocer que autorizó la destrucción de 92 vídeos de interrogatorios, presumiblemente con uso de torturas, con una finalidad fácilmente reconocible de obstaculizar la investigación. El Departamento de Justicia ha levantado el secreto sobre nueve de los famosos memos de los consejeros legales de Bush que cubrían las acciones ilegales del Gobierno con sus opiniones jurídicas. Pero falta por desvelar todavía el contenido de otros 35 documentos secretos.

La responsabilidad de Obama es salvaguardar la seguridad de sus conciudadanos y defender sus intereses en el mundo. Cuanto más se aleje esta responsabilidad de sus convicciones, peor le irán las cosas. La razón es sencilla: Obama ha hecho de la transparencia política un instrumento y a la vez un objetivo; una convicción o valor dentro de su concepto de la sociedad democrática. De ahí que será la propia transparencia del sistema que está construyendo la que pondrá en evidencia sus fallos, sean sólo motas de polvo como ahora o se conviertan en horribles lamparones como los que rompieron la imagen de su antecesor.


Fuente: ElPaís.com
Autor: Lluís Bassets es periodista. Director adjunto de EL PAÍS. Se ocupa de las páginas y artículos de Opinión.
Cartoons: Cam Cardow / The Ottawa Citizen

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jueves, 1 de enero de 2009

Las 10 peores predicciones del 2008

No hay nada más arriesgado para un experto que hacer pronósticos. Los 10 comentaristas y líderes de esta lista aprendieron la lección de forma dolorosa cuando sus predicciones acerca de la política, la guerra, la economía e incluso el fin de la humanidad fallaron estrepitosamente.

1. “Si [Hillary Clinton] compite contra John Edwards y Barack Obama, va a conseguir la nominación. Por lo tanto su única amenaza es Gore. … Barack Obama no va a ganar a Hillary Clinton en una sola primaria demócrata. Eso es lo que predigo en este mismo instante”. —William Kristol, Fox News Sunday, 17 de diciembre de 2006

El editor del Weekly Standard y columnista del The New York Times William Kristol no era el único, ni mucho menos, que pensaba que Clinton tenía todas las de ganar en las primarias demócratas, pero hay que tener mucha confianza en uno mismo para hacer una afirmación tan categórica más de un año antes de que se celebrase el primer caucus de Iowa. Después de lo ocurrido allí, Kristol se pasó al extremo opuesto, diciendo que Clinton iba a perder en New Hampshire y que “No habrá restauración de los Clinton”. También merece la pena resaltar que esta segunda predicción, igualmente prematura, la realizó en un artículo en el The New York Times titulado “¿Presidente Mike Huckabee?”. Se rumorea que el diario está ya buscando un sustituto.

2. “Peter escribe: ‘¿Debería estar preocupado por la liquidez de Bear Stearns y sacar mi dinero de allí?’ ¡No! ¡No! ¡No! ¡Bear Stearns está bien! No saques tu dinero. … Bear Stearns no tiene problemas. Quiero decir, si acaso podría se absorbida. ¡No saques tu dinero de Bear! ¡Es una tontería! ¡No seas tonto!” —Jim Cramer, respondiendo al e-mail de un espectador del programa Mad Money de la CNBC, 11 de marzo de 2008

Esperemos que Peter pidiese una segunda opinión a otra persona. Seis días después de que el voluble presentador de la CNBC realizase este pronunciamiento categórico, Bear Stearns sufrió el equivalente moderno a las tradicionales crisis de pánico bancario. Mientras en Wall Street corrían los rumores sobre la enorme participación de la entidad en hipotecas basura, sus acciones perdieron un 90% de su valor y el banco fue vendido por una miseria a JPMorgan Chase, gracias a la ayuda que recibió en el último minuto de la Reserva Federal de EE UU.

3. “[En] realidad las amenazas al transporte de petróleo por mar son mucho menores de lo que uno imagina. Para empezar, los petroleros son mucho menos vulnerables de lo que la gente piensa. En segundo lugar, es muy improbable que los conflictos regionales afecten de forma significativa al tráfico marítimo, y los atentados terroristas contra buques tendrían aún menos impacto económico. Tercero, sólo una potencia naval con el poderío de EE UU podría perturbar seriamente el transporte de petróleo”. —Dennis Blair y Kenneth Lieberthal, Foreign Affairs, mayo/junio 2007

El 15 de noviembre de 2008 un grupo de piratas somalíes, a bordo de lanchas hinchables, secuestró en el Océano Índico un petrolero saudí cargado con 2 millones de barriles de crudo. La audaz operación coincidía con un aumento generalizado de la piratería, sobre todo en el Golfo de Adén. Los criminales que operan en esa vía de transporte marítimo han secuestrado este año más de 50 barcos, frente a los 13 del año pasado, según los datos del Centro de Información de la Piratería. El Golfo de Adén, por donde pasa diariamente el 4% del suministro mundial de petróleo, no figuraba en la lista de cuellos de botella estratégicos en los que el transporte de oro negro podía verse afectado, que Blair y Lieberthal incluían en su artículo ‘Navegación sin incidentes: Las rutas marítimas internacionales son seguras’. Esperemos que Blair muestre un poco más de previsión si, como algunos esperan, se convierte en el director nacional de inteligencia de Barack Obama.

4. “Quien diga que estamos en recesión, o que nos dirigimos hacia una –especialmente la peor desde la Gran Depresión– está inventándose su propia definición de recesión”. —Donald Luskin, The Washington Post, 14 de septiembre de 2008

Al día siguiente de que el artículo de Luskin “Dejen de decir que la economía está mal” apareciese en la sección de opinión del The Washington Post, Lehman Brothers se declaró en bancarrota, el resto es historia. Hace tiempo que en los blogs progresistas se dice que el director de inversión de Trend Macrolytics y asesor informal de McCain es “el mayor estúpido vivo”. En esta ocasión, tienen pruebas sólidas en las que apoyar sus afirmaciones.

5. “A pesar de sus imperfecciones, un ejemplo para otros”. —The Economist en referencia a las elecciones presidenciales en Kenia, 19 de diciembre de 2007

La semana anterior a las elecciones presidenciales en Kenia, el semanario británico publicó un desafortunado editorial alabando la calidad de la democracia en el país africano y prediciendo que podría “dar ejemplo” al resto del continente. Ya les gustaría. Los comicios estuvieron plagados de casos de fraude y manipulación de votos, seguidas de un mes de revueltas y violencia étnica que causaron más de 800 muertos y 200.000 desplazados. Las matanzas finalizaron en un turbio acuerdo entre el presidente, Mwai Kibaki, y su rival Raila Odinga para repartirse el poder, dejando Kenia profundamente divididay al Gobierno sin legitimidad.

6. “El alcalde de Nueva York, Michael Bloomberg, se sumará a la carrera presidencial en febrero, cuando esté claro qué candidatos lograrán la nominación de los grandes partidos. Sus miles de millones y su organización impresionarán a los votantes –y dejarán pasmados a sus rivales. Se le verá como el tercer candidato más viable desde Teddy Roosevelt. Pero Bloomberg no llegará lejos, ya que tanto los demócratas como los republicanos le atacarán sin piedad. Entre él y Clinton se repartirán más del 50% de los votos, pero será el inconformista senador por Arizona, John McCain, quien se convierta en el próximo presidente de EE UU”. –BusinessWeek, 2 enero 2008

Ninguna de las afirmaciones de esta predicción publicada en el artículo ‘Diez eventos probables en 2008’ de BusinessWeek se acercó, siquiera remotamente, a la realidad. Tras semanas de amagos y filtraciones a la prensa, Bloomberg anunció que no se presentaba a las elecciones, ya que Barack Obama y John McCain mostraban signos del “liderazgo independiente” necesario para gobernar de forma eficaz. Tras derogar la ley de limitación de mandatos de Nueva York, parece más probable que Bloomberg se presente por tercera vez a la alcaldía de la ciudad.

7. "Existe la posibilidad real de que se generen anomalías teóricas destructivas como miniagujeros negros, cúmulos de materia extraña y transiciones espaciales De Sitter. Estos sucesos tienen la capacidad de alterar la materia a escala fundamental y destruir nuestro planeta”. —Walter Wagner, LHCDefense.org

El científico Walter Wagner, principal impulsor de Ciudadanos contra el gran colisionador de hadrones (LHC, en sus siglas en ingles), advirtiendo que el experimento podría acabar con la humanidad tal como la conocemos, presentó una demanda en el juzgado de distrito de Hawai contra la Organización Europea para la Investigación Nuclear (CERN), promotora del mayor acelerador de partículas del mundo, solicitando que los investigadores no encendiesen el dispositivo hasta que se demostrase que es seguro. El LHC empezó a funcionar en septiembre, y parece que todos seguimos aquí.

8. “Resulta cada vez más probable que el barril se sitúe entre los 150 y 200 dólares durante los próximos seis a veinticuatro meses”. —Arjun Murti, analista petrolífero de Goldman Sachs, en un informe del 5 de mayo de 2008

El tan cacareado poder de predicción de Murti –a quien se calificaba de “oráculo del petróleo” en un elogioso perfil de The New York Times– pareció fallar en esta ocasión. El precio del crudo alcanzó en julio un máximo de unos 147 dólares el barril (unos 105 euros) antes de comenzar una larga caída. La disminución de la demanda causada por la crisis mundial ha hecho que en la actualidad los precios ronden los 40 dólares, y algunos expertos creen posible que se llegue a los 25 el año que viene.

9. “Empieza con la invasión de Osetia del Sur y Abjasia, que ya ha tenido lugar. Continúa con la destrucción del Ejército georgiano, que está teniendo lugar en estos momentos. El tercer [paso] probablemente será la sustitución del Gobierno electo, que es prooccidental, por un Ejecutivo títere, lo cual probablemente ocurrirá en una o dos semanas”. —Charles Krauthammer, Fox News, 11 de agosto de 2008

Nada más realizar esta previsión errónea (al final Rusia acordó un alto el fuego y unas semanas después retiró sus tropas, dejando al Gobierno de Mijaíl Saakashvili en su puesto), Krauthammer predijo que Ucrania sería la siguiente en la lista de Moscú y propuso que Estados Unidos desplegase tropas allí. En cuanto a Saakashvili, en septiembre las encuestas le daban un 76% de aprobación.

10. “Creo que hemos estabilizado el sistema bancario. Ya nadie tiene dudas de que haya alguna gran entidad a la que no pudiéramos ayudar en caso de caída”. —Henry Paulson en la Radio pública de Estados Unidos, 13 de noviembre de 2008

El Secretario del Tesoro estadounidense empezó noviembre disparando sus armas. Tras muchos titubeos ante el Congreso durante el mes anterior, finalmente arrancó y planteó lo que denominó su “bazuka” –una autorización para gastar 700.000 millones de dólares en rescatar activos contaminados de bancos en apuros. A mediados de noviembre ya se había gastado 300.000 millones de munición, principalmente a través de la clase de participación directa en el capital a la que previamente se había opuesto. Para desgracia de Paulson, poco después de pronunciar su voto de confianza, las acciones de Citigroup se desplomaron un 75% en una semana, cerrando por debajo de los 5 dólares por primera vez en 14 años.

Fuente: Foreign Policy Edición española

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